martes, 31 de octubre de 2017

Una historia en el Océano

 Una historia en el Océano

 El ruido de la mar lo despertó. Se levantó y contempló la inmesidad del Océano que lo rodeaba, el mar estaba en calma, las gaviotas volaban en el cielo, salió al exterior y contempló el paisaje que se abría ante sus ojos. El sol estaba despertando y no había nadie a su alrededor. No había vecinos, no había jefes, no había compañeros de trabajo, nadie que pudiera interrumpir ese instante mágico. El cielo fue tiñéndose, variando de color, convirtiéndose en una amalgaba de naranjas, violetas y azules. Contempló el timón y sonrió. Se sintió libre por primera vez en años, no tenía horarios, no tenía obligaciones, disponía de su propio tiempo. Se había ocupado de llenar bien su barco con las cosas necesarias para permanecer en el medio del Océano el tiempo necesario hasta su próximo destino. Una ciudad portuaria que nunca había visitado. 
Cada día era una aventura, cada mañana un nuevo comienzo, instantes en los que se olvidaba de la gente, del ruido de quienes no sabían callar, del silencio de los que callaban de más. No echaba de menos nada, en su barco había electricidad para conectar su ordenador y aventurarse a un mundo nuevo cada día. Escribía historias para entretenerse y, cuando se aburría, escogía una película de su colección y la contemplaba, riéndose en el lugar adecuado, llorando en las escenas precisas y disfrutando de los efectos especiales si elegía una de esas historias sin más argumento que muchas explosiones. Cuando se aburría elegía un libro de la minibiblioteca que se había llevado consigo y, si se sentía nostálgico, ponía su música para acompañarlo en el silencio de su viaje. A veces cantaba a toda voz, otras se limitaba a bailar en el barco. 
Por primera vez en años se sentía feliz de verdad. Había perdido muhas cosas en su vida, había perdido la esperanza, la ilusión, los sueños y se había perdido a sí mismo persiguiendo un sueño que no era el suyo.
Ese viaje en el Océano era una oportunidad de encontrarse a sí mismo, de localizar aquello que había perdido y de aprender una o dos lecciones.
Se había desconectado de las redes sociales, no escuchaba las noticias, no leía la prensa...
Era un aventurero en su propio Universo. Sabía que no encontraría sirenas en su camino, que no habría ballenas blancas a las que cazar, pero por una vez se sentía como uno de los héroes de sus historias favoritas de la infancia.
El mundo estaba en silencio y esperaba que lo estuviera durante mucho más tiempo.
Un mundo sin enemigos, sin amigos, se tenía solo a sí mismo y eso era una aventura. Quizás al término de ella se encontraría otra vez o, tal vez, hallaría algo completamente diferente a sí  mismo.
FIN

Hoy me inspiré en el misterioso Océano para escribir mi relato literario. El Mar es uno de mis lugares favoritos del mundo, es calmo y tranquilo, pero se puede convertir en fiero a su voluntad. Toda mi vida he vivido al lado del Mar y siempre me ha inspirado. Mis primeras historias las escribí en libretas que me llevaba a la playa y subida en una roca escribía ideas, relatos. Solía ser mi lugar favorito para inspirarme.
Hasta el próximo Tejedora e Hilandera de sueños.
 


