jueves, 31 de octubre de 2013

Ya se acerca el final de "La decisión", después de tanto tiempo con Daniela y Dariel creo que los echaré de menos cuando termine con su historia, dos capítulos más y publicaré el broche final de esta historia y sus cuatro versiones. Por ahora, el capítulo siguiente.
Capítulo 13
     Me levanté a la mañana siguiente con dolor de cabeza. Por la noche no dormí demasiado, había muchas cosas rondando por mi cabeza y tras un día de locos en el cual había estado vacilando cuál sería el paso a seguir, opté por ir a visitar a mi hermana.
     Al ser domingo estaría en su casa con Mauricio, miré la hora y la llamé para preguntar si la podía visitar esa mañana sobre las doce. Diana me dijo que era una buena hora y me invitó, de paso, a comer en su casa.
Llegué a la hora concertada, Diana por la expresión que llevaba dedujo que íbamos a tratar un asunto importante y le pidió a Mauricio que se fuera a tomar un café. Mi cuñado besó a mi hermana, a mi me dio un fuerte abrazo y nos dejó a solas.
- ¿Qué te ocurre, Dani? – Indagó, preocupada.
- Pongamos que eres yo, te encuentras en mi situación actual, con toda mi historia pasada y alguien te ofreciese la oportunidad de cambiar algo de tu vida.
     ¿Lo harías?
- Menuda pregunta más rara, hermanita, ¿te encuentras bien?
- Sí, sólo estoy haciendo un repaso de mi vida, viendo las elecciones del camino y recapacitando un poco sobre ello para dar un paso hacia adelante.
- ¿Esto tiene que ver con Miguel?
- Sí y no.
- Tendrás que explicármelo mejor.
- Fui a verlo al Hospital y…
- ¿Fuiste a verlo?
Por Dios, Dani, ¿por qué harías tú algo así?
- Necesitaba hacerlo, tenía que dar un salto de fe con respecto a Miguel, a mí y… no puedo decir que haya sido una decisión inteligente.
- Bien, al menos lo reconoces.
- Pero no me arrepiento, ¿sabes?
Verlo me hizo recordar cómo era antes de todo lo malo, la forma en la cual me relacionaba con los demás y, sé que te sonará fatal, pero me valió para acordarme de que durante un tiempo yo fui feliz con él. Quiero darle una nueva oportunidad al amor, hasta ahora no lo he hecho, supongo que por miedo y…
- ¿Has conocido a alguien?
- Puede. – Admití. – No sé, hermanita, tengo que pensar en mi pasado para saber si arriesgarme de cara al futuro.
- El pasado no se puede cambiar, las cosas que has vivido por terribles que hayan sido no van a modificarse porque tú lo desees. Partiendo de esa premisa te diré que, si pudiera, yo borraría ese quince de septiembre de mi agenda. Fue terrorífico encontrarte medio muerta en la puerta de casa, todo ocurrió muy rápido, no me dio tiempo a reaccionar y me aterrorizó ver a Miguel con ese cuchillo de carnicero. Grité muy fuerte y los vecinos vinieron a ayudarme, recuerdo haberte abrazado como si se me fuera la vida en ello. Mi ropa acabó empapada de tu sangre, Durante muchos años soñaba constantemente con ese momento; en mi cabeza todo ocurría a cámara lenta, pero en las pesadillas no te podía salvar.
Para ti debió de ser horrible, pero también para los demás y si por mí fuera borraría para siempre ese día y los años que vinieron después en los cuales tú tratabas de recuperarte y no lo conseguías realmente.
Con esto no quiero desengañarte y decirte que renuncies al amor, pero debes comprender que tú tienes un trauma y si te enamoras otra vez, esa persona deberá de tener mucha paciencia y amor para sanar las cicatrices de tu alma.
Dime Dani, ¿ese chico parece dispuesto a tenderte su mano y acompañarte en el proceso?
- Eso parece.
- Entonces arriésgate y entrégate a ese amor.
- En realidad creo que no puedo. – Miré a mi hermana y me sorprendí al comprender que deseaba no conocer a Miguel. No era por la cicatriz, por el daño psicológico, ni siquiera por la infinidad de consecuencias que había traído para mi vida haberlo conocido. Tenía que ver conmigo, no me sentía lo bastante fuerte para seguir adelante después de todo lo malo.- Gracias, Diana, me has ayudado mucho.
- Mierda, ¿he matado tu ilusión por enamorarte? Mauri tiene razón, a veces es mejor cerrar la bocaza. Lo siento, he arruinado tu vida amorosa, perdóname.
- En realidad la has salvado, Di. – Sonreí a mi hermana. – Vamos a preparar la comida, después nos tumbaremos en el sofá Mauri, tú y yo a devorar clásicos de cine como solíamos hacer antes de que los tres fuéramos unos respetuosos miembros activos de la sociedad.
- A Mauri le encantará el plan. – Mi hermana me cogió de la mano. – Sabes, en algún lugar hay un hombre perfecto esperando por ti, sólo debes tener paciencia.
- Tampoco me preocupa en realidad, lo que deba de ser, será y mientras disfrutaré de una tarde acompañada de dos de mis personas favoritas en el mundo.

