lunes, 15 de diciembre de 2014

Estos días sigo publicando mi primera novela "Ángela", es una historia de amor y de lo que más orgullosa me siento, como casi siempre, es de los personajes. Aunque reconozco que en esta tuve un par de buenos momentos y se me ocurrieron varias frases que, a mí personalmente, me encantan.
Ángela
Durmió hasta la una del día siguiente. Cuando se incorporó de la cama se avergonzó de haber dormido tanto tiempo. Bajó al comedor apresurada, descalza y encontró a su abuela en la cocina.
La rodeó y le dio un fuerte beso en la mejilla, como tantos años atrás.
- Buenos días abuelita, veo que estás preparando mi tarta favorita.
- No por ti, sino por la pequeña, la voy a empezar a malcriar desde ahora mismo.- Acarició el abdomen de su nieta y sintió un ser que se movía despacio en su interior.- Veo que la pequeña tiene hambre, ¿no la oyes dando vueltas en tu interior?
- La verdad es que sí.- Niam sonrió a Segunda.- Creo que también protesta porque ayer la tuve despierta hasta muy tarde y hoy la deje demasiado tiempo durmiendo.
-  ¡Meu rei!˜- Llamó Segunda a  su marido.
El abuelo apareció por la puerta y vio a sus dos mujeres favoritas en la cocina.
Su mujer y su nieta.
Niam había sido la debilidad de Manuel desde el momento en que llegó al mundo, por eso se había pasado meses consultando una enciclopedia de nombres celtas para darle un nombre con leyenda a su nieta. Y Niam, diosa de la juventud le pareció el más adecuado.
- Buenos días, pequeña Niam.- El abuelo se acercó a su nieta y le dio un saco de terciopelo de tamaño pequeño.
Dentro encontró una cadena de plata y colgando de ella un antiguo signo celta de protección, el abuelo Manuel lo había heredado de su abuelo y sabía que llevaba siglos en la familia.
Era una imagen de un halcón.
- ¿Qué es abuelo?
- Es una antigua reliquia celta que lleva en nuestra familia muchos siglos,  Seabhac, el halcón, el protector de nuestra familia, Niam.
Según una antigua leyenda celta... bueno, realmente es una poesía y se dice que Seabhac es una lágrima del sol. Lo antiguos celtas decían que era el animal más antiguo y que él era el mensajero de los dioses junto con Drui-En, el Reyezuelo.
- ¿Tenemos protector?
- Así es.- Manuel pareció revivir, sabía que era el momento de contarle a Niam el origen de su familia. Una de las más antiguas de la comarca.- Mi tataratatarabuela era descendiente de una antigua tribu celta, decían que pertenecía a una familia de druidas y algunos incluso decían que provenía de la familia de Finn McCool
 Este el signo que nos otorga valor y fortaleza.
Debes guardarlo, creo que todavía tiene una buena parte de sus poderes mágicos y por eso te lo doy a ti, tú se lo debes dar a tu primer nieto, él a su primer nieto y así sucesivamente.
Es importante mantener la tradición, pequeña Niam.
- Significa mucho para mí, abuelo.- Niam sonrió al anciano y se vio rodeada por sus fuertes brazos y sintió el peso del Seabhac sobre su pecho.
- Nunca te lo quites, te protegerá del mal, es un regalo muy especial.
Lo sé porque lo he llevado conmigo hasta que he visto que tú lo necesitabas más que yo.
- Estoy segura de que sí.- Segunda acarició el rostro de su marido y le dio un beso en los labios.
Niam se dedicó a mirarlos y sonrió.
Acarició suavemente el Seabhac y creyó que de verdad tenía poderes mágicos, porque se sentía mejor.
- Lo que hemos pensado también tu abuelo y yo es que te quedes en nuestro pazo para siempre, sus herederos son tu padre y tu tío, pero ellos no tienen el más mínimo interés en este edificio tan antiguo.
Tu padre ya tiene su propia casa aquí y tu tío también.
Habían acordado venderla así que nosotros fallezcamos, pero... lo hemos pensado bien... – Segunda sonrió a su nieta.- Tú serás la heredera legítima del pazo Ponce, Niam.
- No... no puedo aceptarlo... es vuestro y vosotros todavía viviréis muchos años más.
- No es un obsequio, Niam.- Manuel sonrió a la nieta.- Es una obligación. Al entregarte el Seabhac te cedo el pazo.
Pensaba dejar el Seabhac enterrado en algún lugar de este pazo, ya que sigue siendo su protector. Pero si doy el Seabhac con él doy también la responsabilidad de cuidar esta pequeña joya que hemos heredado desde tiempos inmemoriales.
Creo que por primera vez me doy cuenta porque me siento más unido a ti que al resto de nuestra familia.
Por ti mana la sangre celta y esta gritando porque te quedes. ¿No lo sientes tú también?
- Niam sonrió a su abuelo.
            Al principio había creído que lo que sentía por sus venas era estrés, nervios por dejarlo todo abandonado y echar a correr hasta un sitio desconocido. Ahora ya lo sabía, eran el pazo y el Seabhac quienes la habían llevado hasta allí, su destino.
- Creo que sí... y ella también está gritando para que me quede.- Acarició su abdomen y sintió como su hija daba un bote de alegría al conocer la decisión de su madre. Las dos debían vivir juntas y cuidar el Seabhac.
Abuelo, abuela... acepto la responsabilidad de mantener vivo este lugar, forma parte de nosotros.
- Los dos miraron a Niam y al punto comenzaron a llorar, se dieron un fuerte abrazo y cogieron a su nieta y la situaron en medio de ambos.
 Habían esperado mucho tiempo para darle el Seabhac, lo habían sabido cuando en las Navidades anteriores había ido sola a pasar esas  fechas con ellos.
Supieron que su marido la hacía infeliz, pero no querían atarla por el momento. Necesitaban que regresara, que fuera consciente del encargo tan importante que le habían encomendado. Por fin el Seabhac regreso a las manos de su nuevo guardián.
Y aunque ella no lo sabía, la magia corría por el Seabhac .
 Y él, que en su interior mantenía el alma de un halcón, prometió cuidar de ella y darle lo que ansiaba, esa había sido su misión durante muchos años, desde que el Mago Merlín lo regaló a una familia que le había ayudado muchos siglos atrás.
- Me quedaré en este que es mi lugar, aquí donde están mis raíces y mi origen, he regresado a la tierra que me dio la vida.
Ahora me siento llena de felicidad y energía.
He tardado veinte años en descubrir que la felicidad no consiste en tener dinero, que lo tengo, sino en poder estar rodeada de personas a las que quieres y que te quieren.
Y que sabes que nunca te fallarán, como tú tampoco a ellas.
Gracias por ofrecerme la posibilidad de redimirme.
- ¡Ay, filliña!- Segunda se abrazó fuertemente a su nieta y la acunó en sus brazos.- Ahora sí que seremos verdaderamente felices.
- Tú llenarás esta casa tan vacía y nos traerás alegría a nuestras vidas.
- Mañana iré a buscar trabajo y os ayudaré en todo cuanto pueda.
Voy a hacer lo imposible por vuestra felicidad, yo os ayudaré y cuidaré de vosotros.
Por una vez en todo este tiempo me da la sensación de que hice lo correcto dejando atrás mi pasado.
Sé que mi futuro está aquí, que volveré a recordar quién soy y porque soy la que soy.

