viernes, 31 de enero de 2014

¿Habéis tenido alguna vez un “Y si”?; por “y si” me refiero a haberos planteado cómo podrían haber sido las cosas actuando de manera diferente en una determinada ocasión o comportándose de forma distinta con una persona especial. Yo en mi vida profesional he tenido dos “y si” y en mi vida amorosa también dos. A veces me da por preguntarme cómo podrían haber cambiado las cosas si hubiese dado un paso adelante en mis “y si” amorosos porque me hubiera gustado tener una respuesta, para bien o para mal, en lugar de la duda constante.
Uno de mis “y si” amorosos, el primero, fue en la Universidad y el segundo cuando hice un Máster. La verdad es que los “Y si” son una verdadera tortura porque nunca tienen solución y desde aquí os recomiendo a aquellos que tengáis un “y si” en vuestra vida; ya sea profesional, amorosa o familiar, que deis un paso más y lo resolváis porque si no os carcomerá la duda toda la vida. Y, por experiencia, os digo que no hay nada peor que un “Y si”.
La reflexión de hoy es un “y si” amoroso porque es más fácil escribir sobre una duda amorosa que hacerlo sobre la vida profesional y, además, me permite jugar con palabras bonitas J
¿Y si te atreves…?
Todo empezó una mañana de Abril, el día era hermoso, los pajarillos piaban alegremente en sus nidos y había parejas por todas partes. Él salió de su casa con intención de ir a su librería favorita; allí pensaba echar un vistazo a las novedades que habían llegado esa semana y decidir si compraba, por fin, el último libro de su autor favorito. Caminó por la calle sin prisa disfrutando del ambiente primaveral, dejándose sorprender por los pajarillos anidando y por las parejas besándose.
En cierta manera se sentía ajeno a ellos pues su vida amorosa era un desierto desde que había roto con su última novia. Lo habían dejado porque sus prioridades habían cambiado mucho desde el instituto, época en la que empezaron a salir, la decisión fue de ambos y como eran adultos optaron por seguir siendo amigos. Eso lo hacía sentirse muy maduro, pero en ocasiones se planteaba si las cosas podrían haber sido diferentes entre ellos; ¿y si se hubiera atrevido a seguir adelante con esa relación a pesar de que ella y él ya no parecían tener nada en común?
¿Y si?...
El ¿y si? volvía a estar presente en su vida, tenía por costumbre dejarse un “¿y si” de vez en cuando.
 Cuando en el colegio se enamoró de su primer amor y no se atrevió a decírselo.
Cuando a los catorce años se enamoró de la hermana pequeña de su mejor amigo y no intentó nada por no traicionar la amistad que los unía.
Cuando empezó a salir con su novia y, tras cuatro meses, rompieron para volver a las dos semanas.
Cuando en la Universidad conoció a esa chica especial, pero nunca dio el paso adelante.
Cuando le ofrecieron su primer trabajo…
La lista parecía infinita; el “y si” era una constante.
Al entrar en la librería fue hacia el departamento de ciencia ficción; se puso a leer títulos de novelas, escogió una, se dio la vuelta y chocó con una chica. Ella debía ser más o menos su edad, tenía el pelo castaño, los ojos azules y una sonrisa capaz de derretir un iceberg. Sus miradas se cruzaron un segundo y se sonrojaron, ambos se dieron la vuelta al mismo tiempo y salieron disparados hacia otro lugar de la librería.
Él siguió observando los títulos, escogió otro, pagó y salió a la calle.
En la puerta se dio cuenta de que acababa de sufrir un nuevo “y si”.
¿Y si en lugar de salir corriendo le hubiera pedido el teléfono a esa chica?
Frustrado caminó hacia su casa mirando los escaparates, soñando con ver otra vez la extraña con la que había coincidido en su librería favorita.
La segunda vez que la vio fue en una cafetería; estaba tomándose una tarta con su hermana pequeña cuando ella entró acompañada de una amiga. Su mirada se cruzó con la de ella, hubo reconocimiento y, nuevamente, ambos volvieron a sus sitios sin atreverse a dar un paso más.
La tercera vez que se cruzó en su vida fue el primer día de su nuevo trabajo; entró por la puerta y la vio. Cuando su jefe los presentó y se dieron la mano sintió cómo si toda su vida hubiera estado esperando ese momento.
Ella le dedicó una sonrisa y él se quedó cautivado por su presencia.
Al principio hablaban de cosas del trabajo, asuntos  sin la menor trascendencia, pero poco a poco ella le fue hablando de sus sueños, de sus esperanzas, de sus miedos y él se descubrió a sí mismo relatándole aspectos de su vida que nunca antes había sido capaz de compartir con nadie. Las horas iban pasando, los días, los meses…
Una mañana del mes de Abril llegó al trabajo preparado, por una vez en su vida, para superar el “y si”.
Entró y la vio; tenía el aspecto de siempre, pero para él fue como si la hubiera visto por primera vez. Trabajaron codo con codo, a la salida él la invitó a tomar una copa y ella dijo que sí.
Le confesó su amor asustado como un cachorrillo confiando en que, por una vez, el “y si” tuviera respuesta; cuando ella le dedicó “esa sonrisa” comprendió que había encontrado lo que había estado buscando toda la vida.
Salieron; se casaron y, gracias a ella, él tenía una nueva filosofía de vida “¿Y si te atreves…?”
J                            FIN                         J

Y, una vez más, escribo mi novena a San Judas Tadeo.