- Ese domingo pasé la tarde en compañía de mi hermana y mi cuñado. Tomada la decisión sobre mi pasado, sólo me quedaba esperar a llegar a casa y convocar, por última vez, a Dariel.

sábado, 26 de octubre de 2013

Capítulo 12
     Escuché su oración y bajé a verla. El corazón se me saltó en el pecho al contemplar de nuevo sus ojos. Su belleza había adquirido otro matiz mientras había crecido. La primera vez que la vi, a pesar de sus heridas, me pareció bonita, pero ahora, trece años después comprobé que no sólo era bonita, sino hermosa. Los años había añadido arrugas, canas, seguridad, pero también le había agregado frialdad y desconfianza hacia los demás.
     - Dariel, quiero pensar lo de cambiar una decisión de mi vida. Lo he pensado, sé que sería muy egoísta por mi parte no reflexionar un poco sobre ese asunto.
     - Nunca te dije que tuvieras que renunciar a ello. – Dije, pero una pequeña parte de mí  lo temía. Sabía cuál sería su elección, lo había sabido desde el principio.
     - Pero si elijo cambiar algo… ¿eso influirá también en tu vida?
     - Probablemente. – Reconocí.
     - Entonces tal vez no mueras… - Susurró, esperanzada.
     - Y quizás nunca nos lleguemos a conocer.
     - Eso es imposible.
     - ¿Por qué imposible?
     - Tú y yo acabaremos coincidiendo tarde o temprano, está escrito.
     - Pareces segura de ello.
     - Lo estoy.
     - ¿Cuánto tiempo necesitas para pensarlo?
     - Un par de días más.
     - Está bien. – Me aproximé a ella y la envolví con mis alas. Deseaba fundirme en ella y decidí aprovechar hasta el último segundo de Daniela. Sabía que en dos días elegiría no conocer a Miguel, comprendía que eso era lo mejor para ella, pero me preocupaba que no fuera lo mejor para mí. Sin Daniela tal vez seguiría siendo el médico idiota incapaz de preocuparse por sus pacientes y, tal vez, cuando ese borracho chocara contra mí, me iría al lugar dónde van las almas humanas a descansar, sin opción de convertirme en un Ángel. Besé sus labios una última vez y regresé a mi cielo.
     Me sentí vacío al llegar a casa, mi alma lloraba la pérdida, adelantándose al momento en el cual ella renunciara a Miguel y yo me viera obligado a renunciar a ella. Las lágrimas acudieron a mis ojos sin que yo pudiera evitarlas, sentía que me habían arrancado el corazón del pecho.
     ¿Por qué había elegido darle esa oportunidad a Daniela? ¿Por qué no había podido mantenerme al margen y cumplir con mis obligaciones como un Ángel más?
     - Porque ese no serías tú. – Adriel se sentó a mi lado adivinando mis sentimientos, como siempre.
     - Una vez fuiste mi carga, un lazo nos mantiene unidos y siempre podré leer en ti, no importa que seas un Ángel como yo, una vez fuiste mío.
     - Soy un egoísta por pensar así.
     - No es verdad, lo que ocurre es que eres demasiado humano todavía. – Adriel me colocó la mano en el hombro. – Sólo han pasado trece años desde tu conversión, eres un niño comparado con nosotros y se espera que dudéis más, que os sintáis más inseguros. Algunos de mis hermanos tienen mil años y aún no han sido capaces de dejar atrás el hombre o la mujer que fueron.
