jueves, 13 de febrero de 2014

                Hace algún tiempo descubrí la fanfiction, para aquellos que no sepan qué  es os diré que  consiste en tomar prestados los personajes o historias que corresponden a otro, pero desde la admiración y el respeto, el autor de “fanfiction” versiona estos personajes e historias, aunque desde el primer momento explica que los personajes o historia no le pertenecen, pues los derechos de autoría y copyright corresponden a su legítimo dueño. Normalmente la fanfiction no tiene fines lucrativos y es una manera de jugar con los personajes de otros, sabiendo que no son tuyos y crear tus propias historias. Yo soy muy aficionada a escribir fanfiction de vez en cuando, lo suelo hacer de mis series o libros favoritos. La primera historia que escribí de “fanfiction”, cuando ni siquiera sabía yo qué significaba, fue sobre el “Señor de los Anillos” pues soy una admiradora incondicional de la obra de Tolkien y cada año me leo la trilogía completa de “El señor de los Anillos”.
                Mi fascinación por Tolkien me llevó a preguntarme qué ocurría con los gemelos Undómiel, hermanos de Arwen, porque eran mis personajes favoritos de la historia junto con Legolas y Tolkien no deja entrever qué le depara el futuro. Así que yo, decidida a darles una continuidad, escribí una historia en la que algunos de los personajes principales  aparecen  creé una elfa para uno de los gemelos Undómiel, la bauticé Silcelewen Vairelóre y la convertí en un personaje atado a la historia de Aragorn y la Tierra Media. Esta aventura de mi imaginación ocurre después de que los protagonistas derroten al Señor Oscuro, cuando Aragorn recupera el trono que le corresponde.
                Insisto en que los personajes, la historia y el copyright pertenecen a Tolkien, a su genio creador, yo sólo tomé prestados algunos personajes para jugar con ellos y escribir  mi propia versión sobre Ellrohir Undómiel.
     Silcelebwen Vairelóre
     Después de la larga lucha y los días que precedieron a la misma, Aragorn estuvo organizando las cosas para su Retorno y coronación. El mundo finalmente tendría un Rey digno de él. Se imaginó el hermoso rostro de su futura esposa y su alma se llenó de sentimientos contradictorios. Se sentó al lado de la Doncella Eówyn que todavía no había retornado a su reino en Edoras y, al verla tan  feliz con Faramir, comprendía la razón que había retenido a la  Princesa de los Rohirrin en su reino.
                La Doncella percibió que la miraba y  lo observó,  como lo conocía bien, supo que algo le preocupaba.
- Mi Rey. – Susurró. - ¿Qué os preocupa?
- Nada importante, Dama Eówyn.
                - Os conozco y veo en vos inquietud,  ¿puedo ayudaros en vuestro pesar?
                - Os lo agradezco, pero mis preocupaciones no deben turbaros. Han ocurrido muchas cosas en muy poco tiempo y todavía estoy asumiendo el nuevo papel que desempeñaré a partir de ahora en Gondor y todos los pueblos libres de la Tierra Media.
                - Mi señor, sois sabio y habéis derrotado al enemigo oscuro, por eso os garantizo que todo irá bien a partir de ahora.
                - Gracias por vuestra amabilidad, señora de los Rohirrin, siempre me alegra ver que cuento con algunos buenos amigos entre los pueblos libres de la Tierra Media y es un verdadero honor para mí, que entre ellos, os encontréis vos y el rey Eómer.
                - Os prometo, majestad que esta amistad durará para siempre entre nuestros reinos, pues ahora somos hermanos. – Eówyn dedicó una sonrisa a Arargon, después se incorporó del salón donde estaban tomando el té y caminó hacia el patio principal para pasear con Faramir.
                Arargon añoró, en cierta medida,  los sentimientos que ella le había inspirado y los que él le había producido a ella.  Comprendía que, si no hubiese conocido a Arwen, probablemente se habría enamorado de la Princesa de Edoras por su fortaleza y su majestad. Él había curado las heridas causadas por el Rey Brujo y se admiraba por el valor y fortaleza que ella había mostrado al resistirse a su poder y vencerlo. Ella había escrito una parte importante de la historia, había ganado la gloria y el poder que tanto había anhelado en su palacio de Edoras,  y le alegraba que fuera así. No había muchas mujeres como Eówyn de la Marca y le alegraba que su Senescal hubiera encontrado una Dama digna de su estirpe.
                Paseó por el palacio reflexionando sobre los acontecimientos recientes, sobre el futuro porque al día siguiente sería su coronación y matrimonio.
                Gondor despertó al día siguiente con emisarios de todos los pueblos libres de la Tierra Media. El Rey tomó a su esposa y, juntos,  su reinado, pero algo inquietaba a Ellessar.  Todos habían asistido a la celebración, pero echaba de menos una Alta Elfa que había prometido, muchísimo tiempo atrás, asistir a la coronación del heredero de Isildur.
El Rey  temió que la larga espera de la Dama hubiera extinguido su vida y no pudiera cumplir el juramento que la había atado a la Tierra Media y al linaje de Elendil.
                Tras la fiesta el Rey despidió a todos los invitados, el último de ellos fue uno de los mejor recibidos.
                - Vuestra coronación ha sido un éxito.
                - No me trates como un Rey, amigo mío,  pues tiempo atrás has mostrado tu lealtad y hemos luchado en la batalla juntos.
- Gracias, Ellesar, pero vos devolvisteis la esperanza a este mundo y por eso merecéis mi respeto.
                - Y tú mereces el mío, Legolas, pues sin ti nada de esto habría sido posible; me acompañaste por caminos tortuosos y en ningún momento desfalleció tu espíritu.
                - Y lo volvería a hacer, me siento honrado de haber formado parte de ese Concilio y de los caminos que tomamos.
He querido ser el último en irme porque deseaba pedirte permiso para instalarme con algunos de mis hermanos y pájaros del Bosque Negro en Ithilien. Si me lo concedes, formaré mi reinado aquí.
                - Serás bienvenido, Legolas, necesitamos algunas de tus hermosas gentes en nuestro hogar, así Arwen se sentirá un poco menos sola y, por un tiempo, podrá disfrutar de vuestra compañía y olvidar aquello a lo que ha renunciado.
- Entonces así se hará, pero te conozco, hermano,  y veo que hay algo que te inquieta.
- Es cierto. – El Rey de Gondor contempló la lejanía y su mirada se ensombreció. – Aguardaba a alguien en mi coronación y no ha asistido.
                - Todos los pueblos libres han enviado emisarios.
                - Ella no pertenece sino a la Tierra Media y los herederos de Elendil, su vida la ató a nuestro destino hace mucho tiempo.
                - ¿De quién se trata?
                - Silcelebwen Vairelóre,  es una alta semielfa Nandor que vivió en Númenor hasta que Elendil y sus hombres se trasladaron a la Tierra Media, los siguió en su aciago destino y todos los herederos de Elendil la amamos por encima de todo y todos. Largo tiempo atrás tejió sueños para nosotros; los adultos y los niños, los viejos y los jóvenes. Pues eso era ella, una Tejedora de Sueños, nos contaba historias sobre tierras lejanas, princesas, príncipes, reinados encantados...
                Era hermosa como una mañana de primavera y su voz era dulce, nos envolvía y nos dejábamos arrullar por sus palabras.
                Al principio de los tiempos de Númenor su familia y ella se trasladaron a vivir con mis antepasados.
                - Una nandor, ¿queda algún nandor a este lado del Mar?
                - Únicamente ella, su madre se casó con un noble de Númenor y vivieron felices un tiempo, pero el mar la llamó y partió con sus dos hijos. Silcelebwen se quedó para seguir tejiendo sueños para nosotros.
                Hace mucho tiempo selló su destino a Númenor, a mi gente y mi pueblo.
                - ¿Por      qué?
                - Su amor partió y juró esperarla el tiempo que fuera preciso por ella, pero su promesa fue en vano.
