martes, 1 de diciembre de 2015

Hoy en “Tejedora e Hilandera de Sueños” he decidido escribir un minirrelato sobre el primer amor.¿Quién no recuerda con cariño esa primera persona de la que nos enamoramos?
Pasan los años y, en nuestra mente, ese primer amor sigue tan fresco como el día que nos “enamoramos” de él. Solemos rememorarlo con cariño, una parte de nosotros seguro que sigue pensando que era la persona perfecta; no tiene ni un defecto ante nuestros ojos. Tengo la teoría de que muchas veces ese primer amor se convierte en un amor platónico del que sólo tenemos buenas palabras. Mi primer amor era, y sigue siendo, amable, cariñoso, se preocupa por los demás y, cada vez que lo veo, mi corazón bota con nostalgia. Por esa razón me gustaría dedicarle este post, sé que no es la persona de la que estuve más enamorada, pero le sigo teniendo un profundo afecto y para mí es y seguirá siendo un príncipe azul.

El Primer Amor
La primera vez que Laura vio a Joaquín tenía cinco años. Se conocieron en la guardería, cuando el mundo les parecía un universo nuevo que explorar. Se hicieron amigos al instante, como si lo más natural del mundo fuera caerse bien desde el primer momento. Los dos pronto se ganaron el apelativo de “novios” cuando ninguno de los dos acertaba a poner el significado concreto de esa palabra. Así pues fueron los “novios” oficiales de la clase de los primeros años de educación infantil.
Por lógica la amistad entre los dos niños llevó a los padres a una relación de conocidos, que evolucionó a una relación de amigos íntimos tras un año de “quedadas” en el parque, tomar café los fines de semana etc.
Si Laura enfermaba llamaba Lucía a Olga, la madre de Joaquín, para preguntar qué habían hecho en el cole.
Si Joaquín era el que enfermaba llamaba Olga a Lucía para preguntar por las tareas.
Con el tiempo Héctor y Manuel se convirtieron en colegas de fútbol y sufrían por el otro cuando su equipo perdía porque no eran seguidores del mismo equipo.
A los padres pronto les dijeron los niños que eran “novios”, evidentemente, a ellos les hacía gracia esa afirmación a tan temprana edad y tomaban el pelo a sus hijos preguntándoles por su “novio” y “novia”.
El primer día de Educación Primaria, Joaquín y Laura entraron en clase con las manos entrelazadas. Ambos tenían miedo por ir a un cole diferente a su guardería y les asustaba conocer a gente diferente de sus primeros amigos. Así que, pronto, sin quererlo, ni beberlo, se convirtieron, otra vez, en los “novios oficiales” de la clase. Ellos seguían sin pensar en lo que en realidad era ser novios. Para ambos estar juntos era tan natural como respirar. Pronto llegaron los nuevos amigos, las nuevas aventuras y se olvidaron del temor inicial al entrar en un lugar nuevo, mucho más grande y con “profes” nuevos a los que conocer.
Sus padres escucharon a sus hijos que eran “novios” en el nuevo cole y siguieron con las susodichas bromas a las que sus hijos ya estaban acostumbrados.
Su amistad se afianzó día a día, pero al llegar el último año de Educación Primaria las cosas empezaron a cambiar entre ellos.
Laura sentía mariposas en el estómago cuando Joaquín le daba la mano y Belén, que se había convertido en una de sus nuevas amigas, empezó a molestarle porque pasaba mucho tiempo con Joaquín. Laura, preocupada, dijo a su hermano mayor Rodri lo que le ocurría y, de pronto, Rodri se ponía muy protector cada vez que Joaquín iba a hacer los deberes a su casa; nunca lo dejaba a solas con su “hermanita”.
Joaquín notaba hormiguitas en el estómago cuando Laura le sonreía y, de pronto, Julián le empezó a caer mal porque miraba mucho a Laura. Joaquín, inquieto, preguntó a su prima mayor Marga porque le pasaban esas cosas raras y Marga enlazó sus manos y empezó a decir incoherencias sobre besos, novios, citas... El pobre Joaquín acabó más confundido de lo que ya estaba.
El primer día de secundaria, Laura y Joaquín entraron en el Instituto cogidos de la mano. Ambos estaban nerviosos porque empezaban una nueva vida en un colegio mucho mayor que el de primaria y en el que había muchos más “chavales” que en el anterior.
Y, sí, se convirtieron en los “novios” oficiales del primer año de secundaria. Pero Joaquín y Laura ya no tenían seis años, con doce se sentían muy adultos y habían aprendido el verdadero significado de la palabra novios y, puesto que habían pasado toda su vida juntos, decidieron ser oficialmente “novios”. Al fin y al cabo se conocían desde la guardaría, habían ido juntos al colegio de primaria y empezaban su nueva aventura como “adolescentes”.
El primer trimestre pasó rápido. Muchos deberes, muchos profesores, muchos amigos nuevos y un Rodrigo cada vez más desconfiado. Ni un minuto estaban ellos sin la supervisión de Rodri y no habían tenido tiempo de experimentar eso que todos llamaban “primer beso”.
Fue la noche de Navidad, cuando todos estaban comiendo en casa de Joaquín que tuvieron la ocasión de estar a solas.
Rodrigo estaba ocupado jugando con su nueva consola.
Las madres estaban en la cocina preparando la comida.
Y los padres habían ido a por el postre.
Joaquín y Laura jugaban con sus consolas, pero en un instante sus ojos se cruzaron y, sabiéndose solos, decidieron experimentar el consabido primer beso.
No fue como imaginaban.
Fue incómodo, extraño y realmente tonto. Sin embargo ninguno de los dos dijo nada. Disfrutaron del instante de estar solos y, de forma involuntaria, sus manos se unieron una vez más. Al fin y al cabo, la mayoría de su vida había transcurrido con esas dos manos entrelazadas.
Quizás ese tímido primer amor duraría para siempre o, tal vez, se acabaría al día siguiente, pero sin duda Joaquín y Laura lo recordarían siempre con una sonrisa y sus dos manos enlazadas.

FIN


Y ya cierro el Tejedora de hoy. Hasta el próximo!! :)

sábado, 28 de noviembre de 2015

El demonio dentro de uno mismo

Tras meses y meses sin actualizar, debido a circunstancias personales que me tuvieron un poco triste y por fin, he decidido actualizar el blog. Espero a partir de hoy seguir poniendo contenidos cada semana como solía hacer. Como siempre hoy hago una reflexión sobre "el demonio", pero no voy a hablar del de los cuernos que nos describen en la religión católica, sino de los que residen en nuestro interior.
Cuando la gente habla de demonios tendemos a imaginarnos a los típicos demonios de los que nos han hablado de pequeños: rojos, con cuernos y con cara de monstruos.
La realidad es que, los verdaderos demonios, son aquellos que no se ven. Son invisibles a nuestros ojos, infecciosos y perniciosos. Son los demonios que se ocultan dentro de nosotros y de nuestros seres queridos. Son los que te hacen daño desde dentro y te imposibilitan ir hacia adelante.
 A los demonios de mentira se los puede derrotar y a los de verdad, a veces. Yo, en mi interior, tengo un montón no visibles a simple vista, una colección en realidad. Lo que ocurre es que los tengo siempre bajo control, atados para que no hieran a los demás y no les hagan daño. Nunca he comprendido por qué la gente engaña a los demás o  los traicionan. Quizás debería haber nacido en otra época porque, a pesar de lo que veo cada día, todavía creo en la bondad del ser humano y tiendo a ver siempre lo mejor de los demás. Voy a ser sincera yo he visto al demonio; todos lo habéis visto,  y entiendo a qué se referían los antiguos cuando hablaban de su existencia.


