viernes, 30 de diciembre de 2016

Amor verdadero... o tal vez no.

Hoy en "Tejedora e hilandera de sueños" quiero hacer una reflexión sobre el amor, ese término que en mi mente siempre suena con mayúsculas. La reflexión de hoy, me temo, no es un argumento estupendo sobre lo maravilloso del amor verdadero.
Todo tiene que ver con un chico del que me enamoré hace años, me conquistó hasta tal punto que llegué a creer que podría ser el amor de mi vida, mi alma gemela. Recientemente lo he visto y ha sido decepcionante. No hubo detención del corazón, nada de mariposas enloquecidas en el estómago y eso me puso triste. No por la persona que soy ahora, sino por la persona que fui en el pasado que creyó en algún momento que el príncipe encantador existía. Hoy estoy de duelo por mi yo pasado, quien creyó en un determinado momento, en un karaoke "Soy la mujer de tu vida y tú no te das ni cuenta", un pensamiento que ocurrió hace millones de años. Ese día me preguntó qué canción iba a cantar, le dije "Te necesito" de Amaral y la canté para él, para ese instante mágico, para ese día en el que lo volví a ver después de mucho tiempo. Ese mismo día estuve a punto de confesarle mis sentimientos, pero se fue antes de que tuviera oportunidad de hacerlo.
Él siempre ha sido mi "y si...".
Por dos veces estuve a punto de decirle que estaba enamorada de él, la primera el día en que se cambió de trabajo y sabía que probablemente no lo volvería a ver. La segunda en ese karaoke, un año después de verlo en el último día de trabajo.
Estaba convencida de que le conocería en cualquier parte, que de espaldas, mi propio corazón me delataría. Algo que ocurrió un día, a metros de distancia, él estaba de espaldas y mi corazón dio un salto triple o aquella vez en una entrega de premios, entre cientos de personas del público y yo sólo lo vi a él.
Mi yo del pasado estaba convencida de que, tarde o temprano, regresaría a mí, que era mi "él" con mayúsculas.
Sin embargo no es así y la sensación que tengo es de decepción y de profunda tristeza. 
Añoro creer en el amor verdadero, aferrarme a la enloquecida idea de que existe una persona para cada uno en algún lugar, pero viendo mi reacción ante el chico perfecto, o el que yo creí que era el chico perfecto, he dejado de creer en ello.
Una parte de mí ha muerto, la ingenua que lloraba al ver "La Sirenita" de Disney y para quien la canción "Bésala" era un recuerdo especial de ese chico del pasado, una canción que en una ocasión me pidió que cantara y morí de vergüenza porque, vamos, estaba enloquecida por él y cantarle esa canción habría sido... vergonzoso para mí, seguro que me pondría como un tomate.
Así que sólo me queda desear que ese yo del pasado siga feliz en su época y su tiempo, porque en el presente, dadas las circunstancias debemos decir a esa ingenua soñadora D.E.P, te echaré de menos, mi antigua yo. Extrañaré tu ingenuidad y esa absoluta certeza de que el amor verdadero existe y aparecerá en el momento menos pensando en su caballo blanco.
Quizás es mejor así, ser más realista y darse cuenta de que el amor es algo hermoso, pero quizás el que nos venden en las películas es un producto falseado. El amor verdadero requiere esfuerzo, trabajo y, sin duda, una buena dosis de cariño a lo largo de los años. Aún así siento lástima por la persona que soy hoy día porque me he vuelto cínica con respecto al amor, algo que nunca creí que ocurriría porque en todas mis historias, en todas mis novelas, en todas las películas que tengo en mente el amor es el motor de la acción.
Quizás debería ponereme una sesión de todas las películas ñoñas que tengo "Romeo + Julieta", "Álex & Emma", "Mansfield Park", "West Side Story", "Sabrina", "Desayuno con diamantes", "Vacaciones en Roma"... Esa lista inmensa que cubre mi filmoteca y en la que hay todo tipo de películas, no sólo de amor, aunque viendo los títulos puestos lo parezca. En cualquier caso, ahora sólo queda hacerse unas palomitas al horno, poner el DVD y brindar por esa joven que fui, que creía ciegamente en el amor verdadero.
Mi amiga Merce suele decir "¡Cuánto daño ha hecho Disney!" y debo darle la razón.
Quien sabe, quizás algún día vuelva esa joven del pasado, aunque espero que no tenga aspecto de zombie ;).
Hasta el próximo "Tejedora e hilandera de sueños".

lunes, 12 de diciembre de 2016

Una reflexión política sobre Trump y el mundo.

Llevo meses sin publicar nada en este blog, así que hoy toca hablar de un tema que preocupa, y mucho, a todos los ciudadanos. No soy una persona que hable de política, me parece un tema sumamente aburrido y, además, al ser periodista trato de ser completamente neutral, sin apoyar a uno u otro partido, siendo lo más objetiva posible. Mas  me preocupa la situación en la que está el mundo, puesto que parece casi una broma pesada. Hace unos meses, ante la posibilidad de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos de América, se hacía un chiste sobre el fin del mundo si el citado empresario accedía al Gobierno del país más grande del mundo. Lo malo es que ese chiste se ha convertido en una realidad.
 Trump ganó y es Presidente de América.
 Con los últimos acontecimientos me preocupa nuestra sociedad, por la broma en la que se ha convertido. La gente esta harta, aburrida de políticos inútiles y se dedican a apoyar a aquellos políticos que les mienten mejor. No nos engañemos, absolutamente todos los políticos mienten, pero algunos lo hacen mejor que otros y por eso el mundo va como va. Me preocupa la incertidumbre con la que los ciudadanos nos enfrentamos a lo que está por venir, no nos engañemos, todos los grandes acontecimientos históricos que no se recuerdan precisamente por ser buenos para la sociedad empezaron con un grupo de personas decepcionadas a las que el listo de turno les prometió el oro y el moro. 
En una sociedad globalizada como la de hoy en día los hombres de a pie prefieren apoyar a políticos como Trump o Le Pen en lugar de adoptar las ideas modernas de Gandhi, Martin Luther King o el muy admirado premio nobel de la Paz Nelson Mandela. Parece absurdo que las ideas de estos personajes históricos sean más modernas que las de algunos políticos actuales, pero lo cierto es que nuestra sociedad está involucionando, regresando a los errores del pasado en lugar de buscar una mejora para el futuro.
Decía Mafalda en una de sus viñetas, paren el mundo, que me quiero bajar y hoy, más que nunca, desearía poder hacerlo.
Para concluir este chiste o broma pesada que es la sociedad actual voy a tirar de una cosa muy mía, muy gallega, la retranca. La retranca es una herramienta muy útil para enfrentarse al mal chiste de la realidad actual y por ello, me centraré en el aspecto "optimista" de que Trump sea Presidente de los EEUU. En corrupción, España está al mismo nivel que los EEUU. 
¡Tres hurras por España!
Honestamente, no sé que esperar del futuro, pero espero que no sea tan negro como empieza a vislumbrarse en el horizonte.

