viernes, 8 de abril de 2016

Un suspiro

¿Alguna vez os habéis parado a pensar lo mucho que puede contener un suspiro? Un suspiro encierra mucha verdad en su interior. Hay suspiros de amor, de exasperación, de desesperación, hay suspiros  de alivio, de rabia y de pena. El suspiro es un lenguaje universal que todos hablamos en mayor o menor medida y, por alguna razón, siempre sabemos diferencias a qué tipo de suspiro nos estamos enfrentando cuando alguien lo habla. Por eso, en el Tejedora de hoy voy a hablar sobre suspiros de todo tipo. 

UN SUSPIRO

De amor
El sonido del teléfono la despertó de su letargo, se levantó de la cama esperanzada y contestó al tercer toque. Al oír la voz del otro lado no pudo evitar un suspiro de anhelo. Esperaba que fuera su novio, pero se encontró con qué era su amiga Marga para quedar con ella. Marga entendió el suspiro y le preguntó qué le pasaba. Luisa se sorprendió al ver cómo su amiga era capaz de discernir qué algo ocurría, pero luego pensó que era evidente qué algo andaba mal. Luisa y Marga hablaron durante un largo rato, en él ella se quejó de que su novio aún no la había telefoneado y Marga se dedicó a animarla contándole la última anécdota de su hija pequeña y Luisa comprendió que, a veces, un sólo suspiro contiene más verdad que mil palabras juntas.

De alivio
Escuchó el fuerte golpe desde el otro lado de la casa, el corazón se le aceleró en el pecho al pensar en las múltiples posibilidades que ese golpe podía representar y corrió sin pensar. La primera imagen que se le pasó por la cabeza fue la de su hijo de dos años cayéndose de la cuna, pero veía poco probable qué esto sucediera porque era una cuna resistente. Después pensó en su marido cayéndose de la escalera cuando estaba cambiando la bombilla del pasillo y hasta se imaginó a su abuela rompiéndose la cadera. Corrió hacia el lugar dónde había oído el sonido y se encontró a su perro mordiendo la pata de una silla que, por el movimiento, había acabado cayendo por su propio peso. Observó la escena y no pudo reprimir un suspiro de alivio. Al fin y al cabo, era sólo una silla, no su marido, su abuela o su hijo de dos años.

De desesperanza
Escuchar las noticias era desalentador. Llevaba tres semanas esperando por el resultado de esa entrevista. Estaba convencido de que todo le había salido bien, que en recursos humanos se darían cuenta de su valía y de sus ganas de aprender cada día una cosa nueva. Confiaba en sus propios talentos, en su instinto y por eso había estado seguro de que todo saldría a pedir de boca. Sin embargo, la señora de recursos humanos le llamó para decirle muy educadamente que no lo habían elegido. Al colgar el teléfono suspiró y se quejó de su mala suerte. Llevaba demasiado tiempo esforzándose para no obtener resultados.
Y de rabia
Dos semanas después su mejor amigo, quién le había conseguido la entrevista lo llamó y le dijo que la razón por la que no lo habían cogido era porque el hijo de la directora de recursos humanos optaba a la misma plaza y el suspiró, pero esta vez el motivo era completamente diferente al anterior.

De exasperación
Llamó por sexta vez a su hijo, tenía prisa y ese día él se empeñó en hablar con todos y cada uno de los amigos del cole que se cruzaron en su camino. Estaba feliz porque le habían dado las notas y eran excelentes, así que se paraba a hablar con todo el mundo y a lucir orgulloso sus galones de sobresaliente. Ella llevaba esperando por él más de quince minutos y sabía, no tenía la menor duda, de que le tocaría esperar al menos quince minutos más. Exasperada, suspiró y decidió acercarse a una de las madres para hablar. Le quedaban al menos quince minutos hasta que Brais terminara así que, ¿por qué no cotillear mientras tanto?

De pena
Sabía que, tarde o temprano, llegaría ese momento, pero aún así no le facilitaba la situación. Se encontraba en el aeropuerto de camino a su nuevo país. Llevaba mucho tiempo buscando trabajo en su país, sin éxito, así que había tenido que coger sus maletas y partir a otro lugar en busca de un futuro mejor. Se subió en el avión y, cuando este despegó, suspiró. Echaría de menos a su familia, a sus amigos y el lugar dónde había nacido.

FIN

Y esto es todo por hoy en "Tejedora", ¿habéis usado hoy el lenguaje universal del suspiro?



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La sonrisa de un extraño y la hoja en blanco. Era una mañana tormentosa, el cielo estaba encapotado y las nubes amenazaban con descargar c...