   El demonio es un ser querido perdiendo la cabeza, eres tú mismo cuando te miras al espejo por la mañana y no te gustas, es esa persona que no te cae bien por alguna razón desconocida, cada día que pasas delante de un necesitado y lo ignoras, el político corrupto que dice que él no ha robado, el estudiante que acosa a un compañero, el terrorista que mata por un ente Superior e ignora que el diablo escondido no es otro que él mismo.
     La lista, si nos paramos a pensarla, es casi infinita y, lo peor de todo, es que cada día se hace más grande.
     Confieso que me educaron en la religión católica y, de pequeña, siempre creía que el demonio no existía porque si Dios era tan bueno no permitiría su existencia. Ahora, bastante más mayor, no sé si existe o no un ser superior, pero lo que sé con toda certeza es que el demonio sí.
Está en nosotros mismos luchar contra él o no.

Os daré un consejo antes de dejar esta reflexión de hoy, nunca os fiéis al cien por cien de los demás, algunos son mentirosos, manipuladores que sólo se preocupan de su propio bien porque tienen su propio demonio interior. Yo he confiado en personas que me han traicionado; no les tengo bronca. Reconozco que he pasado una mala temporada preguntándome por qué, pero ya he dejado de hacerlo. Comprendo que cada cual actúa según sus propios principios e ideales y por eso respeto a los demás, no sé si los demás me respetarán a mí, pero yo no voy a cambiar. Me gusta ser como soy, a pesar de que me acabo llevando decepciones. Por suerte tengo gente fantástica a mi lado, amigos estupendos que están siempre, familiares en los que puedo confiar y sigo creyendo en que entre las personas hay más gente buena, que mala. Me llevaré decepciones, pero al menos soy fiel a mí misma.

lunes, 27 de abril de 2015

Esta semana me gustaría hablar en este blog de los reencuentros con aquellos amigos que hace tiempo que no ves. Siempre nos cuesta mucho volver a entrar en contacto con ellos, a veces los años parecen eternos y ser el primero en acercarse a ellos puede dar un poquito de miedo si eres tan tímida como yo. Sin embargo la vida suele ser curiosa en este sentido y puedes llevarte sorpresa agradables.
Eso me pasó a mí la semana pasada.
Tras casi diez años, el viernes me encontré con mi antiguo grupo de teatro de la Universidad. Para ser honesta ya me había reencontrado con un miembro, Elena, y ella me animó para acercarme a ver a los demás, quienes siguen estrenado obras todos los años.
No os mentiré; al principio busqué excusas para no ir, me daba mucho apuro aparecer después de tanto tiempo, pero finalmente acabé yendo y fue como volver a casa, así de sencillo y maravilloso. Lo cierto es que añoraba muchísimo el teatro, a mis amigos, los ensayos, los estrenos e incluso los nervios antes de entrar en escena.
No tengo palabras para expresar la emoción que sentí al verlos después de tanto tiempo, ni tampoco para explicar cómo de repente el tiempo no había pasado y volvíamos a ser los de siempre, con unos cuantas nuevas incorporaciones, pero todo seguía igual.
Verlos ensayar removió en mí muchos sentimientos, emociones que casi había olvidado, recordé con ternura nuestras obras, nuestros estrenos, los nervios, las anécdotas y las bromas del grupo.
Fue tan fácil como respirar, por ellos va esta reflexión semanal y, hacedme caso, no temáis a los reencuentros tras mucho tiempo, pueden ser increíbles.

REENCUENTRO
Llegó  a la hora indicada que decía la invitación a su antiguo instituto. Sentía el corazón en el pecho latiendo apresuradamente, los nervios la traicionaba porque llevaba mucho tiempo sin ver a sus antiguos amigos y se preguntaba qué habría sido de ellos cuando sus caminos se separaron.
Al principio había dudado si ir o no, le daba apuro reencontrarse después de que la vida les hubiera puesto a todos a prueba, de que cada uno encontrara su camino y lo siguiera. Entró en el amplio salón de actos y se encontró las caras que tanto quería ver. Con pasos indecisos se aproximó al grupo, sintiendo como si el tiempo no hubiera pasado.
 Todos estaban igual, las mismas sonrisas, las mismas miradas. Al acercarse sus ojos se cruzaron con una de sus amigas, la cara de sorpresa dibujada en su rostro demostró que no era la única sorprendida por el encuentro. La sonrisa pronto acudió a sus labios, llegó el momento e los abrazos, de los guiños, de los besos, de los chistes nuevos y viejos. Uno a uno todos su antiguos amigos la recibieron como si el tiempo o la distancia no los hubiera separado tanto.
 La vida había modificado a todos ellos, algunos habían encontrado un nuevo destino en su vida, una nueva profesión, un nuevo lugar, una nueva pareja, hijos...
Las viejas bromas sonaban a nuevas, las anécdotas eran mucho más divertidas que cuando las habían vivido y el sentimiento de pertenencia la conmovió. Fue como si nunca se hubieran separado, como si se hubieran visto por última vez el día anterior.
Entonces comprendió que los amigos verdaderos duran eternamente, aunque no se cruzaran sus caminos a menudo y cada uno hubiera seguido su destino. Se sorprendió con las nuevas incorporaciones al grupo, amigos nuevos, parejas... Incluso con ellos, completos desconocidos unos minutos antes, todo parecía sencillo.
Y, por un instante, añoró todos esos años que no se habían visto, todas esas nuevas amistades que se habían unido al grupo, todos esos instantes que ella se había perdido, esas bromas de las que no formaba parte, pero también entendió que, a pesar de ello, no era una extraña.
Y se sintió agradecida porque la vida había colocado en su camino un grupo de personas maravillosas con las que sentirse como en casa. Después de tanto tiempo sintiéndose extraña en su propia piel pareció volver a encontrase con una parte suya que creía desaparecida, perdida en algún rincón de su memoria y sin esperanza de volver a ver la luz.
Empezaron a crear nuevas bromas, nuevos chistes y sonrió al comprender que, a pesar de todo, siempre habría un lugar para ella en ese maravilloso grupo.

FIN
Gracias por recibirme tan bien, amigos mío y por ser tan maravillosos como recordaba



martes, 21 de abril de 2015

Reflexión sobre el silencio

Hace algún tiempo me leí "La música del silencio" de Patrick Rothfuss, autor de la trilogía "El asesino de Reyes" y de quien hablé hace un par de semanas a propósito de un breve relato que escribí inspirándome en su trabajo. El libro es curioso, habrá muchas personas que lo odien y muchas que lo adoren, no hay término medio por su peculiaridad.
Entonces se me ocurrió que, a veces, el silencio dice más que mil palabras. Hay silencios que son de dolor, hay silencios que evocan emociones, hay silencios que invocan soledad...
El silencio es, en sí mismo, toda una declaración de intenciones.
Por eso mi reflexión literaria de hoy es precisamente sobre eso, el silencio.

