martes, 17 de mayo de 2016

Retales de existencia

Hoy en "Tejedora e hilandera de sueños" he decicido compartir un fragmento del último libro en el que estoy trabajando, es una historia de ciencia ficción y siempre he querido escribir una, así que me puse manos al teclado con intención de empezar lo que considero una trilogía llamada "Retales de existencia", este trozo que publico hoy es parte del primer libro de la trilogía, "Nada". Para ser honesta creía que me costaría algo menos escribir ciencia ficción, pero quiero hacerlo bien y estoy tratando de ordenar las ideas en mi cabeza para que encajen. Por lo pronto dejo este fragmentito.
PRÓLOGO
Todo empezó con Oiche: el cielo era oscuro, el terreno era negro; una nada infinita. Disfrutaba en su mundo. Era la reina y gobernaba a su antojo: no había dolor, sufrimiento, alegrías o pena y para ella eso era perfecto.
Vivió un tiempo indeterminado sola hasta el primer día de ella. Ella se llamó a sí misma Gealach y fue el primer alma que llegó a la Nada. Al principio estaba sola y Oiche no creyó que fuera una amenaza hasta que todos los demás despertaron para perturbar su paz.
Primero fueron los Ángeles. Iluminaron el cielo con su luminiscencia y surgió la bondad y la armonía.
Después llegaron los demonios. Eran el contrapuesto a los Ángeles y con ellos trajeron la maldad y el caos. Dominaron la mitad del mundo, la oscuridad que gobernaba cuando los Ángeles dormían.
Gealach se disfrazaba a sí misma para disfrutar de ambas novedades. Por el día se convertía en un ángel y por la noche en un demonio.
Oiche se preguntaba por qué no se daban cuenta de su presencia los ángeles y los demonios, si era algo completamente diferente a ellos, un secreto, como Oiche, y al mismo tiempo algo distinto.
Tras miles de años surgieron las hadas. Eran gentiles e inocentes. Un grupo juguetón a la que ángeles y demonios respetaban. Las Hadas se construyeron su Reino y, ni los unos, ni los otros, se metían con ellas.
Los siguientes en aparecer fueron las brujas y hechiceros. Eran poderosos y diferentes entre ellos. Las había que preferían estar con los Ángeles y su poder era la magia blanca. Los había que preferían a los demonios y usaban la magia negra. Sin embargo, al contrario que todos los demás seres que aparecieron antes, los Blancos y los Negros, podían usar ambos tipo de magia y así lo hacían según convenía a sus necesidades. Tenían la capacidad del cambio.
Los elfos llegaron más tarde. Tenían una belleza que seducía a Ángeles, Demonios, Hadas y Brujas por igual. Los elfos eran atemporales y trajeron la sabiduría, sabían muchas cosas y conocían el nombre de Gealach. Ante ellos su disfraz no funcionaba. Gealach tras vagar entre los cuatro reinos se quedó con los elfos. Admiraba su sabiduría y su belleza. Los elfos, a su vez, amaban a Gealach con ferocidad, pues ellos sabían que sin Gealach, el mundo no existiría.
Los cinco reinos convivían, pero la paz no siempre era posible y para solucionar los problemas, surgieron los Daimon y con ellos la diplomacia. Los Daimon eran tranquilos, mensajeros de todos los reinos y fueron los primeros en reproducirse con los ángeles, con los demonios, con las hadas, con las brujas y hechiceros, con los elfos y entre ellos. No habían nacido para pertenecer a un único lugar y no conocían la identidad de Gealach, porque se había integrado tanto en el mundo de los elfos que se había perdido a sí misma o, quizás, decidió disfrazarse para siempre.
Después nacieron los vampiros, eran cazadores letales y se alimentaban de la sangre de todos los demás. Los vampiros trajeron la belleza y la caza.
Tras millones de años, surgieron los Humanos y Oiche los odió.
Todos los demás reinos no le molestaban, incluso toleraba la existencia de Gealach, pero los últimos nacidos eran detestables. Se destruían entre ellos, se amaban, se odiaban, eran tristes, eran alegres. Tenían la bondad de los ángeles, la maldad de los demonios, la ingenuidad de las hadas, el poder el cambiar de las brujas y hechiceros, la sabiduría de los elfos, la diplomacia de los daimones, y la belleza de los vampiros. Eran retales de los demás y eso descolocaba a Oiche, quien siempre había creído tener todo el conocimiento.
Oiche sabía que todo había empezado con Gealach y se lo haría pagar. Oiche no tenía prisa, era más antigua y obtendría su justa venganza en el momento adecuado. Mientras tanto Gealach podía disfrazarse y disfrutar de todos los miembros porque, cuando cayera, lo haría a lo grande.
Todo empezó con el nacimiento de Gealach y todo terminaría con su muerte.
FIN
Lo dicho, es un trozo muy chiquitín de la historia en la que estoy trabajando, estoy perfilando aún los personajes y el universo en el que se mueven, pero bueno, poquito a poco iré construyendo el mundo de Oiche y Gealach hasta conseguir perfilarlos de la manera que quiero para que encajen en el mapa mental que tengo en mi cabeza de como quiero hacer esta historia.
Hasta el próximo "Tejedora" :)
 
 

