martes, 31 de octubre de 2017

Una historia en el Océano

 Una historia en el Océano

 El ruido de la mar lo despertó. Se levantó y contempló la inmesidad del Océano que lo rodeaba, el mar estaba en calma, las gaviotas volaban en el cielo, salió al exterior y contempló el paisaje que se abría ante sus ojos. El sol estaba despertando y no había nadie a su alrededor. No había vecinos, no había jefes, no había compañeros de trabajo, nadie que pudiera interrumpir ese instante mágico. El cielo fue tiñéndose, variando de color, convirtiéndose en una amalgaba de naranjas, violetas y azules. Contempló el timón y sonrió. Se sintió libre por primera vez en años, no tenía horarios, no tenía obligaciones, disponía de su propio tiempo. Se había ocupado de llenar bien su barco con las cosas necesarias para permanecer en el medio del Océano el tiempo necesario hasta su próximo destino. Una ciudad portuaria que nunca había visitado. 
Cada día era una aventura, cada mañana un nuevo comienzo, instantes en los que se olvidaba de la gente, del ruido de quienes no sabían callar, del silencio de los que callaban de más. No echaba de menos nada, en su barco había electricidad para conectar su ordenador y aventurarse a un mundo nuevo cada día. Escribía historias para entretenerse y, cuando se aburría, escogía una película de su colección y la contemplaba, riéndose en el lugar adecuado, llorando en las escenas precisas y disfrutando de los efectos especiales si elegía una de esas historias sin más argumento que muchas explosiones. Cuando se aburría elegía un libro de la minibiblioteca que se había llevado consigo y, si se sentía nostálgico, ponía su música para acompañarlo en el silencio de su viaje. A veces cantaba a toda voz, otras se limitaba a bailar en el barco. 
Por primera vez en años se sentía feliz de verdad. Había perdido muhas cosas en su vida, había perdido la esperanza, la ilusión, los sueños y se había perdido a sí mismo persiguiendo un sueño que no era el suyo.
Ese viaje en el Océano era una oportunidad de encontrarse a sí mismo, de localizar aquello que había perdido y de aprender una o dos lecciones.
Se había desconectado de las redes sociales, no escuchaba las noticias, no leía la prensa...
Era un aventurero en su propio Universo. Sabía que no encontraría sirenas en su camino, que no habría ballenas blancas a las que cazar, pero por una vez se sentía como uno de los héroes de sus historias favoritas de la infancia.
El mundo estaba en silencio y esperaba que lo estuviera durante mucho más tiempo.
Un mundo sin enemigos, sin amigos, se tenía solo a sí mismo y eso era una aventura. Quizás al término de ella se encontraría otra vez o, tal vez, hallaría algo completamente diferente a sí  mismo.
FIN

Hoy me inspiré en el misterioso Océano para escribir mi relato literario. El Mar es uno de mis lugares favoritos del mundo, es calmo y tranquilo, pero se puede convertir en fiero a su voluntad. Toda mi vida he vivido al lado del Mar y siempre me ha inspirado. Mis primeras historias las escribí en libretas que me llevaba a la playa y subida en una roca escribía ideas, relatos. Solía ser mi lugar favorito para inspirarme.
Hasta el próximo Tejedora e Hilandera de sueños.
 