                Años después Círdan comunicó a la Doncella que su príncipe la había abandonado y elegido a otra por esposa. Con el corazón roto juró que nunca abandonaría la Tierra Media a no ser que alguien digno de ella mostrara su amor por Endoré y los descendientes de Elendil.
                Cuando Númenor cayó ella vino con los fieles en su barca, se internó en un Bosque y vagó por él. Durante un tiempo la visitaban con frecuencia, pero un día Silcelebwen ya no estaba.
                Yo la conocí en mi infancia  en Rivendel, durante un tiempo estuvo con nosotros y luego partió.               No supimos a dónde había ido, algunos afirmaban que había roto su juramento y partido a los Puertos, otros aseguraban que la Doncella Tejedora de Sueños había sido capturada y asesinada.
Yo albergaba la esperanza de que viniera  el día de mi coronación, pero no llegó.
                Sé que vendrá y la veré antes de partir a mi último viaje, pero todavía se debe cumplir su destino.
                Ahora debéis partir, hermano, la noche es larga y mi bella esposa aguarda por mí.
                - Que descanses, hermano.  - Legolas Hojaverde abandonó la terraza del Rey y se encaminó a su dormitorio, al entrar se encontró a los gemelos Undómiel y Haldir.
                - ¿Te apetece pasear, Legolas? – Preguntaron y el heredero de Thranduil y sus amigos salieron a caminar a la luz de las estrellas.
                Los elfos contemplaban las estrellas en el cielo, las aves nocturnas que volaban sobre la ciudad y la quietud, a esa hora nocturna, en la que la mayoría de los habitantes de Gondor y sus invitados se habían ido a descansar. Sin embargo, otro grupo estaba también paseando por la ciudadela, los Elfos no tardaron en reconocer la melodía de un grupo muy animado de hobbits. Una voz resonó por encima del resto.
Y el dulce aroma de la Doncella llenó siempre el arroyo,
Ai, lara, lara, lara
Y su dulce mirar de plata conquistó mi corazón
Ai, lara, lara, lara.
Por las noches la visitaba...
Ai lara, lara, lara...
Y admiraba su mirdada.   
Legolas, los gemelos y Haldir caminaron hacia los hobbits, allí vieron a Meriadoc Brandigamo, Peregrin Tuk, Frodo Bolsón y Samsagaz Gamyi, acompañados por Gimli, hijo de Glóin.
                - Buenas noches, amigos. – Saludaron los eldar.       
                - Buenas noches. – Frodo Bolsón se incorporó y saludó a los recién llegados. – Sed bienvenidos a esta celebración hobbit.
                - ¿Qué cantabais?
No parecía una melodía jocosa de los hobbits. – Indagó Elladan Undómiel.
                - Y por cierto que no lo era. – Contestó Samsagaz Gamyi. – Es una canción sobre una hermosa desconocida. Una vez, cuando niño, al pasear por el Brandivino la encontré sentada en una roca. Al verla me pareció un espíritu o una ninfa, pero no tengo un claro recuerdo de ella. Sólo sé que era más hermosa que todas las cosas que hay sobre la tierra y más triste que una llanura sin flores. Me senté a su lado, ella me sonrió y acarició mi cabello. Sentí que un poder emanaba de ella y me postré a sus pies, ella sonrió, me tomó en brazos y me habló largo y tendido.
Habló de bosques y lagos, princesas y seres fantásticos, maldad y bondad. Un hermoso animal parecido a caballos, pero con un cuerno en la frente...
                Me invitó a soñar y no he dejado de hacerlo desde el momento en que la vi.
                Era muy hermosa, pero siempre he sabido que fue un encantamiento de mi imaginación. Hoy la recordé porque me pareció verla en el bosque e improvisé esta sonatilla para ella.
                - ¿Nos la cantáis entera? – Rogó Ellrohir Undómiel.
                - Pero... mi señor... mi voz no es noble… y...
                - Por favor, Sam.- Bromeó Legolas. – Somos amigos, hemos luchado para conseguir un futuro y nos gustaría oír tu historia.
-          De acuerdo.
Era un día de Primavera
Ai lara, lara, lara
Cuando vi a una Doncella
Ai lara, lara, lara
Con cabellos cual espigas de trigo
Ai lara, lara, lara
A la orilla del Brandivino
Ai lara, lara, lara
Sentada estaba ella, en una roca
Belleza sin desatino
Ai lara, lara, lara
Y el dulce aroma de la Doncella llenó siempre el arroyo
Ai lara, lara, lara
Y su dulce mirar de plata conquistó mi corazón
Ai lara, lara, lara
Por las noches la visitaba
Ai lara, lara, lara
Y admiraba su mirada...
Doncella tallada en Oro...
Ai lara, lara, lara
Y bañada en esmeraldas...
Ai lara, lara, lara...
No hay belleza en el mundo
Ai lara, lara, lara
Que ensombrezca tu mirada...
Ai lara, lara, lara
Vuelve a mí, Dulce Princesa...
Ai lara, lara, lara
Y de plata te vestiré
Ai lara, lara, lara
Y por siempre te amaré.
- Sam observó a sus oyentes y se ruborizó levemente. – Esa era mi historia. – Y en el ruido del lejano bosque, los elfos, los hobbits y el enano parecieron escuchar una risa cristalina.
                - ¿Habéis oído una risa como una hermosa mañana de primavera? – Indagó Gimli, hijo de Glóin, y miró en derredor.
                - Sin duda es la cerveza y el vino que hemos disfrutado en la coronación. – Contestó Samsagaz, no dado a divagaciones.
                - Sí, eso será. – Ellrohir Undómiel dio la razón con desgana, pues en su fuero interno supo que ella estaba cerca, escuchándolos y deseó buscarla para convertirla en su esposa. Su hilo de pensamientos fue interrumpido Legolas Hojaverde.
                - Es hermosa tu canción, Sam, y sé quién era tu Doncella.
                - También yo la conocí. – Sonrió Elladan Undómiel. – Pero de eso hace varias edades,  años después la vi otra vez y seguía tan hermosa como la primera vez que la vi, cuando era un polluelo recién salido del cascarón.
¿No es así, hermano?
                - La hermosa Silcelebwen Vairelóre, alta semielfa Nandor que habitaba en Númenor hasta que Elendil se trasladó a la Tierra Media.  Nos enseñó a soñar, a imaginar cuan bello era el mundo y deseamos fundirnos con ella; la más bella entre los nuestros.
 Yo la amé y mi hermano también. – Ellrohir sonrió a sus amigos. – Y todos los elfos así lo hicieron alguna vez, pero su corazón estaba roto.
                - Contadnos su historia. – Rogó Frodo Bolsón.
                - Yo os la contaré. – Intervino Legolas. – Tal y como a mí me la contó Arargon.
Todos escucharon atentamente la historia y después, los gemelos Undómiel, de que Legolas cantaron una hermosa melodía.
La Doncella se fue al alba,
Y  juró por su honor que a nadie amaría
Pues su alma estaba rota
Y como amaba a Númenor, él su destino sellaría.
Déjame quererte, Endore,
Aquí viviré siempre, a tu tierra Atada.
Ningún elfo amaré, seré tu esposa fiel.
Y ella, la hermosa Nandar,
Escuchó el rumor del río
Y se perdió
Lejos de Eldamar
Y también de Endore.
¿Dónde está la belleza oculta?
Lejos o cerca, nadie sabe,
Tal vez vuelva
Si alguien digno de ella
Por su amor por Endore,
Por su fidelidad a Elendil.
Desposarla quisiera.
                - Los gemelos sonrieron. – Esta canción es muy antigua, era más larga y con más melodía, pero la escuché cuando era un niño y la olvidé.  – Explicó Elladan.
                - ¿No fue encantamiento de mi mente? – Sam dedicó una mirada a sus amigos. – Entonces si había visto un elfo antes de ir al Reino de vuestro padre.
                - Nosotros sólo la vimos una vez. – Intervino Elladan.
                - Y desde ese momento sólo deseamos verla de nuevo. – Concluyó su gemelo. – Amigo Sam, no fue tu imaginación, fue nuestra amada Doncella que tejió para ti un sueño... 
 Fuiste afortunado, pues se sabe que en mucho tiempo no ha tejido historias para nadie. – Ellrohir observó a Sam. – Y cuán viva está en tu mente, tanto que aún me parece verla y olerla.
                - Te dio su don. – Dijo Legolas sorprendiendo a todos.
                - Tanta belleza y dulzura, tanto amor y esperanza. – Frodo Bolsón miró a sus amigos. – Me gustaría verla a mí también.