miércoles, 4 de mayo de 2016

Hoy quiero hablar de cordialidad en este blog y es un tema que, la verdad, no se me ha ocurrido hasta ahora. Si lo saco a relucir es por qué esta semana me he dedicado a enviar currículos a todas partes para ver si me contratan y de todos los que mandé sólo dos empresas contestaron y ello me llevó a una reflexión curiosa.
La verdad es que esas dos respuestas, aunque eran para muy educadamente decirme que no necesitaban de mis servicios, me hicieron muchísima ilusión y lo digo de verdad. Veréis enviar currículos no es una tarea agradable, por lo menos para mí no lo es, y me da muchísima pereza porque llega un punto en que te hartas de enviarlos y que no te contesten.Curiosamente esto me recordó los muchos currículos que he enviado a lo largo de mi experiencia laboral, de las veces que he llamado a puertas y nunca me han contestado y he llegado a la conclusión de que eso es una falta de cordialidad. Sinceramente, he recibido respuestas automáticas de grandes empresas diciendo que conservaban mi cv en su base de datos y hasta eso lo he agradecido. Desde mi humilde punto de vista no es tan complicado preparar una contestación automática para todos los que escriban pidiendo una oportunidad laboral. No creo que implique un gran esfuerzo económico y ni siquiera necesitan que haya una persona contestando a mano los miles de currículos que las empresas reciben al día.
Y, sí, siguiendo al hilo de esto, se me ocurrió que yo también había demostrado una falta de cordialidad en otras ocasiones. Lo admito, he recibido contestaciones más personales diciéndome que no necesitaban a nadie, pero que conservaban mi currículo en su base de datos y no he respondido agradeciendo su contestación. Así que, desde hoy, he pensado que voy a responder a todas las personas que me escriban para decirme que no me cogen porque creo que con ello muestro el tipo de cordialidad que yo espero de las empresas a las que me dirijo. Y, tal vez, algunos me consideraran un poco excéntrica por responder a esos mails, pero honestamente, me va a dar igual. Ser cordial no cuesta ningún esfuerzo, es simple contestar agradeciendo la respuesta al mail con el que enviamos el cv y dando las gracias porque guarden nuestros datos en su base de datos. Sé que es una chorrada y que probablemente, si los guardan, se borrarán con el paso del tiempo, pero he decidido ser cordial. A mí no me cuesta esfuerzo y creo que, igual, ser cordial puede suponer un cambio con respecto a la opinión que tienen de ti las empresas a las que te diriges, y vosotros, ¿responderéis cordialmente cuando os escriban?
Desde aquí quiero promover un nuevo tipo de respuesta, sugiero dar las gracias porque si alguien se toma la molestia de rechazarnos con un mail, nosotros debemos responder a su acto ofreciendo un poco de cordialidad.
La cordialidad lo puede cambiar todo.
Hasta el próximo Tejedora! 

viernes, 8 de abril de 2016

Un suspiro

¿Alguna vez os habéis parado a pensar lo mucho que puede contener un suspiro? Un suspiro encierra mucha verdad en su interior. Hay suspiros de amor, de exasperación, de desesperación, hay suspiros  de alivio, de rabia y de pena. El suspiro es un lenguaje universal que todos hablamos en mayor o menor medida y, por alguna razón, siempre sabemos diferencias a qué tipo de suspiro nos estamos enfrentando cuando alguien lo habla. Por eso, en el Tejedora de hoy voy a hablar sobre suspiros de todo tipo. 

UN SUSPIRO

De amor
El sonido del teléfono la despertó de su letargo, se levantó de la cama esperanzada y contestó al tercer toque. Al oír la voz del otro lado no pudo evitar un suspiro de anhelo. Esperaba que fuera su novio, pero se encontró con qué era su amiga Marga para quedar con ella. Marga entendió el suspiro y le preguntó qué le pasaba. Luisa se sorprendió al ver cómo su amiga era capaz de discernir qué algo ocurría, pero luego pensó que era evidente qué algo andaba mal. Luisa y Marga hablaron durante un largo rato, en él ella se quejó de que su novio aún no la había telefoneado y Marga se dedicó a animarla contándole la última anécdota de su hija pequeña y Luisa comprendió que, a veces, un sólo suspiro contiene más verdad que mil palabras juntas.

De alivio
Escuchó el fuerte golpe desde el otro lado de la casa, el corazón se le aceleró en el pecho al pensar en las múltiples posibilidades que ese golpe podía representar y corrió sin pensar. La primera imagen que se le pasó por la cabeza fue la de su hijo de dos años cayéndose de la cuna, pero veía poco probable qué esto sucediera porque era una cuna resistente. Después pensó en su marido cayéndose de la escalera cuando estaba cambiando la bombilla del pasillo y hasta se imaginó a su abuela rompiéndose la cadera. Corrió hacia el lugar dónde había oído el sonido y se encontró a su perro mordiendo la pata de una silla que, por el movimiento, había acabado cayendo por su propio peso. Observó la escena y no pudo reprimir un suspiro de alivio. Al fin y al cabo, era sólo una silla, no su marido, su abuela o su hijo de dos años.

De desesperanza
Escuchar las noticias era desalentador. Llevaba tres semanas esperando por el resultado de esa entrevista. Estaba convencido de que todo le había salido bien, que en recursos humanos se darían cuenta de su valía y de sus ganas de aprender cada día una cosa nueva. Confiaba en sus propios talentos, en su instinto y por eso había estado seguro de que todo saldría a pedir de boca. Sin embargo, la señora de recursos humanos le llamó para decirle muy educadamente que no lo habían elegido. Al colgar el teléfono suspiró y se quejó de su mala suerte. Llevaba demasiado tiempo esforzándose para no obtener resultados.
Y de rabia
Dos semanas después su mejor amigo, quién le había conseguido la entrevista lo llamó y le dijo que la razón por la que no lo habían cogido era porque el hijo de la directora de recursos humanos optaba a la misma plaza y el suspiró, pero esta vez el motivo era completamente diferente al anterior.

De exasperación
Llamó por sexta vez a su hijo, tenía prisa y ese día él se empeñó en hablar con todos y cada uno de los amigos del cole que se cruzaron en su camino. Estaba feliz porque le habían dado las notas y eran excelentes, así que se paraba a hablar con todo el mundo y a lucir orgulloso sus galones de sobresaliente. Ella llevaba esperando por él más de quince minutos y sabía, no tenía la menor duda, de que le tocaría esperar al menos quince minutos más. Exasperada, suspiró y decidió acercarse a una de las madres para hablar. Le quedaban al menos quince minutos hasta que Brais terminara así que, ¿por qué no cotillear mientras tanto?

De pena
Sabía que, tarde o temprano, llegaría ese momento, pero aún así no le facilitaba la situación. Se encontraba en el aeropuerto de camino a su nuevo país. Llevaba mucho tiempo buscando trabajo en su país, sin éxito, así que había tenido que coger sus maletas y partir a otro lugar en busca de un futuro mejor. Se subió en el avión y, cuando este despegó, suspiró. Echaría de menos a su familia, a sus amigos y el lugar dónde había nacido.