domingo, 29 de octubre de 2017

Héroes de carne y hueso

Los héroes de carne y hueso es lo único en lo que he pensado en estos días. Dadas las circunstancias, las cosas que están ocurriendo en nuestro país, siento la necesidad de hablar de los verdaderos héroes, héroes cotidianos que no llevan banderas, ni consignas porque no las necesitan. Personas reales, como tú, como yo, que luchan otro tipo de batallas. Héroes que, en realidad no lo son, pero que hicieron heroicidades a su manera. Es un tema que me toca de fondo porque creo que el mundo está falto de este tipo de personas que se preocupan por los demás, que se ocupan de sobrevivir, que no juzgan, ni critican a nadie, que aceptan a todo el mundo como son y cuyas gestas no se escriben en libros.
Mis héroes de carne y hueso favorito están a mi alrededor, mis cuatro favoritos incluso pertenecen a mi propia familia y, por eso, voy a hablar de ellos. 
  Empezaré la historia hablando de mi abuelo, Manuel García, un humilde hombre de Pantín que no tenía ni un trozo de pan que llevarse a la boca. Él tenía dos hermanos José y Pedro, una hermana que por desgracia falleció de niña María Josefa y cuyos padres eran labradores. Cuando los hermanos tuvieron edad para trabajar decidieron marcharse a Cuba para ver si la suerte les era favorable y podían sacar adelante a su familia. Allí se fueron los tres y se hicieron un nombre, crearon una empresa en la que todos los gallegos eran bien recibidos y contratados. Sin embargo, mi abuelo nunca olvidó sus humildes orígenes y, de ahí, viene la historia que relato a continuación. Mi abuelo no se adscribía a ningún partido político, trataba igual a un pobre que a un rico. Dicen que en Cuba hubo un tiempo en el que había coplas sobre el carácter de Don Manuel García, yo no sé si será verdad, pero de lo que sí puedo hablar es de una anécdota que escuché a mi hermano recientemente. A mi hermano le contó, supongo que mi abuela, historias sobre él. La verdad es que también me las contó a mí, pero por desgracia algunas de ellas ya las he olvidado. Lo cierto es que mi abuelo trataba igual a ricos y pobres cuando regresó a Galicia. De hecho, a los pobres les vendía el grano más barato para que pudieran mantener a sus familias, algunos le decían que eran tonto por dar tan barato el grano porque algunos de los que lo compraban lo vendían más caro y mi abuelo siempre les decía que igual era la única manera que tenían de llevar alimentos a su casa. Es obvio que a él nunca se le olvidó su humilde origen, todos lo apreciaban, ricos y pobres por igual, personas con ideas políticas de un lado y de otro. Un día iba mi abuelo a la feria con otro vecino cuando un grupo de "escapados"(como llamaban aquí a los repúblicanos que se ocultaron en el bosque cuando ganó Franco) lo pararon a él y a un vecino, le pidieron al vecino la cartera y mi abuelo sacó la suya para darles dinero. Los "escapados" le sonrieron y le dijeron "Usted no, don Manuel" y se marcharon dejando al vecino desplumado y a mi abuelo con su cartera llena. Creo que esto demuestra que mi abuelo era, efectivamente, una de esas extraordinarias personas que trataban igual a unos y otros. Un hombre diplomático que no juzgaba a nadie por su aspecto o por el tamaño de su cartera. Desde mi humilde punto de vista, en el siglo actual estaríamos necesitados de más hombres y mujeres como él. Quizás una persona dialogante, como lo era él, podría haber evitado la situación en la que nuestro país se encuentra en este momento.
   Mi siguiente heroína favorita es mi abuela, Isabel Segunda Vilela Lamigueiro. Hija de una familia humilde se hizo cargo de sus hijos cuando su primer esposo murió. Se casó en segundas nupcias con mi abuelo y ahora voy a contar mi relato favorito sobre mi abuela. Ella no era una mujer como las de hoy en día, estaba hecha de puro acero, era dura, era valienta y nadie le respiraba encima. Honestamente, a mí me encantaría ser tan valiente y decidida como ella. Como he dicho se casó por segunda vez con mi abuelo y, cuando él murió, cogió a los tres retoños hijos de su segundo matrimonio (mi madre y mis tíos Manolo y Beni) y cogió un barco hacia Cuba en los años cincuenta. Durante un mes viajó con sus hijos con intención de reclamar sus derechos ante su cuñado. Mi abuela era, por aquel entonces, una mujer prácticamente analfabeta que no había ido a la escuela porque había empezado a trabajar bien pequeña para ayudar a sus padres a sacar a su familia adelante, aún así, se vistió, dejó a sus dos primeros hijos con una hermana y partió a Cuba para recuperar lo que, en justicia, pertenecía a sus tres hijos. Regresó a Galicia con lo que le correspondía, aunque un desalmado sobrino se aprovechó de mi abuela y le acabó robando la herencia que tan justamente correspondía a sus hijos. No voy a entrar en lo ruin que me parece robar a unos niños de 4,5 y 6 años. El hombre vivió a costa del dinero que no le correspondía, pero ni siquiera eso amilanó a mi abuela.
Mi siguiente héroe es, en realidad, el primero para mí: mi padre Antonio Fernández Sande. Mi padre era un hombre extraordinario, valiente, con sentido del humor y fuerte como un roble. Durante mi infancia fue mi compañero de aventuras, me llevaba a todas partes con él, jugaba conmigo, me escuchaba y cuando necesitaba palabras de confianza me las daba, me comprendía como pocas personas lo hacen en esta vida y cada día lo echo de menos. Quiero hablar de él porque mantuvo una fiera lucha contra el cáncer, desgraciadamente no lo venció, pero batalló contra él durante diez años y sobrevivió mucho más tiempo del que inicialmente le daban los médicos. Quiero hablar de él porque el día que murió fui a verlo y él me contó chistes, se rió conmigo, me habló como si me considerara su igual y, por eso, no tendré nunca palabras suficientes para agradecer el padre maravilloso que fue. 
Por último mi padrino Jorge Rodríguez Bouza. Fue otra de esas increíbles personas que he tenido la fortuna de tener en mi vida. Mi padrino fue diagnosticado con sarcoma cuando tenía trece años, le quitaron una pierna y, aún así, nunca perdió las ganas de luchar, de aprender, de batallar con la vida. Aprendió a andar en bicicleta con una sola pierna, aprendió a conducir cuando los coches automáticos todavía estaban muy lejos de llegar a España, buceó, hizo paragüismo y otras hazañas.
Estos cuatro son para mí héroes reales, de carne y hueso, personas extraordinarias que hicieron heroicidades en un mundo que no siempre es justo con las buenas personas. En este mundo hay más héroes cotidianos, personas que como mi hermano lucha por mantener a su familia, como mi amiga que regenta una floristería y cada día se las ve con personas que critican cada cosa, como mi amiga Juez que tiene una enemiga más poderosa que no la deja tranquila, como mi amiga que cuida a personas mayores en un hogar de ancianos, como mi vecino que cayó en las drogas y cada día batalla contra ello. Hombres y mujeres mayores que cada día mantienen a sus familias con sus míseras pensiones, personas que han perdido la fe y que, sin embargo, ayudan a los demás a través de ONG´s, hombres y mujeres que cada día se levantan, van llamando de puerta en puerta para lograr un trabajo. Niños y niñas que se ven acosados en los colegios. Héroes que buscan curas a enfermedades terminales sin apenas medios. Personas reales que no se ocultan tras banderas o consignas, que se preocupan por los demás, que escuchan a los demás, que ofrecen una mano cuando pueden e incluso cuando no pueden. Personas que lloran cada día porque el mundo es un lugar frío, soñadores que han perdido sus sueños, aquellos que son diferente por raza, religión o por sus preferencias sexuales. 
Hay días en los que miro a mi alrededor y pienso en lo gris y oscuro que es el mundo en el que vivimos, que nos ahoga, que nos hunde, que nos rompe cada día un poco y otros en los que me doy cuenta de lo valientes que son los héroes cotidianos, lo fuertes que son y me siento orgullosa de ellos. Porque el mundo está deshumanizado, cada día más, pero hay héroes reales que luchan sus batallas de forma cotidiana. No juzgan, no critican, no se adscriben a ninguna bandera y respetan a todos los demás. 
La mayor parte del tiempo deseo que más héroes cotidianos aparezcan para lograr un mundo dialogante en el que no se juzgue a los demás por ser diferente, en los que ser mujer no suponga una desventaja a la hora de encontrar trabajo, en los que los más pobres puedan llevarse alimentos a la boca, en el que todos podamos vivir realmente en paz y no preocupados por si a Trump, Putin o Kim Jong-un se cabrean y se lían a bombas atómicas los uno contra los otros.
Necesitamos héroes reales, los de Marvel y DC son magníficos, pero no son esos los que mantienen nuestro mundo a salvo, sino las personas reales de carne y hueso, como tú, como yo.

Y eso es todo por hoy, nos vemos en el próximo "Tejedora e Hilandera de sueños".

miércoles, 18 de octubre de 2017

Una historia apocalíptica

Lo cierto es que con los últimos acontecimientos que están pasando en nuestro país he sentido la necesidad de escribir una historia apocalíptica. Así que, ahí va, mi versión del fino del mundo o, al menos, del fin de una ciudad.