San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 

jueves, 23 de enero de 2014

He descubierto recientemente que, muchas veces, las historias que escribo empiezan con un personaje despertándose tras la noche y eso me ha llevado a preguntarme por qué siempre comienzo mis historias de este modo. La conclusión a la que he llegado es que, de hecho, todo empieza con alguien saliendo de una cama y enfrentándose a su día a día. Hoy publico un breve relato sobre esta reflexión.
LA VIDA COMIENZA CON UN DESPERTADOR
El despertador la despertó de su sueño, abrió los ojos, le costó un poco enfrentarse a la oscuridad de la habitación y buscar el móvil a través de la penumbra del cuarto. Después de darse un golpe contra la pata de la cama, chocar contra un zapato de tacón dejado al azar la noche anterior al lado de la cama y tropezar con su perro, lo localizó.  Apagó la alarma, a tientas, localizó la lámpara de la cama y la encendió.  A su alrededor todo era un caos, la habitación estaba desordenada, su perro se escurrió por la puerta del dormitorio y ella se quedó en silencio.
El mundo a su alrededor empezó a girar de nuevo, los engranajes de la vida requirieron de nuevo su atención. En la habitación rosa su hija de seis años la llamaba a gritos, su marido se estaba duchando en el baño y su hijo mayor, de diez años, entró en la habitación con su pijama favorito y el cabello negro enmarañado. Ella lo recibió con una sonrisa, besó su frente y caminó hacia la habitación de la pequeña. Al abrir la puerta la decoración rosa la sorprendió, era de un color tan vivo como su hija y la pequeña estaba en su cama mirándola con sus enormes ojos castaños. La cogió en brazos y caminó hacia la cocina. El ruido del exterior entró en sus dominios, un nuevo día había empezado.
Con paso ligero empezó a preparar el desayuno de su familia, recogió las cosas del lavavajillas, tarareó una canción y disfrutó de la sensación de estar viva, en su casa, con su familia y su perro.
Su marido entró en la cocina, cogió la comida del perro y se la echó en el comedero, después besó a sus dos hijos, a ella y se sentó grácilmente en su silla. Ella sirvió todos los desayunos, se sentó y juntos empezaron su rutina. Al terminar su esposo fregó los cacharros y su hijo fue al baño principal para asearse.
Ella tomó a la pequeña, fue a la bañera y la limpió. En el piso superior el despertador de su vecina sonó, escuchó sus pasos silenciosos en la casa, el ruido del bebé, quien también se había despertado con el jaleo, y también su día a día comenzó.
Al terminar de lavar a la pequeña, la dejó con su marido y su hijo mayor. Mientras los tres disfrutaban de los dibujos animados matutinos, ella se encaminó hacia la ducha. El agua caliente desentumeció sus músculos, tras la ducha se maquilló y fue al salón donde su familia la esperaba.
Con una sonrisa los tres se encaminaron al exterior, se despidieron cariñosamente del perro, fueron hacia el garaje, cogieron el coche y reiniciaron su rutina diaria.
La vida siempre comienza con un despertador sonando en algún rincón de la casa.



Y, como estas semanas anteriores publico la Novena de San Judas Tadeo, hasta la semana que viene.
San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 
  

viernes, 17 de enero de 2014

Esta semana en lugar de escribir un relato literario, he decidido publicar mi opinión sobre la situación actual de España. Durante estas Navidades me he dado cuenta de que ahora hay más necesidad que nunca y, ahora, con el inicio de año aumentan los gastos y no tenemos en este país un partido político capaz de arreglar la situación de España y, por esa razón, publico esta denuncia y reflexión.

Mi corazón llora por la situación desesperada de España donde cada día hay más gente pobre y más políticos ricos.
Me avergüenza España y lo admito.
 Me avergüenza porque nuestros políticos en el mejor de los casos son una nulidad y, en el peor, no tienen agallas. Nuestros políticos no son una sabia oligarquía preocupada por su gente, son una anarquía de carroñeros esperando a devorar la carne putrefacta de nuestro país. Porque, reconozcámoslo, señores: España se está muriendo. Se desangra cada día por la cantidad de jóvenes talentosos que se ven obligados a emigrar y se necrosa con un veinte por ciento de  población infantil pasando hambre.
            Nuestro país se muere y nuestros políticos se deleitan en mirar su propio ombligo en lugar de preocuparse por bajar a la calle y ver una realidad que, con sus gafas de culo de botella rosa, niegan.
            Aún así, como Pandora, tengo esperanza porque nuestro país es un superviviente. Quiero creer en la chispa de bondad de cada uno de nosotros, quiero pensar que todos vamos a ser un poco más generosos y ayudar al prójimo porque como esperemos que nuestros políticos nos salven…
Lo dicho, seremos carne putrefacta para ese puñado de buitres.
En fin, aquí lo dejo para que todos reflexionemos un poquito sobre nuestro país.

Y como lleva siendo habitual estas semanas, ahora publico la Novena a San Judas Tadeo.