FIN

Y esto es todo por hoy en "Tejedora", ¿habéis usado hoy el lenguaje universal del suspiro?



martes, 22 de marzo de 2016

La periodista Quijotesca

Hoy en "Tejedora" me siento reivindicativa. Reconozco que últimamente me pasa a menudo. No sé si es por la edad, por la vocación periodística o por el simple hartazgo de ver todos los días a nuestros políticos incapaces de ponerse de acuerdo por el bien del país y de los españoles. Honestamente, están tan ocupados lanzándose dardos envenenados que no son conscientes de que su desidia tiene a la mayoría de los ciudadanos descontentos, deseando mandar a alguno a un sitio que no diré en este blog porque no sería de señoritas. Lo triste del tema es que, en el fondo, no me sorprende. Este país está roto, abandonado a su suerte por unos gobernantes que no poseen liderazgo. Políticos encorsetados en su pequeño mundo, incapaces de ver la realidad de este país llamado España. El pesimismo nos viene de lejos, incluso hay un refrán que dice "Más se perdió en Cuba" que pretende animarnos. En serio, ¿no hay una manera mejor de levantar el ánimo que no incluya la palabra perder? Sé que España ha sido grande, un Imperio, pero no podemos seguir culpándonos por el pasado y deberíamos abrazar al país por lo que es hoy en día. ¿Por qué no podemos alegrarnos por nuestro presente? Quizás la respuesta a esa pregunta es la clave para ser capaces de reconciliarnos con nuestra propia identidad. Las cosas están mal, desde luego, pero la mejor novela de mundo sigue siendo española: “El Quijote” y hay referencias a ella por todo el mundo, todos conocen a Cervantes y su magna obra. Sin ir más lejos el otro día estaba viendo la serie “Sobrenatural”, de ciencia ficción y americana, cuando uno de los personajes citaba una frase del Quijote y cogía un ejemplar de una estantería. Y ahí, viendo nuestra magna novela en un ambiente completamente ajeno a nuestra realidad, se me despertó el orgullo patrio. Y recordé todas las cosas que hicieron los españoles, muchos de ellos auténticos pioneros de su tiempo. Una de las primeras películas del mundo fue española, “Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza”, que fue rodada poco después de que los hermanos Lumiére descubriesen el cinematógrafo. ¡En el año 1896! A principios de siglo ya existía en Ferrol un sindicato femenino en el Astillero. Tenemos varios premios nobeles de los que enorgullecernos: Cela, Jacinto Benavente, Severo Ochoa, Ramón y Cajal, Juan Ramón Jiménez. El propio y enorme Ernest Hemingway llegó a decir que no se sentía a la altura de Pío Baroja como autor.   Y estos sólo son algunos ejemplos: fuimos uno de los primeros países europeos en aprobar el voto femenino durante la República, uno de los primeros en aprobar la adopción de pareja gays y el matrimonio entre personas del mismo género y algunos de los grandes investigadores del mundo tienen origen español. En fin, ¿por qué no somos capaces de reconocer nuestra grandeza? Somos un gran país encerrado en su propio pesimismo. Todo este discurso viene a cuento de lo que me pasó en paseando por Ferrol, la ciudad donde nací. ¿Por qué? Simple, venía yo paseando, mirando los edificios espectaculares de la ciudad, la mayoría de ellos medio derruidos y pensé con amargura que en Ferrol hemos sobrevivido a la Guerra Civil, a una dictadura y no hemos sido capaces de sobrevivir a la desidia de nuestros gobernantes, sean del color que sean: La destrucción de la Plaza de España, la destrucción de la Antigua Fábrica de Lápices, la penosa situación de la fachada del Rena cada día más lejos de tener un nuevo fin, el Avenida cerrado y medio derruyéndose, los edificios de Ferrol Vello hechos polvo, la calle Magdalena que sea cae a cachos… Y todo a causa de nuestros políticos. Pensaba, ingenua de mí, que estas cosas sólo pasaban en Ferrol y me sorprende que sea un mal endémico en nuestra sociedad. España está fragmentada, cada vez más, y si seguimos así no sé si tendrá solución. Hemos soportado carros y carretas, hemos tirado de paciencia, de buena voluntad, de esperanza y hasta nos hemos engañado a nosotros mismos diciendo que la mejora llegaría y, a pesar de ello, nuestros políticos siguen sin hacer nada. Entre el ego de Pablo Iglesias, el ansia de Pedro Sánchez de gobernar al precio que sea, la ceguera de Rajoy que se niega a ver la realidad de su propio partido, la ruptura de Izquierda Unida por la mala gestión de algunos líderes, las Mareas que se hacen añicos a pasos agigantados y Albert Rivera frotándose las manos con antelación porque, por ahora, no está siendo machacado y cuestionado por todos los demás, el país sigue detenido, sin ir hacia adelante. Lo peor es que todos ellos siguen tirándose dardos envenenados para lograr un sillón con el fin de salvarse sus propios “culos”, perdón por la palabra malsonante, pero es que me indigna esta situación.  Quiero pensar que podremos salir adelante, pero el pesimismo me asalta al ver la dura realidad. Por eso quiero hacer un llamamiento a los españoles se sientan gallegos, vascos, catalanes, madrileños, extremeños, andaluces, asturianos, valencianos o de cualquier Comunidad Autónoma. Busquemos el optimismo, el orgullo por saber que hemos sido grandes y podemos volver a serlo. El futuro está en nuestras manos, las Nuestras, no podemos esperar que nos salve Europa o nuestros políticos porque ese tren ya ha zarpado. Levantémonos cada día con ganas de hacer más y resucitemos el espíritu quijotesco. Quijote pudo luchar contra molinos de viento, luchemos nosotros también contra ellos. Alonso Quijano se hizo daño, lo sé, pero salió fortalecido. Así que, ¿por qué no probar? Ya hemos perdido mucho, quizás lo que necesitamos es más Quijotes y menos políticos corruptos.

lunes, 29 de febrero de 2016

Hace algún tiempo hice una prueba de guión para una serie española que me encanta. La verdad es que no me había leído el guión hasta hace poco y he descubierto un breve monólogo que me gusta mucho, así que he decidido compartirlo en el Tejedora.

LA LIBERTAD

La libertad es una utopía porque todos somos presos de algo; de un sentimiento, de un trabajo…
Nos venden la libertad como si existiera, pero lo cierto es que todos estamos condicionados por nuestro alrededor.
Hace cuarenta años la gente gozaba de más libertad; ahora estamos demasiado pendientes de cosas sin importancia como los teléfonos móviles, la cantidad de dinero que voy a ganar… Estamos involucionando, retrocediendo al pasado. En mi época hay gente que no se vacuna cuando la medicina puede salvar vidas; en el hospital he visto a mujeres que fingen darse golpes cuando son los desgraciados de sus maridos los que les hacen daño, cada día hay parricidios, miles de refugiados mueren cada día intentando llegar a un lugar que les aleje de la miseria y la guerra…
En el siglo XXI estamos tan acostumbrados a la violencia que hemos olvidado el significado de la libertad. Todo el mundo lleva la libertad por bandera, pero a la hora de la verdad ninguno respeta la de los demás.