domingo, 29 de octubre de 2017

Héroes de carne y hueso

Los héroes de carne y hueso es lo único en lo que he pensado en estos días. Dadas las circunstancias, las cosas que están ocurriendo en nuestro país, siento la necesidad de hablar de los verdaderos héroes, héroes cotidianos que no llevan banderas, ni consignas porque no las necesitan. Personas reales, como tú, como yo, que luchan otro tipo de batallas. Héroes que, en realidad no lo son, pero que hicieron heroicidades a su manera. Es un tema que me toca de fondo porque creo que el mundo está falto de este tipo de personas que se preocupan por los demás, que se ocupan de sobrevivir, que no juzgan, ni critican a nadie, que aceptan a todo el mundo como son y cuyas gestas no se escriben en libros.
Mis héroes de carne y hueso favorito están a mi alrededor, mis cuatro favoritos incluso pertenecen a mi propia familia y, por eso, voy a hablar de ellos. 
  Empezaré la historia hablando de mi abuelo, Manuel García, un humilde hombre de Pantín que no tenía ni un trozo de pan que llevarse a la boca. Él tenía dos hermanos José y Pedro, una hermana que por desgracia falleció de niña María Josefa y cuyos padres eran labradores. Cuando los hermanos tuvieron edad para trabajar decidieron marcharse a Cuba para ver si la suerte les era favorable y podían sacar adelante a su familia. Allí se fueron los tres y se hicieron un nombre, crearon una empresa en la que todos los gallegos eran bien recibidos y contratados. Sin embargo, mi abuelo nunca olvidó sus humildes orígenes y, de ahí, viene la historia que relato a continuación. Mi abuelo no se adscribía a ningún partido político, trataba igual a un pobre que a un rico. Dicen que en Cuba hubo un tiempo en el que había coplas sobre el carácter de Don Manuel García, yo no sé si será verdad, pero de lo que sí puedo hablar es de una anécdota que escuché a mi hermano recientemente. A mi hermano le contó, supongo que mi abuela, historias sobre él. La verdad es que también me las contó a mí, pero por desgracia algunas de ellas ya las he olvidado. Lo cierto es que mi abuelo trataba igual a ricos y pobres cuando regresó a Galicia. De hecho, a los pobres les vendía el grano más barato para que pudieran mantener a sus familias, algunos le decían que eran tonto por dar tan barato el grano porque algunos de los que lo compraban lo vendían más caro y mi abuelo siempre les decía que igual era la única manera que tenían de llevar alimentos a su casa. Es obvio que a él nunca se le olvidó su humilde origen, todos lo apreciaban, ricos y pobres por igual, personas con ideas políticas de un lado y de otro. Un día iba mi abuelo a la feria con otro vecino cuando un grupo de "escapados"(como llamaban aquí a los repúblicanos que se ocultaron en el bosque cuando ganó Franco) lo pararon a él y a un vecino, le pidieron al vecino la cartera y mi abuelo sacó la suya para darles dinero. Los "escapados" le sonrieron y le dijeron "Usted no, don Manuel" y se marcharon dejando al vecino desplumado y a mi abuelo con su cartera llena. Creo que esto demuestra que mi abuelo era, efectivamente, una de esas extraordinarias personas que trataban igual a unos y otros. Un hombre diplomático que no juzgaba a nadie por su aspecto o por el tamaño de su cartera. Desde mi humilde punto de vista, en el siglo actual estaríamos necesitados de más hombres y mujeres como él. Quizás una persona dialogante, como lo era él, podría haber evitado la situación en la que nuestro país se encuentra en este momento.
   Mi siguiente heroína favorita es mi abuela, Isabel Segunda Vilela Lamigueiro. Hija de una familia humilde se hizo cargo de sus hijos cuando su primer esposo murió. Se casó en segundas nupcias con mi abuelo y ahora voy a contar mi relato favorito sobre mi abuela. Ella no era una mujer como las de hoy en día, estaba hecha de puro acero, era dura, era valienta y nadie le respiraba encima. Honestamente, a mí me encantaría ser tan valiente y decidida como ella. Como he dicho se casó por segunda vez con mi abuelo y, cuando él murió, cogió a los tres retoños hijos de su segundo matrimonio (mi madre y mis tíos Manolo y Beni) y cogió un barco hacia Cuba en los años cincuenta. Durante un mes viajó con sus hijos con intención de reclamar sus derechos ante su cuñado. Mi abuela era, por aquel entonces, una mujer prácticamente analfabeta que no había ido a la escuela porque había empezado a trabajar bien pequeña para ayudar a sus padres a sacar a su familia adelante, aún así, se vistió, dejó a sus dos primeros hijos con una hermana y partió a Cuba para recuperar lo que, en justicia, pertenecía a sus tres hijos. Regresó a Galicia con lo que le correspondía, aunque un desalmado sobrino se aprovechó de mi abuela y le acabó robando la herencia que tan justamente correspondía a sus hijos. No voy a entrar en lo ruin que me parece robar a unos niños de 4,5 y 6 años. El hombre vivió a costa del dinero que no le correspondía, pero ni siquiera eso amilanó a mi abuela.