San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 

jueves, 9 de enero de 2014

Después de las Navidades y en un año nuevo, he decidido publicar hoy la historia en la que surgió el personaje de Adriel el ángel de Dariel y Dani. Hace algún tiempo, mucho antes de que se pusieran de moda los ángeles, había decidido escribir un relato con uno de protagonista y por eso tecleé un poco sobre Adriel, sin embargo, al final su historia se ha ido retrasando. Por ahora os voy dejando el principio de ese relato que aún continua en mi tintero.
ADRIEL
Cuando despertó lo primero que sintió fue un profundo dolor, que iba desde su cabeza hasta los pies. Con cuidado se incorporó, no recordaba cómo había llegado allí, ni tan siquiera era capaz de recordar su nombre, sabía que empezaba por A, pero no tenía ni la más remota idea de cómo acababa. Se sentía aturdido, la ropa que llevaba puesta le molestaba y el dolor de cabeza persistía. Se acabó acostumbrando a la luz del sol, aunque de vez en cuando tenía que cerrar los ojos a causa de la claridad. Intentó caminar, pero con el golpe se le había olvidado cómo se hacía, así que se sentó un instante en el suelo para recobrar la compostura.
            Todo a su alrededor le era desconocido, no había nada que reconociera en el lugar que se encontraba. Podía escuchar el sonido del mar, aunque no alcanzaba a ver dónde estaba. Para no dejarse vencer por el pánico empezó a decir nombres al azar, el elemento que tenían en común es que empezaban con “A”, pensó que quizás así recordaría algo.
            - Aarón… no ese no es… Antonio… no… Adolfo… tampoco… Alfonso… no, no me suena… Alonso… no… Alberto… no me es familiar… Álvaro… Álvaro… no… ese no es… A… A… A… ¿Cómo era? Arcángel… no… demasiado pretencioso… Ángel… se aproxima… A… A… Armando…
            - ¿Amando? – Sugirió una voz  y se giró para encontrarse con los enormes ojos verdes de una niña pequeña, de nueve años.
            - ¿Quién eres?
            - Ana, quiero jugar contigo. Mi hermana y yo jugamos muchas veces a ese juego…
            - ¿Qué juego?
            - El de averiguar cuál de las dos se sabe más nombres empezados por una inicial. ¿No jugabas a eso?
            - En realidad no. – Contempló a la niña. – Lo cierto es que no logró recordar mi nombre, sé que empieza por A… pero… no me salen las otras letras.
            - ¿No sabes cómo te llamas?
            - No… ni siquiera sé cómo llegué aquí.
            ¿Por qué estás sola pequeña?
En este lugar podría hacerte daño cualquiera.
            - Lo dudo, estás en mi jardín. – La niña le sonrió al joven. 
            Él levantó la cabeza para mirar a su alrededor, se dio cuenta de que había un muro rodeándolo.
            - ¿Cómo entré aquí?
            - Por el cielo. – La niña se encogió de hombros.
            - Eso no es posible… si hubiera sido así debería estar muerto.
            - Te has debido dar un buen golpe. – La niña le cogió la mano. – Llevas un paracaídas, probablemente estabas planeando con un avión y te has lanzado al vacío.
            Mi mamá era paracaidista, ¿sabes?
            - No sé cómo caminar… - Dijo el muchacho aturdido. – Y aún no recuerdo mi nombre… ¿qué me ocurre?
            - Vamos a ver si conseguimos dar con tu nombre... hm… ¿Andrés?
            - No.
            - ¿Abelardo?
            - Tampoco.
            - ¿Alfredo?
            - No… me suena.
            - Adrián.
            - ¿Adrián?
Sí, creo que me llamó Adrián o algo muy parecido… Adrial… Adrimel… Adridel… Adriel…
 Sí, eso es, Adriel es mi nombre.
            - Te equivocas, Adriel no existe, seguro que te llamas Adrián y Adriel es un mote o algo.- La niña se cruzó de brazos. - ¿Hacia dónde ibas?
            - No… no… sé que tengo algo importante que hacer… algo muy, muy importante… pero… no sé… no… no…
            - Cuando el muchacho abrió otra vez los ojos se encontraba tumbado en un salón. Le dolía terriblemente la cabeza, sentía que le faltaba algo a la espalda… algo suave… algo blandito… se giró sobre sí mismo hasta que se encontró con los ojos verdes de un hombre de cuarenta años.
            - No te muevas, no te muevas. – Le sugirió. – He llamado a un médico para que te examine.
            Ana me dijo que te llamabas Adrián, ¿cierto? – Le dedicó una sonrisa brillante. – Yo soy Álvaro, estás en mi casa.
            - No quiero molestar… me iré en seguida.
            - Eso ni lo sueñes, te vas a quedar aquí hasta que venga el doctor.
            - No puedo hay algo que debo hacer… es importante… es… es… debo ayudar a alguien… debo… debo… no lo recuerdo, pero debo hacerlo… es de vital importancia… tengo… yo… me duele muchísimo la cabeza…
            - Al abrir los ojos de nuevo estaba tumbado en una cama muy confortable. Un edredón nórdico lo cubría, a su lado pudo ver un osito de felpa. Lo contempló con ternura, se incorporó lentamente y vio a la pequeña Ana sentada en una silla, profundamente dormida.
            - Pequeña… - La llamó. – Despierta, pequeña.
            -Ana abrió sus enormes ojos verdes, aún velados por el sueño, y le dedicó una sonrisa radiante. - ¿Estás mejor?
            - Sí, muchas gracias… Ana, ese era tu nombre, ¿verdad?
            - Sí, soy Ana. – La niña le sonrió. - ¿Ya recuerdas algo?
            - Vagamente. – El joven miró a la niña.- Pero no quiero molestar, me marcharé, seguramente si me pongo en camino acabaré por descubrir que es eso tan importante que debo hacer.
            - No, papá me dijo que te prohibiera terminantemente marcharte. – La niña colocó sus brazos encima de la cama y sobre sus manos la cabeza.-No te irás hasta que te encuentre tu familia, si estás extraviado, o hasta que recuerdes quién eres. Según el médico es extremadamente peligroso que te muevas sin rumbo, has sufrido una conmoción cerebral.
            - Eres muy inteligente para ser tan pequeña.