Hasta el próximo "Hablemos" :)

˜ Meu rei significa en español mi rey.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Cuando llegó al Pazo subió las escaleras y se encontró a sus abuelos en el salón, uno a la vera del otro. Ellos sonrieron a su nieta, se separaron e hicieron un hueco en medio, como solían hacer cuando tenía diez años.
- Tengo que explicaros por qué estoy aquí, aunque supongo que ya lo sabéis.
Mi marido Ernesto me engañó durante cuatro años de infeliz matrimonio y decidí regresar… Abuelos... he huido de Ernesto.
No iba a hacerlo, estaba dispuesta a seguir sufriendo en silencio mis desencuentros con él, pero... ocurrió lago que hizo que cambiase de opinión. - Se quitó el abrigo que había llevado puesto desde el aeropuerto. – Ella es el motivo de que volviera a casa.- Se señalo el abdomen.- Estoy embarazada de dos meses y la pequeña Ángela me ha ayudado  a alejarme de Ernesto... ella me dio el empujón que necesitaba para olvidar  una vida de desengaños y dolor.
Me prometí al saber que estaba embarazada que mi hija sería feliz, que ella crecería en un ambiente de amor, de paz.
            Por eso he regresado a casa.
Nadie sabe todavía lo del bebé, ni siquiera mi madre porque ella me hubiera obligado a quedarme y yo quería traerla aquí. Que ella, como yo, descubriera la belleza de estos parajes.
Ahora me siento ridícula, ¿sabéis?
Porque no he sabido decir que mi matrimonio había acabado.
Me daba la sensación de que... había fallado... no había encontrado ese amor ideal. Estaba dispuesta a todo para conseguirlo, pero no a su costa.- Acarició su abdomen.- Ángela tendrá lo que tuve yo, una familia que la adora, un hogar donde el amor es la tónica imperante, os tendrá a vosotros y me tendrá a mí. – Concluyó entre lágrimas.
- No llores.- Segunda colocó la cabeza de Niam sobre sus piernas y una hermosa sonrisa se dibujó en sus labios.- No fallaste tú.
            Falló él.
- Yo también porque quise estar ciega a sus infidelidades...
- Confiaste, eso nunca es malo.- El abuelo Manuel acarició la larga melena trigueña de su nieta.
Niam se quedó mirando a sus abuelos, lloró con entre sus brazos durante horas, sintiendo que ellos la despojaban del profundo dolor que sentía.
- Querida Niam, no sé si te has dado cuenta de que vamos a tener una biznieta.- Segunda miró a Niam y le dedicó una sonrisa llena de complicidad.- A esta criaturita la vamos a tratar muy bien, la vamos a alimentar mucho, la llenaremos de caricias y mimos.
- Será muy feliz con sus bisabuelos, además pasará la infancia en un antiguo palacio gallego.  - Manuel abrazó a su nieta y la miró con cara de regañar.- Oiga usted, muchachita, debería de estar en la cama descansando.
- Es cierto, buenas noches.- Niam besó a sus abuelos y se fue a acostar.
Al fin pudo pensar fríamente sobre lo que había hecho.
 Lo había abandonado todo y eso le empezó a dar miedo, hasta ese mismo día a las siete de la tarde había sido Niam Ponce, la famosa escritora, ahora sería María Ponce.
Su identidad secreta de novelista estaría oculta de la prensa y de la gente que le podía desear mal, al menos desaparecería hasta que se firmara el divorcio.
Se dirigió a su bolso y sacó la cartera.
Observó sus siete tarjetas de crédito y vio el ejemplar de su última novela “El amor eterno”.
Tomó el ejemplar y lo abrazó fuertemente.
Comenzó a sentir lágrimas resbalando por su mejilla y fue a la primera página, a esa dedicatoria tan especial para un amor desconocido, pero que ella conocía muy bien, su verdadero amor.
Aunque ahora ya era tarde para ellos  “A un amor eterno, a ti que me amas sin conocerme”, se preguntó si sabría él que la novela la había escrito en su honor, pensó si recordaría aún todo lo que habían sido uno para el otro, aún a pesar de que ella lo dejó por Ernesto.
Estuvo a punto de llamarlo por teléfono y decirle que volviera, sabía que lo haría sin rechistar, pero pensó en la otra y de pronto se sintió culpable.
“No te meteré esta vez en mis problemas, amor mío. Seguiré yo sola aunque la vida misma se me vaya en el intento de olvidarte.
Sé que eres mi alma gemela, la lástima es que lo descubra tan tarde”.
Se rió de su situación.
Durante mucho tiempo se había consolado en él.
Sus dolores los había olvidado gracias a su presencia, gracias al contacto que todavía mantenía con él, sobre él había depositado todo el amor que al principio, equivocadamente, le cedió a su marido.
Se sintió culpable sabía que todo el amor que dio a Ernesto no le pertenecía, sino al otro.
A las dos de la mañana todavía no se había dormido.
 Daba vueltas incómoda sobre la cama, aburrida se decidió a empezar una nueva novela, esta vez la historia sería de desamor, de acuerdo con la situación que ella vivía.
A pesar de saber que el otro todavía la amaba.
 “Me pregunto si alguna vez llegaré a olvidarte, si algún día me despertaré y diré que ya no te quiero.
 O si seguiré toda mi vida añorándote, si pasaré más noches sin dormir al recordar tus manos, firmes, suaves y llenas de dulzura sobre mi cuerpo.
Si algún día dejaré de estremecerme al recordar tu sabor, oh, dulce amor. Te quiero tanto que creo que me moriré de desamor si tú no  vuelves a mí”
Así empezó su novela.
 La protagonista había perdido al amor de su vida y lloraba angustiada porque creía que nunca regresaría a ella, la había dejado por otra más joven, más  tonta, pero más fácil que ella.
“Supongo que Ernesto pensará que me refiero a él. Probrecito mío, si sabe que sólo le amé el primer mes de matrimonio...
 Y luego lo olvidé, porque me reencontré con mi dulce pasión, con la única persona que se merecía mi amor más que otra cosa en el mundo.
Tal vez, cuando ya tengamos la sentencia del divorcio le diré que de él sólo quería un hijo. Que le engañé durante cuatro años haciéndole creer que él constituía mi vida. Le mentí. Aunque creo que ni siquiera era consciente yo de ello hasta ahora, que he vuelto a mi casa y me he dado cuenta de que no es a Ernesto a quién echo en falta”.