domingo, 28 de agosto de 2016

Móviles y conciertos

Hoy siento la necesidad de hacer una reflexión sobre los móviles y los conciertos y es algo en lo que caí ayer, asistiendo a un concierto con una amiga a la que le gusta mucho el cantante al que vimos. Reconozco que conocía muy pocas canciones, así que estaba en el concierto, sin llegar a estar realmente, salvo cuando sonaban las canciones que yo conocía, que entraba en el ambiente.
Había muchísimas personas en el concierto y la mayoría de ellas estaban más pendientes de grabar canciones y que el cantante no les saliera del plano que de disfrutar del momento, gozar de la experiencia de estar en un concierto de alguien que te gusta, con mucha gente con la que estás compartiendo un momento increíble porque en los conciertos, todos y cada uno de los presentes son conscientes de los demás y que están disfrutando de una ocasión especial. 
A veces me viene la imagen de las almas bailando al ritmo de la canción, sé que es exagerado, pero compartir un momento así con un grupo de gente que no conoces y que, probablemente, no volverás a ver en tu vida tiene algo mágico. Es un instante que se queda atrapado en el tiempo para siempre, porque aunque vuelvas a ir a otro concierto de la misma persona o grupo es más que probable coincidir con gente muy diferente a la de la primera ocasión.
Quizás me estoy poniendo  excesivamente filosófica, a veces me ocurre, pero yo estando fuera del concierto todo el tiempo había momentos en los que era capaz de entrar en el ambiente, en la magia del momento y me integraba con esos cientos de personas a las que no conocía de nada.
Y, como estaba viéndolo todo desde fuera, de pronto me di cuenta que delante tenía un hombre que se dedicaba a grabar todas las canciones en el móvil, en lugar de apagarlo y disfrutar del hechizo del momento. De la magia de estar en ese instante único, con todas esas personas diferentes, sintiendo de alguna manera que todas las almas están en conexión.
Lo peor de todo es que no era el único que estaba más pendiente del plano del vídeo que de dejarse llevar por la música, por el momento, por el ambiente festivo y por los amigos con los que había acudido al concierto.
Y justo cuando salía me di cuenta de que los móviles han cambiado nuestra vida para bien en muchísimos aspectos, pero también es algo triste que estando en un lugar, en un momento determinado, con un grupo de personas específico, viendo a una persona a la que admiras profundamente te pares más a ver si no se sale del plano del vídeo que de mirar el espectáculo con tus propios ojos.
Quizás mi ojo es más crítico porque estaba dentro, sin estarlo, pero honestamente me parece una enorme gilipollez ir a un concierto y grabar un vídeo del mismo; en lugar de guardar todos y cada uno de los recuerdos de ese momento en la mente para, cuando lo recuerdes de nuevo, sentir que regresas a ese instante en el que, por ejemplo, un tío más alto que tú se te coloca delante y te impide la visión, o las dudas de si conoces o no a una persona porque en circunstancias normales estás acostumbrado a verla en otro lugar y, de pronto, aparece en un escenario distinto al habitual y te preguntas si es o no es la persona que tu crees. 
Si eres como yo te quedas con la duda por no molestar y meter la pata, pero alguien diferente también actuará de forma distinta.
En cualquier caso salí del concierto con dos cosas claras:
1. El cantante no me disgutaba como yo creía y me lo pasé fabulosamente, a pesar de no pertenecer al género musical que me gusta.
2.  Los móviles son muy útiles, pero a veces hay que dejar las pantallas del móvil apagadas y disfrutar del momento.
 