EL SILENCIO
El ruido del exterior la pilló desprevenida. Llevaba mucho tiempo encerrada en un hogar silencioso y el sonido externo la mareó ligeramente. Nunca había sido mujer de muchas palabras, siempre había preferido escuchar atenta lo que decían los demás y guardar en su interior sus opiniones. No porque no quisiera compartirlas, sino porque su silencio era una suerte de conformidad, si no pensaba igual lo decía abiertamente.
 El sonido de los coches, las charlas de las personas, las risas de los niños la hicieron retroceder y volver a la inmensa casa que había sus espaldas. Abrió la puerta, la empujó y se coló en el interior del que, tanto tiempo atrás, había sido su hogar.
La casa de su abuela la acogió con los brazos abiertos. Caminó por ella en silencio. El ligero crujir de la madera bajo sus pies la trasladó al pasado. A las risas de sus primos corriendo por las escaleras, a la televisión muda de su casa mientras veía a Buster Keaton golpearse, a las risas descontroladas que se le escapaban mientas disfrutaba de Chaplin, a las bromas de su padre...
 El silencio la envolvía, sólo sus pasos irrumpían en la calma, pero esos pasos formaban parte del silencio consentido.
 La soledad le arrojó un guante, se estremeció en su ligero vestido de verano, se arrebujó sobre sí misma, se frotó los brazos y siguió caminando por el principal escenario de su infancia.
 Subió las escaleras agarrándose a la barandilla, su alianza rozaba la textura y se oía un ligero "clicclac", pero también éste formaba parte de su vida.
Al llegar a la primera planta el "clicclac" cesó, dando lugar al goteo del viejo grifo del cuarto de baño "chup", incluso ese ruido encajaba con el lugar.
 Una sonrisa afloró a sus labios, un recuerdo de ella misma treinta años atrás frente a ese mismo espejo, alisando el largo cabello con su abuela detrás, sonriéndole como si fuera el ser más hermoso de la tierra. La sonrisa amable, las ligeras arrugas que no mostraban los ochenta años que tenía y esa certeza de que nunca iba a quererla más que en ese momento.
 Notó como las lágrimas afloraban a su rostro, la echaba terriblemente de menos. También ese llanto era callado, como todas las cosas hermosas, el silencio formaba parte intrínseca de la vida.
A veces nos perdemos en el ruido de la vida, nos dejamos seducir por su arrullo y no os damos cuenta de que el silencio es un bien necesario. A veces para recordar, a veces para reír, a veces para llorar, a veces para reflexionar...
El silencio tiene  mil caras y ella lo había comprendido mucho tiempo atrás.
Echó un vistazo a la planta superior, recorrió la inferior y salió al exterior.
Esta vez el sonido no la cogió desprevenida, estaba preparada para él y sabía que, la próxima vez que necesitara una cura de silencio sólo debería regresar a la casa de su abuela.
Lanzó un beso a la puerta y pronto, también ella, formaba parte del ruido del mundo.
Cogió su móvil, marcó un número y siguió su camino.
FIN

Cuando empiezo estas reflexiones literarias nunca sé a dónde me van a llevar, ni cómo. Yo escribo por instinto, no tengo nada en mente cuando empiezo a trazar las primeras fases, cuando las letras empiezan a formar su propia melodía y el resultado, por lo general, me sorprende.
Empecé esta historia pensando en las virtudes del silencio y, al final, me vi inmersa en los recuerdos de la casa de mi abuela y la recordé. Pretendía que fuera una historia diferente, pero la nostalgia me atrapó.
Supongo que, también existen esos silencios de nostalgia y, por qué negarlo, quizás son los más hermosos de todos los silencios.
Hasta el próximo Tejedoraehilandera.
No os olvidéis de disfrutar, de vez en cuando, del silencio. :)



lunes, 6 de abril de 2015

El principio de una novela

Hace mucho que no actualizo este blog, pero bueno, ahora me voy a poner las pilas y publicar un pequeño trozo del principio de lo que podría ser una novela, estoy barajando cómo continuarla, espero que os guste. La historia tiene un nombre por ahora "Hechizos, pociones y un poco de magia", pero no sé si se quedará así o se lo cambiaré.

Hechizos, pociones y un poco de magia

              Cuando por primera vez tuve tiempo en mi estresante vida decidí visitar a la abuela de Víctor. Víctor era mi mejor amigo desde tiempo inmemoriales, nos conocimos cuando aún nos cambiaban los pañales y desde entonces habíamos sido como uña y carne y yo, en el fondo de mi alma, estaba muy enamorada de él.  
La primera vez que pisé la casa de su abuela yo tenía veinticinco años, el corazón roto porque mi último novio me había dejado por una extranjera y muy pocas ganas de comunicarme con la gente.
              Víctor me vio tan alicaída que me invitó a casa de su abuela y yo, que no tenía ganas de discutir con nadie, accedí.  A eso también le habría que añadir que mi mejor amigo me había picado diciéndome que la casa de su abuela estaba encantada y que todavía se podían ver Elfos, hadas, brujas y trasgos en su armario.  Esas fueron las palabras que terminaron por hacerme reaccionar, yo era licenciada en física y psicología, pero me creía todos los cuentos infantiles a pies juntillas.
              Así que un catorce de mayo me planté en el viejo caserón que estaba a veinte kilómetros de distancia de cualquier lugar. Cuando llegué a la puerta supe, con toda certeza, que algo iba a cambiar dentro de mí y también que estaba preparada para ello. Llamé al timbre y la abuela Luisa me vino a abrir.             
              La abuela de Víctor era una mujer dulce, mayor y que desprende un halo que hechiza a todo aquel que la mira. Nada más verla sentí que la paz y la serenidad se agarraban a mi alma y todo el estrés que llevaba acumulado desde hacía años se me pasó en un instante. La abuela Luisa me besó en la frente nada más recibirme y acarició mi pecho por la zona del corazón.
              - El amor duele, querida. A veces se aferra tan fuerte dentro del alma de una persona que no abandona nunca el lugar donde todo empezó. Bienvenida, mi nombre es Luisa y por lo que me han contado tú eres la mujer más importante en la vida de mi nieto en este momento. El pobre aún no se ha recuperado de su última ruptura y veo que tu corazón también tiene un rasguño.
Pero, por favor, pasa.  Sé bienvenida a mi hogar.
              - Muchas gracias, señora Vila...
              - Llámame abuela Luisa, todo el mundo lo hace. Ahora subiremos al cuarto de Víctor  y te quedarás allí.
              Es el más confortable de la casa y tiene una vista al mar que engancha. – Seguí a la abuela por el inmenso pasillo y subimos una enorme escalera de caracol hasta llegar a una puerta redonda. Entré en el cuarto y supe que allí había vivido Víctor los mejores y peores momentos de su infancia.
              Al entrar su habitación sentí que mi alma se conectaba con la suya y me imaginé que estaba con él, volando en un avión camino al Paraíso.  Víctor era piloto y quizás eso hacía que me atrajera más. Tenía un cuerpo de constitución atlética, unos enormes ojos negros adornaban su hermoso rostro dorado y los rizos castaños rebeldes caían sobre su frente. Era como un Adonis y todas las mujeres lo amaban.
              La abuela Luisa me enseñó un pequeño baño que había dentro de la habitación, un enorme arcón donde podía meter mis cosas y un armario antiguo, que por los cálculos que yo hice, debía ser del S.XVII, más o menos.
              Luisa insistió para que dejara las cosas de cualquier manera en el dormitorio y bajara con ella al salón,  yo la seguí sin dudar y pensé que si me iba a quedar allí un mes podía permitirme el lujo de arreglar las cosas más tarde.
              Entré en el enorme salón de la casa y me sentí transportada a una época de esplendor que yo no había conocido. Era la habitación más grande que yo había visto en mi vida y todo en ella creaba una atmósfera confortable. Daba la sensación de que ese lugar nunca se iría de allí. Y yo, por primera vez en mi vida, sentí que tenía raíces. Soñaba con quedarme ahí para siempre, compartir mi vida con la casa, con Víctor, con la abuela Luisa y con nuestros hijos.
              Sentí muchas cosas y mi alma se agitó de felicidad. Una vibración rodeó mi cuerpo. Yo no lo supe en ese momento, pero era la Baronesa Martina, la primera mujer de la familia de Víctor, transformada en un fantasma y atrapada en esa casa porque ese fue el lugar donde se inició su historia de amor.
La abuela de Víctor me dejó sola en el salón y se fue hacia la cocina.
              Yo cerré mis ojos y escuché el sonido del mar que llegaba ahogado a mis oídos, percibí el olor del bosque rodeando la casa y sentí que todos mis sentidos se despertaban como de un largo letargo. Pude percibir la textura de las cosas con mis dedos y en mi boca el dulce sabor de una tarta de moras y chocolate.   Me quedé dormida sin darme cuenta y dejé de ser Bárbara, me convertí en la Baronesa Martina con dieciséis años.
              Y estas son las cosas que llegaron a mí sin yo pedirlo.