Siguió escribiendo hasta las cinco de la mañana, cuando cayó en su mullida cama, lo recordó por última vez antes de cerrar los ojos y encontrarse con su amor en un sueño hermoso de su juventud, cuando se conocieron.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Fue consciente de que su paso era definitivo, no quería que las cosas fueran sencillas como antaño, lo único que deseaba era empezar de cero y volver a ascender.
 Había perdido las ganas de luchar mucho atrás,  pero supo que las recuperaría, eso sería un reto y debía hacer frente a él con toda su fuerza de voluntad.
            Mientras oía el zumbido del avión se recreó en sus recuerdos infantiles.
Le llegaron imágenes de su abuela cogiéndola en brazos, en el colo como le solía decir  Segunda, y su abuelo enseñándole a pescar, una fiesta a la orilla del mar, el abrazo de su madre al hacer la primera comunión, eran remembranzas que no habían vuelto a su cabeza desde veinte años atrás y se sintió conmovida por la capacidad del hombre de recrearse en rememorar su pasado.
            Recordó a su padre,  a su madre y a sus hermanos, quienes se habían quedado en Madrid, en esa ciudad gris que desde el aire le parecía triste,  melancólica.
Una ciudad, que por primera vez en veinte años, se percató de que no le gustaba.
            Había dejado  a su esposo y su trabajo, no tenía ni idea de a dónde se dirigía, sólo pensaba en que deseaba estar allí lo antes posible.
            El avión descendió al aeropuerto de Santiago de Compostela.
            Cogió su equipaje, su ordenador portátil  y las llaves de su coche que llegaría al día siguiente de Madrid.
            Se dirigió a la puerta B y se extasió al contemplar a sus abuelos en un abrazo y a sus tíos en otro. Con los ojos empañados en lágrimas se dirigió corriendo a sus abuelos, Segunda y Manuel y se abrazó a ellos. Le pareció que esos ancianos eran piedras fuertes que la aferraban a la vida y le daban un nuevo sentido a la misma.
            No hablaron prácticamente nada en el trayecto hasta casa de los abuelos.
            Al llegar a la gran casa señorial, los tíos y la prima de Niam  se despidieron.        
Al entrar en el hogar de su familia, el jardín la recibió  cargado de  rosas, amapolas y tulipanes, la brisa marina resonaba en las paredes del viejo palacio llenado el hogar con su olor. Las vistas desde la casa eran increíbles y Niam, no pudo evitarlo, se preguntó por qué había estado tanto tiempo lejos de sus raíces.
            Se apresuró a subir la escalera y se dirigió al cuarto donde dormía cuando todavía era pequeña. Era un dormitorio grande, con una cama victoriana, un tocador de la época rococó y unas mesillas del S.XVIII.
            Abrió el escritorio de principios del S.XIX y entre un montón de papeles encontró el primer cuento que había escrito, justo en esa misma habitación con nueve años, el papel tenía un color amarillento y la letra era casi ilegible.
            Sonrió hacia su hallazgo y luego observó a sus abuelos.
            - ¡Lo habéis guardado!
            - Tú nos dijiste que lo conserváramos, porque algún día valdría una fortuna. – Habló su abuela.
            - Cuando sea la mejor escritora de todo el mundo podréis decir que soy vuestra nietita.- Concluyó Manuel.
            - Sólo tenía nueve años, no podía saber si mi sueño se haría realidad.
            - Confiábamos en ti.- Segunda y Manuel se aproximaron a su nieta y la rodearon con sus brazos.- Nos alegra que nunca hayas desistido al intento de hacer realidad tu sueño.
            - Gracias por confiar en mí.
            Hacía mucho tiempo que nadie confiaba ya en mí…
            - ¿Te apetece tomar algo, filliñaF?
            - No, prefiero pasear por la playa un rato y pensar...
            - De acuerdo.- Los abuelos se alejaron, Niam cogió una chaqueta gorda de su armario y caminó hacia la playa.
En el trayecto de ida, por primera vez, se percató de lo que había hecho y las consecuencias que esto traería.
            A las diez y cuarto de la noche llegó a la playa. El sonido del viento le traía recuerdos de su infancia y supo que nunca debería de haberse ido. Su hogar estaba en ese pequeño pueblo de la costa gallega, en esa tierra de la que ya formaba parte su familia desde  tiempos imperecederos, la época de los celtas.
Niam[i], la del cabello dorado, había regresado.  
            Se sentó en la arena sintiéndose completamente en armonía con el mundo que la rodeaba. No comprendía cómo podía haber pasado tanto tiempo lejos del mar, del bosque y del sonido de la lluvia en los charcos….
Observó en la oscuridad el mar Cantábrico, lleno de esplendor, de fuerza, de una energía que ella deseaba para sí.
 Se sentía mortalmente cansada por sus cuatro años de infeliz matrimonio y se afligía por haber amado a la única persona que no se la había merecido.
Se sentó sobre una roca y puso sus pies en contacto con el agua, estaba helada.    Había decidido regresar a casa de los abuelos para pasar con ellos Navidad, sabía que sus hermanos y sus padres no irían; que sólo tenía a los abuelos, a los tíos y  a aquélla que habría de llegar a principios del mes de mayo, por ella había dejado a su marido, su hija Ángela.
No le había dicho a Ernesto que se había quedado embarazada en el único fin de semana feliz de su matrimonio, no lo hizo porque no le prestó atención y lo primero que hizo al regresar fue llamar a su amante.
Ella no tenía esperanza de quedarse embarazada, lo había intentando en vano durante sus cuatro años de matrimonio y cuando supo que el fruto de su amor por Ernesto iba a crecer en su interior decidió alejarla de él. 
Cuidaría de su hija sola. Ernesto se enteraría cuando el divorcio ya estuviera firmado, no tendría posibilidad de arrebatársela, la pequeña Ángela iba a ser sólo suya.
Sonrió en silencio y acarició suavemente su barriga.


F Filliña es una palabra gallega que significa hijita.



[i] Según la mitología céltica, Niam era la hija del dios marino Manannan Mac Lir. La protagonista de esta historia no tiene nada que ver con el personaje mitológico del que toma el nombre, aunque sí es rubia como ella, de ahí el comentario del cabello dorado.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Tras un tiempo sin escribir he decidido publicar hoy en "Tejedora", un fragmento de "Ángela", una de mis primeras novelas. Es probable que siga actualizando la página con más fragmentos de esta historia.