FIN

Como ya dije era un brevísimo apunte sobre la libertad y me parece importante sacarlo hoy a colación porque cada vez soy más consciente de que la mayoría de nosotros no somos realmente libres. Cada uno nos sentimos presionados por aspectos diferentes de la vida que nos impiden sentirnos completamente libres.
Cada día que leo el periódico soy muy consciente de que la libertad por la que todos clamamos no existe, es una utopía. El ser humano la mayor parte del tiempo nos lo pasamos censurando comportamientos en los demás, criticando actitudes, la elección política de cada cual etc. y además, una gran parte del mundo, vive en lugares donde la libertad no existe, donde las personas se ven condicionadas por sus religiones,  aspiraciones de conocimiento, el gobierno de turno que actúa como dictador, inclinaciones sexuales...
Todos soñamos con la libertad, pero cada día nos alejamos más de ella con comportamientos como el acoso escolar, asesinatos a mujeres por sus maridos, homosexuales que son asesinados en algunos países. Nadie está excluido en esta lista, ni siquiera los supuestos países desarrollados. Sólo hay que ver a los países del Este que se niegan a acoger a refugiados y sin embargo quieren que los países más ricos de Europa los acojan, Trump en los Estados Unidos con un mensaje xenófobo y elitista. Porque, sí señores, no nos engañemos, lo que Trump quiere es tener más dinero, más poder y que se jodan(perdón por la expresión) las clases sociales más deprimidas. Lo triste de Trump es que sus votantes son mayoritariamente blancos y, encima, ni siquiera tienen dinero. Personas deprimidas que creen que echando a los méxicanos y a los refugiados sirios tendrán más oportunidades laborales y un mundo de color de rosa.
Y, dentro de todo este caos, está la prensa. Soy periodista y cada día estoy más convencida de que mi profesión es una chirigota, con tantos medios obligados a seguir una línea editorial y que se niegan a criticar los problemas actuales de nuestro país por si pueden ofender a determinado grupo político o económico.
Yo no sé si algún día lograremos la libertad, pero empiezo a pensar que cada vez que el mundo evoluciona, el ser humano involuciona, volviendo a actitudes más propias de la Edad Media que de un tecnológico S.XXI.

Como apunte final quiero hablar del magnífico programa que hizo ayer  Jordi Évole, uno de los pocos periodistas objetivos que quedan en este país, sobre el amianto. Una enfermedad que se ha llevado centenares de vida en el mundo y que, a día de hoy, en países como Brasil, India, Rusia y China se siguen utilizando.  Lo peor del tema es que las personas que se ven obligados a usar el amianto en su trabajo deben hacerlo, aún siendo conscientes de que éste les matará poco a poco porque los grandes empresarios están dispuestos a cualquier cosa para seguir ganando dinero. No importa que mueran cientos de personas mientras sus bolsillos se sigan llenando con dinero que, en todo caso, está manchado con la sangre de muchos.  Soy de Ferrol y me enfada bastante cómo trataron las empresas navales de nuestra maravillosa ciudad a sus trabajadores con respecto al amianto. Una muestra más de la falta de libertad porque unos auténticos capullos(nuevamente perdón por la expresión) se lucraron jugando con la vida de otros y eso, señores, es una muestra del poco respeto que tenemos a las vidas de los demás.

En fin, os dejo mi reflexión sobre la libertad. Nos vemos en el próximo Tejedora :)


lunes, 8 de febrero de 2016

La suerte es una cuestión de fe. Eso dice todo muchas personas que afirman que tal cosa como ésta existe. Luego están los que dicen que la suerte depende de cada uno y que, si piensas en positivo, sólo te ocurrirán cosas buenas. Así que, recuperado mi ordenador del virus, en el Tejedora de hoy voy a narrar una pequeña historia protagonizada por Suerte.

SUERTE
Suerte estaba sentada en su taburete, en el lugar donde viven los sueños de los hombres y sus más hermosas ilusiones. Ese era, en realidad, su lugar de nacimiento. El sitio donde había crecido y donde había aprendido algo sobre sí misma y el mundo que la rodeaba. De hecho, todos los miembros de su familia habitaban en ese mismo lugar, esperando el momento en que fueran requeridos.
En la parte de la cocina estaba su madre Esperanza, preparando su plato preferido. Con los pies sobre un taburete se encontraba su hermana Ilusión. 
Ilusión se alegraba por todas las cosas, si se caía una hoja, si nacía un potrillo, si alguien la saludaba... Siempre estaba de un humor excelente.
Su padre, Miedo, había ido al trabajo. De todos ellos era el más ocupado porque la mayoría de los seres humanos tenían miedo: de cumplir sus sueños, de no cumplirlos, de enamorarse, de no enamorarse, de caer, de no caer...
 Suerte pensaba que ser humano debía ser la cosa más difícil del mundo y de eso ella sabía un rato. Por alguna razón los seres humanos siempre se estaban acordando de ella.
 Cuando las cosas les salían bien decían que era una cuestión de Suerte.
 Cuando las cosas les iban mal decían que era por la mala Suerte.
 Si algo les salía mal, pero se acordaban de su madre Esperanza decían más Suerte la próxima vez.
 Suerte aquí.
 Suerte allá.
 Suerte arriba.
 Suerte abajo...
A ella no le molestaba que los hombres y mujeres se acordaran tanto de ella, de verdad que no, pero es que a veces tenía unas ganas locas de decirles que las cosas no dependían de ella, sino de ellos mismos.
 Suerte no elegía por el ser humano, no tomaba sus decisiones. Eso lo hacían ellos y, a veces, veían la cara buena de Suerte y otras la cara mala.
 Suerte en sí no era mala, todo dependía de si los hombres se acordaban más de su madre, de su padre o de su hermana.
 A veces Suerte anhelaba ser como Ilusión porque su vida era mucho más sencilla. Ningún humano decía que Ilusión era mala, su hermana brillaba siempre, incluso en las noches más oscuras.
 Su madre también estaba bien, los hombres se acordaban de ella siempre para bien, nunca la perdían de vista.
 Su padre, por otro lado, era el peor parado. Suerte sabía que la principal razón por la que los seres humanos hablaban mal de ella era a causa de su padre. El Miedo atenazaba sus corazones, los constreñía y no les permitía ver a su hermana o a su madre en cada oportunidad. Ser Miedo, sin duda, era mucho peor que ser Suerte. Al fin y al cabo, Suerte podía ser buena o mala según el día.
 Suerte pensó que, tal vez, no debía quejarse. 
 En ese momento se dio cuenta de que alguien la estaba llamando, se demoró un instante para saber cuál de sus dos caras debía mostrar. Quien la llamaba era una niña pequeña y Suerte se sintió feliz. Los niños siempre pensaban que ella era buena.
Con una sonrisa abandonó su butaca, empezó a caminar hacia la niña que la llamaba y pensó que, tal vez, si los adultos vieran las cosas con los inocentes ojos de un niño serían más felices.
FIN