jueves, 11 de agosto de 2016

Sonrisas de papel cuché

Una pensaría, a estas alturas de la canción, que ya había aprendido la lección. Tras decepciones varias, desengaños, pérdida de confianza y demás, debería haber aprendido a no depositar mi confianza con tanta facilidad en los demás. De hecho me repito muy a menudo que no debo fíarme ni de mi propia sombra, pero al final siempre acabo fiándome de los demás, confiando en ellos. 
Una parte de mí, bastante más inteligente que yo, sabe que la confianza es un tesoro que no debes ir depositando por ahí en los demás, pero la parte más estúpida que tengo sigue creyendo en la buena voluntad de las personas, que todos somos buenos por naturaleza.
Y, lo triste del asunto, es que últimamente me estoy relacionando con muchísimos políticos, diversas autoridades y gente completamente diferente a mí y me doy cuenta de que todos ellos llevan sus sonrisas de papel cuché.
Hace  tiempo hablé de las sonrisas de papel cuché de las personas y de las caras de mentira, de lo que me cabreaban las dos. Las sonrisas de papel cuché y las caras de mentira son falsas y me enojan profundamente, pero temo que yo misma estoy empezando a utilizar mi propia sonrisa de papel cuché para protegerme de los demás, de las situaciones, de la falsedad y del cinismo de muchas personas. Yo soy como soy, soy sincera, honesta y sin aristas. Puedo ser bastante cobarde en algunos aspectos, no lo negaré, pero soy aplastantemente honesta,  sin caras de repuesto, mas últimamente me doy cuenta de que pongo sonrisas de papel cuché, lo hago sin querer, pero lo hago.
Lo grave del asunto es que empiezo a creer que lo mejor que puedes hacer en esta vida es ponerte esa sonrisa de papel cuché. Una sonrisa que esconde lo jodido que estás porque te preocupa no sacar buena nota en un examen, lo triste que te sientes porque esa persona especial no te corresponde, lo frustrado que te encuentras en un trabajo, lo cabreado que te sientes cuando alguien en quien confiabas resulta no ser tan sincero como tu creías,  esa furia que te sube por las venas cuando eres testigo de una injusticia y te falta valor para denunciarla o incluso la cara de circunstancias que pones cuando te toca aguantar a una persona que no te es simpática.
Las sonrisas de papel cuché son, en realidad, una verdadera arma de destrucción masiva porque dicen a todos los demás que estás de puta madre, cuando a veces, lo único que quieres es llorar de frustración o de pura angustia.
Las sonrisas de papel cuché son el filo de una navaja muy afilada. Si das un paso en falso se te acaba clavando en el corazón y, adiós mundo.
A veces desearía no ser tan controladora, decir lo que realmente siento cuando alguna persona me hace una afrenta, seguramente si lograse hacer eso mis problemas de estómago se desvanecerían con la misma facilidad que han llegado. Sin embargo, mi profundo respeto al respeto y, válgame la redundancia, hace que no denuncie una situación que me parece mal o que calle cuando, en realidad, debería decir lo que pienso.
Lo bueno es que ya he sufrido tantas decepciones que el daño inflingido hace que cada día esté más cerca de poder decir lo que pienso y cómo me siento, más cera de quitarme la falsa sonrisa de papel cuché y decir a alguien que me ofende si realmente lo está haciendo.
Honestamente, creo que eso es bueno.
Poder decir que algo me duele.
Poder explicar lo que pienso cuando alguien traiciona mi confianza.
Poder quejarme, si así lo necesito.
Poder, en fin, ser yo misma.
Las sonrisas de papel cuché están muy bien para llenar revistas del corazón, pero, honestamente, prefiero no tener esas sonrisas de mentira y permitirme llorar o quejarme si así lo deseo.

domingo, 17 de julio de 2016

Hace mucho que no escribo nada en este blog, es una mala costumbre que voy a intentar corregir. A decir verdad, desde que tengo un nuevo trabajo me he quedado sin tiempo para casi nada. La mayor parte del día estoy trabajando y al llegar a casa me convierto en un zombie devora series. No obstante, esta semana voy a dejar un breve relato sobre la maternidad y he escogido a mi querida Ariel para el trabajo. Es algo sobre lo que llevo pensando algún tiempo, quiero embarazarla y se me ocurrió hacerlo en este relato breve, no voy a adelantar ni quién es el padre, ni en que momento de su vida ocurrirá, pero sí, en algún momento tengo intención de que mi querida detective torpe, Ariel Silva Kindelán, se convierta en mamá y por partida doble, va a tener gemelos, eso es un spoiler, pero no es de los grandes, la sorpresa será el papá y no, no se embarazará en el segundo libro, acaba de sufrir un "accidente laboral" y, por ahora, tiene secuelas.
MATERNIDAD 
Todo empezó de la manera más simple posible, escuchó a una mujer en el autobús hablando  de sus hijos, de las travesuras que había el más pequeño y de lo responsable que era el mayor. Sin poder evitarlo se acarició la barriga, sabía que no se notaba todavía, pero pronto lo haría y los antojos ya le estaban dando la lata.
Había aprendido desde muy pequeña que ser madre era uno de los sueños más importantes de su vida. Fue con el nacimiento de su hermana pequeña cuando comprendió la fragilidad y belleza de la vida. Sin pretenderlo se convirtió en una minimamá para Maya y siguió ejerciendo el papel durante toda su vida. Maya ya no necesitaba que la protegiera, se había casado con Miguel y eran felices. 
Observó a su alrededor, le daba miedo decirle que estaba embarazada. No tenía ni idea de cómo se lo tomaría, sobre todo porque ninguno había hablado del asunto en mucho tiempo, habían estado separados algún tiempo y el reencuentro había sido maravilloso. Habían vuelto a encontrar su ritmo tras la ausencia, se sentía segura y cómoda, pero no podía seguir ocultándole el embarazo. Era el padre y tenía derecho a saberlo.
Llegó a casa, abrió la puerta, caminó hacia su habitación, se descalzó y fue hacia la cocina. Él le había dicho que llegaría temprano, que se había tomado la tarde libre y ella estaba decidida a mimarlo. Era una rara ocasión que él desconectara del trabajo.
Empezó a cocinar su plato favorito al ritmo que cantaba su canción  y bailaba a su son. Por alguna razón se palpó la cicatriz, hacía mucho que no pensaba en ella. Pensó en lo rápido que ocurrían las cosas y en la cantidad de tiempo que necesitó para superar el trauma. 
Escuchó cómo abría la puerta con su llave y se quedó  quieta como un conejillo deslumbrado por las luces de un coche. Oyó cómo caminaba hacia el dormitorio que compartían y dejaba la ropa, el olor de él llenó la cocina y Ariel tuvo ganas de llorar. Todo era tan familiar en él y pronto habría una vida que dependería de ellos. Notó sus brazos rodeándola y se dejó mecer por él. 
Percibió cómo los músculos de él se tensaban, la conocía lo bastante para saber cuándo iba a decir algo que podría cambiarle la vida. 
Se giró y se perdió en sus hermosos ojos, tenía un par de canas nuevas en el pelo, pero seguía siendo el mismo de siempre. La misma sonrisa, la misma manera de mirarla como si todo lo demás hubiera desaparecido.
-¿Ocurre algo?-Preguntó con tono precavido.
-Tenemos que hablar.-Vio como palidecía y se sintió culpable. -No es lo que piensas, mi amor.-Con cuidado tomó su mano y la colocó sobre su abdomen.  
En un instante el rostro de él pasó del terror a la alegría, se agachó y besó el abdomen. 
Todos los temores de Ariel se evaporaron en un instante.
Sonrió, iba a ser mamá y no se podía imaginar a nadie mejor para ser el papá. 
FIN

Ahora, Arielitas, todos los que hayáis leído mi primera novela Ariel y el asesino de mujeres, podéis echaros a adivinar quién es el papá. Evidentemente es uno de los chicos de Ariel, pero, ¿será uno de los tres de siempre o habré convertido al gemelo en papá?¿será el desconocido nuevo personaje que aparecerá en la segunda obra al que he llamado Ricky? ¿O quizás es un extraño personaje que aparecerá poco a poco y robará el corazón de Ariel?
En fin, ya lo veremos, por ahora terminaré mi segunda novela y lo que surja a partir de ahí...
Hasta la próxima y espero actualizar más a menudo a partir de ahora.

domingo, 29 de mayo de 2016

Un fanfic de Tolkien

Ya os he dicho anteriormente que, a veces, escribo fanfics basados en los personajes de Tolkien y hoy he pensado compartir una de mis historias basadas en su universo, en realidad es una especie de poema, sin serlo realmente.
Aquí lo dejo, espero que os divierta. Aunque antes de hacerlo debo decir que está basado en el universo de Tolkien, pero no hay ninguno de los personajes de Tolkien en él, hay referencias, pero es una elfa que creé para una amiga.