 ÁNGELA

No supo cómo, ni por qué, cuando se dio cuenta ya se encontraba en el avión, había tomado la decisión más importante de su vida.
            Dejar todo atrás y empezar desde cero, desde el principio.
Como si su matrimonio no fuera más que un mal sueño y las cosas no hubieran cambiado desde que había dejado su casa en Galicia veinte años atrás.
 Volvería a  estar con sus abuelos, las cosas irían mejor.
Ella era una escritora de treinta años y se había pasado los últimos cuatro años de su vida atada a un marido, Ernesto.  Cuando lo conoció pensó que sería el hombre de su vida así que no dudó en poner todas sus armas de seducción a trabajar y estuvieron juntos hasta que él le pidió matrimonio.  Creyó que era lo más hermoso que le iba a pasar en la vida, no supuso que esa felicidad sólo duraría un año.  Ernesto era un mujeriego, se lo habían advertido, pero decidió ignorar lo que sus amigos le comentaban a cada paso, estaba ciega de amor.            Él había gastado todo el dinero que ella ganaba con sus libros en otras mujeres, lo tuvo que coger un día, en su propia casa, con su mejor amiga del trabajo.
             Los echó a patadas y decidió volver a Galicia,  quería empezar de cero, que él desapareciera de su vida y que con él se fuera a tomar viento toda su mala suerte.
A medida que el avión se alejaba del ruidoso Madrid su corazón chillaba que  volviera a su lugar de origen, que regresara a la tierra que la había visto nacer, al mar en el que estaban sus raíces.
En su cabeza el alma celta deseaba retornar al lugar donde estaban sus inicios, creyó oír en su interior una voz que le decía  “Vuelve, vuelve a casa. Al mundo del que provienes, Niam”.
            Niam se sentía en el cielo, siempre había oído que había una nube negra de contaminación que cubría el cielo de Madrid y por primera vez en su vida se percató de que era así. El avión surcó las nubes y tan sólo vio las luces de la gran ciudad  madrileña que quedaban bajo sus pies, la atronadora ciudad se fue alejando poco a poco.
Ese momento se convirtió en el adiós definitivo a Ernesto y también a su vida.
            Desde ese día sería una más, no la célebre escritora en la que se había convertido con un gran esfuerzo, ya no podía seguir soñando con preciosas e ideales historias de amor, era el fin del romanticismo y la vuelta a la cruel realidad después de cuatro años en ceguera.
            En su vuelo de Bussiness, mientras servían los aperitivos y bebidas, se preguntaba qué sería de ella, cómo la recibiría el lugar que la había visto partir veinte años antes y se preguntó que sentiría tras veinte años de ausencia.
Los primeros días los pasaría en un hotel, pero su intención era comprar una hermosa casa de piedra como la de sus abuelos y  vivir al lado del mar, era lo único que tenía claro de su regreso a las raíces celtas, que ocultas, aún continuaban metidas en su alma.       El pasado ya no le preocupaba lo más mínimo, lo único que la podía asustar era el incierto futuro que le aguardaría en el mar gallego.


Y eso es todo por hoy, me despido con una frase de Tomas de Kempis, un canónigo agustino.
"He buscado la felicidad en todas partes, pero no la encontrado más que en un rincón, con un libro."

jueves, 30 de octubre de 2014

      Sé que hace como mil años que no publico nada en este blog, pero hoy voy a remediarlo publicando una breve reflexión sobre los muros digitales. En uno de los primeros comentarios que hice en "Tejedoraehilanderadesueños" hablé de los muros de papel que nos encontramos en los diferentes medios de transporte, también entonces creo recordar que hice una breve alusión a que últimamente lo que proliferaba en los medios son los muros digitales. Recientemente he tenido esta conversación con dos personas de mi círculo cercano, estas insistían en que cuando se suben a un medio de transporte no es que se pongan muros digitales, sino que les gusta ir a lo suyo y por eso van con el móvil o con lo que quiera que sea que lleven entre manos. 
     Yo, como pensadora divergente que soy, no estoy de acuerdo con su afirmación. Tal vez ellas piensen que van a lo suyo y por eso se ponen esos rígidos muros digitales, pero recientemente he estado dando una asignatura de comunicación en la universidad y, tras haberme leído y recopilado bastante información al respeto, debo decir que estas barreras digitales son, desde mi punto de vista, barreras físicas. Sí, lo sé, suena ridículo que un pequeño móvil sea una barrera física en el mundo terrenal, pero, señores y señoras, eso es lo que es.
    Últimamente realizo muchos viajes en metro y en autobús para ir hasta mi lugar de trabajo y veo esas barreras en todas partes. Todos nos ocultamos tras nuestros móviles para pasar desapercibidos. Muchos de vosotros, queridos lectores, pensaréis que estoy exagerando y estaréis de acuerdo con la afirmación de mis amigos de que no empleamos barreras digitales. Sois libres de pensar así, pero tras mi minucioso examen del metro y del bus en el último mes estoy cada vez más convencida de que nuestras barreras son reales. 
Es más, yo misma me escondo tras mi barrera digital cada día. Trato de engañarme a mí misma diciendo que lo hago para ir entretenida porque, ¿qué mejor manera de realizar un viaje de 30 minutos que ir escuchando música? Scorpions, Queen, Iron Maiden...  Me repito todos los días que no son, de verdad que no, una barrera digital, pero las veces que me he obligado a no poner ninguna de mis barreras entre mí y el resto he percibido, exactamente, lo que os acabo de decir. 
    Todos llevamos barreras, seamos conscientes de ello o no.
    Podéis no estar de acuerdo con esta teoría, pero prestad atención la próxima vez que vayáis en un medio de transporte a la gente. Leed su lenguaje corporal, tratad de penetrar en su psique y veréis, o no ya se sabe que esto es una opinión subjetiva y que no tenéis que estar de acuerdo con ella, como mi razonamiento no está tan alejado de la realidad como pudiera parecer.
Ahí lo dejo, reflexionad y si os veis con ganas, dejad un comentario. El feedback o retroalimentación es muy sano para el espíritu y para los escritores de blog que nos tiramos horas pensando en qué decir.
Hasta la próxima : )


viernes, 5 de septiembre de 2014

Hoy en “Tejedora” me gustaría compartir con vosotros una historia en la que estoy trabajando. Dentro de mis géneros literarios favoritos ocupan un privilegiado lugar la fantasía y la novela negra. De hecho, últimamente aparte de trabajar en la segunda historia de Ariel, la protagonista de mi primera novela que publicó la editorial Hades, estoy empezando a trabajar en un proyecto de novela negra bastante siniestro, no sé de dónde me ha salido el ramalazo, pero creo que leí a tantos autores suecos de novela negra que me metieron el gusanillo de hacer mi propio intento de novela negra.
 No sé en qué quedará, pero os dejo un par de páginas que he escrito sobre “El cazador y su aprendiza”, por ahora es un título provisional, no sé si cuando lleve algo más avanzada la historia lo cambiaré, en fin, como siempre son los personajes los que me llevan a mí y no al revés, puede cambiar cualquier cosa de aquí a que termine esta historia.