                - Es hora de ir a descansar, hobbits y señores Elfos... – Gimli contempló la noche. – Las estrellas han cubierto el manto de la noche y es hora de ir a dormir.
                - Sí, es cierto. – Afirmaron todas las voces, salvo Ellrohir, quien vio cómo se alejaban los demás. Fue paseando hasta el arroyo y se sentó en una piedra, soñando con la hermosa nandar.
                Se recreó en el cielo y las estrellas, dejó que su alma llorara por el sonido del mar y deseó regresar a Eldamar.
                Un destello llegó desde el otro extremo del Río, el príncipe levantó su mirada y frente a él, descubrió el ser más hermoso de Endore. Tenía el largo cabello dorado y rizado, su rostro resplandecía a la luz de las estrellas y sus ojos parecían hilos de plata. Su rostro era orgulloso, tallado en mármol, y los labios del color de las frambuesas, llevaba una larga túnica verde esmeralda y una hermosa capa tejida en hilos de plata, en su largo cuello de garza un collar con esmeraldas, de manos delgadas y bellas. Sobre la melena del color del trigo brillaba una hermosa corona tallada en plata y esmeraldas. Al mirarla percibió en ella una belleza sin par, ningún elfo que él conociera tenía esos rasgos tan dulces y tristes. Ninguno que él hubiera visto mostraba tal nostalgia en su mirada y sintió que su corazón latía con fuerza y supo que la amaría siempre.            
                Volvió su mirada al Río, pero la Dama había desaparecido.
                Cabizbajo regresó a su alcoba.
Pasó el tiempo y la comitiva del Rey abandonó la ciudadela, todos los emisarios de los Pueblos Libres regresaron a sus hogares. El Rey y la Reina acompañaron las exequias de Theoden de la Marca y asistieron a la boda de Eówyn de Rohan y Faramir de Ithilien.
                Pasaron cuatro años, el Rey jugaba con su hija Vairelorewen en el jardín cuando un resplandor apareció en la puerta.         
                La niña, de cuatro años, corrió hacia el resplandor y la hermosa figura dorada la tomó en sus brazos.
                Ellessar Telcontar se incorporó, ella no tardó en llegar a su altura y el Rey le hizo una reverencia.
- Bienvenida, Doncella Vairelóre.
                - Majestad, mi Rey...  Soy yo la que debe inclinarse y no vos. – El Rey elevó su rostro y enmudeció al verla de nuevo.
                Su dorado color de piel se había extinguido, el collar que tiempo atrás le habían obsequiado los numeranos seguía en su largo cuello de garza, sus manos eran largas y suaves, pero sus ojos, grises como la plata, hablaban de tristeza.
                - Mi Rey he venido a rendir los respetos que corresponden, siento el retraso, pero supongo que temía ver de nuevo mi amado pueblo. – Su voz sonó cristalina y dulce, Ellessar Telcontar, recordó las veces que la Doncella le había obsequiado con sueños y sintió infinita gratitud hacia su persona. – Pronto he de partir a Eldamar, la promesa que le hice a mi madre se debe cumplir... Sólo he venido a despedirme.
                - Silcelebwen... Cuantos bellos recuerdos olvidados acuden a mí al teneros frente a mi humilde persona.
                - Vuestra hija es hermosa y será reconocida, muchos la amarán como heredera de su madre y vuestro Reino jamás conocerá el fin.
                - Vairelorewen es el nombre de mi hija. – Sonrió el rey. – En vuestro honor así fue bautizada, pues vos, dama, unisteis vuestro destino al mío y concedisteis lealtad sin igual a mi pueblo.
                - Gracias admirable Piedra Élfica.
                - Os dejo con ella. – El rey miró a la tejedora de sueños. – Haced soñad a mi hija como una vez hicisteis con el padre. – Y Ellessar dejó a la noble doncella con Vairelorewen.
                Las dos se sentaron bajo el sol y la  tejedora de sueños tejió para la hija del Rey un sueño. Nuevamente la niña se fascinó con la dama, como tantos otros habían hecho antes, y la rodeó con sus brazos.
                Ellrohir, quien estaba  de visita en el Reino de Legolas, llegó al Palacio y caminó hacia el patio, abrió de par en par al encontrarse a su sobrina en brazos de Silcelebwen. Su hermoso rostro dorado, la larga y rizada melena, los brillantes ojos cual hilos de plata, la corona y la túnica...
                Se detuvo y la observó. Se aproximó a ella y escuchó fragmentos del sueño que estaba tejiendo para Vairelorewen y también él, curtido en mil batallas, príncipe de un pueblo de elfos y poderoso entre los suyos, cayó preso de su hechizo y también él soñó.
                - Silcelebwen. – La llamó, ella elevó su mirada, enmudeció y oyó por primera vez en muchos años la llamada de Eldamar. Escuchó un susurro de su madre rogando que regresara con su familia y ella, acostumbrada a soñar para otros, soñó para sí misma y deseó partir a su hogar más Allá del Mar. Ya no le preocupaba que Helwa hubiera elegido a otra por esposa, lo único que añoraba era a su familia. Besar el rostro suave de su madre y abrazar a sus hermanos.
                - Vuelve hija mía, vuelve a Eldamar – Insistió la voz de su madre  y ella sonrió por primera vez en mucho tiempo. Su mirada se volvió Dorada como la luz del sol y sus hermosos ojos plateados se convirtieron en hilos de plata con pequeños fragmentos esmeralda y de sus labios frambuesa se escapó un suspiro.
                - El mar me espera – Sonrió al Elfo y lo vio tan hermoso como la primera vez que lo había conocido, unas cuantas edades atrás. El porte noble, los grises ojos, la voz suave y melodiosa, la sonrisa. Lo contempló en toda su grandeza, llevaba una corona de plata sobre su frente, una capa cubría su cuerpo, un traje plateado con un cinturón verde, sobre la espada el carcaj de las flechas y un afilado puñal con dibujos noldor en su cintura. El hermoso y sabio rostro del color de la madera de los árboles y con reflejos dorados. Lo miró y sintió un cosquilleo en el estómago, había atado su destino al de él mucho tiempo atrás, sin saberlo.
                Finalmente se incorporó y con la Princesa de Gondor en sus brazos se aproximó a él.
                - Ellrohir Undomiel, hijo de Ellrond. – Lo llamó. - Mi mañana es el mañana de los herederos de Elendil, el rey Gobierna y yo me voy a Eldamar.
                - Yo luché por vuestro Rey y no dejaré que abandonéis Endore. – Tomó el rostro de ella con sus dedos. –Mi destino es vuestro destino y por eso deseo que os convirtáis en mi esposa, pues juro que sois hermosa y deseo soñar con vos y tejer nuestros sueños en Eldamar.
- Ellrohir Undómiel, sois noble y yo quiero que  seáis mi esposo. Yo os elijo porque salvasteis a mi Rey porque sois noble y mi alma no ha descansado desde que os vi hace cuatro años. Tejamos juntos nuestros sueños y creemos un tapiz con ellos.
- Así sea, mi amada. – Ellrohir Undomiel y Silcelebwen Vairelore se besaron y entre los dos, feliz, estaba Vairelorewen.
                Después de un tiempo fueron a ver al Rey, quien recibió con dicha la noticia de su matrimonio.
                Y Ellrohir llamó a sus amigos hobbits: Frodo Bolsón, Meriadoc Brandigamo, Peregrin Tuk y Samsagaz Gamyi, quien al contemplar de nuevo a la hermosa doncella le cantó la canción que había compuesto para ella, y la Dama, bondadosa y fiel, sincera y honesta, besó al hobbit y le regaló unos cuantos sueños más para sus muchos hijos.
                Y el tiempo pasó y la felicidad llenó Endore durante largo tiempo, pero en el momento en que Ellessar, Piedra Élfica, se marchó con los reyes de antaño la Doncella y su esposo, junto con Gimli, hijo de Glóin, Legolas Hojaverde y Samsagaz Gamyi abandonaron por siempre la Tierra Media y partieron a Eldamar, donde la familia de la Dama la recibió orgullosa al ver su sabio esposo.
                Y allí, al Otro lado del Mar, en la Tierras Imperecederas que nosotros nunca lograremos alcanzar, vivieron felices eternamente Silcelebwen Vairelóre, Esposa de la Tierra Media y su marido, Ellrohir Undómiel.