            - Soy superdotada. – Confesó Ana.- Y tengo algo que llaman el síndrome de Asperges… soy diferente. Ahora que estás despierto te enseñaré la casa e iremos a comer algo a la cocina.
            - Yo…
            - No discutas conmigo, no te va a servir de nada. – Susurró la niña. – Me vendrá bien tener un amigo ahora que papá ha vuelto al trabajo y Sofía al colegio. – Los ojos de la niña se humedecieron y una pequeña lágrima resbaló por su rostro.
            - ¿Por qué lloras, Ana?
            - Mi madre murió hace un año. – Explicó.- Hasta ayer que te encontré mi padre se había dado de baja para cuidarme, pero ahora tiene que volver al trabajo. En casa hay una pareja de confianza trabajando con nosotros, pero… me siento sola… a veces. – Ana sonrió a Adrián. – Papá dice que hasta que descubramos quién eres deberías quedarte aquí.
            - ¿No le preocupa que sea un loco o un asesino?
            - Según él eres un enviado del cielo. – Ana sonrió.
            - ¿Enviado del cielo? ¿Un enviado?... Yo… hay… algo… algo que se me escapa… algo que sé, pero no recuerdo… mi cabeza… me va a estallar.
            - Ten. – La niña le tendió una pastilla. – Es medicina, el doctor dijo que te ayudaría a calmar el dolor.
            Adrián despertó nuevamente. Al incorporarse reconoció la habitación en la que había estado antes, la de la casa de la pequeña Ana. Al mirar a su alrededor descubrió que estaba solo, aunque Ana le había dejado su osito de felpa para que le hiciera compañía. El corazón de Adrián latió de felicidad. Los olores del hogar eran reconfortantes. Lo cierto es que seguía sin recordar qué o quién era. Sin embargo, los sonidos de la casa de Ana lo animaron profundamente. Abrió bien los ojos para observar cuánto había a su alrededor. Prestó atención a su olfato, tratando de asimilar todos los olores, guardándolos en lo profundo de su memoria. Era como si todo aquello que lo rodeaba lo descubriera por primera vez. Un sentimiento de alegría lo llenó porque sentía como si volviera a empezar, una vez más.           
 En su interior era consciente de que esa no era la primera vez que le ocurría algo parecido, retazos de su pasado desfilaron por su memoria sin orden ni concierto. Creyó verse a sí mismo en otra época, vestido de otra manera y con un grupo diferente de gente. Lo único que inalterable era que todas esas veces, en todas esas ocasiones, siempre había tenido una misión, había tenido que cumplir un papel importante.
Decidido se levantó de la cama, en una silla encontró la ropa con la que había llegado a la casa. La cogió con cuidado y se la puso. Después caminó por la casa como un sonámbulo hasta llegar a una gran cocina, de diseño moderno.
En el centro vio a Ana, a su padre Álvaro, a una niña algo mayor y una cocinera que se afanaba preparando la comida.
- Perdón… - Interrumpió la escena, sintiéndose en cierto modo embarazoso. – Quería agradecer que se hayan portado ustedes tan bien conmigo… - Dijo.
- ¿Te encuentras mejor? – Preguntó la pequeña Ana con sus ojos verdes observándole fijamente.
- Sí, no creo que me desmaye otra vez.- Aseguró, aunque de algún modo no estaba completamente seguro de que eso fuera cierto.
- ¿Ha recordado algo? – Indagó Álvaro.
- Desgraciadamente… no. – Respondió.- Veo retazos, pero… es un tapiz incompleto. Lo único que sé, sin lugar a dudas, es que hay algo importante que debo hacer, aunque ignoro de qué se trata.
¿Hay algún hotel en dónde pueda quedarme? ¿Algún hostal?
- No puedes irte. – Ana se colocó frente a él con los brazos cruzados. – Quédate con nosotros hasta que sepas lo que andas buscando. – Ana sonrió a su padre. - ¿Verdad, papá?
- Desde luego. – Álvaro le dedicó una mirada agradable. – Nos vendría bien contar con una mano extra en casa, aunque Eugenia y Adolfo hacen muy bien su trabajo, estaría bien que hubiese alguien con Ana cuando no estamos Sofía o yo. – Álvaro se acercó a la niña que había a su lado. – Por cierto, ella es Sofía, es mi hija mayor. – Después se aproximó a la mujer que se encontraba cocinando. – Ella es Eugenia, es quién logra que todo funcione en la casa. Su marido, Adolfo, se ha tenido que ir a hacerme un recado, se lo presentaré por la tarde.
- Es un placer conocerte. – Sofía se aproximó a él.
- Lo mismo digo, pero… no sé si deberían confiar en mi… apenas sé quién soy, podría ser… una mala persona.
- No lo eres. – Afirmó Ana. – Si lo fueras yo lo sabría, se me da bien evaluar a la gente… estás perdido, pero nosotros te ayudaremos a encontrarte.
- Yo no lo habría dicho mejor. – Aseveró Álvaro.- Por supuesto, mientras conviva con nosotros deberá atenerse a unas normas.
            - Siempre he vivido bajo un estricto código de conducta, así que las normas me parecen una buena idea.
            - ¿Has recordado algo? – Preguntó Ana, esperanzada. – Sino, ¿cómo recuerdas que has vivido  bajo un estricto código de conducta?
            - No sé… es algo que… tengo la certeza de ello, pero no recuerdo el motivo o la razón…
            - Quizás eres un soldado o algo así. – Sugirió Eugenia. – Das el tipo. Andas muy recto, pareces acostumbrado a obedecer órdenes. Seguro que sí, debes ser un militar o un marinero.
           - No estoy muy seguro… - Adrián sonrió a la gente que tenía a su alrededor. – Creo que no me gustan los conflictos y detesto la guerra, demasiada muerte… es como si hubiera visto mucha en mi vida… tal vez sí sea un militar, después de todo. – El joven se sacudió como apartando de su mente un mal recuerdo, después  se llevo la mano al pecho, aterrorizado se miró sus dedos. Se estremeció, cerró los ojos con fuerza e imágenes de militares y civiles muriendo a su alrededor le llenaron la cabeza. Se vio a sí mismo atravesado por una bala enemiga, la oscuridad cayendo sobre él y… y… el vacío, la sensación de estar en un sitio distinto, un lugar nuevo en el cual todo era posible.