El cazador y su aprendiz
AIDAN
Aidan se despertó de buen humor; había dormido estupendamente después de haber pasado la noche con un atractivo hombre de negocios.
Salió del dormitorio y caminó hasta la habitación de las pelucas, sonrió al verlas en sus hileras. Las había lavado la noche anterior con su champú favorito de coco, le gustaba porque recordaba a la primera mujer con la que se acostó; una cariñosa madre de acogida de origen italiano. La recordaba por sus turgentes pechos y por los tres orgasmos que tuvo cuando succionó su pene; era una experta. Poco después la madre fue denunciada por Eric, uno de sus hijos de acogida y su mejor amigo en esa casa, después de ambos fueron enviados  a casas diferentes y tardaron años en reencontrarse.
     Caminó hacia sus pelucas y las observó todas. Recordó a su madre biológica con añoranza.
Ella era  una mujer frágil, latina, terriblemente hermosa, pero incapaz de ver lo que su padre le hacía. Así, hasta el día en que lo descubrió abusando de su hijo en el cuarto de la lavadora.
Esa mañana se había ido a la compra, el degenerado de su padre aprovechaba esos momentos para abusar de Aidan porque Luciana solía tardar una hora en hacer todos los recados, pero ese día llegó antes y cuando vio lo que Cormac le estaba haciendo trató de separarlos, pero Cormac era un irlandés fuerte y estaba muy borracho, así que la golpeó.
Aidan solo reaccionó cuando vio el cuerpo de su preciosa  madre en el suelo, atacó a Cormac con una lámpara y después corrió hacia casa de los vecinos para pedir ayuda; se quedó en la casa de los señores O´ Flaherty hasta que llegó la policía. Entraron en su casa, separaron a Cormac se Luciana, pero no pudieron hacer nada por salvarla. El degenerado de su padre la había matado.
Después de eso él fue enviado a diferentes casas de acogida para protegerlo de su progenitor, mientras su padre cumplía diez años de condena en una prisión federal porque el hijo puta hizo un trato.
Durante esos diez años Aidan se hizo fuerte, creció, se endureció y el mismo día en que su padre salió de la prisión lo fue a buscar. No fue difícil localizarlo, el cabrón estaba en un salón de juegos tratando de engañar a otro chaval. Sin embargo, Aidan estaba decidido a que su padre pagara por lo que le había hecho a él y a su madre, Cormac nunca más sometería a otro a las vejaciones que sufrió él durante su infancia.
 Cormac no lo reconoció, después de diez años ya no se parecía demasiado al niño asustado que lo había enviado a la cárcel. Su padre lo invitó a tomarse una copa en un local de ambiente y, más tarde, lo invitó a acompañarlo a su casa. Aidan lo siguió. Al entrar en el salón el padre lo empezó a desnudar y él se dejó quitar la camisa, incluso los pantalones, cuando su padre empezó a tocarle le dio un puñetazo que lo dejó inconsciente. Después lo ató a una silla y lo reanimó. Al principio Cormac no sabía qué había ocurrido, pero el rostro se le desencajó de terror cuando descubrió quién era el hombre al que había invitado a su casa. Trató de disculparse, afirmó que se había arrepentido y que había pagado su pena, pero Aidan no sintió la más mínima compasión por él.
Sacó una treinta y ocho de su chaqueta y le pegó un tiro entre ceja y ceja.
 Fue muy fácil.
Antes de abandonar la casa, limpió su rastro y regresó a su piso donde celebró su victoria brindando por Luciana con una botella de Tequila.
Al día siguiente recibió una llamada comunicándole la muerte de su padre, aunque la policía no se molestó en investigarla. Después de todo acababa de salir de la cárcel y, en una ciudad pequeña como la suya, un pederasta muerto era mejor que uno vivo. Él no fingió que le importaba y a los policías tampoco les preocupó su carencia de sentimientos; era un lugar pequeño y todos sabían lo que le había hecho. Le dijeron que si quería el estado se podía hacer cargo del cuerpo, pero Aidan dijo que lo enterraría como el animal que era, sin funeral.  A la policía esa solución le pareció perfecta.
En cuanto recibió el cuerpo del desgraciado cavó un agujero en el jardín, lo tiró y lo cubrió con cemento y piedras.
FIN
¿Y? Sí, lo sé, el vocabulario es un poco ordinario, la descripción de la escena bastante grotesca y lo de incluir a un pederasta, dadas las circunstancias actuales, casi parece una provocación. Pero quería hacer algo del género y esto fue lo que ocurrió a mi mente cuando me enfrenté a la página en blanco de mi ordenador.
Espero críticas, así sabré si voy bien encaminada con esta aventura literaria negra como la noche.
Hasta el próximo “Tejedora”. J

miércoles, 27 de agosto de 2014

Siempre me ha gustado la poesía, es un hecho irrefutable.
Cuando estaba en el colegio y nos mandaban leer un poemario mis compañeros lo detestaban, pero a mí me encantaba. En mi adolescencia me leí grandes clásicos de la poesía española y disfruté como una enana con cada uno de los libros que cayeron en mis manos.
A los dieciséis años descubrí a los clásicos románticos ingleses y me leí de un tirón una colección de poesía escogida de John Keats, de hecho, una de sus estrofas es una de mis frases favoritas y, siempre que tengo ocasión, la coloco estratégicamente  en la conversación. Es una oración lapidaria y cargada de razón: “Belleza es verdad y verdad belleza, sólo eso y nada más debemos saber en la tierra”. Tanto es así que me quedé perpleja cuando en un capítulo de CSI Las Vegas Katherine suelta la frase de Keats a uno de sus compañeros CSI, desde ese momento miré al personaje de manera diferente.
Mi amor por la poesía en la universidad se encontró con una gran colección de grandes poetas franceses, cuyos libros devoré con pasión, mis favoritos Rimbaud y Baudelaire, con “Las flores del mal”.
 Un poco más adelante me hablaron de los sonetos de Shakeaspeare y, evidentemente, me los compré. Shakeaspeare ya me gustaba en teatro, pero al descubrir su poesía me convertí en una seguidora fiel de su obra; para muestra un botón, os dejo el principio del Soneto 46. “Mi ojo y mi corazón a muerte están en guerra, por como de tu vista el campo se reparte: mi ojo a mi corazón tu imagen ya le cierra, el corazón al ojo, el derecho a mirarte. Mi corazón arguye que él te tiene dentro, alcoba nunca por pupila penetrada, mas el otro a razones le sale al encuentro y alega que tu forma en él está pintada(…)”. No sé si se podrá decir mejor, lo dudo.
Recientemente mi profesora de alemán me pasó un poema de Rilke. Yo conocía su leyenda, un romántico alemán que murió por el pinchazo de un rosa, pero  nunca había tenido ocasión de leerme algo suyo y por eso descubrir Engellider (La canción de los Ángeles) fue todo un acontecimiento, llevaba mucho tiempo sin leer poesía y me alegro de que mi nuevo acercamiento al género venga de mano de uno de los grandes.
¿A qué viene todo este rollo?, os preguntaréis, y en seguida respondo a esa cuestión.
Yo siempre he amado la poesía y he querido escribir poemas desde que tengo uso de razón, pero para mi desgracia soy una poetisa terrible porque mis poemas carecen de alma y ya se sabe que un poema sin alma, es un poema muerto. Puedo hacer rimar las sílabas, incluso tratar de escribir un soneto, pero sale tan forzado que me acabo frustrando. Aún así, en ocasiones sigo intentando rimar, tratando de hallar la poesía escondida dentro de mí. Eso todavía no ha ocurrido, pero sí he escrito una canción rimada para una de mis series (mía porque yo soy su creadora, la guionista que la ha escrito, aún no he conseguido que me la produzcan pero no pierdo la esperanza J).
Después de leer “Engellieder” he tenido la necesidad de compartir esta pequeña canción con vosotros, no es hermosa como las grandes poesías que admiro, pero si alguien consigue agregarle la melodía adecuada tal vez se convierta en una bonita canción.
Desamor y ausencia
Me enamoré cuando te vi,
Ojos de gata, sonreír.
Te entregué mi amor
Y me llené de dolor.
Me asusté cuando te tuve
Nunca conocí amor tan dulce
Me escapé de ti
Y me sentí morir
ESTRIBILLO
Desamor y ausencia
Eso me dejaste
Desamor, soledad
Noches en blanco de tanto llorar
Desamor y ausencia
Eso me dejaste
Desamor, soledad
Noches en blanco de tanto llorar