El Fin
El murmullo del Océano la despertó, a su alrededor lo único que había era la inmensidad del mar, esperando, casi sonriendo porque por fin se había librado de los molestos seres humanos. Sabía que tarde o temprano debería regresar a la ciudad para ver qué había quedado, si es que había quedado algo, tras la explosión que cayó sobre ella. Se había librado de casualidad porque alguien la había llamado para decirle que había visto una perra y unos cachorros abandonados en la playa. Había cogido su vehículo y había ido hacia allí para localizar a los animales y, salvarlos, si era posible. Su profesión de veterinaria la llevaba a rescatar a animales cada poco tiempo, salvarlos de dueños maltratadores, curarlos cuando dueños que se preocupaban por ellos los llevaban a que los atendiera. No podía compararse con un médico, a los que consideraba verdaderos héroes, pero los animales también necesitaban a alguien que los curase y a ella siempre le habían gustado. Abrió los ojos y encontró a la perra y a los cachorros rodeándola, como queriéndola proteger con su calor del cruel mundo exterior. Sabía que pronto debería regresar a la ciudad, comprobar si había sobrevivido alguien al ataque, pero no se sentía con ganas o con fuerzas. Abrazó a la madre y a los cachorros, enterró su nariz en su suave pelaje y los animales correspondieron a su afecto lamiendo sus manos. La idea de ser el único ser vivo era demasiado para procesarla. Había visto el estallido, había oído el ruido, pero por fortuna estaba lejos del lugar dónde había caído la bomba. Temía ir a la ciudad porque toda su familia, sus amigos, los vecinos, la gente que había conocido podían estar muertos. En algún momento debería regresar, hacerse con suministros, debería ir a ver el estado de su clínica, pero por el momento se quedó en silencio. Alimentó a la madre y a los cachorros, después buscó algo comestible y comió. El mundo estaba gris, todo olía a quemado, a destrucción. Por primera vez en su vida se sintió insignificante. Cerró los ojos y se tumbó en la arena, rodeada con lo que podrían ser los únicos seres vivos como ella. La madre y los cachorros la protegían con su calor, sintiendo exactamente el shock que ella tenía. Los animales la comprendían como pocas personas. El agotamiento pudo con ella, cerró los ojos y no los abrió hasta que oyó un murmullo. Abrió los ojos y contempló unas jóvenes llevando consigo un grupo de niños asustados, no tendrían más de quince años y tenían polvo en su ropa, heridas y parecían tan perdidas como ella. Se incorporó y fue hacia su furgoneta para coger algunas de las cosas que llevaba en ella para curar a los animales heridos. Los niños y las adolescentes la miraron sorprendidos, probablemente era la única adulta que había sobrevivido. 
Con atención curó las heridas de algunos de ellos  y después vio a los niños yendo hacia la perra y sus cachorros. Todos ellos los recibieron con alegría, los animales comprendían como nadie al ser humano y se dejaron acariciar, mimar, dando el consuelo que un par de fieles perros podían dar. Las adolescentes fueron hacia ella y se permitieron quebrar mientras los niños jugaban con los cachorros. Había desolación en su mirada, terror y un vacío aterrador. Ella las abrazó, ofreciendo el consuelo que una madre daría, aún no siendo madre. Era la adulta, debía hacerse cargo, proteger a los niños, a las adolescentes y a la familia de perros que habían sobrevivido. 
Al día siguiente iría a la ciudad, vería si alguien más había logrado sobrevivir, haría acopio de comida para sus dos nuevas familias la de cuatro patas y la de dos. Era el último adulto de pie y lucharía con su último aliento para proteger a lo que quedaba de su ciudad.
FIN

¡Uao! Es la primera vez que hago una historia de este tipo, la verdad nunca me ha gustado escribir cosas angustiosas, pero hoy estaba en modo apocalíptico y decidí aprovecharlo. No sé si esta pequeña familia sobrevivirá o si serán los únicos, tal vez algún día escriba la continuación y sepamos que ha sido de ellos.
Nos vemos en el próximo Tejedora e Hilandera de Sueños :)

sábado, 7 de octubre de 2017

Recordando datos que la historia suele olvidar sobre Ferrol

Reconozco que no me ocurre a menudo, pero a veces siento la necesidad de expresar mi opinión sobre la situación de la ciudad de Ferrol, mi lugar de origen. La verdad es que los historiadores por algún motivo olvidan siempre decir que Ferrol no es sólo la ciudad origen del peor dictador de la historia de España, sino algo más. Debo admitir que yo soy la primera ignorante de parte de la historia de Ferrol, bueno, lo era hasta que hace unos años recibí el encargo de escribir un libro sobre la historia de Ferrol y me pasé nueve meses buscando entre los libros de la biblioteca información de la ciudad para crear mi libro "Xoel e a súa viaxe no tempo por Ferrol". Un original pensado para público infantil que todavía no ha sido publicado. Así, navegando en libros y libros descubrí muchas cosas curiosas sobre esta pequeña ciudad que una vez fue una de las más grandes de España y de las más ricas. La veo ahora y siento compasión por la ciudad que fue y por la ciudad que no será mientras no haya un verdadero político con vocación para cambiar la ciudad y ayudarla a tener el resplandor que tuvo. Siempre he creído que este lugar tiene potencial, pero parece que los propios ferrolanos nos dedicamos a menospreciarla, quizás porque la historia nos ha dicho que es lo que debemos hacer porque aquí nació el peor dictador de la historia, pero sabéis qué, Ferrol tiene muchas cosas buenas que la mayoría de los historiadores parece que ignoran.
Para empezar quiero hablar de los Castrexos, los primeros habitantes de esta zona de Galicia. Ellos no fueron jamás conquistados por los romanos, sino que llegaron a acuerdos pacíficos de cohabitación.(Lo que me lleva a pensar en la situación actual de España y Cataluña, ya podían aprender de nuestros ancentros que supieron convivir sin problemas.)
Después podría irme a la Edad Media en la que los reyes del Reino de Galicia se preparaban en Xuvia, sí, cómo lo leen, en Xuvia. 
En este recuento de datos importantes también debería mencionar el más importante sobre nuestra ciudad y nuestra cultura, el primer astillero moderno de España fue el de Ferrol. Jorge Juan uno de los mayores prodigios científicos de nuestro país(al que también la historia ha ignorado) contruyó los barcos con un nuevo modelo que luego fue imitado por los astilleros de Francia e Inglaterra.
La primera ciudad de la Ilustración fue la ciudad de Ferrol, uno de los primeros periódicos nació en Ferrol, el primer Ateneo tiene su origen en esta humilde ciudad.
Las mujeres trabajaban ya desde la Edad Media en Ferrol con sus pequeños negocios porque muchos de sus maridos morían en la mar y ya más adelante, a principios de S.XIX surgió en Ferrol el primer Sindicato Fememino(sí, habéis leído bien el primer Sindicato Femenino).
La primera ciudad en declarar la II República el 14 de Abril fue Ferrol.
Sin olvidar la relevancia que tuvo en Irmandades da Fala porque muchos de los "irmandiños" eran de Ferrol y lucharon por el Estatuto de Autonomía desde el principio.
Y no quiero que olvidemos que una de las figuras más relevantes de la historia Pablo Iglesias, el creador del PSOE, también era ferrolano.
A lo largo de la historia muchos políticos llegaron a hablar de la grandeza de Ferrol y un primer ministro inglés llegó a decir que si tuviera la Ría de Ferrol la vestiría con una muralla de plata.
No quiero hablar de los maravillosos edificios construidos en la calle Magdalena que ahora se caen a pedazos, pero cuya belleza no tiene parangón desde mi punto de vista con sus hermosísimas galerías y sus formas geométricas.
La verdad es que si hago una defensa tan férrea de Ferrol hoy es porque cuando paseó por la ciudad lamento que sea un espectro de lo que fue, una ciudad fantasma en la que ni los propios ferrolanos quieren vivir. 
La historia nos ha demostrado que puede ser olvidadiza, pero a mí me gustaría que los ferrolanos y ferrolanas supieran lo grande que fue nuestra ciudad. Me gustaría poder hacer algo para arreglarla, para recomponerla de las piezas que una vez fue, pero yo no puedo hacerlo porque no soy política y no tengo fe ninguna en los políticos que nos Gobiernan. 
Contemplo cómo las casas se caen y siento frustración porque Felipe González llevó todo lo que teníamos al sur, nos dejó sin nuestro sustento, nos robó la dignidad y parece que no la hemos recuperado. Pero la historia también ha demostrado que los ferrolanos somos de otro tipo de tela, que sobrevivimos en las peores circunstancias y que no agachamos nuestra cabeza ante nadie, salvo nosotros mismos. No soy nacionalista, lo cierto es que no me gusta etiquetarme, pero hay ocasiones en las que siento la sangre Castrexa que recorre mis venas y siento la necesidad de reinvindicarnos.
Nos leemos en el próximo Tejedora e Hilandera de Sueños. Desde este pequeño recucho que es mi blog, os animo, ferrolanos, lucid vuestros colores con orgullo. 