Renaluinewen (Doncella del borde del río)
Hace muchos años que vivía al lado de un hermoso río. Y el Rey de mi Colonia era un elevado señor elfo, Hijo de Earendil, Elrond Undómiel, gobernaba mi reino.
Sus Hijos crecieron Conmigo, Recuerdo con claridad sus hermosos rostros y su elocuencia.
Ahora el Tiempo ha llegado para mí y debo partir lejos de aquí,
Dejando al Borde Del Río de Rivendel Mi alma y Mi esperanza.
He Amado en Silencio  y  Ese Amor me  llevo más allá del Mar,
Donde paciente aguardaré si se Decide a Volver.
Las Gaviotas Que Llegan Cantando Exigen Mi partida,
Y yo, Feliz  Me Voy, con Mi Señor a la Otra Orilla.
Ya  No viviré en este Hermoso Reino, Ya Nunca Veré  A Diferentes Razas,
Pues Allá, en Eldamar, son los Míos Los que Habitan,
Sin Hobbits, Sin Enanos,
Sin Hombres y Sin Ents.
Dicen Que los Bosques Son allá Más Verdes,
Y Que Todo el Año Parece Primavera.
Más, ¿Qué Haré yo sin el Hermoso Invierno?
¿Cómo Sentiré yo Mi Alma Feliz, Cuando despierten Los Capullos,
Si Todo El Año es Primavera?
Feliz Parto Con Mi Rey Elrond,
Pero Sintiendo Que Parte de Mí
Se Queda En Esta Orilla,
Con Estos Viejos Árboles de Mi Reino,
Con El Murmullo De La Cascada
Que Daba Al lado De Mi Ventana.
Y Sintiendo Que Quien Yo Amo,
Quizás Nunca Vuelva a Verlo.
Parto En Esta Hora,
Alegre y Triste a un Tiempo.
Parto a Eldamar,
Cantando Y Llorando,
Sonriendo y Gimiendo.
Adiós, Mi Hermoso Hogar de Rivendel,
Adiós a la Siempre Bienvenida Primavera de Endore,
Adiós Mi Hermoso Caballero,
Mi Corazón, Mi Alma,
Si Sueño y Mi Esperanza.
Al Otro Lado te Espero,
Elladan Undómiel,
Soñando con Nuestro Reencuentro.
Dejo Atrás Mi Hogar,
Lugar que Me Vio Crecer.
Y Regreso a la Hermosa Tierra
Que Me Vio Nacer.
Adios, Mi Amada Endore,
Adiós Por Siempre.
A Eldamar Se Va Mi Alma,
Sin Esperanza, Ni Ganas.
A La Hermosa Tierra Voy,
Pero Siendo Presa del Encanto
De mi Endore.
La Tierra Por Siempre
Más Amada.


Y aquí queda esta breve historia que escribí hace bastante tiempo.
Hasta el próximo Tejedora ;)