Las noches son eternas,
Y están cargadas de pena
Sueño que te tengo
Y me desespero
Te recuerdo y te sueño
Imagino que te beso
Y me arrastra el vacío
Porque ya no eres mío
ESTRIBILLO
Desamor y ausencia
Eso me dejaste
Desamor, soledad
Noches en blanco de tanto llorar
Desamor y ausencia
Eso me dejaste
Desamor, soledad
Noches en blanco de tanto llorar

     En fin, ahí dejo la canción, si conocéis a un músico que le agregue la melodía decídmelo, me encantaría escucharla. Por ahora, yo vuelvo a Rilke y a su Engellieder.
     “Ich lieβ meinen Engel lange nicht los,
     und er verarmte mir in den Armen
     und wurde klein, un ich wurde groβ:
     und auf einmal war ich das Erbarmen
und er eine zitternde Bitte bloβ“
Desde “Tejedora” os recomiendo a Rilke. 

miércoles, 6 de agosto de 2014


Esta semana en “Tejedora”, me gustaría hacer una reflexión sobre la Franja de Gaza.
 Estos días en los telediarios nos asaltan imágenes de la sangría que se está produciendo allí y, lo peor, es que no hay ni un solo gobierno que critique las muertes de civiles, especialmente niños que son las verdaderas víctimas de los actos de los adultos. Me indigna la situación en extremo, considero que los judíos deberían recordar que ellos fueron atacados de la misma violenta manera y, desde mi punto de vista, se deberían calificar estos actos del ejército israelí como terrorismo puro y duro. Las mujeres, los niños y los ancianos no son culpables de los actos de los extremistas islámicos. Además, ¿no son los judíos conscientes de están actuando de la misma macabra manera en la cual Hitler actúo contra ellos?
 Ahora quien ostenta el poder en este mundo es el cochino dinero y, admitámoslo, quienes tienen dinero a espuertas son los lobbys judíos, que dominan la economía americana y, si me apuráis, la economía de todos los países porque todos dependemos de EEUU. No soy yo quien para juzgar a nadie, pero considero que llegados a este punto los judíos deberían reflexionar sobre qué están buscando exactamente con el exterminio de familias pobres, con el ataque a escuelas de la ONU donde los pobres gacetíes fueron a refugiarse y, desde esta bitácora, me permito exigir acciones más claras contra el ataque israelí a un pueblo empobrecido, donde la mayoría víctimas son mujeres y niños.
Quizás los israelitas deberían empezar a ser solidarios con los palestinos, ellos mejor que nadie deberían de entender qué se siente al ser expulsado de todos lados, al ser perseguidos y masacrados. Pero, claro, los lobbys judíos no sufrieron esa persecución, no fueron víctimas de los actos causados por el odio y no comprenden que, lo mismo que hizo Hitler, están haciendo ellos. Deberían quitarse, de una puñetera vez, la venda de los ojos porque sus actos pueden generar una escala de odio sin precedentes y eso llevará, indudablemente, a una nueva guerra.
 Si eso ocurre todos sufriremos las consecuencias.


Creo sinceramente que la paz todavía es posible, sólo hace falta encontrar personas dispuestas a tender la mano en solidaridad a los del otro bando.
Un último comentario antes de cerrar “Tejedora” por hoy.
 Un grupo de intelectuales españoles ha criticado la situación extrema de la Franja de Gaza, han firmando un manifiesto criticando las acciones de Israel y, por esa razón, han sido calificados como ignorantes desde Hollywood porque quienes dominan el Star System son los lobbys judíos. Desde esta bitácora me permito criticar a los actores que llaman ignorantes a nuestros intelectuales por expresar su opinión. Quizás deberían de buscar el significado de la palabra en el diccionario y averiguar quiénes son los verdaderos ignorantes; quienes insultan a los demás por expresar una opinión o quiénes simplemente dan una opinión. Señores en este mundo existe la libertad de expresión y cada cual tiene el derecho manifiesto de opinar lo que le dé la gana sin que nadie lo insulte. Desde mi punto de vista, quienes insultan deberían volver al colegio a aprender buenos modales, aunque visto lo visto, lo mismo ni con esas aprenden la lección.
La tolerancia es fundamental y, si la gente no se da cuenta de ello, pobre sociedad somos. 