FIN

El principio es algo flojucho, estoy trabajando en mejorarlo y dotarlo de más vida. Esta historia estaba en mi cajón de los relatos y he decidido darle una oportunidad. Ahora mismo estoy inmersa en el segundo libro de Ariel, mi primera novela publicada por la editorial Hades y que va por su segunda edición, y trabajando en mi primera novela negra "El cazador y su aprendiz", pero de vez en cuando tengo que escribir otras cosas para desconectar de lo que estoy haciendo y tomarlo después con más ganas.
En cualquier caso, no es una de las historias que más orgullosa me siento y por eso estaba en el cajón de los relatos por concluir, pero bueno, quizás logre sacar algo bonito de este principio.

miércoles, 18 de marzo de 2015

La Hija del Viento

  Últimamente me he dado cuenta, bueno ya lo sabía de antes pero a veces me olvido, de que la vida siempre nos acaba poniendo en lugares en los que no querríamos estar y estamos en continúa lucha por ir superando las pruebas que nos pone en nuestro camino. Dicen que la vida es un aprendizaje y estoy completamente de acuerdo, pero el aprendizaje ya podía ser más sencillo.
En cualquier caso, mi breve historia de hoy no va a hablar de lo dura que es la vida, ni de las múltiples pruebas y etapas que vamos superando. 
No.
 Hoy quiero hablaros de un personaje que se me ocurrió leyendo "El nombre del Viento" y "El temor de un hombre sabio", los libros de la trilogía de "Asesino de Reyes" del escritor estadounidense Patrick Rothfuss al que admiro profundamente. 
Este es mi homenaje para Rothfuss y Kvothe.

LA HIJA DEL VIENTO
  El murmullo despertó a una joven que dormía en lo alto de un acantilado. Tenía el pelo oscuro, los ojos de color aguamarina y una belleza capaz de alterar a los trovadores de todos los tiempos. Sobre ella figuraban leyendas en todos los rincones conocidos de esa parte del mundo. Hablaban de la Hija del Viento como si fuera una heroína sacada de las mejores historias de antaño. 
  En realidad ella no se creía tan especial ni tan hermosa como los demás decían. 
    Había nacido en una pequeña ciudad al norte, en el seno de una familia pobre que se amaba profundamente, pero sin dinero para subsistir. Dependían de los escasos cultivos que tenían que arañar a la tierra y del agua que cogían del río. A pesar de ello nunca se sentía sola; solía salir de su casa descalza, correr por los campos  y escuchar el Viento. 
   Le gustaba bailar con su melodía porque para ella el Viento en realidad casi siempre estaba cantando, llevando voces de otros lugares hasta ese rincón de la tierra. A veces eran picarescas canciones de trovadores, en ocasiones las hermosas melodías de los actores que recorrían los pueblos para hacer reír a los niños, aunque otras veces lo que reinaba era un gran silencio; como si el Viento se sintiera solo y se refugiara en la parte más alejada de sí mismo.
  Para ella el Viento siempre había sido un amigo, alguien con quien deleitarse, con quien poder olvidarse por un instante de la soledad que arañaba su corazón en algunas ocasiones.
   Y, entonces, nació su hermano; era  frágil y tenían que doblar sus esfuerzos para cuidarlo. A ella no le importaba porque adoraba a su hermanito; era bonito, era gracioso y tenía unos mofletes muy gordotes que ella solía apretar con cariño. Pero desgraciadamente ese año la cosecha fue muy pequeña y su familia no tenía dinero para alimentar cuatro bocas. 
  Una mañana escuchó a hurtadillas una conversación de sus padres diciendo que darían en adopción al pequeño y se quedarían con Loira porque no podían mantenerlos a los dos. En principio se alegró, pero después pensó en su pequeño hermanito, tan frágil y hermoso, ella no quería que lo criaran unos desconocidos, así que cogió las pocas pertenencias que podía tener y corrió hacia el bosque donde el Viento solía cantar.
   Al llegar escuchó la canción de un niño tremendamente triste y se conmovió. De algún modo la melodía tocó su corazón y se dejó envolver por el viento para llegar hasta quien cantaba esa melodía. Lo observó en silencio, era pelirrojo y estaba solo.
Poco después descubrió, con cierta sorpresa,que había viajado en brazos del Viento.
  Miró a su alrededor y en su corazón descubrió el nombre del Viento, escuchó su voz y comprendió que había decidido adoptarla. El Viento siempre la había observado, había escuchado los latidos de su corazón y se había sentido acompañado por ella. Cuando vio lo que tenía que hacer para salvar a su familia decidió acogerla en sus brazos, mostrarle el mundo a través de sus ojos y enseñarle a vivir día a día.
  Aprendió a alimentarse de frutas, aprendió a leer, a escribir, a leer poemas, a cazar, a cantar, a tocar la lira, a viajar en los amorosos brazos del Viento y, con el tiempo, dejó de ser la pequeña Loira Pentos y se convirtió en Lúa, la hija del Viento.
  Por eso vivía en un acantilado, desde allí era fácil ver lo grande y hermoso que era el mundo y podía observar a su familia.
  Había ido a visitarlos muchas veces, les llevaba comida y ropa, les enseñaba las cosas que estaba descubriendo y les contaba que ella era la hija del Viento. A su madre le hacía gracia esa afirmación, pues  era muy consciente de haberla llevado nueve meses en su interior, la seguía amando con la furia de una mamá a su retoño y le decía que sí, que podía ser la hija del Viento, pero también era suya, su pequeña Loira Pentos.
   Y, en el fondo, ella se sentía así.
   Por un lado, Loira Pentos.
   Por el otro Lúa.
   Escuchaba las leyendas sobre ella misma en los diferentes pueblos, en los lugares que visitaba y se preguntaba si, en alguna ocasión, su nombre suscitaría tanto respeto como el de Kvothe, ese niño al que conoció tanto tiempo atrás y que ocupaba buena parte de sus pensamientos.
   Susurró el nombre de su padre y, una vez más, se dejó llevar por él.