     - ¿Tú cuánto tiempo tardaste? – Indagué y Adriel me dedicó una sonrisa.
     - ¿Yo? – Adriel cerró los ojos. – Nunca fui humano, nací como Ángel y tengo los mismos años que la Tierra.
     - Debo parecerte insignificante…  - Murmuré.
     - Ningún ser humano es insignificante, todos sois hermosos, incluso aquellos defectuosos. Poseéis el libre albedrío, la opción de elegir y me maravillo cada día de la cantidad de vosotros que decidís seguir el camino difícil, en lugar de buscar atajos. Tropezáis miles de veces con la misma piedra, pero no os rendís, os peleáis, lucháis y os defendéis como buenamente podéis. Evidentemente también hay quienes eligen los atajos, los que dañan al prójimo sin pensar en ello, no todas las manzanas están sanas. – Adriel sonrió. – Y eso es lo que  más me gusta de vosotros, que no sois perfectos.
     La perfección está sobrevalorada. – Concluyó.
     - No quiero perderla.
     - Y sin embargo, contra todo pronóstico, decidiste darle la oportunidad de decidir.
     - Ella se lo merece.
     - Poniendo a Daniela delante estás actuando como un Ángel.
     - ¿Qué ocurrirá conmigo?
     - Tal vez mucho, tal vez nada.
     - Ella dice que nos cruzaremos tarde o temprano.
     - Daniela siempre ha sido así, desde el momento en que entró en este mundo. Tiene esperanza, incluso cuando nadie más es capaz de tenerla.
     - ¿Por eso es tu favorita? – Indagué y él me dedicó una sonrisa brillante.
     - Por eso siempre ha sido mi favorita, sí. – Reconoció.
     - Tú la pusiste en mi mesa, ¿no es cierto?
     - Tú podías salvarla y yo no, la decisión fue muy simple.
     - ¿Cómo se lo tomaron tus superiores?
     - ¿Mis superiores? – Adriel me observó un instante. – Yo no tengo superiores, soy el más anciano de los Ángeles y mi voluntad suele prevalecer sobre la de los demás.
     - ¿Eres mi Jefe?
     - Lo soy. – Adriel se encogió de hombros. – No te preocupes, no tenía intención de arrancarte las alas por tus sentimientos hacia ella, también yo los tendría si fuera humano.
     - ¿Por qué nunca me lo dijiste?
     - Porque nunca me lo preguntaste.
     - Pero siempre hablas de tus superiores.
     - Es más fácil cuando los demás creen que yo no soy su jefe; actúan de forma más natural.
     - Imagino que debería sentirme traicionado. – Observé a Adriel fijamente. – Pero tú me has dado a Daniela y estas alas, así que te doy las gracias por estos trece años y te pido perdón por haberme saltado todas las normas.
     - Sabía que ocurriría, así que no hay nada que deba perdonarte. Yo os he colocado a los dos en el tablero, pero no ha salido como esperaba; vuestras vidas escapan de mi control.
     - En dos días la perderé. – Susurré.
     - Puede ocurrir cualquier cosa, no pierdas tan fácilmente la esperanza. Aprende de Daniela, ella la mantiene incluso cuando todo lo demás parece negársela.
     - No importa lo que ocurra, si ella es feliz. – Sentí en ese momento que uno de mis protegidos necesitaba mi ayuda, contemplé a Adriel y él asintió con la cabeza.
     Una vez más abandoné mi cielo y decidí mantener la esperanza.









