domingo, 30 de noviembre de 2014

Fue consciente de que su paso era definitivo, no quería que las cosas fueran sencillas como antaño, lo único que deseaba era empezar de cero y volver a ascender.
 Había perdido las ganas de luchar mucho atrás,  pero supo que las recuperaría, eso sería un reto y debía hacer frente a él con toda su fuerza de voluntad.
            Mientras oía el zumbido del avión se recreó en sus recuerdos infantiles.
Le llegaron imágenes de su abuela cogiéndola en brazos, en el colo como le solía decir  Segunda, y su abuelo enseñándole a pescar, una fiesta a la orilla del mar, el abrazo de su madre al hacer la primera comunión, eran remembranzas que no habían vuelto a su cabeza desde veinte años atrás y se sintió conmovida por la capacidad del hombre de recrearse en rememorar su pasado.
            Recordó a su padre,  a su madre y a sus hermanos, quienes se habían quedado en Madrid, en esa ciudad gris que desde el aire le parecía triste,  melancólica.
Una ciudad, que por primera vez en veinte años, se percató de que no le gustaba.
            Había dejado  a su esposo y su trabajo, no tenía ni idea de a dónde se dirigía, sólo pensaba en que deseaba estar allí lo antes posible.
            El avión descendió al aeropuerto de Santiago de Compostela.
            Cogió su equipaje, su ordenador portátil  y las llaves de su coche que llegaría al día siguiente de Madrid.
            Se dirigió a la puerta B y se extasió al contemplar a sus abuelos en un abrazo y a sus tíos en otro. Con los ojos empañados en lágrimas se dirigió corriendo a sus abuelos, Segunda y Manuel y se abrazó a ellos. Le pareció que esos ancianos eran piedras fuertes que la aferraban a la vida y le daban un nuevo sentido a la misma.
            No hablaron prácticamente nada en el trayecto hasta casa de los abuelos.
            Al llegar a la gran casa señorial, los tíos y la prima de Niam  se despidieron.        
Al entrar en el hogar de su familia, el jardín la recibió  cargado de  rosas, amapolas y tulipanes, la brisa marina resonaba en las paredes del viejo palacio llenado el hogar con su olor. Las vistas desde la casa eran increíbles y Niam, no pudo evitarlo, se preguntó por qué había estado tanto tiempo lejos de sus raíces.
            Se apresuró a subir la escalera y se dirigió al cuarto donde dormía cuando todavía era pequeña. Era un dormitorio grande, con una cama victoriana, un tocador de la época rococó y unas mesillas del S.XVIII.
            Abrió el escritorio de principios del S.XIX y entre un montón de papeles encontró el primer cuento que había escrito, justo en esa misma habitación con nueve años, el papel tenía un color amarillento y la letra era casi ilegible.
            Sonrió hacia su hallazgo y luego observó a sus abuelos.
            - ¡Lo habéis guardado!
            - Tú nos dijiste que lo conserváramos, porque algún día valdría una fortuna. – Habló su abuela.
            - Cuando sea la mejor escritora de todo el mundo podréis decir que soy vuestra nietita.- Concluyó Manuel.
            - Sólo tenía nueve años, no podía saber si mi sueño se haría realidad.
            - Confiábamos en ti.- Segunda y Manuel se aproximaron a su nieta y la rodearon con sus brazos.- Nos alegra que nunca hayas desistido al intento de hacer realidad tu sueño.
            - Gracias por confiar en mí.
            Hacía mucho tiempo que nadie confiaba ya en mí…
            - ¿Te apetece tomar algo, filliñaF?
            - No, prefiero pasear por la playa un rato y pensar...
            - De acuerdo.- Los abuelos se alejaron, Niam cogió una chaqueta gorda de su armario y caminó hacia la playa.
En el trayecto de ida, por primera vez, se percató de lo que había hecho y las consecuencias que esto traería.
            A las diez y cuarto de la noche llegó a la playa. El sonido del viento le traía recuerdos de su infancia y supo que nunca debería de haberse ido. Su hogar estaba en ese pequeño pueblo de la costa gallega, en esa tierra de la que ya formaba parte su familia desde  tiempos imperecederos, la época de los celtas.
Niam[i], la del cabello dorado, había regresado.  
            Se sentó en la arena sintiéndose completamente en armonía con el mundo que la rodeaba. No comprendía cómo podía haber pasado tanto tiempo lejos del mar, del bosque y del sonido de la lluvia en los charcos….
Observó en la oscuridad el mar Cantábrico, lleno de esplendor, de fuerza, de una energía que ella deseaba para sí.
 Se sentía mortalmente cansada por sus cuatro años de infeliz matrimonio y se afligía por haber amado a la única persona que no se la había merecido.
Se sentó sobre una roca y puso sus pies en contacto con el agua, estaba helada.    Había decidido regresar a casa de los abuelos para pasar con ellos Navidad, sabía que sus hermanos y sus padres no irían; que sólo tenía a los abuelos, a los tíos y  a aquélla que habría de llegar a principios del mes de mayo, por ella había dejado a su marido, su hija Ángela.
No le había dicho a Ernesto que se había quedado embarazada en el único fin de semana feliz de su matrimonio, no lo hizo porque no le prestó atención y lo primero que hizo al regresar fue llamar a su amante.
Ella no tenía esperanza de quedarse embarazada, lo había intentando en vano durante sus cuatro años de matrimonio y cuando supo que el fruto de su amor por Ernesto iba a crecer en su interior decidió alejarla de él. 
Cuidaría de su hija sola. Ernesto se enteraría cuando el divorcio ya estuviera firmado, no tendría posibilidad de arrebatársela, la pequeña Ángela iba a ser sólo suya.
Sonrió en silencio y acarició suavemente su barriga.