    Lo sé, no se parece en nada al estilo de Patrick Rothfuss, pero quería citar a Kvothe en alguna de mis historias porque admiro profundamente este enorme personaje de Rothfuss. Si pudiera meterme en alguna historia como en la trilogía de "Mundo de tinta" de Cornelia Funke, el universo Tolkien sería el primero que visitaría y, después, el de Rothfuss.





miércoles, 4 de marzo de 2015

La luna

Hoy ya no voy a continuar con la publicación de "Ángela", he decidido empezar a hacer otros relatos breves y reflexiones. Hoy mi pequeño cuento va de la luna.

LA LUNA
  Perseguir a la luna. 
  Sí, eso he hecho los últimos años. Perseguirla de ciudad en ciudad, confiando en que, tal vez, algún día posaría sus pálidas piernas a mi lado y me contaría las fantásticas historias que se ocultan tras el velo nocturno. Pero es arisca y siempre rehuye mi mirada.
Un día tejí una hermosa red de plata para atraparla, pero ella, astuta, tejió una de oro para atrapar a mi pequeña red de plata.
Otro día llamé a los mejores juglares de todos los cuentos, pero ella los hechizó con su blanco velo.
¡Insensato de mí!
Creer que podría atraerla a mi lado para que me narrara los oscuros secretos de la noche y para que, con su voz de plata, de las hadas nocturnas que revoloteaban a su vera.
La perseguí durante año, un día la alcancé y, ese mismo día, ella me llevó a su reino.
Allí me habló de duendes y de elfos, de hadas y de unicornios. De las pícaras estrellas que se bañaban al anochecer en un bosque oculto y secreto a los seres humanos.
Y también me habló, ¡ay de mí!, de lo efímero de nuestros sueños.
Tejió lazos de plata alrededor de mí, me habló de todos  aquellos misterios que mi alma inquieta quería conocer y así, tras años a su lado, regresé a la tierra.
Más sabio y más viejo.
La luna es una pícara traviesa, te engaña para que la ames y le hagas compañía. Te muestra secretos que nadie conoce y te devuelve al lugar del que procedes, dejando tu alma al triste vacío de su ausencia.
Mas, así es ella, caprichosa, desdeñosa, llena de misterios y hermosa.
¡Ay de ti!, guárdate de la luna porque si te atrapa en sus sueños jamás vuelves a conocer la dicha.
Y, a pesar de eso, mi alma la sigue buscando. Persigue cada noche su estela esperando al día en que nuevamente me reúna con ella.
Tal es mi destino, vivir, aprender,perseguirla y regresar a ella, siempre a ella.


Y esta era mi pequeña historia sobre la luna, la verdad es que ayer me pasé media noche contemplándola en su cielo y me dieron ganas de dedicarle un espacio en mi "Tejedora"
Nos vemos la semana que viene :)


miércoles, 25 de febrero de 2015

Ángela

Continúo con la publicación de "Ángela". En breves es probable que decida empezar a escribir otra historia, pero si queréis saber cómo termina el libro lo tenéis de acceso gratuito en "Bubok", por lo pronto, continuamos con la historia de Niam.