Y hasta aquí lo que tengo sobre el principio de Adriel, cuando aún no he terminado de darle vueltas a la forma de continuar con este relato. Como dije hace algún tiempo, tengo una deuda pendiente con San Judas Tadeo y por eso publico, otra vez, su novena.

San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

Hola a todos, teniendo en cuenta que estamos en Navidad he decidido escribir un microrrelato sobre la Navidad y, de paso, quiero desear Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo a los lectores de este blog. Esperemos que el 2014 consiga que todos nuestros sueños se hagan realidad.
            
ILUSIÓN
La tarde era oscura, el cielo estaba cubierto de copos de nieve que caían suavemente sobre la tierra. En la penumbra apenas se veía nada, la respiración del caminante era segura y tranquila.  Los copos resbalaban de su rostro juvenil, el viento susurraba una hermosa canción y el muchacho reía. Su rostro era de color dorado,  sus ojos eran ámbar y plata, sobre sus hombros caía una túnica plateada, el travieso viento le arrancó la capucha que cubría su cabeza, dejando al descubierto su cabello negro como la noche. Él observaba a la gente paseando, las risas de los niños se arremolinaban a su alrededor, lo envolvían y el joven se hacía más bello con cada risa.
            Una niña pequeña se le quedó mirando con los enormes ojos negros abiertos de par en par.
            - Te veo. – Le dijo y él sonrío.
            - Y yo te veo a ti, Diana.
            - Yo no te he dicho mi nombre. – Dijo y miró hacia a su madre que estaba durmiendo a su hermano pequeño.            - No debería hablar con extraños. – Diana se dio la vuelta, corrió hacia su madre y se acurrucó a su lado. 
Desde la distancia, sintiéndose segura al lado de su madre, siguió el recorrido del muchacho.  Él llegó hasta el gran abeto del parque decorado con guirnaldas plateadas y luces de colores, susurró unas palabras y se desvaneció.
            Diana corrió hacia el abeto, miró por todas partes, pero el chico había desaparecido. En el suelo quedaba un pequeño paquete rojo con un lazo de color plateado, lo recogió y se lo llevó a su madre.
            - Mamá al chico de antes se le cayó este paquete.
            - ¿A quién se le cayó?
            - Al chico de la capucha gris, yo lo vi, pero nadie más lo veía… era un poco raro.
            - Es para ti. – Le susurró tras leer la nota del regalo.  Diana miró a su madre con sus enormes ojos oscuros y lo desenvolvió. Era un extraño polvo plateado  y al tacto estaba caliente.
            - ¿Qué es? – Preguntó.
            - Es polvo de estrella.
            - ¿Y tú cómo lo sabes?
           
- Una vez hace mucho tiempo una estrella bajó del cielo. – Siguió la madre. – Era la estrella más importante de todas las estrellas porque era la estrella de los Reyes Magos; yo lo vi porque estaba mirando con los ojos de mi imaginación y sólo se muestra a niños pequeños. – Margarita observó el cielo, sobre la cúpula una estrella plateada destellaba con gran fulgor.- Se llama Ilusión, cada Navidad baja a la Tierra y pasea por las ciudades dando alegría a los corazones de los demás. A veces, su fulgor se apaga porque en la vida pueden ocurrir cosas buenas y cosas más malas, pero él siempre regresa para recordarnos en estas fechas tan especiales las pequeñas cosas de la vida, las alegrías de cada día, las esperanzas y sueños.
Ilusión te ha regalado un poquito de su magia para que nunca olvides compartir tu alegría en la Navidad.
FIN


Y como he dicho anteriormente, San Judas me echó una mano con una cosa que le pedí hace algún tiempo, así que publico otra vez su Novena. 


 San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 










           




jueves, 5 de diciembre de 2013

Esta semana he decidido publicar una historia en la que he empezado a trabajar recientemente. Es el principio de algo, pero aún no he logrado discernir de qué. Lo publico para ver si después de compartirlo desde aquí se me ocurre que es, una reflexión, una historia corta o una historia que puede llegar a ser una novela. Ni siquiera tiene nombre o título, así que lo publico sin más.