Mi siguiente héroe es, en realidad, el primero para mí: mi padre Antonio Fernández Sande. Mi padre era un hombre extraordinario, valiente, con sentido del humor y fuerte como un roble. Durante mi infancia fue mi compañero de aventuras, me llevaba a todas partes con él, jugaba conmigo, me escuchaba y cuando necesitaba palabras de confianza me las daba, me comprendía como pocas personas lo hacen en esta vida y cada día lo echo de menos. Quiero hablar de él porque mantuvo una fiera lucha contra el cáncer, desgraciadamente no lo venció, pero batalló contra él durante diez años y sobrevivió mucho más tiempo del que inicialmente le daban los médicos. Quiero hablar de él porque el día que murió fui a verlo y él me contó chistes, se rió conmigo, me habló como si me considerara su igual y, por eso, no tendré nunca palabras suficientes para agradecer el padre maravilloso que fue. 
Por último mi padrino Jorge Rodríguez Bouza. Fue otra de esas increíbles personas que he tenido la fortuna de tener en mi vida. Mi padrino fue diagnosticado con sarcoma cuando tenía trece años, le quitaron una pierna y, aún así, nunca perdió las ganas de luchar, de aprender, de batallar con la vida. Aprendió a andar en bicicleta con una sola pierna, aprendió a conducir cuando los coches automáticos todavía estaban muy lejos de llegar a España, buceó, hizo paragüismo y otras hazañas.
Estos cuatro son para mí héroes reales, de carne y hueso, personas extraordinarias que hicieron heroicidades en un mundo que no siempre es justo con las buenas personas. En este mundo hay más héroes cotidianos, personas que como mi hermano lucha por mantener a su familia, como mi amiga que regenta una floristería y cada día se las ve con personas que critican cada cosa, como mi amiga Juez que tiene una enemiga más poderosa que no la deja tranquila, como mi amiga que cuida a personas mayores en un hogar de ancianos, como mi vecino que cayó en las drogas y cada día batalla contra ello. Hombres y mujeres mayores que cada día mantienen a sus familias con sus míseras pensiones, personas que han perdido la fe y que, sin embargo, ayudan a los demás a través de ONG´s, hombres y mujeres que cada día se levantan, van llamando de puerta en puerta para lograr un trabajo. Niños y niñas que se ven acosados en los colegios. Héroes que buscan curas a enfermedades terminales sin apenas medios. Personas reales que no se ocultan tras banderas o consignas, que se preocupan por los demás, que escuchan a los demás, que ofrecen una mano cuando pueden e incluso cuando no pueden. Personas que lloran cada día porque el mundo es un lugar frío, soñadores que han perdido sus sueños, aquellos que son diferente por raza, religión o por sus preferencias sexuales. 
Hay días en los que miro a mi alrededor y pienso en lo gris y oscuro que es el mundo en el que vivimos, que nos ahoga, que nos hunde, que nos rompe cada día un poco y otros en los que me doy cuenta de lo valientes que son los héroes cotidianos, lo fuertes que son y me siento orgullosa de ellos. Porque el mundo está deshumanizado, cada día más, pero hay héroes reales que luchan sus batallas de forma cotidiana. No juzgan, no critican, no se adscriben a ninguna bandera y respetan a todos los demás. 
La mayor parte del tiempo deseo que más héroes cotidianos aparezcan para lograr un mundo dialogante en el que no se juzgue a los demás por ser diferente, en los que ser mujer no suponga una desventaja a la hora de encontrar trabajo, en los que los más pobres puedan llevarse alimentos a la boca, en el que todos podamos vivir realmente en paz y no preocupados por si a Trump, Putin o Kim Jong-un se cabrean y se lían a bombas atómicas los uno contra los otros.
Necesitamos héroes reales, los de Marvel y DC son magníficos, pero no son esos los que mantienen nuestro mundo a salvo, sino las personas reales de carne y hueso, como tú, como yo.