Sé que es una reflexión breve, pero la verdad es que cada día estoy  más convencida de que deberíamos dejar atrás nuestros temores y empezar a soñar a lo grande, creer como Audrey Hepburn "Nothing is impossible. The word itself says I´m possible". O lo que es lo mismo, nada es imposible, la palabra en sí misma dice Soy posible.
Yo no sé si la Suerte existe, pero de lo que estoy convencida es de que el Miedo es el principal causante de nuestras dudas.
Y vosotros, ¿qué cara de Suerte veréis hoy?
Hasta el próximo Tejedora ;) 




martes, 1 de diciembre de 2015

Hoy en “Tejedora e Hilandera de Sueños” he decidido escribir un minirrelato sobre el primer amor.¿Quién no recuerda con cariño esa primera persona de la que nos enamoramos?
Pasan los años y, en nuestra mente, ese primer amor sigue tan fresco como el día que nos “enamoramos” de él. Solemos rememorarlo con cariño, una parte de nosotros seguro que sigue pensando que era la persona perfecta; no tiene ni un defecto ante nuestros ojos. Tengo la teoría de que muchas veces ese primer amor se convierte en un amor platónico del que sólo tenemos buenas palabras. Mi primer amor era, y sigue siendo, amable, cariñoso, se preocupa por los demás y, cada vez que lo veo, mi corazón bota con nostalgia. Por esa razón me gustaría dedicarle este post, sé que no es la persona de la que estuve más enamorada, pero le sigo teniendo un profundo afecto y para mí es y seguirá siendo un príncipe azul.

El Primer Amor
La primera vez que Laura vio a Joaquín tenía cinco años. Se conocieron en la guardería, cuando el mundo les parecía un universo nuevo que explorar. Se hicieron amigos al instante, como si lo más natural del mundo fuera caerse bien desde el primer momento. Los dos pronto se ganaron el apelativo de “novios” cuando ninguno de los dos acertaba a poner el significado concreto de esa palabra. Así pues fueron los “novios” oficiales de la clase de los primeros años de educación infantil.
Por lógica la amistad entre los dos niños llevó a los padres a una relación de conocidos, que evolucionó a una relación de amigos íntimos tras un año de “quedadas” en el parque, tomar café los fines de semana etc.
Si Laura enfermaba llamaba Lucía a Olga, la madre de Joaquín, para preguntar qué habían hecho en el cole.
Si Joaquín era el que enfermaba llamaba Olga a Lucía para preguntar por las tareas.
Con el tiempo Héctor y Manuel se convirtieron en colegas de fútbol y sufrían por el otro cuando su equipo perdía porque no eran seguidores del mismo equipo.
A los padres pronto les dijeron los niños que eran “novios”, evidentemente, a ellos les hacía gracia esa afirmación a tan temprana edad y tomaban el pelo a sus hijos preguntándoles por su “novio” y “novia”.
El primer día de Educación Primaria, Joaquín y Laura entraron en clase con las manos entrelazadas. Ambos tenían miedo por ir a un cole diferente a su guardería y les asustaba conocer a gente diferente de sus primeros amigos. Así que, pronto, sin quererlo, ni beberlo, se convirtieron, otra vez, en los “novios oficiales” de la clase. Ellos seguían sin pensar en lo que en realidad era ser novios. Para ambos estar juntos era tan natural como respirar. Pronto llegaron los nuevos amigos, las nuevas aventuras y se olvidaron del temor inicial al entrar en un lugar nuevo, mucho más grande y con “profes” nuevos a los que conocer.
Sus padres escucharon a sus hijos que eran “novios” en el nuevo cole y siguieron con las susodichas bromas a las que sus hijos ya estaban acostumbrados.
Su amistad se afianzó día a día, pero al llegar el último año de Educación Primaria las cosas empezaron a cambiar entre ellos.
Laura sentía mariposas en el estómago cuando Joaquín le daba la mano y Belén, que se había convertido en una de sus nuevas amigas, empezó a molestarle porque pasaba mucho tiempo con Joaquín. Laura, preocupada, dijo a su hermano mayor Rodri lo que le ocurría y, de pronto, Rodri se ponía muy protector cada vez que Joaquín iba a hacer los deberes a su casa; nunca lo dejaba a solas con su “hermanita”.
Joaquín notaba hormiguitas en el estómago cuando Laura le sonreía y, de pronto, Julián le empezó a caer mal porque miraba mucho a Laura. Joaquín, inquieto, preguntó a su prima mayor Marga porque le pasaban esas cosas raras y Marga enlazó sus manos y empezó a decir incoherencias sobre besos, novios, citas... El pobre Joaquín acabó más confundido de lo que ya estaba.
El primer día de secundaria, Laura y Joaquín entraron en el Instituto cogidos de la mano. Ambos estaban nerviosos porque empezaban una nueva vida en un colegio mucho mayor que el de primaria y en el que había muchos más “chavales” que en el anterior.
Y, sí, se convirtieron en los “novios” oficiales del primer año de secundaria. Pero Joaquín y Laura ya no tenían seis años, con doce se sentían muy adultos y habían aprendido el verdadero significado de la palabra novios y, puesto que habían pasado toda su vida juntos, decidieron ser oficialmente “novios”. Al fin y al cabo se conocían desde la guardaría, habían ido juntos al colegio de primaria y empezaban su nueva aventura como “adolescentes”.
El primer trimestre pasó rápido. Muchos deberes, muchos profesores, muchos amigos nuevos y un Rodrigo cada vez más desconfiado. Ni un minuto estaban ellos sin la supervisión de Rodri y no habían tenido tiempo de experimentar eso que todos llamaban “primer beso”.
Fue la noche de Navidad, cuando todos estaban comiendo en casa de Joaquín que tuvieron la ocasión de estar a solas.
Rodrigo estaba ocupado jugando con su nueva consola.
Las madres estaban en la cocina preparando la comida.
Y los padres habían ido a por el postre.
Joaquín y Laura jugaban con sus consolas, pero en un instante sus ojos se cruzaron y, sabiéndose solos, decidieron experimentar el consabido primer beso.
No fue como imaginaban.
Fue incómodo, extraño y realmente tonto. Sin embargo ninguno de los dos dijo nada. Disfrutaron del instante de estar solos y, de forma involuntaria, sus manos se unieron una vez más. Al fin y al cabo, la mayoría de su vida había transcurrido con esas dos manos entrelazadas.
Quizás ese tímido primer amor duraría para siempre o, tal vez, se acabaría al día siguiente, pero sin duda Joaquín y Laura lo recordarían siempre con una sonrisa y sus dos manos enlazadas.