domingo, 1 de octubre de 2017

Una reflexión sobre España, Cataluña y Democracia

Hoy quiero hacer una reflexión sobre la situación del mundo. Realmente no es novedad porque últimamente lo único que veo es cómo la gente se cree con derecho a decidir qué hacer sin escuchar las voces de los demás. La gente está tan inmersa en sí misma que ni siquiera ven lo que tienen alrededor. Lo cierto es que, desde hace tiempo, eso es lo único que veo. Personas que se creen con la verdad absoluta, que no escuchan a los demás, que ni siquiera les dan una oportunidad. La situación de nuestro país, centrándome ya en lo más pequeño, es un ejemplo de ello. No me voy a meter diciendo lo que yo opino sobre Cataluña queriendo independizarse, porque yo no soy quien para juzgar a los demás. Lo que sí creo es que últimamente todos los políticos tienen fácilmente en su boca la palabra dictadura. Los independentistas llaman dictadores al Gobierno Central y el Gobierno Central a su vez llama dictadores a los independentistas. Creo, honestamente, que ninguno sabe bien lo que dice. Es verdad que yo no he vivido una dictadura gracias a Dios cuando yo nací en este país la democracia estaba dando sus primeros pasos. Pero lo que sí puedo decir es que unos y otros no saben bien lo que se dicen, se limitan a insultarse, a amenazarse y a ignorarse unos a otros. Me parece que la Democracia es algo lo bastante serio como para hablar de ello sin tomárselo a la ligera y las decisiones de unos y de otros, en este momento, son poco más que vergonzosas. 
Los unos no respetando el deseo de los otros de ser escuchados y los otros no respetando el derecho del resto de los españoles. Me parece que lo que España necesita en este momento es replantearse qué está haciendo mal porque parece que unos y los otros se han olvidado que hace cuarenta años que hemos salido de la dictadura, pero hay momentos en los que me da la sensación de que ambos están buscando eso precisamente, una dictadura en la que no escuchar o respetar la opinión de los demás. 
Escribir la Constitución Española supuso un esfuerzo para todos los implicados y, milagrosamente, todos llegaron a un acuerdo. Unos respetaron a los otros y viceversa, llegaron a un consenso y gracias a eso hemos vivido cuarenta años en relativa tranquilidad. Me parece que lo que están haciendo los gobernantes de este país en este momento, tanto el Gobierno Central como los indepedientes, es echar por tierra el esfuerzo y trabajo de quienes nos precedieron. Es vergonzoso que hablemos de Democracia cuando lo único que veo es a unos y otros con una pataleta de niño pequeño.
Señores, póngamonos serios, porque la última vez que no lo hicimos un tipo decidió tomar cartas en el asunto y las tomó, ¡vaya si lo hizo!, creo que lo que necesitamos en este país es más gente dispuesta a escuchar y menos niños "emcabronados", y perdón por la expresión.
No suelo hablar de política, me aburre, porque yo no soy política, pero creo que en este momento lo que necesitamos no son políticos, sino personas con "sentidiño" que decidan hablar en lugar de lanzar dagas unos a otros.
Y, sí, también creo que la mayoría de nuestros políticos son unos completos ineptos porque unos y otros son los que han generado la situación y no me valen las excusas que ponen, unos y los otros, de que todo ocurre por la ineficacia del Gobierno. Creo que lo que ha ocurrido es la ineficacia de los diferentes gobiernos que ha habido en nuestro país que lo único por lo que se han preocupado es por deshacer lo que el partido contrario hizo mientras estaba en el poder. Y, asumamoslo, mientras unos y los otros sigan deshaciendo lo que hizo el anterior en lugar de mantener las cosas buenas y colaborar para arreglar las que no van bien no seremos un país. Seguiremos siendo un grupo de personas lideradas por unos políticos ineptos que se quedaron el la época de Isabel II con el pacto entre unos y otros para repartirse el pastel. Tampoco creo que las nuevas fuerzas políticas, lease Podemos y Ciudadanos, vayan a resolver este embolado porque, por lo que aprecio, lo único que quieren es sustituir al PP y al PSOE y convertirse en los nuevos liberales y demócratas. Si tenemos diferentes fuerzas políticas lo que debemos hacer es aunar esfuerzos y lograr lo que cuarenta años atras lograron un grupo de personas cuyas ideas políticas no coincidían en lo más mínimo, pero para quienes lo importante eran el pueblo español.
Porque sí, señores, Ustedes se supone que nos deben Gobernar, pero yo lo único que veo es a unos y otros rellenándose bien los bolsillos mientras el pueblo padece en silencio. 
Dicen que la Edad Media se quedó atrás, empiezo a pensar que siempre hemos estado en ella.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Una reflexión sobre la tristeza y la esperanza.


Tristeza y Esperanza

El silencio era constante. El traqueteo de la calle se había olvidado. En el aire se notaba un cambio, apresuró su paso sabiendo que ya debería estar encerrada en su casa, con la puerta cerrada. Había pasado ya la hora del toque de queda. Faltaban sólo diez metros para llegar a su casa. Apresuró el paso, las manos le temblaban cuando buscó las llaves. En un mundo en blanco y negro, la noche era más siniestra. Ella no recordaba los colores, habían desaparecido mucho antes de su nacimiento. Blanco y negro. Negro y blanco. A veces le gustaba imaginarse cómo sería el color rojo, su madre siempre decía que había sido su color favorito, tan vivo, tan puro.
El mundo había dejado de tener colores hacía cincuenta años. Ella sabía que los colores existían, pero el mundo se había vuelto arisco, un lugar frío dónde vivir. Todas las mañanas se despertaba a la misma hora, se duchaba, desayunaba, cogía sus cosas y se iba al trabajo. Entraba en su minúsculo despacho, atendía a sus obligaciones laborales, iba a comer a su hora y siempre pedía lo mismo. Chocolate y leche. 
Sabía que habían existido otros colores, otros alimentos, que todo había sido diferente años atrás cuando el mundo todavía estaba lleno de vida, cuando los Gobernantes se preocupaban realmente por la gente, antes de la última guerra.
La última guerra había sido devastadora, por un lado el líder de Esperanza y por otro el de Tristeza. Los dos se habían enfrentado en una cruel batalla, al final de la misma el mundo se había dividido. En un lado estaba Esperanza y la gente que vivía en ella y en el otro estaba Tristeza. Hacía años que la gente de uno y otro país habían dejado de relacionarse.
 Ella no comprendía la razón, hacía más de cincuenta años que su madre no veía a algunos de sus hermanos y no conocía a alguno de sus tíos. Tampoco a su padre o a su abuela.
Cuando el mundo se había dividido unos y otros habían acabado en un lado de la barrera. Abrió la puerta de su casa a tiempo y miró el cielo gris, suspiró y entró en su hogar.
El tiempo pasó, tenía setenta años cuando los líderes de Tristeza y Esperanza firmaron un tratado de paz.
El mundo recuperó el color y ella comprendió que, donde había Tristeza, siempre había Esperanza. Las dos eran caras de una misma moneda y había que abrazar a ambas.