                Y hasta aquí este fanfic, espero que os haya gustado. Yo no puedo escribir como Tolkien, pero de vez en cuando,  me gusta tomar prestados sus personajes y, desde el respeto y admiración,  versionar su historia.


                Como siempre, publico la Novena a San Judas Tadeo.
San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 


viernes, 7 de febrero de 2014

El fin de semana pasado fue el congreso del PP y, por esa razón, he decidido que esta semana en Tejedora toca una dosis de realidad; en vista de que nuestros políticos siguen proclamando que España está mejorando.
     Primero de todo quiero mencionar que Rajoy en su discurso afirma que nuestro país está mejorando gracias al esfuerzo de todos los españoles y eso es una gran mentira. España mejora gracias al esfuerzo y el sudor de la clase media, cada vez más ahogada, y la clase trabajadora, cada vez más hundida. Mientras las pequeñas y medianas empresas dan el callo para salir adelante, las grandes empresas, los banqueros y los políticos de marras siguen ganando sueldos que, sin duda, solucionarían la pobreza de al menos dos o tres familias españolas.
     Nuestro presidente es un cínico si piensa que nos puede engañar. Si España fuera bien no habría casi cuatro millones de niños en la pobreza, pasando hambre; si las cosas fueran como ellos las pintan no se llenarían las oficinas del INEM con miles de personas cada día y, sobre todo, las personas no seguirían sufriendo pensando que podrían ser  los siguientes en engrosar la lista de parados.
Realmente, señor Rajoy, señor Rubalcaba, señora Rosa Díez y señor Cayo Lara; por mencionar las cabezas más visibles, dejen de decir sandeces y bajen a la calle. Si prestan atención a las personas se darán cuenta de que en todas las caras hay angustia, hay arrugas de preocupación en todos los rostros, incluso en los de aquellos más jóvenes, porque la población sabe que estamos en el filo de la navaja y si nos mantenemos es gracias a los abuelos que, con sus pensiones, están manteniendo a sus familias.
     Lo he dicho anteriormente y no me canso de repetirlo, en nuestro país tenemos un problema de deficiencia con nuestros políticos, la mayoría de ellos viven en sus grandes casas, ayudando a sus familias, amigos, colegas y rescatando a los banqueros, quienes no lo olvidemos, son los responsables de la situación actual de España.
     Nuestro país es un negocio para unos pocos y una ruina para la inmensa mayoría de la población y me enerva que los títeres de nuestros políticos se piensen que nos pueden engañar con sus cuentos.

No, señores políticos, los españoles no somos tontos.

Sabemos perfectamente que ustedes son unos “comecuartos” que sólo se ocupan de sus propios intereses así que, háganse un favor y de paso hágannos un favor a los españoles, dejen de contarnos milongas.
     Aquí no hay un consenso para mejorar la situación si lo hubiera, en lugar de lanzar dardos envenenados unos partidos hacia los otros, se arremangarían y se pondrían a trabajar para solucionar los problemas.
     Mientras no haya políticos verdaderos y mientras los partidos sigan proclamando su visión como la única viable, España se seguirá hundiendo. Llegará un punto en el cual el umbral de lo que está bien y lo que está mal será muy fino, y las personas pensarán que cruzarlo es fácil porque si tienen que alimentar a sus hijos, a sus nietos, a sus padres, a sus abuelos, a sus sobrinos o a cualquier ser querido; no les importará cruzar la frágil línea entre lo legal e ilegal.
     España es un polvorín y, como los políticos no presten atención, en cualquier momento podría estallarles en la cara.

     En fin, hasta aquí, mi comentario de hoy. Últimamente me siento más periodista y contestataria que nunca, en vista de que los periódicos y los periodistas que están en activo siguen dorando la pila a los poderes políticos en lugar de hacer lo que se supone que deben hacer, denunciar la situación crítica de nuestro país. Hace años, cuando empecé periodismo, todavía creía en la prensa como poder regulador, pensaba que el escándalo Watergate no era un caso aislado.
     Llámenme ilusa, pero realmente creía que los periodistas podían ser apolíticos a la hora de elaborar la información, aunque en privado votasen al partido que les diese la real gana. Y yo, como periodista de vocación desde mi más tierna infancia, me siento frustrada al ver cómo mi profesión queda denigrada a ser mercenario de quienes ostentan el poder.