FIN


Y ya cierro el Tejedora de hoy. Hasta el próximo!! :)

sábado, 28 de noviembre de 2015

El demonio dentro de uno mismo

Tras meses y meses sin actualizar, debido a circunstancias personales que me tuvieron un poco triste y por fin, he decidido actualizar el blog. Espero a partir de hoy seguir poniendo contenidos cada semana como solía hacer. Como siempre hoy hago una reflexión sobre "el demonio", pero no voy a hablar del de los cuernos que nos describen en la religión católica, sino de los que residen en nuestro interior.
Cuando la gente habla de demonios tendemos a imaginarnos a los típicos demonios de los que nos han hablado de pequeños: rojos, con cuernos y con cara de monstruos.
La realidad es que, los verdaderos demonios, son aquellos que no se ven. Son invisibles a nuestros ojos, infecciosos y perniciosos. Son los demonios que se ocultan dentro de nosotros y de nuestros seres queridos. Son los que te hacen daño desde dentro y te imposibilitan ir hacia adelante.
 A los demonios de mentira se los puede derrotar y a los de verdad, a veces. Yo, en mi interior, tengo un montón no visibles a simple vista, una colección en realidad. Lo que ocurre es que los tengo siempre bajo control, atados para que no hieran a los demás y no les hagan daño. Nunca he comprendido por qué la gente engaña a los demás o  los traicionan. Quizás debería haber nacido en otra época porque, a pesar de lo que veo cada día, todavía creo en la bondad del ser humano y tiendo a ver siempre lo mejor de los demás. Voy a ser sincera yo he visto al demonio; todos lo habéis visto,  y entiendo a qué se referían los antiguos cuando hablaban de su existencia.


   El demonio es un ser querido perdiendo la cabeza, eres tú mismo cuando te miras al espejo por la mañana y no te gustas, es esa persona que no te cae bien por alguna razón desconocida, cada día que pasas delante de un necesitado y lo ignoras, el político corrupto que dice que él no ha robado, el estudiante que acosa a un compañero, el terrorista que mata por un ente Superior e ignora que el diablo escondido no es otro que él mismo.
     La lista, si nos paramos a pensarla, es casi infinita y, lo peor de todo, es que cada día se hace más grande.
     Confieso que me educaron en la religión católica y, de pequeña, siempre creía que el demonio no existía porque si Dios era tan bueno no permitiría su existencia. Ahora, bastante más mayor, no sé si existe o no un ser superior, pero lo que sé con toda certeza es que el demonio sí.
Está en nosotros mismos luchar contra él o no.

Os daré un consejo antes de dejar esta reflexión de hoy, nunca os fiéis al cien por cien de los demás, algunos son mentirosos, manipuladores que sólo se preocupan de su propio bien porque tienen su propio demonio interior. Yo he confiado en personas que me han traicionado; no les tengo bronca. Reconozco que he pasado una mala temporada preguntándome por qué, pero ya he dejado de hacerlo. Comprendo que cada cual actúa según sus propios principios e ideales y por eso respeto a los demás, no sé si los demás me respetarán a mí, pero yo no voy a cambiar. Me gusta ser como soy, a pesar de que me acabo llevando decepciones. Por suerte tengo gente fantástica a mi lado, amigos estupendos que están siempre, familiares en los que puedo confiar y sigo creyendo en que entre las personas hay más gente buena, que mala. Me llevaré decepciones, pero al menos soy fiel a mí misma.

lunes, 27 de abril de 2015

Esta semana me gustaría hablar en este blog de los reencuentros con aquellos amigos que hace tiempo que no ves. Siempre nos cuesta mucho volver a entrar en contacto con ellos, a veces los años parecen eternos y ser el primero en acercarse a ellos puede dar un poquito de miedo si eres tan tímida como yo. Sin embargo la vida suele ser curiosa en este sentido y puedes llevarte sorpresa agradables.
Eso me pasó a mí la semana pasada.
Tras casi diez años, el viernes me encontré con mi antiguo grupo de teatro de la Universidad. Para ser honesta ya me había reencontrado con un miembro, Elena, y ella me animó para acercarme a ver a los demás, quienes siguen estrenado obras todos los años.
No os mentiré; al principio busqué excusas para no ir, me daba mucho apuro aparecer después de tanto tiempo, pero finalmente acabé yendo y fue como volver a casa, así de sencillo y maravilloso. Lo cierto es que añoraba muchísimo el teatro, a mis amigos, los ensayos, los estrenos e incluso los nervios antes de entrar en escena.
No tengo palabras para expresar la emoción que sentí al verlos después de tanto tiempo, ni tampoco para explicar cómo de repente el tiempo no había pasado y volvíamos a ser los de siempre, con unos cuantas nuevas incorporaciones, pero todo seguía igual.
Verlos ensayar removió en mí muchos sentimientos, emociones que casi había olvidado, recordé con ternura nuestras obras, nuestros estrenos, los nervios, las anécdotas y las bromas del grupo.
Fue tan fácil como respirar, por ellos va esta reflexión semanal y, hacedme caso, no temáis a los reencuentros tras mucho tiempo, pueden ser increíbles.