El sol la deslumbró por un momento, con un ligero suspiro se sentó en el banco que siempre había considerado suyo. Sabía que otras personas se sentaban en él, pero no variaba el hecho de que ella siempre lo elegía para sí misma. Escuchó las risas de los niños, las regañinas de los padres, todo seguía como recordaba. Habían pasado tres años, toda una vida para ella, pero por un instante todo fue perfecto. Quiso capturar ese instante con su cámara, pero la había dejado en el hotel con sus pertenencias. El sentimiento del pasado la embargó, la fuerza con la que siempre había creído en sus sueños, la certeza de que lo conseguiría…
La realidad la golpeó de pronto, la sensación de que había pasado toda su vida persiguiendo una utopía, seguía en el mismo sitio, pero sin ganas. Su mente voló hacia él sin que pudiera remediarlo, una cosa más que se le había escapado, un sueño más que se le había quedado en el tintero. El presente le resultaba descorazonador, pero sabía que en algún lugar estaba su fe y el espíritu de lucha que, por el momento, se había quedado atrás. Había regresado una vez más, quizás en esta ocasión el destino le tenía reservada una sorpresa. Bajó la mirada al suelo por un segundo, lo sintió cerca, incluso antes de que llegara hasta ella. Su corazón se detuvo, su alma se le escapó y el amor regresó a ella desde las profundidades de un pasado remoto o quizás había ocurrido tan solo un segundo atrás. Cuando su mirada castaña se cruzó con la miel de él, el mundo se tornó un lugar mucho mejor.
Lo amaba, siempre lo había amado y ahora ya no sentía miedo. Su sonrisa seguía como la recordaba, pero su mirada desconcertada decía más que sus palabras: sorpresa, miedo, alegría, amor y dolor atravesaron su hermoso rostro. El corazón de ella se detuvo y su mundo, tras cinco años detenido, volvió a girar. Ya no tenía veinticinco años y estaba dispuesta a jugársela por él. Él se sentó a su lado sin mediar palabra, ella se acomodó en el banco y suspiró de nuevo. Era un nuevo principio y, por fin, ella se sentía lo bastante valiente para agarrar esa oportunidad y no dejarla escapar. Las preocupaciones, la angustia pasaron a un segundo plano. Todas las cicatrices de su alma se curaron por ensalmo y, lo supo, tenía miedo, pero por primera vez en su vida se atrevió a soñar de nuevo. Su caballero de armadura resplandeciente estaba de nuevo a su lado y ella estaba dispuesta a rescatarlo.
Durante un rato los dos estuvieron en silencio, después él se levantó y se marchó sin decir palabra. Ella se quedó en el mismo lugar, pensó en cuánto había echado de menos la gran ciudad, el murmullo del tráfico desde primera hora de la mañana. Los largos paseos desde la Moncloa a Opera, las horas en el Templo Debod con toda la energía que emanaba el lugar, las tartas de su sitio preferido de Madrid “El Jardín Secreto” y, sobre todo, la sensación de libertad. Los restaurantes y las pintorescas cafeterías que había explorado hasta la saciedad cuando vivía allí. Galicia estaba en su corazón, grabado a fuego, pero ella ya no pertenecía a la Tierra Meiga, la tierra Mágica, su sitio se encontraba en Madrid.


Para terminar, esta parte tiene que ver con una promesa que he hecho a San Judas Tadeo, le prometí que si una cosa me salía bien publicaría en el blog su Novena. Así que aquí va:
San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Y, por fin, llego al capítulo final. El cierre de esta historia, me ha llevado bastante más tiempo del que habría imaginado y he acabado cogiendo cariño a Darío y a Daniela. En esta parte final, veremos lo qué ocurrió tras el deseo de Daniela y la historia nos la narra el protagonista oculto en todas las demás versiones, Adriel, ángel de la Guarda de Daniela y Darío. La próxima semana empezaré a escribir otros relatos e historias propias. Por ahora, cerremos "La Decisión"

EPÍLOGO 
Hace quince años…
Hoy es el día en el que todo cambia, desde mi cielo puedo ver a Darío y Daniela, ella ha elegido no conocer a Miguel y yo intervendré para evitarlo. Quizás hubiera sido más fácil haberle propuesto yo mismo esta decisión, pero a veces si estamos demasiado implicados en la situación no somos capaces de ver la solución más simple.
- Hola, ¿sabes que tienes la mirada más hechizante que he visto en mi vida? – Dice Miguel y mi Daniela le sonríe.
- Gracias, me llamo Daniela.
- Miguel.
- Encantada de conocerte.
     - Perdona, ¿te puedo invitar a algo? – Darío interrumpe el momento, es muy joven, todavía es un Doctor engreído, pero con el tiempo sé que cambiará porque es su naturaleza aunque él la desconozca todavía.- Siento entrometerme, simplemente me ha atraído tu presencia, es como si te conociera de antes.
En voz alta suena bastante ridículo, pero es la verdad.
     - A mí me ocurre igual.
Soy Daniela, ¿cómo te llamas?
     - Me llamo Darío, Darío Pardo.
     - ¿Darío? Es un nombre precioso, de algún modo me trae hermosos recuerdos.
     - Me largo, ya veo que aquí no tengo nada qué hacer.- Miguel se aleja de los dos y yo sonrío. Han cambiado su destino, pero de algún modo comprendo que ambos terminarán aquí, a mi lado, pues los dos son mis favoritos y quiero que me ayuden a proteger a otras personas.
     - Lo siento, creo que he fastidiado tu cita.- Dice Darío con una media sonrisa, sintiendo mucho más en su corazón.
     - No importa, en realidad sólo buscaba compañía.
     Dime, ¿a qué te dedicas?
     - Soy médico en urgencias.
     - Parece un trabajo duro.
     - A veces lo es.
     - Si necesitas una amiga para hablar de ello aquí me tienes.
     - Gracias, Daniela.
     - Puedes llamarme Dani.
     - Es un bonito nombre.
     - Como diría Bogart, espero que este sea el principio de una hermosa amistad.
     - Sé que lo será.

     5 de Octubre, hace trece años
     El destino juega hoy sus cartas por última vez. Daniela cambió su vida y también la de Darío. Ambos deberán pagar por esa decisión, desde mi cielo los contemplo, han sido felices durante dos años, pero las normas están ahí para cumplirse y yo, Adriel, debo velar porque se cumplan.
     - Llegas tarde, Darío.- Dice Daniela y se sube en el coche.
     - Estaba con Mónica, hoy le he pedido matrimonio.
     - Está bien, te perdono porque estoy de buen humor; me han aceptado en la Facultad de Informática.
    CRASH.