- Sí.
- ¡Es mi novela favorita!- Exclamó Nadia.- Me encanta esa frase que dice Déjame recordarte siempre.
- Eso me dijo él hoy... - Niam se quedó pensativa.
- ¿Quién?
- Caleb, Caleb Sánchez.
- Lo conocías de antes, debí suponerlo al ver la cara que pusiste cuándo te dije que era tu primer entrevistado…
-  ¿Puedo contarte un secreto, Nadia?
- Por supuesto.
- Recuerdos es autobiográfica. La empecé a escribir a los 18 años y narra mi relación con Caleb.
- ¿Con ese hombretón tan atractivo?
- Sí.
No puedo imaginarme cuánto lo voy a echar de menos... aquí estoy tan lejos de nuestras tertulias, de nuestras maravillosas tardes juntos, en compañía uno del otro.
- Dile que se quede.
- No puedo.
- ¿Lo vas a dejar escapar después de lo que te ha dicho?
- Me esperó durante doce años y ahora se va a casar, no sería justo entrometerme.
- ¿Casar? ¿Tú estás tonta?
¡Impide esa boda!
Un hombre como Caleb Sánchez no se encuentra por ahí.
- Lo sé,  Cal es mi verdadero amor, mi amor eterno.
- Con más motivo.
- No. 
Yo ya no creo en el amor y tengo el corazón... – se tocó el pecho.- roto.
- ¿No crees en el amor?
Tú escribes historias sobre el amor eterno.
- Sí, hasta que conocí a mi marido, estuve con él durante cuatro años de infeliz matrimonio, salvo el finde semana en que la hicimos a ella.- Se acarició el abdomen.- Mi pequeña Ángela.
Caleb... es como un niño en el amor. Sólo ha estado con dos mujeres, la primera a los veinticuatro años y era yo, la segunda, Rocío.
- ¡Tonta!
Si estás segura de que es él… haz algo…
- Ya es tarde para nosotros.
- Nunca es tarde si la dicha es buena.
- Te aseguro que sí.
Bueno vamos a trabajar o ese gruñón de Sergio me va a despedir.
-          De acuerdo.
¿Te apetece tomar un café conmigo después?
Creo que seremos buenas amigas.
- Me encantará y estoy segura de que seremos grandes amigas.- Niam le sonrió a la  Nadia.
Al cabo de un largo rato de silencio en el despacho la puerta se abrió y apareció Jorge.
En sus labios se dibujó una preciosa sonrisa y Niam sintió cómo se ruborizaba. Seguramente iba a pedir explicaciones sobre su encuentro con el novelista  Caleb Sánchez,  pensó que la iba a despedir. Al cabo del tiempo sintió que  temblaba como un junco y no conseguía  centrarse en la noticia.
- Jorge... tenemos la entrevista más grande a Caleb Sánchez y ella conoce a las grandes personalidades del mundo de la literatura.
Tal vez hasta que esté de cinco meses podemos enviarla de vez en cuando a Madrid a que entreviste a alguno de sus múltiples amigos, sería una tontería despedirla…
- No te metas en esto, hermana.
- Pero...
- Sigue con lo que estás haciendo o me veré obligado a plantearme si hice bien contratándote para mi periódico.
- De acuerdo.- Nadia miró a Niam y sintió una gran angustia.
Se había reencontrado con su mejor amiga de infancia, recordaba cuando jugaban a las muñecas y se decían todos sus secretos.
Ella supo que Niam no la había asociado con su mejor amiga de la guardería, pero no le importó.
Quería recuperarla y lo haría.
 No le diría en ningún momento nada sobre su pasada amistad y tal vez con el tiempo recordase al fin sus días en compañía de Nadia.
Niam siguió a Jorge en silencio hasta su despacho, tenía la cabeza agachada y sentía  a la pequeña Ángela agitarse incómoda en su interior. Abrazó fuertemente al Seabhac y pensó si le daría también en esta ocasión el valor que ella necesitaba.
Como si el Seabhac hubiera oído su pregunta un calor suave volvió a rozar su cuello y sintió Niam que el Seabhac cumpliría a rajatabla la misión que le habían encomendado tantos siglos atrás.
Niam se sentó de nuevo en ese despacho que le resultaba ahora tan familiar.
Lo había observado durante un largo rato mientras su ocupante hablaba por teléfono con una persona. La mesa enorme, el ordenador, las fotos de la infancia del atractivo Jorge, la estantería llena de libros de consulta, una foto de la imagen de la graduación en periodismo. Una figura de jade rosa de una antigua diosa Maya que había comprado en unas vacaciones en México. Un precioso jarrón que siempre tenía rosas de color blanco, la foto de un niño de unos siete años que dedujo que sería su hijo, la foto de una familia feliz y numerosa.
 El olor a tabaco que se confundía con el olor de rosas blancas y la foto de una hermosa mujer, la esposa del director.
Niam se mantuvo en silencio hasta que fue el propio Jorge quien se dirigió a ella.
Tengo que hacerte una pregunta, si no te importa.
- Claro.
- ¿Por qué no me hablaste de la relación que mantenías con Caleb Sánchez?
- No me parecía importante, en realidad él es mi amigo desde los 18 años, pero nada más. Si hoy nos has visto tan cariñosos es porque no sabía que estaba embarazada, se lo oculté a él y a todos.
- ¿Por qué no se lo contaste a Caleb si sois tan amigos?
- Estaba huyendo de mi marido. – Niam se encogió de hombros.  – Todo lo que hice, lo hice porque si Ernesto se entera de Ángela querrá quitármela y no se lo pienso permitir, ella es lo que más amo en este mundo.
- Entiendo ese sentimiento. -Jorge le tendió una foto a Niam.- Este es mi hijo, se llama Luis, como mi padre.
- Es precioso, pero no se parece a ti.
Debe ser igual que su madre, ¿no?
- Sí, Lucía era muy hermosa, todos me envidiaron cuando me casé con ella.
Pero el destino no hace más que dar golpes inesperados y murió hace unos años...
- Lo siento... no sabía... que...
- No importa. Yo quería mucho a mi mujer y todavía la echo de menos por las mañanas al levantarme.
Ahora Luis tiene siete años y me pregunta siempre por su mamá y por qué su mamá murió tan joven, no lo entiende.
 Y yo sé que le hace mucha falta una madre, que yo no puedo hacerme cargo de él, no tanto como quisiera.
Sacrifique muchas cosas por este periódico, creo que entre ellas a mi mujer...
- Perdón... no quería hacerte recordarla... no podía saber que ella... que tú... – Niam puso sobre la gran mano de Jorge la suya pequeña.
Él observó a Niam y sintió una descarga de energía sobre su cuerpo.
Sintió que una energía llena de bondad le invadía y supo que era obra de ella, de su Seabhac.
Había oído muchas historias de pequeño sobre el poder curativo de esa pequeña pieza artesanal celta y por un momento él sintió en su interior la fuerza que tenía el Halcón hechizado, la lágrima del sol.
- Niam, ahora vete, por favor.
- Lo lamento mucho... no deseaba hacerte sufrir, Jorge.
-  Tu presencia me estorba en este momento.

Niam abandonó el despacho de Jorge y sintió mucha lástima por él. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

Ángela

Sigo publicando "Ángela", veremos que nuevas sorpresas le esperan a Niam en su nueva aventura laboral y tras encontrarse con su amor verdadero.

Al cabo de un rato se abrió la puerta del bar.
            Y en él aparecieron Sergio y Jorge. Ambos se quedaron de piedra al ver a su más reciente adquisición en lo que parecía un plan de algo más que amigos con el novelista más famoso del momento.
Sergio se quedó parado. Esa última semana su obsesión había sido “La joven, bella y perfecta Niam... un momento. ¿Qué me está pasando?”. Se preguntó.
Niam no se percató de la presencia de Jorge y Sergio, pero Caleb sí los vio.
- Niam.- Le dijo.- Hay allí dos hombres que no te quitan el ojo de encima.
- ¿Dónde? - Ella se giró y  los vio.- ¡Oh, mierda!
- ¿Qué ocurre?
- Son mi director y el director de recursos humanos del periódico.
- Pues salúdalos.
- No lo soporto, no me digas que...
- Tarde, se están acercando.
- ¡Genial!
- Sigues siendo la misma, mi pequeña, acabas de poner esa mueca de fastidio tan típica de ti.
- Buenos días.- Sonrío Jorge.- ¿Qué haces todavía aquí?
- Ha sido culpa mía, es que Niam es mi debilidad.
- ¿En serio?- Cuestionó Sergio.
-Ya nos íbamos... - interrumpió ella.
- Creo que  me voy a llevar a la dulce Niam, tengo muchas cosas que hacer.- Caleb se llevó a su amiga y se despidió de los dos hombres que acababa de conocer.- Ha sido un placer.
Ya fuera se miraron durante largo rato.
- ¿Vendrás a  la presentación de mi libro? – Preguntó Caleb.
- ¿Cuándo?
- Mañana en esta misma ciudad que te vio nacer.
- Sí.
¿Te apetece cenar en mi casa hoy?
- ¿Con tus abuelos?
No creo que les guste mi presencia.
- Yo diría que sí, ya sabes que te preferían antes que a Ernesto.
- Sólo pensar en la sopa de tu abuela, hace que quiera aceptar.
¿A qué hora?
- A las diez y media estará bien.
- Fenomenal. Hemos llegado.
- Sí.
- Hasta la noche, cariño.- Cal besó a Niam en el cabello.
- Adiós, Cal.
            Niam entró en el despacho y se encontró a Nadia con su currículum.
- Ya tengo la entrevista.
- Tú eres la autora de Recuerdos, ¿verdad?