FIN

Debo reconocer que cuando empecé a escribir esta breve reflexión no sabía muy bien por dónde iban los tiros. Me puse a escribir con la mente en blanco, dejando a mis dedos guiarse ellos mismos en el teclado del ordenador y, al final, esto es lo que me salió.
Siempre he creído que la Tristeza y la Esperanza van unidas, así que supongo que por ese motivo he redactado esta pequeña historia. Me ha quedado más filosófico de lo que pretendía, probablemente no es de los mejores relatos que he escrito, pero por alguna razón me apetece dejarlo así. No sé, quizás porque a veces es necesario recordar que la Esperanza siempre está ahí, incluso cuando el mundo se nos viene encima y debemos mantenerla guardada en nuestros corazones, del mismo modo que la esperanza quedó en el fondo de la caja de Pandora cuando todos los males se liberaron sobre el mundo. 
A mí me ocurre últimamente que veo que nuestro mundo se está consumiendo a sí mismo. El hombre se está devorando entre sí y resulta difícil ver cómo pueden arreglarse las cosas. 
En España últimamente tenemos muchos problemas a causa del separatismo de Cataluña. En Corea del norte el líder amenaza con lanzar misiles de hidrógeno. En Estados Unidos Trump canta lo de "Estados Unidos Primero" mientras en su familia hay varios casos de corrupción y, desde mi punto de vista, no se puede decir "Estados Unidos Primero" y luego preguntar si se puede perdonar a sí mismo, no es sospechoso, ni nada. En Europa tenemos heridas recientes con los atentados de las Ramblas y políticos que se han aplicado el cuento de Trump y piensan "Cataluña primero" y se dedican a sacar pancartas contra España en una manifestación por la memoria de los fallecidos en las Ramblas. 
Así que sí, estoy triste, porque pensaba que el ser humano era más inteligente, al menos lo bastante para saber que una guerra no es buena, que hay preocuparse por el interés de todos y no sólo de uno mismo y, sobre todo, que hay que respetar a los demás y no sólo hacer lo que a uno le da la santa gana sin tener consecuencias. Aún así, mantengo la esperanza. Esperanza de que somos más de lo que aparentamos, que somos capaces de escucharnos unos a otros y no pensar en destruírnos entre nosotros.
Sí, lo sé, es ingenuo por mi parte, pero como he dicho, mantengo la esperanza.
Al final, es la Esperanza la que sigue en el fondo de la caja de Pandora, esperando, sabiendo que la vamos a necesitar más que nunca.
 Nos vemos en el próximo Tejedora e Hilandera de sueños.
 

 



domingo, 3 de septiembre de 2017

Una defensa de deportes minoritarios frente al fútbol

Hace tiempo que no escribo en el blog. La verdad es que he estado bastante liada trabajando en mi primera novela negra de verdad y no paré hasta terminarla. Debo decir que me siento orgullosa del resultado.
En cualquier caso hoy vuelvo a escribir y lo hago sobre un tema que, en serio, jamás pensé que escribiría: deportes.
En primer lugar debo resaltar que no me gustan muchos deportes, pero aquellos que me gustan son minoritarios y tienen muy poca representación en los informativos de televisión e incluso las noticias de prensa. Todo esto tiene que ver con el campeonato internacional de Surf que se está celebrando este fin de semana en mi pueblo, Pantín. Este año la competición cumple exactamente treinta años en Pantín y apenas hay información sobre ella en prensa y si sale en las noticias dura apenas un minuto. Esta competición es una de las mayores que hay a nivel internacional y la única que puntúa en el circuito internacional europeo. Por poner un ejemplo, el tercer clasificado en la categoría femenina consigue 3.500 puntos que pueden hacerla subir en la clasificación mundial. Además al mismo tiempo que se produce esta competición está siendo retransmitida a través de Internet a todo el mundo, algunos años han leído comentarios que dejaban personas de otros Continentes. Hay más de cincuenta nacionalidades cada año en el circuito del Pantín Classic y alrededor de 250 competidores entre la categoría femenina y la masculina. La competición la han ganado japoneses, australianos, sudafricanos, hawaianos, brasileños, ingleses, californianos etc. 
Sin embargo no es fútbol, y ahí radica el problema. Ahora va la parte en la que digo que no me gusta el fútbol(sí, ya lo sé, debería darme vergüenza no encontrar divertido el deporte nacional, debería reflexionar sobre el hecho de que no le veo la gracia a once tipos persiguiendo una pelota) y me parece realmente injusto que en los informativos sólo hablen de fútbol cuando hay otros deportes que merecen atención o, al menos, mayor presencia. 
Pero no sólo se trata del surf, también quiero hablar de kickboxing, mi sobrino quedó cuarto en el Campeonato Español de Kickboxing y no salió ni una triste noticia sobre el campeonato en los periódicos que leo normalmente. Sé que también es un deporte minoritario, pero un campeonato español desde mi punto de vista debería tener un poco más de repercusión. 
No nos engañemos, además del surf y del kickboxing hay otros deportes como full-contact, esgrima, voleibol, kite-surf, patinaje sobre hielo etc. Muchos deportes de los que sólo tenemos información cuando son los juegos olímpicos.
 A mí, insisto, no me gustan los deportes. Sin embargo me alegro cuando gana Nadal o cuando los hermanos Gasol triunfan por el mundo en sus equipos de baloncesto y me gusta que haya información sobre ellos, pero creo que también debería haber más datos sobre otros deportes que son prácticamente ignorados en los medios de comunicación.
Desde este pequeño blog quiero lanzar una lanza a favor de los deportes, en general, y criticar abiertamente este monopolio del fútbol que hace que el resto de deportes sean ignorados.
Tristemente mi campeonato de Surf tiene más repercusión en países como Hawaii o Australia que en España y es muy frustrante. Si la gente ha conocido mi pequeño trozo de Paraíso, mi pueblo llamado Pantín, ha sido gracias a esos surfistas que han estado viniendo los últimos treinta años a darlo todo por su deporte, a tratar de llevarse los puntos que pueden mejorar sus posibilidades en el circuito internacional de surf.
Es una lástima que teniendo una competición de esta categoría, y que incluso ha sido declarado interés turístico por la Xunta de Galicia, en los informativos no salga ningún dato sobre ello y en los periódicos, ni siquiera una ligera mención.
Defiendo los deportes, aunque reconozco que no soy una fanática de ellos, y denuncio el monopolio del fútbol.
Señoras y Señores, no sólo de fútbol vive el hombre y, desde mi humilde punto de vista, no tiene gracia admirarse de tipos como Christiano Ronaldo o Leo Messi quienes se dedican a defraudar hacienda y decir que no sabían que lo estaba. 
El surf es un deporte de sacrificio, de contacto con la naturaleza y sobre todo que respeta el Medio Ambiente, en Surf lo que se ve es el compañerismo, el sacrificio y la comunión con la naturaleza. 
Y aquí dejo mi denuncia contra el fútbol y mi defensa de la naturaleza.
Hasta el próximo Tejedora e Hilandera de Sueños.