    
15 de Octubre hace trece años
     Me desperté en un lugar extraño, frente a mí había un hermoso hombre pelirrojo con los ojos turquesa, lo miré  y lo  identifiqué entre mis recuerdos de infancia.
     - Adriel.- Le dije y él me sonrió.
     - Bienvenida, Daniela. – Me alegré por el recibimiento de Adriel y sentí que alguien tomaba mi mano, dudoso.
- ¿Lo conoces? – Me preguntó Darío.- ¿Sabes dónde estamos?
- Adriel es mi Ángel de la Guarda. – Respondí, Darío me miró de forma extraña. – Lo que no entiendo es qué haces tú en mi sueño.
- No estáis soñando, ninguno de los dos. – Explicó Adriel. – Os doy la bienvenida a vuestra nueva vida, desde hoy seré vuestro Ángel Guía. A partir de mañana os ocuparéis de cargas humanas, es vuestra obligación como Ángeles de la Guarda.- Dijo.
Yo me quedé en silencio, evaluando sus palabras. Estaba muerta.
El pensamiento se coló en mi mente, había muchas cosas que deseaba vivir, muchas experiencias que ansiaba tener y, entonces, ocurrió lo más extraño de todo; Adriel nos habló de nosotros, de nuestras vidas.
Nos explicó que ambos habíamos muerto, en diferentes años y, nuestras almas se habían reclamado una a la otra, nunca habían podido separarlas y, por esa razón, los Jefes habían optado por traernos en el mismo momento a este lado de la vida.
Me giré para observar a Darío, él me dedicó una hermosa sonrisa y me tendió la mano. Los dos observamos a Adriel, él siguió con su discurso.
     - Sólo hay cuatro condiciones para hacer este trabajo.
No digáis quién sois. Desde hoy seréis Dariel y Naariel.
No améis a ninguna de vuestras cargas humanas.
No os hagáis corpóreos ante ellas.
Nunca les ofrezcáis la oportunidad de cambiar una decisión de su vida porque un ligero cambio puede influir en la vida de muchos.
Vosotros dos estáis aquí porque compartís un vínculo muy profundo, desde vuestro nacimiento estabais destinados a conoceros, vuestras almas están prendidas y por eso seréis compañeros. Recordad, siempre debéis responder a esta oración:
    
Ángel de la guarda, dulce compañía, no me dejes solo ni de noche, ni de día, que me perdería.
         

viernes, 8 de noviembre de 2013

Penúltimo capítulo, la semana que viene termino con esta historia que llevo tanto tiempo escribiendo. La primera vez que me sugirieron hacer varias versiones me pareció una idea un poco extraña, pero al verdad es que ahora estoy muy orgullosa del resultado. Esta última versión me ha dado muchas alegrías y también me ha entristecido un poco, imagino que les he cogido cariño a Daniela y Dariel, así que echaré de menos saber cuál será el siguiente paso de su relación tan extraña y complicada. Pero eso será la semana que viene, el capítulo de esta semana es breve y el de la semana siguiente será un poquitín más largo.

Capítulo 14
Ángel de la guarda, dulce compañía.
No me dejes sola ni de noche, ni de día.
Que me perdería.
Su oración llegó hasta mí. Había elegido cambiar su pasado y, aunque me dolía pensar en ello, quizás para Daniela era la mejor opción. Al llegar me observó con sus hermosos ojos, durante un buen rato no dijo nada, atemorizada por mi reacción.
- Lo he pensado mucho, Dariel. He visitado a todas las personas que han influido en mi vida para bien o para mal, he hablado con ellos y hay algo que deseo cambiar.- Susurró, con profundo pesar en su voz.
     - ¿Cuál es tu decisión?
     - No quiero enamorarme de Miguel.
     - ¿Por qué me pides eso? – Intenté no quejarme, pero no pude evitarlo. Daniela me estaba pidiendo mucho y yo sólo era un Ángel desde hacía trece años. - Ese momento te pertenece tanto a ti como a mí porque fui yo quien luchó por tu vida. Me dieron mis alas de Ángel porque salvé tu vida cuando ya nadie confiaba en tu recuperación. Yo me pasé horas operando tu maltrecho cuerpo para devolverte a la vida y eres mi alma gemela, Dani, no quiero renunciar a ti.
     - Quizás es muy egoísta por mi parte, pero debes entenderme; mi vida es la que estuvo expuesta, mis vísceras las que tuviste que recolocar en mi interior. Esta cicatriz es un recuerdo constante de ese momento, del miedo, de la soledad… Todo lo que viví fue terrible y me convirtió en una víctima.
    Durante trece años he sido un simple espectro de mí misma, tú me has devuelto la vida, amor, pero no puedo seguir luchando yo sola, estoy cansada, sólo quiero… avanzar.
     - Se lo diré a mis superiores, pero entonces no te llegaré a conocer Daniela y tú eres lo mejor que me ocurrió en mis dos vidas.
     - Perdóname, amor. No puedo seguir cargando con esta cicatriz por el resto de mi existencia, sin ti no soy lo bastante fuerte. Además ese momento afectó también a la gente de mi entorno: mis padres, mis abuelos, mis tíos, mi hermana… Todos ellos lo vivieron como la peor experiencia de su vida y si puedo cambiarlo, lo haré.
Y está Miguel, soy la causante de su brote y no quiero ser la razón de sus tormentos. Está encerrado en un Psiquiátrico y no seré yo quien lo empuje hacia ese lugar.
Ya no quiero ser Julieta, tan sólo deseo ser Daniela.
Gracias por salvarme.