     Una vez más, publico la Novena de San Judas.
San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen.  

viernes, 31 de enero de 2014

¿Habéis tenido alguna vez un “Y si”?; por “y si” me refiero a haberos planteado cómo podrían haber sido las cosas actuando de manera diferente en una determinada ocasión o comportándose de forma distinta con una persona especial. Yo en mi vida profesional he tenido dos “y si” y en mi vida amorosa también dos. A veces me da por preguntarme cómo podrían haber cambiado las cosas si hubiese dado un paso adelante en mis “y si” amorosos porque me hubiera gustado tener una respuesta, para bien o para mal, en lugar de la duda constante.
Uno de mis “y si” amorosos, el primero, fue en la Universidad y el segundo cuando hice un Máster. La verdad es que los “Y si” son una verdadera tortura porque nunca tienen solución y desde aquí os recomiendo a aquellos que tengáis un “y si” en vuestra vida; ya sea profesional, amorosa o familiar, que deis un paso más y lo resolváis porque si no os carcomerá la duda toda la vida. Y, por experiencia, os digo que no hay nada peor que un “Y si”.
La reflexión de hoy es un “y si” amoroso porque es más fácil escribir sobre una duda amorosa que hacerlo sobre la vida profesional y, además, me permite jugar con palabras bonitas J
¿Y si te atreves…?
Todo empezó una mañana de Abril, el día era hermoso, los pajarillos piaban alegremente en sus nidos y había parejas por todas partes. Él salió de su casa con intención de ir a su librería favorita; allí pensaba echar un vistazo a las novedades que habían llegado esa semana y decidir si compraba, por fin, el último libro de su autor favorito. Caminó por la calle sin prisa disfrutando del ambiente primaveral, dejándose sorprender por los pajarillos anidando y por las parejas besándose.
En cierta manera se sentía ajeno a ellos pues su vida amorosa era un desierto desde que había roto con su última novia. Lo habían dejado porque sus prioridades habían cambiado mucho desde el instituto, época en la que empezaron a salir, la decisión fue de ambos y como eran adultos optaron por seguir siendo amigos. Eso lo hacía sentirse muy maduro, pero en ocasiones se planteaba si las cosas podrían haber sido diferentes entre ellos; ¿y si se hubiera atrevido a seguir adelante con esa relación a pesar de que ella y él ya no parecían tener nada en común?
¿Y si?...
El ¿y si? volvía a estar presente en su vida, tenía por costumbre dejarse un “¿y si” de vez en cuando.
 Cuando en el colegio se enamoró de su primer amor y no se atrevió a decírselo.
Cuando a los catorce años se enamoró de la hermana pequeña de su mejor amigo y no intentó nada por no traicionar la amistad que los unía.
Cuando empezó a salir con su novia y, tras cuatro meses, rompieron para volver a las dos semanas.
Cuando en la Universidad conoció a esa chica especial, pero nunca dio el paso adelante.
Cuando le ofrecieron su primer trabajo…
La lista parecía infinita; el “y si” era una constante.
Al entrar en la librería fue hacia el departamento de ciencia ficción; se puso a leer títulos de novelas, escogió una, se dio la vuelta y chocó con una chica. Ella debía ser más o menos su edad, tenía el pelo castaño, los ojos azules y una sonrisa capaz de derretir un iceberg. Sus miradas se cruzaron un segundo y se sonrojaron, ambos se dieron la vuelta al mismo tiempo y salieron disparados hacia otro lugar de la librería.
Él siguió observando los títulos, escogió otro, pagó y salió a la calle.
En la puerta se dio cuenta de que acababa de sufrir un nuevo “y si”.
¿Y si en lugar de salir corriendo le hubiera pedido el teléfono a esa chica?
Frustrado caminó hacia su casa mirando los escaparates, soñando con ver otra vez la extraña con la que había coincidido en su librería favorita.
La segunda vez que la vio fue en una cafetería; estaba tomándose una tarta con su hermana pequeña cuando ella entró acompañada de una amiga. Su mirada se cruzó con la de ella, hubo reconocimiento y, nuevamente, ambos volvieron a sus sitios sin atreverse a dar un paso más.
La tercera vez que se cruzó en su vida fue el primer día de su nuevo trabajo; entró por la puerta y la vio. Cuando su jefe los presentó y se dieron la mano sintió cómo si toda su vida hubiera estado esperando ese momento.
Ella le dedicó una sonrisa y él se quedó cautivado por su presencia.
Al principio hablaban de cosas del trabajo, asuntos  sin la menor trascendencia, pero poco a poco ella le fue hablando de sus sueños, de sus esperanzas, de sus miedos y él se descubrió a sí mismo relatándole aspectos de su vida que nunca antes había sido capaz de compartir con nadie. Las horas iban pasando, los días, los meses…
Una mañana del mes de Abril llegó al trabajo preparado, por una vez en su vida, para superar el “y si”.
Entró y la vio; tenía el aspecto de siempre, pero para él fue como si la hubiera visto por primera vez. Trabajaron codo con codo, a la salida él la invitó a tomar una copa y ella dijo que sí.
Le confesó su amor asustado como un cachorrillo confiando en que, por una vez, el “y si” tuviera respuesta; cuando ella le dedicó “esa sonrisa” comprendió que había encontrado lo que había estado buscando toda la vida.
Salieron; se casaron y, gracias a ella, él tenía una nueva filosofía de vida “¿Y si te atreves…?”
J                            FIN                         J

Y, una vez más, escribo mi novena a San Judas Tadeo.

San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 

jueves, 23 de enero de 2014

He descubierto recientemente que, muchas veces, las historias que escribo empiezan con un personaje despertándose tras la noche y eso me ha llevado a preguntarme por qué siempre comienzo mis historias de este modo. La conclusión a la que he llegado es que, de hecho, todo empieza con alguien saliendo de una cama y enfrentándose a su día a día. Hoy publico un breve relato sobre esta reflexión.
LA VIDA COMIENZA CON UN DESPERTADOR
El despertador la despertó de su sueño, abrió los ojos, le costó un poco enfrentarse a la oscuridad de la habitación y buscar el móvil a través de la penumbra del cuarto. Después de darse un golpe contra la pata de la cama, chocar contra un zapato de tacón dejado al azar la noche anterior al lado de la cama y tropezar con su perro, lo localizó.  Apagó la alarma, a tientas, localizó la lámpara de la cama y la encendió.  A su alrededor todo era un caos, la habitación estaba desordenada, su perro se escurrió por la puerta del dormitorio y ella se quedó en silencio.
El mundo a su alrededor empezó a girar de nuevo, los engranajes de la vida requirieron de nuevo su atención. En la habitación rosa su hija de seis años la llamaba a gritos, su marido se estaba duchando en el baño y su hijo mayor, de diez años, entró en la habitación con su pijama favorito y el cabello negro enmarañado. Ella lo recibió con una sonrisa, besó su frente y caminó hacia la habitación de la pequeña. Al abrir la puerta la decoración rosa la sorprendió, era de un color tan vivo como su hija y la pequeña estaba en su cama mirándola con sus enormes ojos castaños. La cogió en brazos y caminó hacia la cocina. El ruido del exterior entró en sus dominios, un nuevo día había empezado.
Con paso ligero empezó a preparar el desayuno de su familia, recogió las cosas del lavavajillas, tarareó una canción y disfrutó de la sensación de estar viva, en su casa, con su familia y su perro.
Su marido entró en la cocina, cogió la comida del perro y se la echó en el comedero, después besó a sus dos hijos, a ella y se sentó grácilmente en su silla. Ella sirvió todos los desayunos, se sentó y juntos empezaron su rutina. Al terminar su esposo fregó los cacharros y su hijo fue al baño principal para asearse.
Ella tomó a la pequeña, fue a la bañera y la limpió. En el piso superior el despertador de su vecina sonó, escuchó sus pasos silenciosos en la casa, el ruido del bebé, quien también se había despertado con el jaleo, y también su día a día comenzó.
Al terminar de lavar a la pequeña, la dejó con su marido y su hijo mayor. Mientras los tres disfrutaban de los dibujos animados matutinos, ella se encaminó hacia la ducha. El agua caliente desentumeció sus músculos, tras la ducha se maquilló y fue al salón donde su familia la esperaba.
Con una sonrisa los tres se encaminaron al exterior, se despidieron cariñosamente del perro, fueron hacia el garaje, cogieron el coche y reiniciaron su rutina diaria.
La vida siempre comienza con un despertador sonando en algún rincón de la casa.