jueves, 17 de octubre de 2013


Capítulo 11
A la mañana siguiente, después de ver otra vez a Adriel, sentí que una parte de mí, olvidada siglos atrás, estaba regresando y fui consciente de que debía tener en cuenta la oferta de Dariel. De acuerdo, mi corazón decía “Al diablo con todo, agarra  a ese ángel y sigue adelante”, pero mi mente me hacía plantearme el futuro inmediato de una relación imposible. Había personas a las cuales afectaría mi decisión, mi propia familia, para empezar.
Si iniciaba una relación con mi ángel no podía decírselo a ellos y no me gustaba mentirles. Por otra parte, podría omitirlo, ya se sabe, corazón que no ve, corazón que no siente, pero esa no sería yo.
Después estaba la complejidad de mantener en secreto algo tan grande, ¿se puede ocultar el amor? Y, si es así, ¿se lo podríamos ocultar a los jefes de Dariel?
Lo dudaba seriamente, los Ángeles lo veían todo, ¿no? Tarde o temprano alguno de ellos lo descubriría y, aunque no me preocupaba lo que pudieran hacerme a mí, me angustiaba terroríficamente lo que podrían hacerle a él. Porque, ¿y si le arrancaban sus alas y moría de nuevo?
Perderlo otra vez sería más de lo que mi pobre corazón aguantaría porque una vez ya había perdido el amor y me había costado trece años recuperar la fe en la posibilidad de un romance.
¿Por qué mi vida era siempre tan complicada? ¿por qué no podía yo enamorarme de un chico común y corriente?
La primera vez que había entregado mi corazón se lo había dado a un psicópata y, trece años después, parecía dispuesta a entregárselo a un Ángel del cielo.
Mis sentimientos eran profundos y dolían terriblemente.
Así pues decidí hablar con la persona más sensata de mi vida, mi padre.
Llegué a casa de mis padres una hora después. Llamé a la puerta y mi padre me abrió con la mejor de sus sonrisas.
     - Hola mi pequeña, ¿libras hoy?
     - Sí. – Contesté y lo abracé intensamente. - ¿Puedo consultarte algo, papi?
     - Cielo, no tienes ni que preguntarlo.
     - Me iré pronto.
     - Adelante.- Me dejó pasar, después caminó hacia la cocina y empezó a preparar un café. – Seguro que ni has desayunado, es muy temprano.
     - Pues… la verdad es que no.
- Lo imaginaba, es una hora muy temprana para ti son apenas las nueve de la mañana, algo te tiene atribulada y me gustaría saber de qué se trata.- Mi padre abrió el armario de la cocina y cogió un paquete de mis galletas favoritas. Él siempre las tenía en casa para cuando iba, se supone que con treinta y pico años tenía que dejar de estar obsesionada con las galletitas de chocolate, pero, para nada. Me tendió el paquete, después me sonrió y siguió a lo suyo. - ¿Y bien?
     - Fui a ver a Miguel. – Solté, él se giró con el rostro pálido y las manos le temblaron un poco.
     - ¿Por qué demonios harías tú eso, hija mía?
     - Deseaba enterrar el pasado, quería desterrar a Miguel de mi vida y eso hice.
     - Tenías que haberlo consultado con nosotros. – Aseguró él. – Hija ese tipo casi te mata, por no hablar de que casi acaba con toda nuestra familia también.
     - Lo sé, pero… papá, ¿crees que todo sería mejor si no lo hubiera conocido?
     - Sin duda alguna. – Mi padre me besó la frente. – Mi niña, ese hombre te destrozó físicamente y psicológicamente, no eres la misma de entonces. Has cambiado, estás más fría.
     - Lo sé.
     - Llevas mucho tiempo sin reírte de corazón. – Aseguró y yo me sorprendí al notar que mi padre si había visto a través de la careta que ponía ante todos los demás. En el fondo tampoco me sorprendió, mi padre me comprendía como pocas personas en el mundo.
     - Es verdad, papi, ¿si pudieras cambiar alguna de las decisiones de tu vida lo harías?
     Sé que es poco probable poder hacerlo, pero… si tú fueras yo, ¿lo harías?
     - Si pudiera lo haría sin dudar, borraría el día en que tu corazón se enamoró del hombre equivocado. Él no te merecía entonces y no te merece ahora. Te arruinó la vida pequeña mía, tú eres fuerte, has seguido adelante, pero te ha costado mucho.
     Yo veo a través de ti tus verdaderos sentimientos, siempre he sido capaz de leerte como un libro abierto, mi niña, sé que no eres feliz y que finges serlo por nosotros y nosotros hacemos como que no lo vemos porque es más sencillo. No puedo cambiar lo que te ocurrió, pero si pudiera, vive Dios que lo haría. No te dejaría salir ese día o me ocuparía de matar a Miguel con mis propias manos antes de que rozara uno solo de tus cabellos.