Y eso es todo por hoy, nos vemos en el próximo "Tejedora e Hilandera de sueños".

miércoles, 18 de octubre de 2017

Una historia apocalíptica

Lo cierto es que con los últimos acontecimientos que están pasando en nuestro país he sentido la necesidad de escribir una historia apocalíptica. Así que, ahí va, mi versión del fino del mundo o, al menos, del fin de una ciudad.

El Fin
El murmullo del Océano la despertó, a su alrededor lo único que había era la inmensidad del mar, esperando, casi sonriendo porque por fin se había librado de los molestos seres humanos. Sabía que tarde o temprano debería regresar a la ciudad para ver qué había quedado, si es que había quedado algo, tras la explosión que cayó sobre ella. Se había librado de casualidad porque alguien la había llamado para decirle que había visto una perra y unos cachorros abandonados en la playa. Había cogido su vehículo y había ido hacia allí para localizar a los animales y, salvarlos, si era posible. Su profesión de veterinaria la llevaba a rescatar a animales cada poco tiempo, salvarlos de dueños maltratadores, curarlos cuando dueños que se preocupaban por ellos los llevaban a que los atendiera. No podía compararse con un médico, a los que consideraba verdaderos héroes, pero los animales también necesitaban a alguien que los curase y a ella siempre le habían gustado. Abrió los ojos y encontró a la perra y a los cachorros rodeándola, como queriéndola proteger con su calor del cruel mundo exterior. Sabía que pronto debería regresar a la ciudad, comprobar si había sobrevivido alguien al ataque, pero no se sentía con ganas o con fuerzas. Abrazó a la madre y a los cachorros, enterró su nariz en su suave pelaje y los animales correspondieron a su afecto lamiendo sus manos. La idea de ser el único ser vivo era demasiado para procesarla. Había visto el estallido, había oído el ruido, pero por fortuna estaba lejos del lugar dónde había caído la bomba. Temía ir a la ciudad porque toda su familia, sus amigos, los vecinos, la gente que había conocido podían estar muertos. En algún momento debería regresar, hacerse con suministros, debería ir a ver el estado de su clínica, pero por el momento se quedó en silencio. Alimentó a la madre y a los cachorros, después buscó algo comestible y comió. El mundo estaba gris, todo olía a quemado, a destrucción. Por primera vez en su vida se sintió insignificante. Cerró los ojos y se tumbó en la arena, rodeada con lo que podrían ser los únicos seres vivos como ella. La madre y los cachorros la protegían con su calor, sintiendo exactamente el shock que ella tenía. Los animales la comprendían como pocas personas. El agotamiento pudo con ella, cerró los ojos y no los abrió hasta que oyó un murmullo. Abrió los ojos y contempló unas jóvenes llevando consigo un grupo de niños asustados, no tendrían más de quince años y tenían polvo en su ropa, heridas y parecían tan perdidas como ella. Se incorporó y fue hacia su furgoneta para coger algunas de las cosas que llevaba en ella para curar a los animales heridos. Los niños y las adolescentes la miraron sorprendidos, probablemente era la única adulta que había sobrevivido. 
Con atención curó las heridas de algunos de ellos  y después vio a los niños yendo hacia la perra y sus cachorros. Todos ellos los recibieron con alegría, los animales comprendían como nadie al ser humano y se dejaron acariciar, mimar, dando el consuelo que un par de fieles perros podían dar. Las adolescentes fueron hacia ella y se permitieron quebrar mientras los niños jugaban con los cachorros. Había desolación en su mirada, terror y un vacío aterrador. Ella las abrazó, ofreciendo el consuelo que una madre daría, aún no siendo madre. Era la adulta, debía hacerse cargo, proteger a los niños, a las adolescentes y a la familia de perros que habían sobrevivido. 
Al día siguiente iría a la ciudad, vería si alguien más había logrado sobrevivir, haría acopio de comida para sus dos nuevas familias la de cuatro patas y la de dos. Era el último adulto de pie y lucharía con su último aliento para proteger a lo que quedaba de su ciudad.
FIN

¡Uao! Es la primera vez que hago una historia de este tipo, la verdad nunca me ha gustado escribir cosas angustiosas, pero hoy estaba en modo apocalíptico y decidí aprovecharlo. No sé si esta pequeña familia sobrevivirá o si serán los únicos, tal vez algún día escriba la continuación y sepamos que ha sido de ellos.
Nos vemos en el próximo Tejedora e Hilandera de Sueños :)