lunes, 7 de agosto de 2017

Respeto: r-e-s-p-e-t-o

Hoy en Tejedora e Hilandera hablaré de un tema que me indigna bastante y que es la falta de respeto. Sinceramente siempre he odiado a aquellas personas que no sienten respeto por los demás, nunca he podido soportar a los acosadores o a la gente que se cree superior. Es algo que me saca de mis casillas y libera lo peor de mí. En esta vida hay pocas cosas que importen tanto como el respeto a los demás y a uno mismo.
La reflexión de hoy en día tiene mucho que ver con una situación que he visto recientemente en mi pueblo y también con un artículo que he leído en el que Frank de la Jungla pedía respeto a los demás. 
Considero que el ser humano es extraordinario, somos inteligentes y tenemos muchísimas más cosas buenas de las que nos creemos. Sin embargo últimamente lo que veo en la calle es una completa falta de respeto hacia los demás. Hace poco en una tienda una mujer trató de colarse delante de mí, siendo honesta yo ni siquiera le dije nada cuando vi que esa era su intención porque he aprendido a respetar a los demás y a no decir lo primero que se me ocurre. Por fortuna la chica que estaba atendiendo en la tienda también se dio cuenta de que se intentaban colar, así que cuando terminó con la anterior clienta me llamó a mí para cobrarme. Un gesto que le agradezco porque, aunque no estaba dispuesta a montar una escena, me hubiera parecido realmente mal que la otra se me colara.
El respeto es algo sencillo, considero que todos debemos tratar a los demás de la misma forma en la que quisiéramos ser tratados. Creo que esa es una norma universal que todo ser humano debería tener clara, pero a medida que pasan los años y voy viendo a la gente me doy cuenta que el respeto está infravalorado, tanto, que prácticamente nadie lo tiene.
Desde mi humilde punto de vista queremos ser tan políticamente correctos y sentirnos tan abiertos de mente, que hoy en día se permite todo y nadie dice nada.
El insulto está a la orden del día y no me refiero al insulto cariñoso que, a veces, decimos a nuestros amigos o seres queridos, sino el insulto que ofende, que hace daño a los demás, el que nunca debería ser usado. 
Hoy en día en los colegios queremos ser tan políticamente correctos y tan democráticos que permitimos que los padres vayan a insultar o amenazar a un profesor si éste castiga a su hijo. 
Este mundo habla de libertad y todo el mundo se cree saber exactamente que significa la palabra libertad. La libertad permite que muchos insulten a los demás, que haya acoso escolar, que haya trols en Internet que insultan a los demás, sin que nadie haga nada por impedírselo.
Yo no me considero una experta en lingüística y ni qué decir tiene que tampoco me considero experta en la libertad, pero desde mi humilde punto de vista la libertad es respetar a los demás. 
Yendo a la actualidad hablaré de otro tema que tiene que ver con el respeto y es la grave situación en la cual se encuentra Venezuela, donde un hombre está dirigiendo a todo el país hablando de libertad y encarcelando a aquellos que tienen opiniones diferentes o destituyendo a aquellas voces que son contrarias a su opinión. Un país donde la libertad no existe y no existe porque hay un Presidente que se cree con el poder absoluto y no respeta a su pueblo, ignora sus necesidades y es indiferente a los niños que mueren de hambre cada día mientras él no pasa hambre, ni él, ni su gente de confianza.
Así que diré que para mí, libertad es RESPETO: R-E-S-P-E-T-O.
Llamenme ilusa, pero creo que si los seres humanos respetasemos las opiniones divergentes y a las personas diferentes el mundo sería un lugar mejor. 
Lamento ser el oráculo de malas nuevas, pero mientras no haya respeto, no seremos verdaderamente libres. Y tal y como avanza nuestro mundo es probable que el respeto sea una de esas cosas históricas de las que ya no se hablará y, tal vez, el Apocalipsis esté más cerca de lo que nos pensamos.
Y esto es todo por hoy, nos vemos en el próximo Tejedora e Hilandera de Sueños, desde aquí animo a todo el mundo a practicar el respeto.