viernes, 11 de octubre de 2013

Capítulo 10
Atendí al protegido que me había llamado, pero en el proceso no dejé de pensar en Dani y en cómo las cosas habían cambiado entre nosotros de forma definitiva.  Yo había escogido confesar todo mi amor desde mi nueva realidad porque necesitaba que lo supiera, deseaba poder estar con ella y darle todo el amor que se merece. Sé que no es lo más apropiado y, seguramente, con el tiempo acabaré perdiendo mis alas por elegirla. Pero está dentro de mí, cada segundo de mi nueva existencia.
De nuevo en mi cielo la observé. Ella estaba feliz y, sin falsa modestia diré que es por mí. Los dos hemos recorrido nuestro camino, los dos hemos seguido los pasos que nos ha marcado el destino y, posiblemente por eso, estamos aquí trece años después.
Pensar en Dani es volver a vivir, volver a sentir, hay miles de millones de humanos en el mundo, yo mismo tengo más de un millón de protegidos desde esta existencia y, sin embargo, ningún alma brilla como la suya. Cada vez que la contemplo es hermosa, incandescente, brillante, a veces se oscurece en los rincones, lo mismo que Daniela, pero después vuelve a resplandecer y alumbrar a quienes están a su alrededor.











miércoles, 2 de octubre de 2013

Capítulo 9
Cuando Dariel, mi Darío, se marchó me quedé pensativa y me sentí la princesa del cuento de Hadas. Tenía un príncipe encantador, con el cuerpo más irresistible del mundo y la magia de un Hada Madrina. Mi mente racional se negaba todavía a aceptar esa realidad, era más fácil huir, fingir que lo mío con Darío, Dariel, era una locura pasajera, pero en el fondo de mi corazón sabía que era  quien había buscado toda mi vida.
Su sola presencia me hacía sentir completa, como si lo único importante fuera el ahora y no el después.
Por primera vez en mi vida dejé de preocuparme por el futuro o la soledad. No tenía ninguna de las dos cosas.
El futuro era un camino indescifrable, lleno de preguntas y sin ninguna respuesta. Creía en Dios, pues había sido criada en un colegio de monjas, pero nunca había sido una devota cristiana. Las dudas pululaban en mi mente a un ritmo frenético, sin embargo con un poco de suerte tendría al menos otros cuarenta años para tratar de encajar mi situación. Era una simple mortal y mi alma gemela un ángel. Sonaba ridículo en mi cabeza, pero era la verdad. Lo sabía; él y yo estábamos hechos para encajar.
La soledad nunca había sido algo real, desde el cielo mi hermoso ángel de la guarda había velado por mí durante esos trece años.
Si lo pensaba en realidad tenía mucho sentido. Durante algún tiempo había planeado seriamente acabar con mi vida de la manera más digna posible, no soportaba ver la cicatriz que me cruzaba el torso, no podía aguantar otra noche teniendo terribles pesadillas y, al menos en un par de ocasiones, se me había presentado la oportunidad ideal para intentarlo, pero acababa desistiendo porque una vocecita en mi interior, Darío, me impedía dar el paso final.
Honestamente, en ese momento la vida me parecía un poco mejor y confiaba en el futuro de todo cuento de Hadas: “vivieron felices y comieron perdices”.
Vale, estaba el asunto de mi mortalidad y su evidente inmortalidad.
De que mi belleza se iría ajando con el paso de los años, mientras la suya permanecía impertérrita.
De la imposibilidad de tener hijos, en fin, no veía nada claro tener que explicar a mis hijos por qué razón su padre seguía joven y nosotros envejecíamos.
Siempre había querido tener hijos, pero dadas las circunstancias debería pensar en adoptar y no someterlos a… no sé, sentirse unos inadaptados porque su madre tenía una cicatriz en el torso bastante visible y su padre un par de hermosas alas de color perla.