sábado, 7 de octubre de 2017

Recordando datos que la historia suele olvidar sobre Ferrol

Reconozco que no me ocurre a menudo, pero a veces siento la necesidad de expresar mi opinión sobre la situación de la ciudad de Ferrol, mi lugar de origen. La verdad es que los historiadores por algún motivo olvidan siempre decir que Ferrol no es sólo la ciudad origen del peor dictador de la historia de España, sino algo más. Debo admitir que yo soy la primera ignorante de parte de la historia de Ferrol, bueno, lo era hasta que hace unos años recibí el encargo de escribir un libro sobre la historia de Ferrol y me pasé nueve meses buscando entre los libros de la biblioteca información de la ciudad para crear mi libro "Xoel e a súa viaxe no tempo por Ferrol". Un original pensado para público infantil que todavía no ha sido publicado. Así, navegando en libros y libros descubrí muchas cosas curiosas sobre esta pequeña ciudad que una vez fue una de las más grandes de España y de las más ricas. La veo ahora y siento compasión por la ciudad que fue y por la ciudad que no será mientras no haya un verdadero político con vocación para cambiar la ciudad y ayudarla a tener el resplandor que tuvo. Siempre he creído que este lugar tiene potencial, pero parece que los propios ferrolanos nos dedicamos a menospreciarla, quizás porque la historia nos ha dicho que es lo que debemos hacer porque aquí nació el peor dictador de la historia, pero sabéis qué, Ferrol tiene muchas cosas buenas que la mayoría de los historiadores parece que ignoran.
Para empezar quiero hablar de los Castrexos, los primeros habitantes de esta zona de Galicia. Ellos no fueron jamás conquistados por los romanos, sino que llegaron a acuerdos pacíficos de cohabitación.(Lo que me lleva a pensar en la situación actual de España y Cataluña, ya podían aprender de nuestros ancentros que supieron convivir sin problemas.)
Después podría irme a la Edad Media en la que los reyes del Reino de Galicia se preparaban en Xuvia, sí, cómo lo leen, en Xuvia. 
En este recuento de datos importantes también debería mencionar el más importante sobre nuestra ciudad y nuestra cultura, el primer astillero moderno de España fue el de Ferrol. Jorge Juan uno de los mayores prodigios científicos de nuestro país(al que también la historia ha ignorado) contruyó los barcos con un nuevo modelo que luego fue imitado por los astilleros de Francia e Inglaterra.
La primera ciudad de la Ilustración fue la ciudad de Ferrol, uno de los primeros periódicos nació en Ferrol, el primer Ateneo tiene su origen en esta humilde ciudad.
Las mujeres trabajaban ya desde la Edad Media en Ferrol con sus pequeños negocios porque muchos de sus maridos morían en la mar y ya más adelante, a principios de S.XIX surgió en Ferrol el primer Sindicato Fememino(sí, habéis leído bien el primer Sindicato Femenino).
La primera ciudad en declarar la II República el 14 de Abril fue Ferrol.
Sin olvidar la relevancia que tuvo en Irmandades da Fala porque muchos de los "irmandiños" eran de Ferrol y lucharon por el Estatuto de Autonomía desde el principio.
Y no quiero que olvidemos que una de las figuras más relevantes de la historia Pablo Iglesias, el creador del PSOE, también era ferrolano.
A lo largo de la historia muchos políticos llegaron a hablar de la grandeza de Ferrol y un primer ministro inglés llegó a decir que si tuviera la Ría de Ferrol la vestiría con una muralla de plata.
No quiero hablar de los maravillosos edificios construidos en la calle Magdalena que ahora se caen a pedazos, pero cuya belleza no tiene parangón desde mi punto de vista con sus hermosísimas galerías y sus formas geométricas.
La verdad es que si hago una defensa tan férrea de Ferrol hoy es porque cuando paseó por la ciudad lamento que sea un espectro de lo que fue, una ciudad fantasma en la que ni los propios ferrolanos quieren vivir. 
La historia nos ha demostrado que puede ser olvidadiza, pero a mí me gustaría que los ferrolanos y ferrolanas supieran lo grande que fue nuestra ciudad. Me gustaría poder hacer algo para arreglarla, para recomponerla de las piezas que una vez fue, pero yo no puedo hacerlo porque no soy política y no tengo fe ninguna en los políticos que nos Gobiernan. 
Contemplo cómo las casas se caen y siento frustración porque Felipe González llevó todo lo que teníamos al sur, nos dejó sin nuestro sustento, nos robó la dignidad y parece que no la hemos recuperado. Pero la historia también ha demostrado que los ferrolanos somos de otro tipo de tela, que sobrevivimos en las peores circunstancias y que no agachamos nuestra cabeza ante nadie, salvo nosotros mismos. No soy nacionalista, lo cierto es que no me gusta etiquetarme, pero hay ocasiones en las que siento la sangre Castrexa que recorre mis venas y siento la necesidad de reinvindicarnos.
Nos leemos en el próximo Tejedora e Hilandera de Sueños. Desde este pequeño recucho que es mi blog, os animo, ferrolanos, lucid vuestros colores con orgullo. 