miércoles, 30 de julio de 2014

Hoy en “Tejedora” quiero tratar de escribir un relato breve de terror, es mi primer intento en el género, a ver qué tal se me da.
Lo que hay al otro lado
Todo empezó al caer el sol, el silencio  y la tensión eran palpables. Se sintió amenazado, le dio la sensación de estar siendo vigilado. Él nunca había sido un miedoso, a lo largo de su vida había experimentado más cosas raras que la mayoría de las personas. A veces tenía la sensación de que atraía el misterio y la oscuridad. Durante toda su vida había sido un investigador de fenómenos paranormales y había sido examinado por diversas eminencias científicas que trataban de demostrar que tenía problemas mentales y que tal cosa como el Más Allá no existía.
A pesar de ello nunca se había sentido extraño, diferente o loco, como lo habían calificado algunos, le atraían los fenómenos paranormales porque le interesaban las preguntas sin respuesta, las cuestiones filosóficas que habían obsesionado  a científicos como Freud y Jung.
Él tenía una larga carrera a sus espaldas, renombre entre los investigadores de los fenómenos paranormales y era citado en varios manuales de parapsicología, muchos lo consideraban un maestro y a él le enorgullecía haber formando a varios investigadores, algunos de ellos habían sido un éxito y eran laureados entre los círculos de lo extraño, otros más discretos no parecían sobresalir en nada y, sin embargo, él era consciente de que algunos de los descubrimientos de esos investigadores que pasaban más inadvertidos eran mejor que muchos de aquellos que salían en todas las revistas dedicadas al misterio.
Él a lo largo de su carrera había recorrido medio mundo, había investigado cementerios indios, asentamientos mayas, algunas regiones pérdidas de la Sábana africana y había descubierto lugares increíbles, en los cuales las evidencias de lo paranormal podrían convencer a los más escépticos. Pero no todos habían sido éxitos, en su periplo también había descubierto emplazamientos que eran meros reclamos turísticos para curiosos e investigadores como él.
Le habían dicho que ese cementerio era el lugar más encantado del mundo, le habían asegurado que quienes habían entrado en él, nunca habían salido vivos y su afán investigador lo llevó hasta allí. En cuanto se acercó a la primera tumba tuvo la certeza de que ese sería su último día sobre la faz de la tierra. Había un silencio absoluto y el frío calaba los huesos, corroyéndolos como si estuvieran siendo chupados, aún así, no se amilanó.
 Quizás cuando todavía era un joven científico, en el inicio de su carrera le habría dado la espalda a ese cementerio, tal vez, si las circunstancias fueran diferentes se echaría a correr como alma que lleva el diablo. Pero se sentía mayor y la curiosidad por ver qué había al Otro Lado podía más que su instinto de supervivencia. Tenía muchos años, había recorrido el mundo entero, había amado, había odiado, había aprendido a convivir con la incredulidad y el desprecio. Todo lo que había vivido, su propia existencia, lo había empujado hacia ese destino. Estaba en el crepúsculo de su vida y realmente no le importaba vivir un año más o no. Su existencia había sido plena, había gozado y quizás era el mejor momento para reunirse con su madre, seguro que ella lo estaría esperando con los brazos abiertos.
Caminó por el cementerio, la luz de la luna iluminaba la escena, dotando todo con un halo de irrealidad. No había grillos en ese lugar, ni ningún rastro de insectos. Lo único que se oía era el sonido de sus pasos, pesados en el pavimento.
 Se detuvo ante una tumba, la contempló, embelesado trató de imaginarse cómo sería el fallecido que en esos instantes estaba cubierto de tierra y silencio, observó la fecha de enterramiento 1545 y su mente lo llevó al siglo XVI. Se preguntó si esa persona había sido víctima de la cólera o de alguna enfermedad endémica de esa época, se cuestionó si habría sido acusado de brujería y había hallado su destino final en las llamas de la hoguera, pensó en la Inquisición y las miles de víctimas causadas por un poder corrupto y entregado a creencias supersticiosas. Casi podía imaginarse el rostro del fallecido, un hombre joven, 16 años, alto, rubio, con ojos color musgo y pecas en la nariz, sonrió ante su imaginación y abandonó esa tumba.
Siguió paseando en el lugar, pero ya no sólo sentía sus pasos en el pavimento, detrás de él escuchaba el sonido de huesos golpeando la tierra. Se recriminó a sí mismo ese pensamiento, trató de darse la vuelta para encararse a ese sonido extraño, pero en el último instante siguió caminando, sin dirigir la vista atrás.
Se detuvo en la siguiente tumba, 1564, era de una mujer, por la riqueza del Mausoleo dedujo que era una persona de la nobleza, tenía alrededor de cincuenta años cuando murió, de cabellos blancos, tez cetrina, cubierta de arrugas, su cuello estaría decorado con ricas joyas y pulseras de oro macizo adornarían sus muñecas, sonrió ante ese pensamiento, no creía que hubiera muchas señoras que fueran enterradas con sus joyas de oro macizo con hijas y sobrinas en edad de heredar.
Se aventuró a seguir el recorrido, sus pasos resonaban en el pavimento, pero también los huesos golpeando el suelo y a esos sonidos se unió un tintineo de joyas. El corazón se detuvo en su pecho, una vez más tuvo la necesidad de girarse y, una vez más, decidió seguir caminando.
Sus pies lo llevaron hasta una pequeña tumba, pobremente decorada, 1573, García García Domínguez, edad 3 años. Su mente se figuró a un niño pequeño, frágil, enfermizo de nacimiento, tendría una pierna más larga que la otra y el cuerpo se estaba cayendo a trozos, la lepra lo había atrapado y nunca no lo había soltado. Podía imaginarlo jugando con un palo, golpeando las piedras y renqueando, quedándose sin aliento cada dos pasos. Ese pensamiento lo turbó, no podía soportar la idea de una muerte tan injusta y pobre.
Los huesos lo siguieron, también el tintineo de joyas, el sonido de un palo golpeando puertas y la respiración entrecortada se unieron a los sonidos que ya conocía.
No se detuvo, sus pasos lo condujeron hacia otro mausoleo, 1578, una madre primeriza y su hijo recién nacido. Pudo ver su rostro, cabello oscuro, ojos negros, el bebé no tenía nueve meses de gestación, había sido un parto prematuro con un final injusto. No tuvo necesidad de darse la vuelta en esta ocasión, escuchó el llanto de un niño pequeño y el arrullo de su madre, 13 años, demasiado joven para ser madre, demasiado joven para morir de forma tan cruel.
1765 rezaba la siguiente lápida. Leyó la inscripción y se figuró a un joven hermoso, criado entre algodones y víctima de neumonía. Vestía un traje de sacerdote, había sido un hombre de fe que se contagió al ir a cuidar a una familia, tres días después de estar con ellos, los cinco miembros habían muerto y él se imaginó que sus tumbas no estarían muy lejos de la del joven sacerdote.
Detrás de él al sonido de huesos, joyas, palo golpeando piedras, arrullo y llanto, se unió el de muchas toses, profundas, desgarradoras.
Ya no era dueño de sí mismo, recorrió cada rincón del cementerio, a su caminar se unieron las voces de los muertos, cada vez eran más. Sintió cómo sus pelos se ponían como escarpias al oír el debate de un grupo de investigadores paranormales que, como él, habían ido a averiguar cuánto de cierta era la leyenda del Cementerio Embrujado, aún así no se dio la vuelta para ver las filas de muertos que se habían agregado a su paseo.
Llegó a la última tumba, estaba recién cavada y supo que era la suya. Había llegado el momento de averiguar qué había al Otro Lado, se giró poco a poco, temeroso de lo que encontraría. Ante él desfilaron los rostros de todos los muertos que lo habían acompañado, se acercaron y le hablaron. Él sonrió, había descubierto que había al Otro Lado, pero ya no se lo podría contar nunca a nadie porque el Otro Lado lo había atrapado.
FIN

Y eso era todo, en fin, mi primer intento de terror y estoy satisfecha con el resultado, ¿qué os parece a vosotros? J