F Filliña es una palabra gallega que significa hijita.



[i] Según la mitología céltica, Niam era la hija del dios marino Manannan Mac Lir. La protagonista de esta historia no tiene nada que ver con el personaje mitológico del que toma el nombre, aunque sí es rubia como ella, de ahí el comentario del cabello dorado.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Tras un tiempo sin escribir he decidido publicar hoy en "Tejedora", un fragmento de "Ángela", una de mis primeras novelas. Es probable que siga actualizando la página con más fragmentos de esta historia.

 ÁNGELA

No supo cómo, ni por qué, cuando se dio cuenta ya se encontraba en el avión, había tomado la decisión más importante de su vida.
            Dejar todo atrás y empezar desde cero, desde el principio.
Como si su matrimonio no fuera más que un mal sueño y las cosas no hubieran cambiado desde que había dejado su casa en Galicia veinte años atrás.
 Volvería a  estar con sus abuelos, las cosas irían mejor.
Ella era una escritora de treinta años y se había pasado los últimos cuatro años de su vida atada a un marido, Ernesto.  Cuando lo conoció pensó que sería el hombre de su vida así que no dudó en poner todas sus armas de seducción a trabajar y estuvieron juntos hasta que él le pidió matrimonio.  Creyó que era lo más hermoso que le iba a pasar en la vida, no supuso que esa felicidad sólo duraría un año.  Ernesto era un mujeriego, se lo habían advertido, pero decidió ignorar lo que sus amigos le comentaban a cada paso, estaba ciega de amor.            Él había gastado todo el dinero que ella ganaba con sus libros en otras mujeres, lo tuvo que coger un día, en su propia casa, con su mejor amiga del trabajo.
             Los echó a patadas y decidió volver a Galicia,  quería empezar de cero, que él desapareciera de su vida y que con él se fuera a tomar viento toda su mala suerte.
A medida que el avión se alejaba del ruidoso Madrid su corazón chillaba que  volviera a su lugar de origen, que regresara a la tierra que la había visto nacer, al mar en el que estaban sus raíces.
En su cabeza el alma celta deseaba retornar al lugar donde estaban sus inicios, creyó oír en su interior una voz que le decía  “Vuelve, vuelve a casa. Al mundo del que provienes, Niam”.
            Niam se sentía en el cielo, siempre había oído que había una nube negra de contaminación que cubría el cielo de Madrid y por primera vez en su vida se percató de que era así. El avión surcó las nubes y tan sólo vio las luces de la gran ciudad  madrileña que quedaban bajo sus pies, la atronadora ciudad se fue alejando poco a poco.
Ese momento se convirtió en el adiós definitivo a Ernesto y también a su vida.
            Desde ese día sería una más, no la célebre escritora en la que se había convertido con un gran esfuerzo, ya no podía seguir soñando con preciosas e ideales historias de amor, era el fin del romanticismo y la vuelta a la cruel realidad después de cuatro años en ceguera.
            En su vuelo de Bussiness, mientras servían los aperitivos y bebidas, se preguntaba qué sería de ella, cómo la recibiría el lugar que la había visto partir veinte años antes y se preguntó que sentiría tras veinte años de ausencia.
Los primeros días los pasaría en un hotel, pero su intención era comprar una hermosa casa de piedra como la de sus abuelos y  vivir al lado del mar, era lo único que tenía claro de su regreso a las raíces celtas, que ocultas, aún continuaban metidas en su alma.       El pasado ya no le preocupaba lo más mínimo, lo único que la podía asustar era el incierto futuro que le aguardaría en el mar gallego.


Y eso es todo por hoy, me despido con una frase de Tomas de Kempis, un canónigo agustino.
"He buscado la felicidad en todas partes, pero no la encontrado más que en un rincón, con un libro."

La hoja en blanco y la sonrisa de un extraño

La sonrisa de un extraño y la hoja en blanco. Era una mañana tormentosa, el cielo estaba encapotado y las nubes amenazaban con descargar c...