REENCUENTRO
Llegó  a la hora indicada que decía la invitación a su antiguo instituto. Sentía el corazón en el pecho latiendo apresuradamente, los nervios la traicionaba porque llevaba mucho tiempo sin ver a sus antiguos amigos y se preguntaba qué habría sido de ellos cuando sus caminos se separaron.
Al principio había dudado si ir o no, le daba apuro reencontrarse después de que la vida les hubiera puesto a todos a prueba, de que cada uno encontrara su camino y lo siguiera. Entró en el amplio salón de actos y se encontró las caras que tanto quería ver. Con pasos indecisos se aproximó al grupo, sintiendo como si el tiempo no hubiera pasado.
 Todos estaban igual, las mismas sonrisas, las mismas miradas. Al acercarse sus ojos se cruzaron con una de sus amigas, la cara de sorpresa dibujada en su rostro demostró que no era la única sorprendida por el encuentro. La sonrisa pronto acudió a sus labios, llegó el momento e los abrazos, de los guiños, de los besos, de los chistes nuevos y viejos. Uno a uno todos su antiguos amigos la recibieron como si el tiempo o la distancia no los hubiera separado tanto.
 La vida había modificado a todos ellos, algunos habían encontrado un nuevo destino en su vida, una nueva profesión, un nuevo lugar, una nueva pareja, hijos...
Las viejas bromas sonaban a nuevas, las anécdotas eran mucho más divertidas que cuando las habían vivido y el sentimiento de pertenencia la conmovió. Fue como si nunca se hubieran separado, como si se hubieran visto por última vez el día anterior.
Entonces comprendió que los amigos verdaderos duran eternamente, aunque no se cruzaran sus caminos a menudo y cada uno hubiera seguido su destino. Se sorprendió con las nuevas incorporaciones al grupo, amigos nuevos, parejas... Incluso con ellos, completos desconocidos unos minutos antes, todo parecía sencillo.
Y, por un instante, añoró todos esos años que no se habían visto, todas esas nuevas amistades que se habían unido al grupo, todos esos instantes que ella se había perdido, esas bromas de las que no formaba parte, pero también entendió que, a pesar de ello, no era una extraña.
Y se sintió agradecida porque la vida había colocado en su camino un grupo de personas maravillosas con las que sentirse como en casa. Después de tanto tiempo sintiéndose extraña en su propia piel pareció volver a encontrase con una parte suya que creía desaparecida, perdida en algún rincón de su memoria y sin esperanza de volver a ver la luz.
Empezaron a crear nuevas bromas, nuevos chistes y sonrió al comprender que, a pesar de todo, siempre habría un lugar para ella en ese maravilloso grupo.

FIN
Gracias por recibirme tan bien, amigos mío y por ser tan maravillosos como recordaba



martes, 21 de abril de 2015

Reflexión sobre el silencio

Hace algún tiempo me leí "La música del silencio" de Patrick Rothfuss, autor de la trilogía "El asesino de Reyes" y de quien hablé hace un par de semanas a propósito de un breve relato que escribí inspirándome en su trabajo. El libro es curioso, habrá muchas personas que lo odien y muchas que lo adoren, no hay término medio por su peculiaridad.
Entonces se me ocurrió que, a veces, el silencio dice más que mil palabras. Hay silencios que son de dolor, hay silencios que evocan emociones, hay silencios que invocan soledad...
El silencio es, en sí mismo, toda una declaración de intenciones.
Por eso mi reflexión literaria de hoy es precisamente sobre eso, el silencio.

EL SILENCIO
El ruido del exterior la pilló desprevenida. Llevaba mucho tiempo encerrada en un hogar silencioso y el sonido externo la mareó ligeramente. Nunca había sido mujer de muchas palabras, siempre había preferido escuchar atenta lo que decían los demás y guardar en su interior sus opiniones. No porque no quisiera compartirlas, sino porque su silencio era una suerte de conformidad, si no pensaba igual lo decía abiertamente.
 El sonido de los coches, las charlas de las personas, las risas de los niños la hicieron retroceder y volver a la inmensa casa que había sus espaldas. Abrió la puerta, la empujó y se coló en el interior del que, tanto tiempo atrás, había sido su hogar.
La casa de su abuela la acogió con los brazos abiertos. Caminó por ella en silencio. El ligero crujir de la madera bajo sus pies la trasladó al pasado. A las risas de sus primos corriendo por las escaleras, a la televisión muda de su casa mientras veía a Buster Keaton golpearse, a las risas descontroladas que se le escapaban mientas disfrutaba de Chaplin, a las bromas de su padre...
 El silencio la envolvía, sólo sus pasos irrumpían en la calma, pero esos pasos formaban parte del silencio consentido.
 La soledad le arrojó un guante, se estremeció en su ligero vestido de verano, se arrebujó sobre sí misma, se frotó los brazos y siguió caminando por el principal escenario de su infancia.
 Subió las escaleras agarrándose a la barandilla, su alianza rozaba la textura y se oía un ligero "clicclac", pero también éste formaba parte de su vida.
Al llegar a la primera planta el "clicclac" cesó, dando lugar al goteo del viejo grifo del cuarto de baño "chup", incluso ese ruido encajaba con el lugar.
 Una sonrisa afloró a sus labios, un recuerdo de ella misma treinta años atrás frente a ese mismo espejo, alisando el largo cabello con su abuela detrás, sonriéndole como si fuera el ser más hermoso de la tierra. La sonrisa amable, las ligeras arrugas que no mostraban los ochenta años que tenía y esa certeza de que nunca iba a quererla más que en ese momento.
 Notó como las lágrimas afloraban a su rostro, la echaba terriblemente de menos. También ese llanto era callado, como todas las cosas hermosas, el silencio formaba parte intrínseca de la vida.
A veces nos perdemos en el ruido de la vida, nos dejamos seducir por su arrullo y no os damos cuenta de que el silencio es un bien necesario. A veces para recordar, a veces para reír, a veces para llorar, a veces para reflexionar...
El silencio tiene  mil caras y ella lo había comprendido mucho tiempo atrás.
Echó un vistazo a la planta superior, recorrió la inferior y salió al exterior.
Esta vez el sonido no la cogió desprevenida, estaba preparada para él y sabía que, la próxima vez que necesitara una cura de silencio sólo debería regresar a la casa de su abuela.
Lanzó un beso a la puerta y pronto, también ella, formaba parte del ruido del mundo.
Cogió su móvil, marcó un número y siguió su camino.
FIN

Cuando empiezo estas reflexiones literarias nunca sé a dónde me van a llevar, ni cómo. Yo escribo por instinto, no tengo nada en mente cuando empiezo a trazar las primeras fases, cuando las letras empiezan a formar su propia melodía y el resultado, por lo general, me sorprende.
Empecé esta historia pensando en las virtudes del silencio y, al final, me vi inmersa en los recuerdos de la casa de mi abuela y la recordé. Pretendía que fuera una historia diferente, pero la nostalgia me atrapó.
Supongo que, también existen esos silencios de nostalgia y, por qué negarlo, quizás son los más hermosos de todos los silencios.
Hasta el próximo Tejedoraehilandera.
No os olvidéis de disfrutar, de vez en cuando, del silencio. :)



lunes, 6 de abril de 2015

El principio de una novela

Hace mucho que no actualizo este blog, pero bueno, ahora me voy a poner las pilas y publicar un pequeño trozo del principio de lo que podría ser una novela, estoy barajando cómo continuarla, espero que os guste. La historia tiene un nombre por ahora "Hechizos, pociones y un poco de magia", pero no sé si se quedará así o se lo cambiaré.