Y, como estas semanas anteriores publico la Novena de San Judas Tadeo, hasta la semana que viene.
San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 
  

viernes, 17 de enero de 2014

Esta semana en lugar de escribir un relato literario, he decidido publicar mi opinión sobre la situación actual de España. Durante estas Navidades me he dado cuenta de que ahora hay más necesidad que nunca y, ahora, con el inicio de año aumentan los gastos y no tenemos en este país un partido político capaz de arreglar la situación de España y, por esa razón, publico esta denuncia y reflexión.

Mi corazón llora por la situación desesperada de España donde cada día hay más gente pobre y más políticos ricos.
Me avergüenza España y lo admito.
 Me avergüenza porque nuestros políticos en el mejor de los casos son una nulidad y, en el peor, no tienen agallas. Nuestros políticos no son una sabia oligarquía preocupada por su gente, son una anarquía de carroñeros esperando a devorar la carne putrefacta de nuestro país. Porque, reconozcámoslo, señores: España se está muriendo. Se desangra cada día por la cantidad de jóvenes talentosos que se ven obligados a emigrar y se necrosa con un veinte por ciento de  población infantil pasando hambre.
            Nuestro país se muere y nuestros políticos se deleitan en mirar su propio ombligo en lugar de preocuparse por bajar a la calle y ver una realidad que, con sus gafas de culo de botella rosa, niegan.
            Aún así, como Pandora, tengo esperanza porque nuestro país es un superviviente. Quiero creer en la chispa de bondad de cada uno de nosotros, quiero pensar que todos vamos a ser un poco más generosos y ayudar al prójimo porque como esperemos que nuestros políticos nos salven…
Lo dicho, seremos carne putrefacta para ese puñado de buitres.
En fin, aquí lo dejo para que todos reflexionemos un poquito sobre nuestro país.

Y como lleva siendo habitual estas semanas, ahora publico la Novena a San Judas Tadeo.