Hoy en “Tejedora” quiero tratar de escribir un relato breve de terror, es mi primer intento en el género, a ver qué tal se me da.
Lo que hay al otro lado
Todo empezó al caer el sol, el silencio  y la tensión eran palpables. Se sintió amenazado, le dio la sensación de estar siendo vigilado. Él nunca había sido un miedoso, a lo largo de su vida había experimentado más cosas raras que la mayoría de las personas. A veces tenía la sensación de que atraía el misterio y la oscuridad. Durante toda su vida había sido un investigador de fenómenos paranormales y había sido examinado por diversas eminencias científicas que trataban de demostrar que tenía problemas mentales y que tal cosa como el Más Allá no existía.
A pesar de ello nunca se había sentido extraño, diferente o loco, como lo habían calificado algunos, le atraían los fenómenos paranormales porque le interesaban las preguntas sin respuesta, las cuestiones filosóficas que habían obsesionado  a científicos como Freud y Jung.
Él tenía una larga carrera a sus espaldas, renombre entre los investigadores de los fenómenos paranormales y era citado en varios manuales de parapsicología, muchos lo consideraban un maestro y a él le enorgullecía haber formando a varios investigadores, algunos de ellos habían sido un éxito y eran laureados entre los círculos de lo extraño, otros más discretos no parecían sobresalir en nada y, sin embargo, él era consciente de que algunos de los descubrimientos de esos investigadores que pasaban más inadvertidos eran mejor que muchos de aquellos que salían en todas las revistas dedicadas al misterio.
Él a lo largo de su carrera había recorrido medio mundo, había investigado cementerios indios, asentamientos mayas, algunas regiones pérdidas de la Sábana africana y había descubierto lugares increíbles, en los cuales las evidencias de lo paranormal podrían convencer a los más escépticos. Pero no todos habían sido éxitos, en su periplo también había descubierto emplazamientos que eran meros reclamos turísticos para curiosos e investigadores como él.
Le habían dicho que ese cementerio era el lugar más encantado del mundo, le habían asegurado que quienes habían entrado en él, nunca habían salido vivos y su afán investigador lo llevó hasta allí. En cuanto se acercó a la primera tumba tuvo la certeza de que ese sería su último día sobre la faz de la tierra. Había un silencio absoluto y el frío calaba los huesos, corroyéndolos como si estuvieran siendo chupados, aún así, no se amilanó.
 Quizás cuando todavía era un joven científico, en el inicio de su carrera le habría dado la espalda a ese cementerio, tal vez, si las circunstancias fueran diferentes se echaría a correr como alma que lleva el diablo. Pero se sentía mayor y la curiosidad por ver qué había al Otro Lado podía más que su instinto de supervivencia. Tenía muchos años, había recorrido el mundo entero, había amado, había odiado, había aprendido a convivir con la incredulidad y el desprecio. Todo lo que había vivido, su propia existencia, lo había empujado hacia ese destino. Estaba en el crepúsculo de su vida y realmente no le importaba vivir un año más o no. Su existencia había sido plena, había gozado y quizás era el mejor momento para reunirse con su madre, seguro que ella lo estaría esperando con los brazos abiertos.
Caminó por el cementerio, la luz de la luna iluminaba la escena, dotando todo con un halo de irrealidad. No había grillos en ese lugar, ni ningún rastro de insectos. Lo único que se oía era el sonido de sus pasos, pesados en el pavimento.
 Se detuvo ante una tumba, la contempló, embelesado trató de imaginarse cómo sería el fallecido que en esos instantes estaba cubierto de tierra y silencio, observó la fecha de enterramiento 1545 y su mente lo llevó al siglo XVI. Se preguntó si esa persona había sido víctima de la cólera o de alguna enfermedad endémica de esa época, se cuestionó si habría sido acusado de brujería y había hallado su destino final en las llamas de la hoguera, pensó en la Inquisición y las miles de víctimas causadas por un poder corrupto y entregado a creencias supersticiosas. Casi podía imaginarse el rostro del fallecido, un hombre joven, 16 años, alto, rubio, con ojos color musgo y pecas en la nariz, sonrió ante su imaginación y abandonó esa tumba.
Siguió paseando en el lugar, pero ya no sólo sentía sus pasos en el pavimento, detrás de él escuchaba el sonido de huesos golpeando la tierra. Se recriminó a sí mismo ese pensamiento, trató de darse la vuelta para encararse a ese sonido extraño, pero en el último instante siguió caminando, sin dirigir la vista atrás.
Se detuvo en la siguiente tumba, 1564, era de una mujer, por la riqueza del Mausoleo dedujo que era una persona de la nobleza, tenía alrededor de cincuenta años cuando murió, de cabellos blancos, tez cetrina, cubierta de arrugas, su cuello estaría decorado con ricas joyas y pulseras de oro macizo adornarían sus muñecas, sonrió ante ese pensamiento, no creía que hubiera muchas señoras que fueran enterradas con sus joyas de oro macizo con hijas y sobrinas en edad de heredar.
Se aventuró a seguir el recorrido, sus pasos resonaban en el pavimento, pero también los huesos golpeando el suelo y a esos sonidos se unió un tintineo de joyas. El corazón se detuvo en su pecho, una vez más tuvo la necesidad de girarse y, una vez más, decidió seguir caminando.
Sus pies lo llevaron hasta una pequeña tumba, pobremente decorada, 1573, García García Domínguez, edad 3 años. Su mente se figuró a un niño pequeño, frágil, enfermizo de nacimiento, tendría una pierna más larga que la otra y el cuerpo se estaba cayendo a trozos, la lepra lo había atrapado y nunca no lo había soltado. Podía imaginarlo jugando con un palo, golpeando las piedras y renqueando, quedándose sin aliento cada dos pasos. Ese pensamiento lo turbó, no podía soportar la idea de una muerte tan injusta y pobre.
Los huesos lo siguieron, también el tintineo de joyas, el sonido de un palo golpeando puertas y la respiración entrecortada se unieron a los sonidos que ya conocía.
No se detuvo, sus pasos lo condujeron hacia otro mausoleo, 1578, una madre primeriza y su hijo recién nacido. Pudo ver su rostro, cabello oscuro, ojos negros, el bebé no tenía nueve meses de gestación, había sido un parto prematuro con un final injusto. No tuvo necesidad de darse la vuelta en esta ocasión, escuchó el llanto de un niño pequeño y el arrullo de su madre, 13 años, demasiado joven para ser madre, demasiado joven para morir de forma tan cruel.
1765 rezaba la siguiente lápida. Leyó la inscripción y se figuró a un joven hermoso, criado entre algodones y víctima de neumonía. Vestía un traje de sacerdote, había sido un hombre de fe que se contagió al ir a cuidar a una familia, tres días después de estar con ellos, los cinco miembros habían muerto y él se imaginó que sus tumbas no estarían muy lejos de la del joven sacerdote.
Detrás de él al sonido de huesos, joyas, palo golpeando piedras, arrullo y llanto, se unió el de muchas toses, profundas, desgarradoras.
Ya no era dueño de sí mismo, recorrió cada rincón del cementerio, a su caminar se unieron las voces de los muertos, cada vez eran más. Sintió cómo sus pelos se ponían como escarpias al oír el debate de un grupo de investigadores paranormales que, como él, habían ido a averiguar cuánto de cierta era la leyenda del Cementerio Embrujado, aún así no se dio la vuelta para ver las filas de muertos que se habían agregado a su paseo.
Llegó a la última tumba, estaba recién cavada y supo que era la suya. Había llegado el momento de averiguar qué había al Otro Lado, se giró poco a poco, temeroso de lo que encontraría. Ante él desfilaron los rostros de todos los muertos que lo habían acompañado, se acercaron y le hablaron. Él sonrió, había descubierto que había al Otro Lado, pero ya no se lo podría contar nunca a nadie porque el Otro Lado lo había atrapado.
FIN

Y eso era todo, en fin, mi primer intento de terror y estoy satisfecha con el resultado, ¿qué os parece a vosotros? J


La hoja en blanco y la sonrisa de un extraño

La sonrisa de un extraño y la hoja en blanco. Era una mañana tormentosa, el cielo estaba encapotado y las nubes amenazaban con descargar c...