martes, 17 de mayo de 2016

Retales de existencia

Hoy en "Tejedora e hilandera de sueños" he decicido compartir un fragmento del último libro en el que estoy trabajando, es una historia de ciencia ficción y siempre he querido escribir una, así que me puse manos al teclado con intención de empezar lo que considero una trilogía llamada "Retales de existencia", este trozo que publico hoy es parte del primer libro de la trilogía, "Nada". Para ser honesta creía que me costaría algo menos escribir ciencia ficción, pero quiero hacerlo bien y estoy tratando de ordenar las ideas en mi cabeza para que encajen. Por lo pronto dejo este fragmentito.
PRÓLOGO
Todo empezó con Oiche: el cielo era oscuro, el terreno era negro; una nada infinita. Disfrutaba en su mundo. Era la reina y gobernaba a su antojo: no había dolor, sufrimiento, alegrías o pena y para ella eso era perfecto.
Vivió un tiempo indeterminado sola hasta el primer día de ella. Ella se llamó a sí misma Gealach y fue el primer alma que llegó a la Nada. Al principio estaba sola y Oiche no creyó que fuera una amenaza hasta que todos los demás despertaron para perturbar su paz.
Primero fueron los Ángeles. Iluminaron el cielo con su luminiscencia y surgió la bondad y la armonía.
Después llegaron los demonios. Eran el contrapuesto a los Ángeles y con ellos trajeron la maldad y el caos. Dominaron la mitad del mundo, la oscuridad que gobernaba cuando los Ángeles dormían.
Gealach se disfrazaba a sí misma para disfrutar de ambas novedades. Por el día se convertía en un ángel y por la noche en un demonio.
Oiche se preguntaba por qué no se daban cuenta de su presencia los ángeles y los demonios, si era algo completamente diferente a ellos, un secreto, como Oiche, y al mismo tiempo algo distinto.
Tras miles de años surgieron las hadas. Eran gentiles e inocentes. Un grupo juguetón a la que ángeles y demonios respetaban. Las Hadas se construyeron su Reino y, ni los unos, ni los otros, se metían con ellas.
Los siguientes en aparecer fueron las brujas y hechiceros. Eran poderosos y diferentes entre ellos. Las había que preferían estar con los Ángeles y su poder era la magia blanca. Los había que preferían a los demonios y usaban la magia negra. Sin embargo, al contrario que todos los demás seres que aparecieron antes, los Blancos y los Negros, podían usar ambos tipo de magia y así lo hacían según convenía a sus necesidades. Tenían la capacidad del cambio.
Los elfos llegaron más tarde. Tenían una belleza que seducía a Ángeles, Demonios, Hadas y Brujas por igual. Los elfos eran atemporales y trajeron la sabiduría, sabían muchas cosas y conocían el nombre de Gealach. Ante ellos su disfraz no funcionaba. Gealach tras vagar entre los cuatro reinos se quedó con los elfos. Admiraba su sabiduría y su belleza. Los elfos, a su vez, amaban a Gealach con ferocidad, pues ellos sabían que sin Gealach, el mundo no existiría.
Los cinco reinos convivían, pero la paz no siempre era posible y para solucionar los problemas, surgieron los Daimon y con ellos la diplomacia. Los Daimon eran tranquilos, mensajeros de todos los reinos y fueron los primeros en reproducirse con los ángeles, con los demonios, con las hadas, con las brujas y hechiceros, con los elfos y entre ellos. No habían nacido para pertenecer a un único lugar y no conocían la identidad de Gealach, porque se había integrado tanto en el mundo de los elfos que se había perdido a sí misma o, quizás, decidió disfrazarse para siempre.
Después nacieron los vampiros, eran cazadores letales y se alimentaban de la sangre de todos los demás. Los vampiros trajeron la belleza y la caza.
Tras millones de años, surgieron los Humanos y Oiche los odió.
Todos los demás reinos no le molestaban, incluso toleraba la existencia de Gealach, pero los últimos nacidos eran detestables. Se destruían entre ellos, se amaban, se odiaban, eran tristes, eran alegres. Tenían la bondad de los ángeles, la maldad de los demonios, la ingenuidad de las hadas, el poder el cambiar de las brujas y hechiceros, la sabiduría de los elfos, la diplomacia de los daimones, y la belleza de los vampiros. Eran retales de los demás y eso descolocaba a Oiche, quien siempre había creído tener todo el conocimiento.
Oiche sabía que todo había empezado con Gealach y se lo haría pagar. Oiche no tenía prisa, era más antigua y obtendría su justa venganza en el momento adecuado. Mientras tanto Gealach podía disfrazarse y disfrutar de todos los miembros porque, cuando cayera, lo haría a lo grande.
Todo empezó con el nacimiento de Gealach y todo terminaría con su muerte.
FIN
Lo dicho, es un trozo muy chiquitín de la historia en la que estoy trabajando, estoy perfilando aún los personajes y el universo en el que se mueven, pero bueno, poquito a poco iré construyendo el mundo de Oiche y Gealach hasta conseguir perfilarlos de la manera que quiero para que encajen en el mapa mental que tengo en mi cabeza de como quiero hacer esta historia.
Hasta el próximo "Tejedora" :)
 
 

miércoles, 4 de mayo de 2016

Hoy quiero hablar de cordialidad en este blog y es un tema que, la verdad, no se me ha ocurrido hasta ahora. Si lo saco a relucir es por qué esta semana me he dedicado a enviar currículos a todas partes para ver si me contratan y de todos los que mandé sólo dos empresas contestaron y ello me llevó a una reflexión curiosa.
La verdad es que esas dos respuestas, aunque eran para muy educadamente decirme que no necesitaban de mis servicios, me hicieron muchísima ilusión y lo digo de verdad. Veréis enviar currículos no es una tarea agradable, por lo menos para mí no lo es, y me da muchísima pereza porque llega un punto en que te hartas de enviarlos y que no te contesten.Curiosamente esto me recordó los muchos currículos que he enviado a lo largo de mi experiencia laboral, de las veces que he llamado a puertas y nunca me han contestado y he llegado a la conclusión de que eso es una falta de cordialidad. Sinceramente, he recibido respuestas automáticas de grandes empresas diciendo que conservaban mi cv en su base de datos y hasta eso lo he agradecido. Desde mi humilde punto de vista no es tan complicado preparar una contestación automática para todos los que escriban pidiendo una oportunidad laboral. No creo que implique un gran esfuerzo económico y ni siquiera necesitan que haya una persona contestando a mano los miles de currículos que las empresas reciben al día.
Y, sí, siguiendo al hilo de esto, se me ocurrió que yo también había demostrado una falta de cordialidad en otras ocasiones. Lo admito, he recibido contestaciones más personales diciéndome que no necesitaban a nadie, pero que conservaban mi currículo en su base de datos y no he respondido agradeciendo su contestación. Así que, desde hoy, he pensado que voy a responder a todas las personas que me escriban para decirme que no me cogen porque creo que con ello muestro el tipo de cordialidad que yo espero de las empresas a las que me dirijo. Y, tal vez, algunos me consideraran un poco excéntrica por responder a esos mails, pero honestamente, me va a dar igual. Ser cordial no cuesta ningún esfuerzo, es simple contestar agradeciendo la respuesta al mail con el que enviamos el cv y dando las gracias porque guarden nuestros datos en su base de datos. Sé que es una chorrada y que probablemente, si los guardan, se borrarán con el paso del tiempo, pero he decidido ser cordial. A mí no me cuesta esfuerzo y creo que, igual, ser cordial puede suponer un cambio con respecto a la opinión que tienen de ti las empresas a las que te diriges, y vosotros, ¿responderéis cordialmente cuando os escriban?
Desde aquí quiero promover un nuevo tipo de respuesta, sugiero dar las gracias porque si alguien se toma la molestia de rechazarnos con un mail, nosotros debemos responder a su acto ofreciendo un poco de cordialidad.
La cordialidad lo puede cambiar todo.
Hasta el próximo Tejedora! 

viernes, 8 de abril de 2016

Un suspiro

¿Alguna vez os habéis parado a pensar lo mucho que puede contener un suspiro? Un suspiro encierra mucha verdad en su interior. Hay suspiros de amor, de exasperación, de desesperación, hay suspiros  de alivio, de rabia y de pena. El suspiro es un lenguaje universal que todos hablamos en mayor o menor medida y, por alguna razón, siempre sabemos diferencias a qué tipo de suspiro nos estamos enfrentando cuando alguien lo habla. Por eso, en el Tejedora de hoy voy a hablar sobre suspiros de todo tipo. 