Perdona, me lo dijo Jorge…

miércoles, 11 de febrero de 2015

Ángela

Hoy sigo publicando "Ángela", esta historia me gusta por varios motivos, como ya os dije el otro día, me recuerda mucho a la persona que solía ser cuando la escribía y me gusta recordarla porque era ingenua y tenía un millón de sueños y tonterías en la cabeza. Los sueños siguen ahí, las tonterías algunas han desaparecido y otras se han quedado, supongo que por más que maduremos siempre hay cosas que nos gustaría cambiar y que, sin embargo, no podemos hacerlo porque forman parte de nuestra esencia misma. Otra cosa que me encanta de esta novela es el hecho de que el escenario donde se desarrolla es mi pueblo, Pantín. Pantín es un paraíso que se encuentra en la costa gallega, al norte de Ferrol. Es un lugar increíble con unas hermosas vistas al mar y rodeado de montes cargados de verde. Es un lugar maravilloso para ir de vacaciones. Parece sacado de un cuento de hadas o de un libro de Tolkien, muchas veces cuando era pequeña me preguntaba si en los montes colindantes a mi casa me encontraría alguna hada o elfo. La verdad, nunca los he visto, pero no pierdo la esperanza ;)

Ángela
Al cabo de un tiempo, Niam se separó de Caleb.
- ¿Qué estamos haciendo?
Te vas a casar, Cal.
- ¡Mierda!
Yo te amo a ti, y te amaré siempre.
¿No lo ves? Tú eres la perfecta.
Estás hecha para mí, lo has estado desde el momento de tu nacimiento.
 Me perteneces y te pertenezco, nuestras vidas están atadas con un vínculo inquebrantable, tú no has sido feliz en tu matrimonio porque sabías  que debías estar conmigo.
- Ya es tarde para nosotros... Te casarás con Rocío.
- No voy a ser feliz.
- Lo serás.- Niam acarició el rostro de Caleb.- Porque te lo mereces.
No puedo reaparecer en tu vida y romper una relación estable, con planes de matrimonio.
No merezco que me perdones, amor mío, no después de lo que yo te hice. Te alejé de mi vida y no me importó romperte el corazón.
Además, no creo que lo nuestro funcionara. Mi corazón ya está roto.- Apoyó la mano de Caleb sobre su pecho.- Y el tuyo... está muy inmaduro.- Apoyó su mano en el pecho de él.
- De acuerdo. – La miró.- Si se rompe después del matrimonio con Rocío,  pegaremos los pedazos de nuestros corazones y serán de nuevo uno...
- Serás feliz con ella, te dará lo que yo no puedo.
- Te seguiré amando. Déjame que te recuerde siempre, como tú me dices a mí en “Recuerdos”.
- Siempre, te lo prometo.- Despeinó su cabello negro y le dedicó una sonrisa tierna.
- Al cabo de un rato empezaron con la entrevista.
Caleb observó detenidamente a Niam, se percató de que había mejorado mucho en ese mes que había pasado en Galicia. Hablaba con soltura, con seguridad, su voz delataba su felicidad.
 La misma que le había enamorado trece años atrás.
Sonrió, hacía más de cuatro años que Caleb no había visto a Niam tan llena de vida y de esperanza, contempló su orgullosa barriga de mamá, y de pronto comenzó a amar a la niña. Caleb se dio cuenta de que el bebe la llenaba de ánimos y pensó, que al menos, Ernesto había hecho una cosa bien en todos esos años.
Le había devuelto a Niam las ganas de luchar por algo.
Sintió ganas de llorar,  lo sabía, Niam, era la perfecta.
Pero supo que nunca podría alcanzarla.
Niam volaba más alto de lo que él en sus treinta y seis años de vida, estaba por encima de la sociedad en que vivían,  por encima del resto del mundo.
Su imaginación volaba muy alto y alcanzaba cotas que el resto de la gente nunca llegaría a ver.
            Por eso la amaba tanto, quería llegar al universo de ella.
            A ese mundo en el que Niam era tan feliz.
             La envidiaba, ella no jugaba con la hipocresía, su ingenuidad hacía que no pudiera soportar el dolor, a veces se escandalizaba por tonterías, como si la niña Niam no quisiera separarse de la mujer.
Niam, sin embargo, se sentía desgraciada por su peculiar carácter. Tenía que fingir quien no era durante veinticuatro horas al día, durante trescientos sesenta y cinco días al año y eso la llenaba de soledad.
Quería ser normal, no una idealista desilusionada de sus ilusiones.
Después de una hora de contemplarse y hacer la entrevista, ésta se terminó. Pero Niam no quería que así sucediera, quería retenerlo con ella y decirle que tampoco a ella le importaba Rocío si podía estar con él, pero se contuvo.
- Sabes, Cal, con esta entrevista tan larga me vas a convertir en la periodista más popular.
Me has dado dos exclusivas, tú que casi nunca hablas de nada.
- Quiero que asciendas rápido, y más por el bebé que está de camino.- Acarició su barriga.- Hola pequeña.- Se dirigió a Ángela.- Vas a ser tan fuerte y hermosa como tu mamá.- Caleb permaneció con la mano en el abdomen durante un rato y al punto sintió lo que le pareció un movimiento. – Creo que la niña me ha saludado.- Le sonrió.
 ¿Vendrás a la boda?
- Claro. No me perdería ni por todo el oro del mundo verte a ti en chaqué.


 Y como os he hablado del pedazo de paraíso que es mi pueblo, os pongo una foto de la playa para que veáis que no miento.  Hasta el próximo "Tejedora"

miércoles, 4 de febrero de 2015

Ángela

Y continúo con la publicación de "Ángela", esta historia me trae muy buenos recuerdos y cada vez que publico un fragmento vuelvo a ser la persona que la escribió, una chiquilla con miles de ideas en la cabeza y un único sueño: ser "Tejedora e hilandera de sueños", cada día me siento más de esa forma. Escribir forma parte de mi propia esencia y me permite ser otra persona, sentir otras cosas y refugiarme en una colección de pensamientos. Siempre digo que, cuando empiezo una novela, tengo muy claro cómo va a desarrollarse la trama y siempre, sin excepción, los personajes me llevan y acaban cambiando mi perspectiva original. No sé si eso es bueno o malo, pero yo siempre he trabajado así, porque para mí cada personaje acaba teniendo entidad propia.