San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 

jueves, 9 de enero de 2014

Después de las Navidades y en un año nuevo, he decidido publicar hoy la historia en la que surgió el personaje de Adriel el ángel de Dariel y Dani. Hace algún tiempo, mucho antes de que se pusieran de moda los ángeles, había decidido escribir un relato con uno de protagonista y por eso tecleé un poco sobre Adriel, sin embargo, al final su historia se ha ido retrasando. Por ahora os voy dejando el principio de ese relato que aún continua en mi tintero.
ADRIEL
Cuando despertó lo primero que sintió fue un profundo dolor, que iba desde su cabeza hasta los pies. Con cuidado se incorporó, no recordaba cómo había llegado allí, ni tan siquiera era capaz de recordar su nombre, sabía que empezaba por A, pero no tenía ni la más remota idea de cómo acababa. Se sentía aturdido, la ropa que llevaba puesta le molestaba y el dolor de cabeza persistía. Se acabó acostumbrando a la luz del sol, aunque de vez en cuando tenía que cerrar los ojos a causa de la claridad. Intentó caminar, pero con el golpe se le había olvidado cómo se hacía, así que se sentó un instante en el suelo para recobrar la compostura.
            Todo a su alrededor le era desconocido, no había nada que reconociera en el lugar que se encontraba. Podía escuchar el sonido del mar, aunque no alcanzaba a ver dónde estaba. Para no dejarse vencer por el pánico empezó a decir nombres al azar, el elemento que tenían en común es que empezaban con “A”, pensó que quizás así recordaría algo.
            - Aarón… no ese no es… Antonio… no… Adolfo… tampoco… Alfonso… no, no me suena… Alonso… no… Alberto… no me es familiar… Álvaro… Álvaro… no… ese no es… A… A… A… ¿Cómo era? Arcángel… no… demasiado pretencioso… Ángel… se aproxima… A… A… Armando…
            - ¿Amando? – Sugirió una voz  y se giró para encontrarse con los enormes ojos verdes de una niña pequeña, de nueve años.
            - ¿Quién eres?
            - Ana, quiero jugar contigo. Mi hermana y yo jugamos muchas veces a ese juego…
            - ¿Qué juego?
            - El de averiguar cuál de las dos se sabe más nombres empezados por una inicial. ¿No jugabas a eso?
            - En realidad no. – Contempló a la niña. – Lo cierto es que no logró recordar mi nombre, sé que empieza por A… pero… no me salen las otras letras.
            - ¿No sabes cómo te llamas?
            - No… ni siquiera sé cómo llegué aquí.
            ¿Por qué estás sola pequeña?
En este lugar podría hacerte daño cualquiera.
            - Lo dudo, estás en mi jardín. – La niña le sonrió al joven. 
            Él levantó la cabeza para mirar a su alrededor, se dio cuenta de que había un muro rodeándolo.
            - ¿Cómo entré aquí?
            - Por el cielo. – La niña se encogió de hombros.
            - Eso no es posible… si hubiera sido así debería estar muerto.
            - Te has debido dar un buen golpe. – La niña le cogió la mano. – Llevas un paracaídas, probablemente estabas planeando con un avión y te has lanzado al vacío.
            Mi mamá era paracaidista, ¿sabes?
            - No sé cómo caminar… - Dijo el muchacho aturdido. – Y aún no recuerdo mi nombre… ¿qué me ocurre?
            - Vamos a ver si conseguimos dar con tu nombre... hm… ¿Andrés?
            - No.
            - ¿Abelardo?
            - Tampoco.
            - ¿Alfredo?
            - No… me suena.
            - Adrián.
            - ¿Adrián?
Sí, creo que me llamó Adrián o algo muy parecido… Adrial… Adrimel… Adridel… Adriel…
 Sí, eso es, Adriel es mi nombre.
            - Te equivocas, Adriel no existe, seguro que te llamas Adrián y Adriel es un mote o algo.- La niña se cruzó de brazos. - ¿Hacia dónde ibas?
            - No… no… sé que tengo algo importante que hacer… algo muy, muy importante… pero… no sé… no… no…
            - Cuando el muchacho abrió otra vez los ojos se encontraba tumbado en un salón. Le dolía terriblemente la cabeza, sentía que le faltaba algo a la espalda… algo suave… algo blandito… se giró sobre sí mismo hasta que se encontró con los ojos verdes de un hombre de cuarenta años.
            - No te muevas, no te muevas. – Le sugirió. – He llamado a un médico para que te examine.
            Ana me dijo que te llamabas Adrián, ¿cierto? – Le dedicó una sonrisa brillante. – Yo soy Álvaro, estás en mi casa.
            - No quiero molestar… me iré en seguida.
            - Eso ni lo sueñes, te vas a quedar aquí hasta que venga el doctor.
            - No puedo hay algo que debo hacer… es importante… es… es… debo ayudar a alguien… debo… debo… no lo recuerdo, pero debo hacerlo… es de vital importancia… tengo… yo… me duele muchísimo la cabeza…
            - Al abrir los ojos de nuevo estaba tumbado en una cama muy confortable. Un edredón nórdico lo cubría, a su lado pudo ver un osito de felpa. Lo contempló con ternura, se incorporó lentamente y vio a la pequeña Ana sentada en una silla, profundamente dormida.
            - Pequeña… - La llamó. – Despierta, pequeña.
            -Ana abrió sus enormes ojos verdes, aún velados por el sueño, y le dedicó una sonrisa radiante. - ¿Estás mejor?
            - Sí, muchas gracias… Ana, ese era tu nombre, ¿verdad?
            - Sí, soy Ana. – La niña le sonrió. - ¿Ya recuerdas algo?
            - Vagamente. – El joven miró a la niña.- Pero no quiero molestar, me marcharé, seguramente si me pongo en camino acabaré por descubrir que es eso tan importante que debo hacer.
            - No, papá me dijo que te prohibiera terminantemente marcharte. – La niña colocó sus brazos encima de la cama y sobre sus manos la cabeza.-No te irás hasta que te encuentre tu familia, si estás extraviado, o hasta que recuerdes quién eres. Según el médico es extremadamente peligroso que te muevas sin rumbo, has sufrido una conmoción cerebral.
            - Eres muy inteligente para ser tan pequeña.
            - Soy superdotada. – Confesó Ana.- Y tengo algo que llaman el síndrome de Asperges… soy diferente. Ahora que estás despierto te enseñaré la casa e iremos a comer algo a la cocina.
            - Yo…
            - No discutas conmigo, no te va a servir de nada. – Susurró la niña. – Me vendrá bien tener un amigo ahora que papá ha vuelto al trabajo y Sofía al colegio. – Los ojos de la niña se humedecieron y una pequeña lágrima resbaló por su rostro.
            - ¿Por qué lloras, Ana?
            - Mi madre murió hace un año. – Explicó.- Hasta ayer que te encontré mi padre se había dado de baja para cuidarme, pero ahora tiene que volver al trabajo. En casa hay una pareja de confianza trabajando con nosotros, pero… me siento sola… a veces. – Ana sonrió a Adrián. – Papá dice que hasta que descubramos quién eres deberías quedarte aquí.
            - ¿No le preocupa que sea un loco o un asesino?
            - Según él eres un enviado del cielo. – Ana sonrió.
            - ¿Enviado del cielo? ¿Un enviado?... Yo… hay… algo… algo que se me escapa… algo que sé, pero no recuerdo… mi cabeza… me va a estallar.
            - Ten. – La niña le tendió una pastilla. – Es medicina, el doctor dijo que te ayudaría a calmar el dolor.
            Adrián despertó nuevamente. Al incorporarse reconoció la habitación en la que había estado antes, la de la casa de la pequeña Ana. Al mirar a su alrededor descubrió que estaba solo, aunque Ana le había dejado su osito de felpa para que le hiciera compañía. El corazón de Adrián latió de felicidad. Los olores del hogar eran reconfortantes. Lo cierto es que seguía sin recordar qué o quién era. Sin embargo, los sonidos de la casa de Ana lo animaron profundamente. Abrió bien los ojos para observar cuánto había a su alrededor. Prestó atención a su olfato, tratando de asimilar todos los olores, guardándolos en lo profundo de su memoria. Era como si todo aquello que lo rodeaba lo descubriera por primera vez. Un sentimiento de alegría lo llenó porque sentía como si volviera a empezar, una vez más.           
 En su interior era consciente de que esa no era la primera vez que le ocurría algo parecido, retazos de su pasado desfilaron por su memoria sin orden ni concierto. Creyó verse a sí mismo en otra época, vestido de otra manera y con un grupo diferente de gente. Lo único que inalterable era que todas esas veces, en todas esas ocasiones, siempre había tenido una misión, había tenido que cumplir un papel importante.
Decidido se levantó de la cama, en una silla encontró la ropa con la que había llegado a la casa. La cogió con cuidado y se la puso. Después caminó por la casa como un sonámbulo hasta llegar a una gran cocina, de diseño moderno.
En el centro vio a Ana, a su padre Álvaro, a una niña algo mayor y una cocinera que se afanaba preparando la comida.
- Perdón… - Interrumpió la escena, sintiéndose en cierto modo embarazoso. – Quería agradecer que se hayan portado ustedes tan bien conmigo… - Dijo.
- ¿Te encuentras mejor? – Preguntó la pequeña Ana con sus ojos verdes observándole fijamente.
- Sí, no creo que me desmaye otra vez.- Aseguró, aunque de algún modo no estaba completamente seguro de que eso fuera cierto.
- ¿Ha recordado algo? – Indagó Álvaro.
- Desgraciadamente… no. – Respondió.- Veo retazos, pero… es un tapiz incompleto. Lo único que sé, sin lugar a dudas, es que hay algo importante que debo hacer, aunque ignoro de qué se trata.
¿Hay algún hotel en dónde pueda quedarme? ¿Algún hostal?
- No puedes irte. – Ana se colocó frente a él con los brazos cruzados. – Quédate con nosotros hasta que sepas lo que andas buscando. – Ana sonrió a su padre. - ¿Verdad, papá?
- Desde luego. – Álvaro le dedicó una mirada agradable. – Nos vendría bien contar con una mano extra en casa, aunque Eugenia y Adolfo hacen muy bien su trabajo, estaría bien que hubiese alguien con Ana cuando no estamos Sofía o yo. – Álvaro se acercó a la niña que había a su lado. – Por cierto, ella es Sofía, es mi hija mayor. – Después se aproximó a la mujer que se encontraba cocinando. – Ella es Eugenia, es quién logra que todo funcione en la casa. Su marido, Adolfo, se ha tenido que ir a hacerme un recado, se lo presentaré por la tarde.
- Es un placer conocerte. – Sofía se aproximó a él.
- Lo mismo digo, pero… no sé si deberían confiar en mi… apenas sé quién soy, podría ser… una mala persona.
- No lo eres. – Afirmó Ana. – Si lo fueras yo lo sabría, se me da bien evaluar a la gente… estás perdido, pero nosotros te ayudaremos a encontrarte.
- Yo no lo habría dicho mejor. – Aseveró Álvaro.- Por supuesto, mientras conviva con nosotros deberá atenerse a unas normas.
            - Siempre he vivido bajo un estricto código de conducta, así que las normas me parecen una buena idea.
            - ¿Has recordado algo? – Preguntó Ana, esperanzada. – Sino, ¿cómo recuerdas que has vivido  bajo un estricto código de conducta?
            - No sé… es algo que… tengo la certeza de ello, pero no recuerdo el motivo o la razón…
            - Quizás eres un soldado o algo así. – Sugirió Eugenia. – Das el tipo. Andas muy recto, pareces acostumbrado a obedecer órdenes. Seguro que sí, debes ser un militar o un marinero.
           - No estoy muy seguro… - Adrián sonrió a la gente que tenía a su alrededor. – Creo que no me gustan los conflictos y detesto la guerra, demasiada muerte… es como si hubiera visto mucha en mi vida… tal vez sí sea un militar, después de todo. – El joven se sacudió como apartando de su mente un mal recuerdo, después  se llevo la mano al pecho, aterrorizado se miró sus dedos. Se estremeció, cerró los ojos con fuerza e imágenes de militares y civiles muriendo a su alrededor le llenaron la cabeza. Se vio a sí mismo atravesado por una bala enemiga, la oscuridad cayendo sobre él y… y… el vacío, la sensación de estar en un sitio distinto, un lugar nuevo en el cual todo era posible.



Y hasta aquí lo que tengo sobre el principio de Adriel, cuando aún no he terminado de darle vueltas a la forma de continuar con este relato. Como dije hace algún tiempo, tengo una deuda pendiente con San Judas Tadeo y por eso publico, otra vez, su novena.

San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

Hola a todos, teniendo en cuenta que estamos en Navidad he decidido escribir un microrrelato sobre la Navidad y, de paso, quiero desear Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo a los lectores de este blog. Esperemos que el 2014 consiga que todos nuestros sueños se hagan realidad.
            