Me obligué a pisar el freno al comprender que estaba planeando una vida con Darío sin hablarlo con él. Si íbamos a arriesgarnos a romper todas las normas, al menos debía planificarlo con la ayuda de mi… ¿novio?
La palabra sonaba rara en mi cabeza, así que dejé de darle vueltas. Estas eran mis cartas y las jugaría lo mejor posible.
- Adriel. – Lo llamé sin confiar en que se apareciera, pero una característica de mi primer Ángel de la Guarda, que había olvidado tras trece años, era ser impredecible.
- Sabía que tendríamos esta conversación. – Aseguró con su cálida voz y me giré para volver a encontrarme esos ojos turquesa tan imprevisibles, los cuales cambiaban según su humor.
- Me abandonaste.
- No, estuve a tu lado todo el tiempo, pero la Parca había tejido su hilo y no podía llegar a ti.
- Te llamé muchas veces.
- Oí todas y cada una de tus oraciones.
- Y no viniste.
- Sólo pude enviar a tu hermana. – Dijo disculpándose y sus alas cayeron a sus costados.
- Entonces sí me salvaste. – Aseguré y él me miró con una tormenta de tristeza en sus ojos, los cuales estaban en ese instante de un color gris plomizo.
- No fue suficiente, quise hacer más. – Murmuró, apesadumbrado.- Eras mi favorita. – Reconoció, sus alas se tornaron de un ligero tono rojizo, lo cual me recordó a los humanos comunes y corrientes sonrojándose.
- ¿Fuiste tú quién me colocó en la cama de operaciones de Darío?
- Sí. Darío era uno de mis protegidos, pero no me esperaba las consecuencias. El engranaje del destino volvió a activarse, vuestras vidas se cruzaron por segunda vez y ninguno comprendemos el motivo o la razón.
- ¿Tienes una teoría al respecto?
- Podría ser…
- ¿Me la cuentas por descabellada que sea?
- Estáis destinados, llámalo destino, plan divino o como quieras, pero vuestro encuentro no fue fortuito o casual, vuestras vidas siempre han estado moviéndose en paralelo, buscando puntos comunes. Los ha habido, pero ninguno lo sabe.
- ¿Por ejemplo?
- El día que conociste a Miguel, Darío estaba en ese mismo bar después de una guardia demasiado larga.
- ¡Vaya! – Me sorprendí.
- El día de su primera muerte, tú naciste. El día de tu muerte, él estaba de guardia cuando no era su turno…
La lista es larga, zigzaguea por muchas partes, pero siempre llega un momento en el que vuestros caminos se cruzan.
- ¿Y en qué punto estamos?
- En el de que puede pasar cualquier cosa. No hay precedentes en la historia de la humanidad, sois un caso excepcional.
- ¿Qué nos hace diferentes?
- Ojalá lo supiera, Dani, pero estoy varado en las arenas movedizas como vosotros; nos movemos en un terreno improbable.
- De acuerdo, me alegro de verte. – Susurré y lo abracé con intensidad. – Gracias por haberme dejado ser la protegida de Darío y, la próxima vez, no tardes trece años en aparecerte.
- ¿Me perdonas? – Indagó inseguro.
- No tengo nada que perdonarte, la Parca nos colocó en el mismo hilo y nos usa como títeres para su propio divertimento. No me importa, he llegado a un punto en el que todo me da igual, paso de preocuparme, seguiré avanzando, aunque sólo sea un pasito pequeño cada día.
- Empiezas a parecerte a la Daniela de tu infancia.
- Me siento como ella, el proceso ha sido duro, he tenido que curar muchas cicatrices, pero me alegro de haberte conocido a ti y a él.
- Me sonrió con complicidad, después me envolvió en un abrazo protector y se desvaneció.

Sonreí, estaba bien tener un Ángel de la Guarda, pero era mucho mejor tener dos.

La hoja en blanco y la sonrisa de un extraño

La sonrisa de un extraño y la hoja en blanco. Era una mañana tormentosa, el cielo estaba encapotado y las nubes amenazaban con descargar c...