domingo, 1 de octubre de 2017

Una reflexión sobre España, Cataluña y Democracia

Hoy quiero hacer una reflexión sobre la situación del mundo. Realmente no es novedad porque últimamente lo único que veo es cómo la gente se cree con derecho a decidir qué hacer sin escuchar las voces de los demás. La gente está tan inmersa en sí misma que ni siquiera ven lo que tienen alrededor. Lo cierto es que, desde hace tiempo, eso es lo único que veo. Personas que se creen con la verdad absoluta, que no escuchan a los demás, que ni siquiera les dan una oportunidad. La situación de nuestro país, centrándome ya en lo más pequeño, es un ejemplo de ello. No me voy a meter diciendo lo que yo opino sobre Cataluña queriendo independizarse, porque yo no soy quien para juzgar a los demás. Lo que sí creo es que últimamente todos los políticos tienen fácilmente en su boca la palabra dictadura. Los independentistas llaman dictadores al Gobierno Central y el Gobierno Central a su vez llama dictadores a los independentistas. Creo, honestamente, que ninguno sabe bien lo que dice. Es verdad que yo no he vivido una dictadura gracias a Dios cuando yo nací en este país la democracia estaba dando sus primeros pasos. Pero lo que sí puedo decir es que unos y otros no saben bien lo que se dicen, se limitan a insultarse, a amenazarse y a ignorarse unos a otros. Me parece que la Democracia es algo lo bastante serio como para hablar de ello sin tomárselo a la ligera y las decisiones de unos y de otros, en este momento, son poco más que vergonzosas. 
Los unos no respetando el deseo de los otros de ser escuchados y los otros no respetando el derecho del resto de los españoles. Me parece que lo que España necesita en este momento es replantearse qué está haciendo mal porque parece que unos y los otros se han olvidado que hace cuarenta años que hemos salido de la dictadura, pero hay momentos en los que me da la sensación de que ambos están buscando eso precisamente, una dictadura en la que no escuchar o respetar la opinión de los demás. 
Escribir la Constitución Española supuso un esfuerzo para todos los implicados y, milagrosamente, todos llegaron a un acuerdo. Unos respetaron a los otros y viceversa, llegaron a un consenso y gracias a eso hemos vivido cuarenta años en relativa tranquilidad. Me parece que lo que están haciendo los gobernantes de este país en este momento, tanto el Gobierno Central como los indepedientes, es echar por tierra el esfuerzo y trabajo de quienes nos precedieron. Es vergonzoso que hablemos de Democracia cuando lo único que veo es a unos y otros con una pataleta de niño pequeño.
Señores, póngamonos serios, porque la última vez que no lo hicimos un tipo decidió tomar cartas en el asunto y las tomó, ¡vaya si lo hizo!, creo que lo que necesitamos en este país es más gente dispuesta a escuchar y menos niños "emcabronados", y perdón por la expresión.
No suelo hablar de política, me aburre, porque yo no soy política, pero creo que en este momento lo que necesitamos no son políticos, sino personas con "sentidiño" que decidan hablar en lugar de lanzar dagas unos a otros.
Y, sí, también creo que la mayoría de nuestros políticos son unos completos ineptos porque unos y otros son los que han generado la situación y no me valen las excusas que ponen, unos y los otros, de que todo ocurre por la ineficacia del Gobierno. Creo que lo que ha ocurrido es la ineficacia de los diferentes gobiernos que ha habido en nuestro país que lo único por lo que se han preocupado es por deshacer lo que el partido contrario hizo mientras estaba en el poder. Y, asumamoslo, mientras unos y los otros sigan deshaciendo lo que hizo el anterior en lugar de mantener las cosas buenas y colaborar para arreglar las que no van bien no seremos un país. Seguiremos siendo un grupo de personas lideradas por unos políticos ineptos que se quedaron el la época de Isabel II con el pacto entre unos y otros para repartirse el pastel. Tampoco creo que las nuevas fuerzas políticas, lease Podemos y Ciudadanos, vayan a resolver este embolado porque, por lo que aprecio, lo único que quieren es sustituir al PP y al PSOE y convertirse en los nuevos liberales y demócratas. Si tenemos diferentes fuerzas políticas lo que debemos hacer es aunar esfuerzos y lograr lo que cuarenta años atras lograron un grupo de personas cuyas ideas políticas no coincidían en lo más mínimo, pero para quienes lo importante eran el pueblo español.
Porque sí, señores, Ustedes se supone que nos deben Gobernar, pero yo lo único que veo es a unos y otros rellenándose bien los bolsillos mientras el pueblo padece en silencio. 
Dicen que la Edad Media se quedó atrás, empiezo a pensar que siempre hemos estado en ella.

La hoja en blanco y la sonrisa de un extraño

La sonrisa de un extraño y la hoja en blanco. Era una mañana tormentosa, el cielo estaba encapotado y las nubes amenazaban con descargar c...