UN SUSPIRO

De amor
El sonido del teléfono la despertó de su letargo, se levantó de la cama esperanzada y contestó al tercer toque. Al oír la voz del otro lado no pudo evitar un suspiro de anhelo. Esperaba que fuera su novio, pero se encontró con qué era su amiga Marga para quedar con ella. Marga entendió el suspiro y le preguntó qué le pasaba. Luisa se sorprendió al ver cómo su amiga era capaz de discernir qué algo ocurría, pero luego pensó que era evidente qué algo andaba mal. Luisa y Marga hablaron durante un largo rato, en él ella se quejó de que su novio aún no la había telefoneado y Marga se dedicó a animarla contándole la última anécdota de su hija pequeña y Luisa comprendió que, a veces, un sólo suspiro contiene más verdad que mil palabras juntas.

De alivio
Escuchó el fuerte golpe desde el otro lado de la casa, el corazón se le aceleró en el pecho al pensar en las múltiples posibilidades que ese golpe podía representar y corrió sin pensar. La primera imagen que se le pasó por la cabeza fue la de su hijo de dos años cayéndose de la cuna, pero veía poco probable qué esto sucediera porque era una cuna resistente. Después pensó en su marido cayéndose de la escalera cuando estaba cambiando la bombilla del pasillo y hasta se imaginó a su abuela rompiéndose la cadera. Corrió hacia el lugar dónde había oído el sonido y se encontró a su perro mordiendo la pata de una silla que, por el movimiento, había acabado cayendo por su propio peso. Observó la escena y no pudo reprimir un suspiro de alivio. Al fin y al cabo, era sólo una silla, no su marido, su abuela o su hijo de dos años.

De desesperanza
Escuchar las noticias era desalentador. Llevaba tres semanas esperando por el resultado de esa entrevista. Estaba convencido de que todo le había salido bien, que en recursos humanos se darían cuenta de su valía y de sus ganas de aprender cada día una cosa nueva. Confiaba en sus propios talentos, en su instinto y por eso había estado seguro de que todo saldría a pedir de boca. Sin embargo, la señora de recursos humanos le llamó para decirle muy educadamente que no lo habían elegido. Al colgar el teléfono suspiró y se quejó de su mala suerte. Llevaba demasiado tiempo esforzándose para no obtener resultados.
Y de rabia
Dos semanas después su mejor amigo, quién le había conseguido la entrevista lo llamó y le dijo que la razón por la que no lo habían cogido era porque el hijo de la directora de recursos humanos optaba a la misma plaza y el suspiró, pero esta vez el motivo era completamente diferente al anterior.

De exasperación
Llamó por sexta vez a su hijo, tenía prisa y ese día él se empeñó en hablar con todos y cada uno de los amigos del cole que se cruzaron en su camino. Estaba feliz porque le habían dado las notas y eran excelentes, así que se paraba a hablar con todo el mundo y a lucir orgulloso sus galones de sobresaliente. Ella llevaba esperando por él más de quince minutos y sabía, no tenía la menor duda, de que le tocaría esperar al menos quince minutos más. Exasperada, suspiró y decidió acercarse a una de las madres para hablar. Le quedaban al menos quince minutos hasta que Brais terminara así que, ¿por qué no cotillear mientras tanto?

De pena
Sabía que, tarde o temprano, llegaría ese momento, pero aún así no le facilitaba la situación. Se encontraba en el aeropuerto de camino a su nuevo país. Llevaba mucho tiempo buscando trabajo en su país, sin éxito, así que había tenido que coger sus maletas y partir a otro lugar en busca de un futuro mejor. Se subió en el avión y, cuando este despegó, suspiró. Echaría de menos a su familia, a sus amigos y el lugar dónde había nacido.

FIN

Y esto es todo por hoy en "Tejedora", ¿habéis usado hoy el lenguaje universal del suspiro?