- Fue un placer, entiendo tus razones. – Le dije, ella se acercó a mí, me acarició la mejilla con ternura.- Sé feliz, amor mío. – La envolví con mis alas una última vez y me fui, con el corazón roto y al mismo tiempo feliz por ella.

jueves, 31 de octubre de 2013

Ya se acerca el final de "La decisión", después de tanto tiempo con Daniela y Dariel creo que los echaré de menos cuando termine con su historia, dos capítulos más y publicaré el broche final de esta historia y sus cuatro versiones. Por ahora, el capítulo siguiente.
Capítulo 13
     Me levanté a la mañana siguiente con dolor de cabeza. Por la noche no dormí demasiado, había muchas cosas rondando por mi cabeza y tras un día de locos en el cual había estado vacilando cuál sería el paso a seguir, opté por ir a visitar a mi hermana.
     Al ser domingo estaría en su casa con Mauricio, miré la hora y la llamé para preguntar si la podía visitar esa mañana sobre las doce. Diana me dijo que era una buena hora y me invitó, de paso, a comer en su casa.
Llegué a la hora concertada, Diana por la expresión que llevaba dedujo que íbamos a tratar un asunto importante y le pidió a Mauricio que se fuera a tomar un café. Mi cuñado besó a mi hermana, a mi me dio un fuerte abrazo y nos dejó a solas.
- ¿Qué te ocurre, Dani? – Indagó, preocupada.
- Pongamos que eres yo, te encuentras en mi situación actual, con toda mi historia pasada y alguien te ofreciese la oportunidad de cambiar algo de tu vida.
     ¿Lo harías?
- Menuda pregunta más rara, hermanita, ¿te encuentras bien?
- Sí, sólo estoy haciendo un repaso de mi vida, viendo las elecciones del camino y recapacitando un poco sobre ello para dar un paso hacia adelante.
- ¿Esto tiene que ver con Miguel?
- Sí y no.
- Tendrás que explicármelo mejor.
- Fui a verlo al Hospital y…
- ¿Fuiste a verlo?
Por Dios, Dani, ¿por qué harías tú algo así?
- Necesitaba hacerlo, tenía que dar un salto de fe con respecto a Miguel, a mí y… no puedo decir que haya sido una decisión inteligente.
- Bien, al menos lo reconoces.
- Pero no me arrepiento, ¿sabes?
Verlo me hizo recordar cómo era antes de todo lo malo, la forma en la cual me relacionaba con los demás y, sé que te sonará fatal, pero me valió para acordarme de que durante un tiempo yo fui feliz con él. Quiero darle una nueva oportunidad al amor, hasta ahora no lo he hecho, supongo que por miedo y…
- ¿Has conocido a alguien?
- Puede. – Admití. – No sé, hermanita, tengo que pensar en mi pasado para saber si arriesgarme de cara al futuro.
- El pasado no se puede cambiar, las cosas que has vivido por terribles que hayan sido no van a modificarse porque tú lo desees. Partiendo de esa premisa te diré que, si pudiera, yo borraría ese quince de septiembre de mi agenda. Fue terrorífico encontrarte medio muerta en la puerta de casa, todo ocurrió muy rápido, no me dio tiempo a reaccionar y me aterrorizó ver a Miguel con ese cuchillo de carnicero. Grité muy fuerte y los vecinos vinieron a ayudarme, recuerdo haberte abrazado como si se me fuera la vida en ello. Mi ropa acabó empapada de tu sangre, Durante muchos años soñaba constantemente con ese momento; en mi cabeza todo ocurría a cámara lenta, pero en las pesadillas no te podía salvar.
Para ti debió de ser horrible, pero también para los demás y si por mí fuera borraría para siempre ese día y los años que vinieron después en los cuales tú tratabas de recuperarte y no lo conseguías realmente.
Con esto no quiero desengañarte y decirte que renuncies al amor, pero debes comprender que tú tienes un trauma y si te enamoras otra vez, esa persona deberá de tener mucha paciencia y amor para sanar las cicatrices de tu alma.
Dime Dani, ¿ese chico parece dispuesto a tenderte su mano y acompañarte en el proceso?
- Eso parece.
- Entonces arriésgate y entrégate a ese amor.
- En realidad creo que no puedo. – Miré a mi hermana y me sorprendí al comprender que deseaba no conocer a Miguel. No era por la cicatriz, por el daño psicológico, ni siquiera por la infinidad de consecuencias que había traído para mi vida haberlo conocido. Tenía que ver conmigo, no me sentía lo bastante fuerte para seguir adelante después de todo lo malo.- Gracias, Diana, me has ayudado mucho.
- Mierda, ¿he matado tu ilusión por enamorarte? Mauri tiene razón, a veces es mejor cerrar la bocaza. Lo siento, he arruinado tu vida amorosa, perdóname.
- En realidad la has salvado, Di. – Sonreí a mi hermana. – Vamos a preparar la comida, después nos tumbaremos en el sofá Mauri, tú y yo a devorar clásicos de cine como solíamos hacer antes de que los tres fuéramos unos respetuosos miembros activos de la sociedad.
- A Mauri le encantará el plan. – Mi hermana me cogió de la mano. – Sabes, en algún lugar hay un hombre perfecto esperando por ti, sólo debes tener paciencia.
- Tampoco me preocupa en realidad, lo que deba de ser, será y mientras disfrutaré de una tarde acompañada de dos de mis personas favoritas en el mundo.

- Ese domingo pasé la tarde en compañía de mi hermana y mi cuñado. Tomada la decisión sobre mi pasado, sólo me quedaba esperar a llegar a casa y convocar, por última vez, a Dariel.

La Noche

El cielo se oscureció, el alma que vagaba por la casa permaneció en silencio viendo como el sol se apagaba. Mucho tiempo atrás los habitant...