ILUSIÓN
La tarde era oscura, el cielo estaba cubierto de copos de nieve que caían suavemente sobre la tierra. En la penumbra apenas se veía nada, la respiración del caminante era segura y tranquila.  Los copos resbalaban de su rostro juvenil, el viento susurraba una hermosa canción y el muchacho reía. Su rostro era de color dorado,  sus ojos eran ámbar y plata, sobre sus hombros caía una túnica plateada, el travieso viento le arrancó la capucha que cubría su cabeza, dejando al descubierto su cabello negro como la noche. Él observaba a la gente paseando, las risas de los niños se arremolinaban a su alrededor, lo envolvían y el joven se hacía más bello con cada risa.
            Una niña pequeña se le quedó mirando con los enormes ojos negros abiertos de par en par.
            - Te veo. – Le dijo y él sonrío.
            - Y yo te veo a ti, Diana.
            - Yo no te he dicho mi nombre. – Dijo y miró hacia a su madre que estaba durmiendo a su hermano pequeño.            - No debería hablar con extraños. – Diana se dio la vuelta, corrió hacia su madre y se acurrucó a su lado. 
Desde la distancia, sintiéndose segura al lado de su madre, siguió el recorrido del muchacho.  Él llegó hasta el gran abeto del parque decorado con guirnaldas plateadas y luces de colores, susurró unas palabras y se desvaneció.
            Diana corrió hacia el abeto, miró por todas partes, pero el chico había desaparecido. En el suelo quedaba un pequeño paquete rojo con un lazo de color plateado, lo recogió y se lo llevó a su madre.
            - Mamá al chico de antes se le cayó este paquete.
            - ¿A quién se le cayó?
            - Al chico de la capucha gris, yo lo vi, pero nadie más lo veía… era un poco raro.
            - Es para ti. – Le susurró tras leer la nota del regalo.  Diana miró a su madre con sus enormes ojos oscuros y lo desenvolvió. Era un extraño polvo plateado  y al tacto estaba caliente.
            - ¿Qué es? – Preguntó.
            - Es polvo de estrella.
            - ¿Y tú cómo lo sabes?
           
- Una vez hace mucho tiempo una estrella bajó del cielo. – Siguió la madre. – Era la estrella más importante de todas las estrellas porque era la estrella de los Reyes Magos; yo lo vi porque estaba mirando con los ojos de mi imaginación y sólo se muestra a niños pequeños. – Margarita observó el cielo, sobre la cúpula una estrella plateada destellaba con gran fulgor.- Se llama Ilusión, cada Navidad baja a la Tierra y pasea por las ciudades dando alegría a los corazones de los demás. A veces, su fulgor se apaga porque en la vida pueden ocurrir cosas buenas y cosas más malas, pero él siempre regresa para recordarnos en estas fechas tan especiales las pequeñas cosas de la vida, las alegrías de cada día, las esperanzas y sueños.
Ilusión te ha regalado un poquito de su magia para que nunca olvides compartir tu alegría en la Navidad.
FIN


Y como he dicho anteriormente, San Judas me echó una mano con una cosa que le pedí hace algún tiempo, así que publico otra vez su Novena. 


 San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 










           




jueves, 5 de diciembre de 2013

Esta semana he decidido publicar una historia en la que he empezado a trabajar recientemente. Es el principio de algo, pero aún no he logrado discernir de qué. Lo publico para ver si después de compartirlo desde aquí se me ocurre que es, una reflexión, una historia corta o una historia que puede llegar a ser una novela. Ni siquiera tiene nombre o título, así que lo publico sin más.

El sol la deslumbró por un momento, con un ligero suspiro se sentó en el banco que siempre había considerado suyo. Sabía que otras personas se sentaban en él, pero no variaba el hecho de que ella siempre lo elegía para sí misma. Escuchó las risas de los niños, las regañinas de los padres, todo seguía como recordaba. Habían pasado tres años, toda una vida para ella, pero por un instante todo fue perfecto. Quiso capturar ese instante con su cámara, pero la había dejado en el hotel con sus pertenencias. El sentimiento del pasado la embargó, la fuerza con la que siempre había creído en sus sueños, la certeza de que lo conseguiría…
La realidad la golpeó de pronto, la sensación de que había pasado toda su vida persiguiendo una utopía, seguía en el mismo sitio, pero sin ganas. Su mente voló hacia él sin que pudiera remediarlo, una cosa más que se le había escapado, un sueño más que se le había quedado en el tintero. El presente le resultaba descorazonador, pero sabía que en algún lugar estaba su fe y el espíritu de lucha que, por el momento, se había quedado atrás. Había regresado una vez más, quizás en esta ocasión el destino le tenía reservada una sorpresa. Bajó la mirada al suelo por un segundo, lo sintió cerca, incluso antes de que llegara hasta ella. Su corazón se detuvo, su alma se le escapó y el amor regresó a ella desde las profundidades de un pasado remoto o quizás había ocurrido tan solo un segundo atrás. Cuando su mirada castaña se cruzó con la miel de él, el mundo se tornó un lugar mucho mejor.
Lo amaba, siempre lo había amado y ahora ya no sentía miedo. Su sonrisa seguía como la recordaba, pero su mirada desconcertada decía más que sus palabras: sorpresa, miedo, alegría, amor y dolor atravesaron su hermoso rostro. El corazón de ella se detuvo y su mundo, tras cinco años detenido, volvió a girar. Ya no tenía veinticinco años y estaba dispuesta a jugársela por él. Él se sentó a su lado sin mediar palabra, ella se acomodó en el banco y suspiró de nuevo. Era un nuevo principio y, por fin, ella se sentía lo bastante valiente para agarrar esa oportunidad y no dejarla escapar. Las preocupaciones, la angustia pasaron a un segundo plano. Todas las cicatrices de su alma se curaron por ensalmo y, lo supo, tenía miedo, pero por primera vez en su vida se atrevió a soñar de nuevo. Su caballero de armadura resplandeciente estaba de nuevo a su lado y ella estaba dispuesta a rescatarlo.
Durante un rato los dos estuvieron en silencio, después él se levantó y se marchó sin decir palabra. Ella se quedó en el mismo lugar, pensó en cuánto había echado de menos la gran ciudad, el murmullo del tráfico desde primera hora de la mañana. Los largos paseos desde la Moncloa a Opera, las horas en el Templo Debod con toda la energía que emanaba el lugar, las tartas de su sitio preferido de Madrid “El Jardín Secreto” y, sobre todo, la sensación de libertad. Los restaurantes y las pintorescas cafeterías que había explorado hasta la saciedad cuando vivía allí. Galicia estaba en su corazón, grabado a fuego, pero ella ya no pertenecía a la Tierra Meiga, la tierra Mágica, su sitio se encontraba en Madrid.


Para terminar, esta parte tiene que ver con una promesa que he hecho a San Judas Tadeo, le prometí que si una cosa me salía bien publicaría en el blog su Novena. Así que aquí va:
San Judas Tadeo, apóstol y mártir, fiel intercesor de todos los que invocamos tu patronato especial. En tiempo de necesidad a ti recurro, desde el fondo de mi corazón, y humildemente te invoco, a ti San Judas, que cumples milagros y ayudas a quienes ya no tienen esperanza. A ti, a quien Dios concedió ese gran poder para venir en mi auxilio. Ayúdame en esta petición actual y urgente, a cambio yo prometo dar a conocer tu nombre y hacer que otros te invoquen. 

La Noche

El cielo se oscureció, el alma que vagaba por la casa permaneció en silencio viendo como el sol se apagaba. Mucho tiempo atrás los habitant...