martes, 22 de marzo de 2016

La periodista Quijotesca

Hoy en "Tejedora" me siento reivindicativa. Reconozco que últimamente me pasa a menudo. No sé si es por la edad, por la vocación periodística o por el simple hartazgo de ver todos los días a nuestros políticos incapaces de ponerse de acuerdo por el bien del país y de los españoles. Honestamente, están tan ocupados lanzándose dardos envenenados que no son conscientes de que su desidia tiene a la mayoría de los ciudadanos descontentos, deseando mandar a alguno a un sitio que no diré en este blog porque no sería de señoritas. Lo triste del tema es que, en el fondo, no me sorprende. Este país está roto, abandonado a su suerte por unos gobernantes que no poseen liderazgo. Políticos encorsetados en su pequeño mundo, incapaces de ver la realidad de este país llamado España. El pesimismo nos viene de lejos, incluso hay un refrán que dice "Más se perdió en Cuba" que pretende animarnos. En serio, ¿no hay una manera mejor de levantar el ánimo que no incluya la palabra perder? Sé que España ha sido grande, un Imperio, pero no podemos seguir culpándonos por el pasado y deberíamos abrazar al país por lo que es hoy en día. ¿Por qué no podemos alegrarnos por nuestro presente? Quizás la respuesta a esa pregunta es la clave para ser capaces de reconciliarnos con nuestra propia identidad. Las cosas están mal, desde luego, pero la mejor novela de mundo sigue siendo española: “El Quijote” y hay referencias a ella por todo el mundo, todos conocen a Cervantes y su magna obra. Sin ir más lejos el otro día estaba viendo la serie “Sobrenatural”, de ciencia ficción y americana, cuando uno de los personajes citaba una frase del Quijote y cogía un ejemplar de una estantería. Y ahí, viendo nuestra magna novela en un ambiente completamente ajeno a nuestra realidad, se me despertó el orgullo patrio. Y recordé todas las cosas que hicieron los españoles, muchos de ellos auténticos pioneros de su tiempo. Una de las primeras películas del mundo fue española, “Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza”, que fue rodada poco después de que los hermanos Lumiére descubriesen el cinematógrafo. ¡En el año 1896! A principios de siglo ya existía en Ferrol un sindicato femenino en el Astillero. Tenemos varios premios nobeles de los que enorgullecernos: Cela, Jacinto Benavente, Severo Ochoa, Ramón y Cajal, Juan Ramón Jiménez. El propio y enorme Ernest Hemingway llegó a decir que no se sentía a la altura de Pío Baroja como autor.   Y estos sólo son algunos ejemplos: fuimos uno de los primeros países europeos en aprobar el voto femenino durante la República, uno de los primeros en aprobar la adopción de pareja gays y el matrimonio entre personas del mismo género y algunos de los grandes investigadores del mundo tienen origen español. En fin, ¿por qué no somos capaces de reconocer nuestra grandeza? Somos un gran país encerrado en su propio pesimismo. Todo este discurso viene a cuento de lo que me pasó en paseando por Ferrol, la ciudad donde nací. ¿Por qué? Simple, venía yo paseando, mirando los edificios espectaculares de la ciudad, la mayoría de ellos medio derruidos y pensé con amargura que en Ferrol hemos sobrevivido a la Guerra Civil, a una dictadura y no hemos sido capaces de sobrevivir a la desidia de nuestros gobernantes, sean del color que sean: La destrucción de la Plaza de España, la destrucción de la Antigua Fábrica de Lápices, la penosa situación de la fachada del Rena cada día más lejos de tener un nuevo fin, el Avenida cerrado y medio derruyéndose, los edificios de Ferrol Vello hechos polvo, la calle Magdalena que sea cae a cachos… Y todo a causa de nuestros políticos. Pensaba, ingenua de mí, que estas cosas sólo pasaban en Ferrol y me sorprende que sea un mal endémico en nuestra sociedad. España está fragmentada, cada vez más, y si seguimos así no sé si tendrá solución. Hemos soportado carros y carretas, hemos tirado de paciencia, de buena voluntad, de esperanza y hasta nos hemos engañado a nosotros mismos diciendo que la mejora llegaría y, a pesar de ello, nuestros políticos siguen sin hacer nada. Entre el ego de Pablo Iglesias, el ansia de Pedro Sánchez de gobernar al precio que sea, la ceguera de Rajoy que se niega a ver la realidad de su propio partido, la ruptura de Izquierda Unida por la mala gestión de algunos líderes, las Mareas que se hacen añicos a pasos agigantados y Albert Rivera frotándose las manos con antelación porque, por ahora, no está siendo machacado y cuestionado por todos los demás, el país sigue detenido, sin ir hacia adelante. Lo peor es que todos ellos siguen tirándose dardos envenenados para lograr un sillón con el fin de salvarse sus propios “culos”, perdón por la palabra malsonante, pero es que me indigna esta situación.  Quiero pensar que podremos salir adelante, pero el pesimismo me asalta al ver la dura realidad. Por eso quiero hacer un llamamiento a los españoles se sientan gallegos, vascos, catalanes, madrileños, extremeños, andaluces, asturianos, valencianos o de cualquier Comunidad Autónoma. Busquemos el optimismo, el orgullo por saber que hemos sido grandes y podemos volver a serlo. El futuro está en nuestras manos, las Nuestras, no podemos esperar que nos salve Europa o nuestros políticos porque ese tren ya ha zarpado. Levantémonos cada día con ganas de hacer más y resucitemos el espíritu quijotesco. Quijote pudo luchar contra molinos de viento, luchemos nosotros también contra ellos. Alonso Quijano se hizo daño, lo sé, pero salió fortalecido. Así que, ¿por qué no probar? Ya hemos perdido mucho, quizás lo que necesitamos es más Quijotes y menos políticos corruptos.

lunes, 29 de febrero de 2016

Hace algún tiempo hice una prueba de guión para una serie española que me encanta. La verdad es que no me había leído el guión hasta hace poco y he descubierto un breve monólogo que me gusta mucho, así que he decidido compartirlo en el Tejedora.

LA LIBERTAD

La libertad es una utopía porque todos somos presos de algo; de un sentimiento, de un trabajo…
Nos venden la libertad como si existiera, pero lo cierto es que todos estamos condicionados por nuestro alrededor.
Hace cuarenta años la gente gozaba de más libertad; ahora estamos demasiado pendientes de cosas sin importancia como los teléfonos móviles, la cantidad de dinero que voy a ganar… Estamos involucionando, retrocediendo al pasado. En mi época hay gente que no se vacuna cuando la medicina puede salvar vidas; en el hospital he visto a mujeres que fingen darse golpes cuando son los desgraciados de sus maridos los que les hacen daño, cada día hay parricidios, miles de refugiados mueren cada día intentando llegar a un lugar que les aleje de la miseria y la guerra…
En el siglo XXI estamos tan acostumbrados a la violencia que hemos olvidado el significado de la libertad. Todo el mundo lleva la libertad por bandera, pero a la hora de la verdad ninguno respeta la de los demás.

FIN

Como ya dije era un brevísimo apunte sobre la libertad y me parece importante sacarlo hoy a colación porque cada vez soy más consciente de que la mayoría de nosotros no somos realmente libres. Cada uno nos sentimos presionados por aspectos diferentes de la vida que nos impiden sentirnos completamente libres.
Cada día que leo el periódico soy muy consciente de que la libertad por la que todos clamamos no existe, es una utopía. El ser humano la mayor parte del tiempo nos lo pasamos censurando comportamientos en los demás, criticando actitudes, la elección política de cada cual etc. y además, una gran parte del mundo, vive en lugares donde la libertad no existe, donde las personas se ven condicionadas por sus religiones,  aspiraciones de conocimiento, el gobierno de turno que actúa como dictador, inclinaciones sexuales...
Todos soñamos con la libertad, pero cada día nos alejamos más de ella con comportamientos como el acoso escolar, asesinatos a mujeres por sus maridos, homosexuales que son asesinados en algunos países. Nadie está excluido en esta lista, ni siquiera los supuestos países desarrollados. Sólo hay que ver a los países del Este que se niegan a acoger a refugiados y sin embargo quieren que los países más ricos de Europa los acojan, Trump en los Estados Unidos con un mensaje xenófobo y elitista. Porque, sí señores, no nos engañemos, lo que Trump quiere es tener más dinero, más poder y que se jodan(perdón por la expresión) las clases sociales más deprimidas. Lo triste de Trump es que sus votantes son mayoritariamente blancos y, encima, ni siquiera tienen dinero. Personas deprimidas que creen que echando a los méxicanos y a los refugiados sirios tendrán más oportunidades laborales y un mundo de color de rosa.
Y, dentro de todo este caos, está la prensa. Soy periodista y cada día estoy más convencida de que mi profesión es una chirigota, con tantos medios obligados a seguir una línea editorial y que se niegan a criticar los problemas actuales de nuestro país por si pueden ofender a determinado grupo político o económico.
Yo no sé si algún día lograremos la libertad, pero empiezo a pensar que cada vez que el mundo evoluciona, el ser humano involuciona, volviendo a actitudes más propias de la Edad Media que de un tecnológico S.XXI.

