martes, 1 de diciembre de 2015

Hoy en “Tejedora e Hilandera de Sueños” he decidido escribir un minirrelato sobre el primer amor.¿Quién no recuerda con cariño esa primera persona de la que nos enamoramos?
Pasan los años y, en nuestra mente, ese primer amor sigue tan fresco como el día que nos “enamoramos” de él. Solemos rememorarlo con cariño, una parte de nosotros seguro que sigue pensando que era la persona perfecta; no tiene ni un defecto ante nuestros ojos. Tengo la teoría de que muchas veces ese primer amor se convierte en un amor platónico del que sólo tenemos buenas palabras. Mi primer amor era, y sigue siendo, amable, cariñoso, se preocupa por los demás y, cada vez que lo veo, mi corazón bota con nostalgia. Por esa razón me gustaría dedicarle este post, sé que no es la persona de la que estuve más enamorada, pero le sigo teniendo un profundo afecto y para mí es y seguirá siendo un príncipe azul.

El Primer Amor
La primera vez que Laura vio a Joaquín tenía cinco años. Se conocieron en la guardería, cuando el mundo les parecía un universo nuevo que explorar. Se hicieron amigos al instante, como si lo más natural del mundo fuera caerse bien desde el primer momento. Los dos pronto se ganaron el apelativo de “novios” cuando ninguno de los dos acertaba a poner el significado concreto de esa palabra. Así pues fueron los “novios” oficiales de la clase de los primeros años de educación infantil.
Por lógica la amistad entre los dos niños llevó a los padres a una relación de conocidos, que evolucionó a una relación de amigos íntimos tras un año de “quedadas” en el parque, tomar café los fines de semana etc.
Si Laura enfermaba llamaba Lucía a Olga, la madre de Joaquín, para preguntar qué habían hecho en el cole.
Si Joaquín era el que enfermaba llamaba Olga a Lucía para preguntar por las tareas.
Con el tiempo Héctor y Manuel se convirtieron en colegas de fútbol y sufrían por el otro cuando su equipo perdía porque no eran seguidores del mismo equipo.
A los padres pronto les dijeron los niños que eran “novios”, evidentemente, a ellos les hacía gracia esa afirmación a tan temprana edad y tomaban el pelo a sus hijos preguntándoles por su “novio” y “novia”.
El primer día de Educación Primaria, Joaquín y Laura entraron en clase con las manos entrelazadas. Ambos tenían miedo por ir a un cole diferente a su guardería y les asustaba conocer a gente diferente de sus primeros amigos. Así que, pronto, sin quererlo, ni beberlo, se convirtieron, otra vez, en los “novios oficiales” de la clase. Ellos seguían sin pensar en lo que en realidad era ser novios. Para ambos estar juntos era tan natural como respirar. Pronto llegaron los nuevos amigos, las nuevas aventuras y se olvidaron del temor inicial al entrar en un lugar nuevo, mucho más grande y con “profes” nuevos a los que conocer.
Sus padres escucharon a sus hijos que eran “novios” en el nuevo cole y siguieron con las susodichas bromas a las que sus hijos ya estaban acostumbrados.
Su amistad se afianzó día a día, pero al llegar el último año de Educación Primaria las cosas empezaron a cambiar entre ellos.
Laura sentía mariposas en el estómago cuando Joaquín le daba la mano y Belén, que se había convertido en una de sus nuevas amigas, empezó a molestarle porque pasaba mucho tiempo con Joaquín. Laura, preocupada, dijo a su hermano mayor Rodri lo que le ocurría y, de pronto, Rodri se ponía muy protector cada vez que Joaquín iba a hacer los deberes a su casa; nunca lo dejaba a solas con su “hermanita”.
Joaquín notaba hormiguitas en el estómago cuando Laura le sonreía y, de pronto, Julián le empezó a caer mal porque miraba mucho a Laura. Joaquín, inquieto, preguntó a su prima mayor Marga porque le pasaban esas cosas raras y Marga enlazó sus manos y empezó a decir incoherencias sobre besos, novios, citas... El pobre Joaquín acabó más confundido de lo que ya estaba.
El primer día de secundaria, Laura y Joaquín entraron en el Instituto cogidos de la mano. Ambos estaban nerviosos porque empezaban una nueva vida en un colegio mucho mayor que el de primaria y en el que había muchos más “chavales” que en el anterior.
Y, sí, se convirtieron en los “novios” oficiales del primer año de secundaria. Pero Joaquín y Laura ya no tenían seis años, con doce se sentían muy adultos y habían aprendido el verdadero significado de la palabra novios y, puesto que habían pasado toda su vida juntos, decidieron ser oficialmente “novios”. Al fin y al cabo se conocían desde la guardaría, habían ido juntos al colegio de primaria y empezaban su nueva aventura como “adolescentes”.
El primer trimestre pasó rápido. Muchos deberes, muchos profesores, muchos amigos nuevos y un Rodrigo cada vez más desconfiado. Ni un minuto estaban ellos sin la supervisión de Rodri y no habían tenido tiempo de experimentar eso que todos llamaban “primer beso”.
Fue la noche de Navidad, cuando todos estaban comiendo en casa de Joaquín que tuvieron la ocasión de estar a solas.
Rodrigo estaba ocupado jugando con su nueva consola.
Las madres estaban en la cocina preparando la comida.
Y los padres habían ido a por el postre.
Joaquín y Laura jugaban con sus consolas, pero en un instante sus ojos se cruzaron y, sabiéndose solos, decidieron experimentar el consabido primer beso.
No fue como imaginaban.
Fue incómodo, extraño y realmente tonto. Sin embargo ninguno de los dos dijo nada. Disfrutaron del instante de estar solos y, de forma involuntaria, sus manos se unieron una vez más. Al fin y al cabo, la mayoría de su vida había transcurrido con esas dos manos entrelazadas.
Quizás ese tímido primer amor duraría para siempre o, tal vez, se acabaría al día siguiente, pero sin duda Joaquín y Laura lo recordarían siempre con una sonrisa y sus dos manos enlazadas.

FIN


Y ya cierro el Tejedora de hoy. Hasta el próximo!! :)

La hoja en blanco y la sonrisa de un extraño

La sonrisa de un extraño y la hoja en blanco. Era una mañana tormentosa, el cielo estaba encapotado y las nubes amenazaban con descargar c...