Ángela
A la hora exacta apareció Caleb, igual de guapo que trece años atrás. El cabello negro azabache, los preciosos ojos azules, su perfecta figura, su boca... tantas veces besada.
- Cal... hola.
 ¿Cómo estás?
- ¿Niam? ¿Qué demonios es esto? - Tocó su barriga.- No te habrás...
- Te lo contaré, pero ahora vámonos.
- Tengo una entrevista, cariño.
- Lo sé, es conmigo...
¡Oh, Cal!... no imaginas lo mucho que te he echado de menos...
- No pasa nada, amor mío, estoy aquí contigo.
- Vamonos, por favor.
- Claro, iremos en mi coche.- Caleb agarró a Niam y la ayudó a subirse al coche. No podía creer que estuviera embarazada, no podía soportar la idea de que el estúpido de Ernesto le hubiera dejado algo tan valioso. La miró por el espejo retrovisor y notó cómo una punzada de dolor se le clavaba en el corazón, la seguía echando de menos cuatro años más tarde de su ruptura. Su cabello tigreño estaba más claro que de habitual, sus preciosos ojos más luminosos que nunca y la barriga de embarazada le daba una belleza que Caleb nunca había visto antes. Ni siquiera cuando la conoció, cuando ella era una jovencita inexperta de dieciocho años le pareció tan apetecible como en su estado actual. “¿Te olvidaré algún día, mi amor?”. Se preguntó.
Llegaron a una cafetería y él la ayudó a bajar como siempre, esa escena la habían repetido muchas veces a lo largo de su vida en común. Entraron y todos quedaron fascinados al ver al escritor Caleb Sánchez. Una vez sentados, Caleb colocó su mano sobre la de Niam.
- Me tenías muy preocupado, no me has llamado ni un solo día para decirme dónde estabas y más me preocupas ahora que veo tu estado.
¿De cuánto estás?
- Tres meses, del fin de semana que pasamos en México.
-  ¿Pensabas decírmelo?
- Claro, pero no tuve tiempo, me fui antes de que se me notara demasiado.
 No quería que él me arrebatara a la pequeña Ángela.
- ¿Cómo te encuentras?
- Ahora mejor que nunca, Cal.
Me he librado de él y seré feliz con la niña... además, mira.- Niam le mostró a Caleb el Seabhac.
- ¿Qué es?
- Recuerdas que te hablé de unos sueños en los que aparecía un halcón y me decía que volviera.
- Sí.
- Es el halcón, se llama Seabhac y es el protector de mi familia... soy descendiente de una familia de druidas.
- ¿Bromeas?
- No.
- Increíble.
- Y ahora, por fin, me he divorciado de Ernesto.
- Me alegro por ti, iba siendo hora de que mandaras a ese imbécil a la mierda.
- ¡Siempre te metes con él!
- Claro, es que hay que ser bien tonto para tener a la esposa más maravillosa del mundo y engañarla con una buscona y, por si te habías olvidado, todavía te amo; tras trece años, sigo queriéndote como cuando tenía veinticuatro.
- Tienes novia, Cal.
- Lo sé...
- Lo nuestro fue hermoso, pero... hace ya mucho tiempo.- Sintió de pronto una sensación de nostalgia que la invadía, no creía que lo fuera a olvidar nunca, él era su amor verdadero, su amor eterno.
- Te recuerdo que me dejaste por ese cabrón, te enamoraste de Ernesto y me plantaste.
- Lo siento.
- Y no comprendo eso de que ejerzas el periodismo. ¿Es que no ves tu estado?
Podrías vivir sólo escribiendo. ¿Para qué sacrificarte?
- Es que necesito tener la cabeza ocupadísima, además  debo reencontrarme conmigo misma.
- ¿Vas a volver al periodismo?
- Así empecé.
Era buena periodista. ¿No?
- Sabes bien que para mí eres perfecta en todo lo que hagas.
- ¡Me desesperas! - Exclamó Niam y abrazó fuertemente al otro, a Caleb.- Te echo mucho de menos, mi dulce Cal. Me encanta estar contigo, porque te conozco mejor que nadie y contigo no tengo que poner máscaras.
¿Qué tal Rocío?
- La situación era genial,  hasta que citaste a mi novia. – Caleb se encogió de hombros. - Está muy bien,  preparando la boda y...
- ¿Boda? - Al punto sintió que se asfixiaba, pero la pequeña Ángela se movió en su interior  y se puso pálida, entonces Seabhac brilló con un gran fulgor.
- ¿Estás bien? - Caleb se levantó,  rodeó a Niam, sin querer tocó Seabhac y sintió como un calor recorría su cuerpo.
-  Ángela se ha movido.
- Veo que como tú eres su madre la niña saldrá rebelde también.- Caleb le sonrió.
- ¡Enhorabuena por lo de la boda!
 Por fin vas a sentar la cabeza, ya eres mayor a tus treinta y seis años y...
- Déjalo.
-  Casi será hora de empezar nuestra entrevista, ¿o quieres escaquearte también de mí?
- Sabes bien que nunca huiría de ti.- Acarició suavemente su mano.- Te daré dos exclusivas, ¿de acuerdo?
- ¿Lo harás?
- Sí. Mi boda y la otra... bueno.
- ¿La otra?
- Mi última novela. Dedicada a una impetuosa muchachita, alguien a quien tú conoces. Su título “ Y a pesar del tiempo, te amo”.
- Suena muy bien, pero... ¿qué pensará Rocío cuando sepa que tú única novela de amor me la dedicas a mí?
- No me importa, lo que yo he sentido por ti, no lo sentí por nadie más.
- Gracias, Cal. - Niam miró a su atractivo amigo.- Yo tampoco he sido capaz de olvidarme de ti, aún a pesar de mi matrimonio, creo que estoy demasiado aferrada a ti.  Nadie podrá sustituirte nunca.
- ¿No?- Caleb miró un largo rato a Niam y luego permaneció en absoluto silencio.- Tú escribes sobre historias de amor verdadero, tal vez el nuestro lo fue, lo es todavía.
- Seguramente.- Ella acarició su mejilla.- Pensé que Ernesto lo era todo para mí. ¡Qué ignorante!
Perderte a ti a favor de un mal hombre al que nunca amé.
- Todavía estamos a tiempo.- Caleb se aproximó a Niam y la besó primero lentamente y luego con urgencia. Su alma todavía le pertenecía a la joven que tenía frente a él y al besarla recordó la calidez de su boca, el sabor a fresa de sus besos, la ternura de su mirada y sobre todo que la amaba, “Y a pesar del tiempo, te amo”. Que cierta es esa afirmación, pensó Caleb.
Al sentir la boca de Caleb sobre la suya, muchos recuerdos olvidados volvieron a su cabeza.
 Recordó la primera vez que lo vio.
Ella tenía dieciocho años, él veinticuatro.
Habló con él por primera vez en una charla que dio en la facultad en que ella estaba estudiando periodismo, Niam se quedó prendada de sus ojos azul océano y tras la conferencia, se dirigió a él. Le confesó que su mayor ambición era llegar a ser algún día tan buena escritora como él.  Caleb la miró tiernamente y la invitó a comer.
A partir de ese día se vieron todas las semanas.
El día de su cumpleaños, Niam invitó a su amigo al teatro. Allí descubrió que Caleb era un hombre tímido, y que nunca había estado con ninguna mujer. Porque “Estoy esperando a la perfecta” le dijo entre susurros en el oído, y ella se enamoró perdidamente de él.
Empezó a escribir una historia de amor sobre una chica y su profesor de la Facultad.
Caleb le había dicho que esperaba en amor eterno y no se percataba que para ella, él era el amor eterno.
 Fue su más reconocida novela, la llamó “Recuerdos”.
Un día Caleb fue a su casa, la había invitado  una exposición de pintura. Aunque ella lo ignoraba él la amaba profundamente, pero se creía demasiado viejo para esa alma llena de juventud y buena voluntad. Se sentó sobre su escritorio mientras ella estaba en la coqueta maquillándose para ir a la exposición y le llamo la atención el título “Recuerdos”. Así que sin poder evitarlo comenzó a leer esas páginas escritas por el puño y letra de su amada.
Caleb se dirigió a donde estaba su pupila, la giró. Ella se quedó petrificada con los ojos azules de su amor y vio, por primera vez en sus ojos, el fulgor del amor, de la pasión que sentía por ella.
Él la miró y lentamente la besó, para él fue su primer beso,  ella olvidó todos los demás.

 Empezaron a salir juntos y estuvieron durante ocho años saliendo, hasta que Ernesto se cruzó en su vida y destrozó el amor eterno, que tanto tiempo habían ocultado ambos en su interior.

La hoja en blanco y la sonrisa de un extraño

La sonrisa de un extraño y la hoja en blanco. Era una mañana tormentosa, el cielo estaba encapotado y las nubes amenazaban con descargar c...