Como apunte final quiero hablar del magnífico programa que hizo ayer  Jordi Évole, uno de los pocos periodistas objetivos que quedan en este país, sobre el amianto. Una enfermedad que se ha llevado centenares de vida en el mundo y que, a día de hoy, en países como Brasil, India, Rusia y China se siguen utilizando.  Lo peor del tema es que las personas que se ven obligados a usar el amianto en su trabajo deben hacerlo, aún siendo conscientes de que éste les matará poco a poco porque los grandes empresarios están dispuestos a cualquier cosa para seguir ganando dinero. No importa que mueran cientos de personas mientras sus bolsillos se sigan llenando con dinero que, en todo caso, está manchado con la sangre de muchos.  Soy de Ferrol y me enfada bastante cómo trataron las empresas navales de nuestra maravillosa ciudad a sus trabajadores con respecto al amianto. Una muestra más de la falta de libertad porque unos auténticos capullos(nuevamente perdón por la expresión) se lucraron jugando con la vida de otros y eso, señores, es una muestra del poco respeto que tenemos a las vidas de los demás.

En fin, os dejo mi reflexión sobre la libertad. Nos vemos en el próximo Tejedora :)


lunes, 8 de febrero de 2016

La suerte es una cuestión de fe. Eso dice todo muchas personas que afirman que tal cosa como ésta existe. Luego están los que dicen que la suerte depende de cada uno y que, si piensas en positivo, sólo te ocurrirán cosas buenas. Así que, recuperado mi ordenador del virus, en el Tejedora de hoy voy a narrar una pequeña historia protagonizada por Suerte.

SUERTE
Suerte estaba sentada en su taburete, en el lugar donde viven los sueños de los hombres y sus más hermosas ilusiones. Ese era, en realidad, su lugar de nacimiento. El sitio donde había crecido y donde había aprendido algo sobre sí misma y el mundo que la rodeaba. De hecho, todos los miembros de su familia habitaban en ese mismo lugar, esperando el momento en que fueran requeridos.
En la parte de la cocina estaba su madre Esperanza, preparando su plato preferido. Con los pies sobre un taburete se encontraba su hermana Ilusión. 
Ilusión se alegraba por todas las cosas, si se caía una hoja, si nacía un potrillo, si alguien la saludaba... Siempre estaba de un humor excelente.
Su padre, Miedo, había ido al trabajo. De todos ellos era el más ocupado porque la mayoría de los seres humanos tenían miedo: de cumplir sus sueños, de no cumplirlos, de enamorarse, de no enamorarse, de caer, de no caer...
 Suerte pensaba que ser humano debía ser la cosa más difícil del mundo y de eso ella sabía un rato. Por alguna razón los seres humanos siempre se estaban acordando de ella.
 Cuando las cosas les salían bien decían que era una cuestión de Suerte.
 Cuando las cosas les iban mal decían que era por la mala Suerte.
 Si algo les salía mal, pero se acordaban de su madre Esperanza decían más Suerte la próxima vez.
 Suerte aquí.
 Suerte allá.
 Suerte arriba.
 Suerte abajo...
A ella no le molestaba que los hombres y mujeres se acordaran tanto de ella, de verdad que no, pero es que a veces tenía unas ganas locas de decirles que las cosas no dependían de ella, sino de ellos mismos.
 Suerte no elegía por el ser humano, no tomaba sus decisiones. Eso lo hacían ellos y, a veces, veían la cara buena de Suerte y otras la cara mala.
 Suerte en sí no era mala, todo dependía de si los hombres se acordaban más de su madre, de su padre o de su hermana.
 A veces Suerte anhelaba ser como Ilusión porque su vida era mucho más sencilla. Ningún humano decía que Ilusión era mala, su hermana brillaba siempre, incluso en las noches más oscuras.
 Su madre también estaba bien, los hombres se acordaban de ella siempre para bien, nunca la perdían de vista.
 Su padre, por otro lado, era el peor parado. Suerte sabía que la principal razón por la que los seres humanos hablaban mal de ella era a causa de su padre. El Miedo atenazaba sus corazones, los constreñía y no les permitía ver a su hermana o a su madre en cada oportunidad. Ser Miedo, sin duda, era mucho peor que ser Suerte. Al fin y al cabo, Suerte podía ser buena o mala según el día.
 Suerte pensó que, tal vez, no debía quejarse. 
 En ese momento se dio cuenta de que alguien la estaba llamando, se demoró un instante para saber cuál de sus dos caras debía mostrar. Quien la llamaba era una niña pequeña y Suerte se sintió feliz. Los niños siempre pensaban que ella era buena.
Con una sonrisa abandonó su butaca, empezó a caminar hacia la niña que la llamaba y pensó que, tal vez, si los adultos vieran las cosas con los inocentes ojos de un niño serían más felices.
FIN

Sé que es una reflexión breve, pero la verdad es que cada día estoy  más convencida de que deberíamos dejar atrás nuestros temores y empezar a soñar a lo grande, creer como Audrey Hepburn "Nothing is impossible. The word itself says I´m possible". O lo que es lo mismo, nada es imposible, la palabra en sí misma dice Soy posible.
Yo no sé si la Suerte existe, pero de lo que estoy convencida es de que el Miedo es el principal causante de nuestras dudas.
Y vosotros, ¿qué cara de Suerte veréis hoy?
Hasta el próximo Tejedora ;) 




La hoja en blanco y la sonrisa de un extraño

La sonrisa de un extraño y la hoja en blanco. Era una mañana tormentosa, el cielo estaba encapotado y las nubes amenazaban con descargar c...