Hechizos, pociones y un poco de magia

              Cuando por primera vez tuve tiempo en mi estresante vida decidí visitar a la abuela de Víctor. Víctor era mi mejor amigo desde tiempo inmemoriales, nos conocimos cuando aún nos cambiaban los pañales y desde entonces habíamos sido como uña y carne y yo, en el fondo de mi alma, estaba muy enamorada de él.  
La primera vez que pisé la casa de su abuela yo tenía veinticinco años, el corazón roto porque mi último novio me había dejado por una extranjera y muy pocas ganas de comunicarme con la gente.
              Víctor me vio tan alicaída que me invitó a casa de su abuela y yo, que no tenía ganas de discutir con nadie, accedí.  A eso también le habría que añadir que mi mejor amigo me había picado diciéndome que la casa de su abuela estaba encantada y que todavía se podían ver Elfos, hadas, brujas y trasgos en su armario.  Esas fueron las palabras que terminaron por hacerme reaccionar, yo era licenciada en física y psicología, pero me creía todos los cuentos infantiles a pies juntillas.
              Así que un catorce de mayo me planté en el viejo caserón que estaba a veinte kilómetros de distancia de cualquier lugar. Cuando llegué a la puerta supe, con toda certeza, que algo iba a cambiar dentro de mí y también que estaba preparada para ello. Llamé al timbre y la abuela Luisa me vino a abrir.             
              La abuela de Víctor era una mujer dulce, mayor y que desprende un halo que hechiza a todo aquel que la mira. Nada más verla sentí que la paz y la serenidad se agarraban a mi alma y todo el estrés que llevaba acumulado desde hacía años se me pasó en un instante. La abuela Luisa me besó en la frente nada más recibirme y acarició mi pecho por la zona del corazón.
              - El amor duele, querida. A veces se aferra tan fuerte dentro del alma de una persona que no abandona nunca el lugar donde todo empezó. Bienvenida, mi nombre es Luisa y por lo que me han contado tú eres la mujer más importante en la vida de mi nieto en este momento. El pobre aún no se ha recuperado de su última ruptura y veo que tu corazón también tiene un rasguño.
Pero, por favor, pasa.  Sé bienvenida a mi hogar.
              - Muchas gracias, señora Vila...
              - Llámame abuela Luisa, todo el mundo lo hace. Ahora subiremos al cuarto de Víctor  y te quedarás allí.
              Es el más confortable de la casa y tiene una vista al mar que engancha. – Seguí a la abuela por el inmenso pasillo y subimos una enorme escalera de caracol hasta llegar a una puerta redonda. Entré en el cuarto y supe que allí había vivido Víctor los mejores y peores momentos de su infancia.
              Al entrar su habitación sentí que mi alma se conectaba con la suya y me imaginé que estaba con él, volando en un avión camino al Paraíso.  Víctor era piloto y quizás eso hacía que me atrajera más. Tenía un cuerpo de constitución atlética, unos enormes ojos negros adornaban su hermoso rostro dorado y los rizos castaños rebeldes caían sobre su frente. Era como un Adonis y todas las mujeres lo amaban.
              La abuela Luisa me enseñó un pequeño baño que había dentro de la habitación, un enorme arcón donde podía meter mis cosas y un armario antiguo, que por los cálculos que yo hice, debía ser del S.XVII, más o menos.
              Luisa insistió para que dejara las cosas de cualquier manera en el dormitorio y bajara con ella al salón,  yo la seguí sin dudar y pensé que si me iba a quedar allí un mes podía permitirme el lujo de arreglar las cosas más tarde.
              Entré en el enorme salón de la casa y me sentí transportada a una época de esplendor que yo no había conocido. Era la habitación más grande que yo había visto en mi vida y todo en ella creaba una atmósfera confortable. Daba la sensación de que ese lugar nunca se iría de allí. Y yo, por primera vez en mi vida, sentí que tenía raíces. Soñaba con quedarme ahí para siempre, compartir mi vida con la casa, con Víctor, con la abuela Luisa y con nuestros hijos.
              Sentí muchas cosas y mi alma se agitó de felicidad. Una vibración rodeó mi cuerpo. Yo no lo supe en ese momento, pero era la Baronesa Martina, la primera mujer de la familia de Víctor, transformada en un fantasma y atrapada en esa casa porque ese fue el lugar donde se inició su historia de amor.
La abuela de Víctor me dejó sola en el salón y se fue hacia la cocina.
              Yo cerré mis ojos y escuché el sonido del mar que llegaba ahogado a mis oídos, percibí el olor del bosque rodeando la casa y sentí que todos mis sentidos se despertaban como de un largo letargo. Pude percibir la textura de las cosas con mis dedos y en mi boca el dulce sabor de una tarta de moras y chocolate.   Me quedé dormida sin darme cuenta y dejé de ser Bárbara, me convertí en la Baronesa Martina con dieciséis años.
              Y estas son las cosas que llegaron a mí sin yo pedirlo.

FIN

El principio es algo flojucho, estoy trabajando en mejorarlo y dotarlo de más vida. Esta historia estaba en mi cajón de los relatos y he decidido darle una oportunidad. Ahora mismo estoy inmersa en el segundo libro de Ariel, mi primera novela publicada por la editorial Hades y que va por su segunda edición, y trabajando en mi primera novela negra "El cazador y su aprendiz", pero de vez en cuando tengo que escribir otras cosas para desconectar de lo que estoy haciendo y tomarlo después con más ganas.
En cualquier caso, no es una de las historias que más orgullosa me siento y por eso estaba en el cajón de los relatos por concluir, pero bueno, quizás logre sacar algo bonito de este principio.

La Noche

El cielo se oscureció, el alma que vagaba por la casa permaneció en silencio viendo como el sol se apagaba. Mucho tiempo atrás los habitant...