lunes, 24 de julio de 2017

Sobre juicios, depresiones y aceptarse uno mismo

Hoy en Tejedora e Hilandera de sueños me gustaría hablar de la costumbre que tiene la gente de juzgar a los demás, para bien o para mal, todo el mundo juzga. Si quiero hablar de este tema es porque yo me siento juzgada, hablo desde mi perspectiva y desde  mi punto de vista porque últimamente me da la sensación que me juzgan sin saber nada sobre mí o mis intereses. La cosa es que últimamente hay mucha gente que me dice qué debo hacer, cómo debo hacerlo y se consideran expertos en la materia porque las cosas les van mejor que a mí. No es ningún secreto que no estoy en un buen momento. Tras mi último trabajo, en el que me explotaron hasta que encontraron a otra persona a la que explotar, estoy en el paro. No estoy molesta por ello, la verdad es que la experiencia me sirvió de mucho y pude demostrarme a mí misma que las cosas se pueden hacer con proponérselo y trabajar duro. Me dediqué a sacar adelante un informativo de veinte minutos en los meses de julio y agosto cuando no hay ninguna información porque la corporación municipal se va de vacaciones. Y salí adelante, me pasaba doce horas en la redacción y no me arrepiento de nada. A mí me gusta trabajar duro, tener que estar veinticuato horas al día pendiente del móvil por si surgía alguna información no era un problema, más bien al contrario, me gustaba porque estaba haciendo lo que siempre he querido hacer, trabajando en una de las pasiones de mi vida que es el periodismo. Eso no salió bien, vuelvo a estar en la casilla de salida buscando mi camino.
La verdad es que sigo en ello. A lo largo de mi vida he encontrado unos cuantos atajos que he tomado, pero todos ellos me llevaron a caminos sin salida. He estado tantas veces en la casilla de salida que ya he perdido la cuenta.  No me importa, la verdad. Confieso que preferiría no tener que dar tantas vueltas, pero bueno. Hace algún tiempo se me ocurrió una frase que considero una verdad universal. La vida te da lecciones, aunque tú no quieras aprenderlas.
A mí la vida me está dando lecciones continuamente, pero voy superando las cosas poquito a poco. He tenido una depresión en la que no era capaz de levantarme de la cama y gracias a un par de excelentes amigos que estuvieron a mi lado en ese momento conseguí superarla. He estado lo más bajo que se puede estar en esta vida, me he sentido miserable, triste, sin ganas de levantarme de la cama, pero sigo de pie. Me caigo mil veces y me vuelvo a levantar, me dedico a sobrevivir que no es poco.
Así que me irrita cuando los demás me dan lecciones porque se sienten superiores a mí o se consideran más sabios que yo. 
Sé que soy extraña, diferente y no me preocupa. Tiempo atrás vivía para ser juzgada por los demás, una sola palabra podía hundirme en la miseria más absoluta. 
Pero ya no soy así. 
He crecido, he evolucionado y he aprendido mi lección.
Me sigo lamiendo las heridas, tengo cicatrices que no se ven y que todavía sangran, pero realmente no me va a impedir seguir siendo como soy, por extraña o diferente que pueda resultar a los demás.
Soy como soy.
Quizás no he encontrado todavía mi camino. Hay mucha gente que a los treinta años ya tiene todo lo que ha querido y más, yo no, pero no me preocupa porque hay gente que encuentra su camino tarde. Morgan Freeman no tuvo claro qué quería hacer hasta los 40 años y al final encontró su destino. Así que no, no me preocupa. Tengo clara mi meta, sé lo que quiero y seguiré luchando por ello.
Cada día doy pasos equivocados, pero sigo caminando, incluso cuando me pesan las piernas y me duele el corazón porque sé que al final de mi trayecto habrá un camino de azulejos amarillos y merecerá la pena el esfuerzo, las lágrimas y la lucha constante por levantar la cabeza del agua.
He sobrevivido a cosas peores y lo seguiré haciendo. No pienso parar, no voy a dejar de intentar lograr lo que quiero porque los demás se dediquen a juzgarme o a darme consejos sobre cómo debería vivir mi vida.  
Encontraré una manera de lograrlo, estoy convencida.
Así que, seguid juzgándome, sintiendo lástima por mí porque no he encontrado mi lugar todavía, hacedlo, no me importa y no me molesta. Al final sobreviviré. 
Es lo que he hecho toda mi vida y es lo que seguiré haciendo.
Siento no llorar por las esquinas cuando los demás me miráis con condescendencia, pero esa no soy yo. Hubo un tiempo en que lo fui, ¡vaya si lo hubo!, hubo un tiempo en que una supuesta amiga me decía que era más guapa, más lista y más fantástica que yo y me lo creía, pero ya no tengo dieciséis años.
Abrazo lo que soy, me acepto y es bastante más de lo que la mayoría de la gente hace.
Sé lo que soy, cómo soy. Podría ser mejor, pero si fuera de otra manera ya no sería yo.
Así que, bien, abrazo mi singularidad y me rio por dentro cuando los demás me miran con condescendencia. Porque tardaré, me perderé, tendré ganas de llorar cada día y, aún así, me seguiré levantando. 
Porque la vida me ha enseñado muchas lecciones y lo seguirá haciendo. Habrá muchas que hubiera preferido no aprender, pero si la vida me pone a prueba, que lo haga. No me voy a hundir, no me voy a dejar llevar al pozo negro. Ya estuve una vez allí y la vista no es agradable. 
Y esto es todo por hoy.
Desde aquí animo a todo aquel que sea singular que lo siga siendo, aunque los demás sigan considerándose más listos, más sabios y más guapos. 
Al final de esta vida lo más importante es aceptarse a sí mismo y una vez que nos aceptamos todo es más sencillo.
Nos vemos en el próximo Tejedora e Hilandera de sueños. Os animo a compartir el link de este blog si os gusta mi reflexión y si conocéis a alguien diferente que tenga miedo de expresarse tal y como es. Yo tardé treinta y ocho tacos en aceptarme, pero quizás haya alguien que tras leer esta reflexión aprenda a quererse tal y como es.


martes, 18 de julio de 2017

Doctor Who y machismo

Hoy en mi blog literario y de reflexión quiero hablar de la elección del próximo Doctor Who que ha generado una gran expectativa, haciendo que varias personas se dediquen a criticar a los creadores de la serie por convertir a la próxima regeneración del Doctor en una mujer. Bien, ayer me dediqué a leer los comentarios porque soy fan del Doctor Who y me parece una serie extraordinaria. A mí me han gustado absolutamente todos los Doctores que la han protagonizado, tengo un favorito, por supuesto, pero cada uno de ellos lo hizo de forma sensacional en su momento. Mi crítica va ante el hecho de que varios seguidores de Doctor Who han decidido dejar de ver la serie porque el próximo protagonista es la actriz Jodie Whittaker, una mujer.
 Lo curioso es que a lo largo de las múltiples temporadas de la serie nos hemos acostumbrado a que ocurran cosas raras, es una serie de ciencia ficción después de todo. Sabemos que el Doctor Who es un alien, tiene más de mil años, dos corazones y viaja en una cabina de la policía londinense. ¿Y a la gente le parece raro que se regenere en una mujer?¿en serio? Sinceramente, me enfada que un grupo de gente decida que el Doctor Who no puede ser una mujer. El nombre lo dice "Who", y Who no tiene genero. Además los seguidores de la serie ya hemos visto como el Maestro se reencarna en Missy y, por si no lo recuerdan esos fans criticones, Missy es una mujer. He visto comentarios en los que la propia creadora de la serie afirmó que una de las próximas regeneraciones del Doctor podría ser una mujer y me parece genial que lo sea porque eso demuestra que hemos evolucionado, aprendido de nuestros errores y aceptado que la mujer puede hacer exactamente lo mismo que el hombre. 
Me indignó especialmente el comentario de un troll que criticó a un padre que puso la foto de su hija de 10 años emocionadísima ante el hecho de que el Doctor sea una mujer, este ignorante se atrevió a decir que el padre no sabía educar bien a su hija porque el hecho que el Doctor fuera una mujer la iba a hacer lesbiana. ¿En serio? El padre le contestó que su hija de 10 años estaba más evolucionada que él y estoy completamente de acuerdo con esa afirmación.
Entiendo que puede haber diversas opiniones con respecto a la elección del próximo Doctor, pero los fans hemos visto como pasaba de ser David Tennant a Matt Smith, más joven, y ni siquiera hemos parpadeado y eso que el joven Matt Smith correspondía a un Doctor mayor que el de David Tennant. Hemos aceptado que en el futuro hay una ballena voladora que es el Gobierno de Inglaterra, hemos aceptado que el Doctor está casado con la Reina Victoria. Cosas que son, desde mi punto de vista, bastante más "marcianas" que el Doctor regenerándose en una mujer y en ninguna de esas ocasiones se despertaron tantas críticas porque los seguidores de Doctor Who sabemos que es una serie de ciencia ficción y puede pasar cualquier cosa.
Desde aquí, en este pequeño rincón de España, yo quiero agradecer a la BBC el valor de elegir a una mujer para ser el próximo Doctor y me confieso fan de la BBC por los restos. Me gusta cuando la sociedad evoluciona, me gusta cuando somos conscientes de que el mundo está cambiando y me encanta que una empresa fuerte como la BBC apueste por una mujer para un personaje tan increíble como Doctor Who.
Siento lástima por todos aquellos que van a dejar de ver una serie tan brillante como esta por la elección de una mujer como protagonista y me declaro fan incondicional de los padres, que como el padre mencionado anteriormente, se alegran enormente de que su hija tenga un modelo a seguir en el Doctor Who y también me declaro fan de un seguidor de la serie desde hace 50 años, un hombre mayor porque he visto su foto en twitter, diciendo que hacía temporadas que no se emocionaba tanto con el futuro del Doctor Who.
Señores, el mundo está cambiando, las mujeres somos poderosas y aunque yo no me considero feminista (porque para mí hombres y mujeres son exactamente lo mismo), me alegra ver que una gran cadena como la BBC evoluciona con los tiempos. Y espero, sinceramente, que la gente vaya evolucionando con los tiempos y no se quede atascado en la época Prehistórica.
Nos vemos en el próximo Tejedora e Hilandera :)

lunes, 10 de julio de 2017

Cicatrices

Hace tiempo que no escribo en el blog porque llevo un par de semanas con accidentes de lo más tonto, cayendo en el sitio menos pensando con un montón de público delante y sufriendo una leve cirugía. Honestamente no tenía mucho de que hablar, pero hoy se me ocurrió que, quizás por eso, era una buena idea escribir sobre cicatrices.
Las cicatrices de las que hablo no tienen que ser necesariamente las de las heridas que nos hacemos, sino aquellas que no se ven, las que se esconden en nuestra piel y son cicatrices del alma. Reconozco que, personalmente, porto un par de esas con cierto orgullo. Hay heridas que se quedan grabadas en la piel, heridas que no se ven a simple vista y que, en ocasiones, simplemente significan que hemos sobrevivido por loco que eso parezca.
Cada uno de nosotros llevamos una marca en nuestro corazón, de aquellas personas que perdimos, de aquellas cosas de las que nos arrepentimos y, a veces, nos olvidamos que todas esas cicatrices son un recuerdo de algo pasado y podemos verlo como algo terrible o pensar en que esa herida nos ayudó a madurar, a hacernos más fuerte. No sé que voy a escribir a continuación, hoy es uno de esos días en los que haré como Picasso y permitiré que la inspiración me pille mientras estoy trabajando.

CICATRICES
Miró la herida con asombro, apenas podía creerse que hubiera sobrevivido. La vida por norma general tendía a poner a prueba sus nervios, su carácter, su fortaleza y, casi siempre, le ganaba el pulso. A pesar que, en ocasiones, la vida derrotaba todas sus esperanzas. No era una marca muy visible, una pequeña línea en la zona de su pecho para recordarle ese momento. El instante en el cual su vida estuvo en juego por algo absurdo. Es verdad que llevaba mucho tiempo pasándolo mal, había perdido a su mujer y su trabajo en menos de diez días y, por un loco instante, pensó que iba a morir. Se sentía absolutamente perdido, sin guía en su camino, abrumado por la soledad al saber que su mujer lo había abandonado por otro hombre y por la angustia de encontrarse sin el trabajo que había tenido diez años de su vida. 
La caída fue en picado.
Al principio trató de reconquistar a su mujer y enviar currículos a todos los trabajos habidos y por haber. Sin embargo ni ella volvió a sus brazos, ni encontró el trabajo con tanta facilidad como había sospechado. Así que empezó a beber.
Al principio a las comidas.
Después a las comidas y a las cenas.
Después al desayuno, las comidas y las cenas.
Hasta que al final se pasaba el día bebiendo, gastándose el dinero que había ahorrado durante ese tiempo en alcohol, en lugar de guardarlo para cuando la cosa realmente fuera mal.
Su vida se convirtió en un ir y venir de bares. En los amigos bien intencionados que le advertían que el alcohol no era la solución, aunque él estuviera convencido en ese momento que ahorar las penas en alcohol era la mejor idea que había tenido. Poco a poco fue perdiendo a los amigos, a la familia e incluso sus conocidos empezaron a darle de lado. Su solución fue seguir bebiendo, beber hasta perder el control, beber hasta que el agujero que había en su corazón y en su vida se llenara con whisky, vodka o brandy.
Hasta el día del accidente.
Por fortuna ese día no había nadie en la carretera, sólo él, su coche y la columna contra la que chocó. No recordaba cómo había logrado llamar a la Guardia Civil justo antes de desmayarse, a veces pensaba que había sido un auténtico milagro.
Cuando despertó estaba en una cama de hospital, todo su cuerpo le dolía como el demonio y se sorprendió al ver el enorme corte que había a la altura de su corazón. El día que su doctor lo vio por primera vez tras el fatídico accidente le aseguró que había sido muy afortunado, porque el espejo del parabrisas se había roto y se había clavado muy cerca de la aorta, pero el daño había sido insignificante considerando lo grave que podía haber sido.
Le costó aceptar los hechos durante varios días. No podía creerse que hubiera pensado que la pérdida de su trabajo y su mujer iba a suponer su muerte. Comprendió que la muerte le había rozado y la ridiculez de sus pensamientos antes de despertar en ese hospital con su familia cercana y amigos visitándolo constantemente. Nadie moría por un corazón roto, ni por la pérdida de un trabajo.
Así que se prometió a sí mismo recuperarse de la situación, sobreponerse a la vida y continuar su viaje confiando en que el destino le llevaría hasta dónde tuviera que estar.
Sonrió porque ese día estaba, justamente, donde debía. Sonrió a su reflejo en el espejo y acarició la cicatriz con una sonrisa en sus labios.
Esa cicatriz era la prueba de que habría sobrevivido.
Sabía que pronto tendría nuevas cicatrices en su corazón, la mayoría de ellas no se verían a simple vista, pero estaba convencido de que lograría superar los retos que la vida le pusiese por delante.
FIN

Y, finalmente, este es el resultado.
No sé bien de dónde sale esta historia, pero últimamente me gusta persnar que los seres humanos tenemos una capacidad innata para sobrevivir en las peores circunstracias. A veces podemos sentirnos realmente angustiados porque no encontramos nuestro propio pie hacia el camino que siempre hemos soñado, pero me gusta creer que la vida nos acabará llevando a dónde pertenezcamos. Cicatrices en el alma o no.
Nos vemos en el próximo Tejedora e Hilandera de Sueños. :)

La Noche

El cielo se oscureció, el alma que vagaba por la casa permaneció en silencio viendo como el sol se apagaba. Mucho tiempo atrás los habitant...