martes, 22 de marzo de 2016

La periodista Quijotesca

Hoy en "Tejedora" me siento reivindicativa. Reconozco que últimamente me pasa a menudo. No sé si es por la edad, por la vocación periodística o por el simple hartazgo de ver todos los días a nuestros políticos incapaces de ponerse de acuerdo por el bien del país y de los españoles. Honestamente, están tan ocupados lanzándose dardos envenenados que no son conscientes de que su desidia tiene a la mayoría de los ciudadanos descontentos, deseando mandar a alguno a un sitio que no diré en este blog porque no sería de señoritas. Lo triste del tema es que, en el fondo, no me sorprende. Este país está roto, abandonado a su suerte por unos gobernantes que no poseen liderazgo. Políticos encorsetados en su pequeño mundo, incapaces de ver la realidad de este país llamado España. El pesimismo nos viene de lejos, incluso hay un refrán que dice "Más se perdió en Cuba" que pretende animarnos. En serio, ¿no hay una manera mejor de levantar el ánimo que no incluya la palabra perder? Sé que España ha sido grande, un Imperio, pero no podemos seguir culpándonos por el pasado y deberíamos abrazar al país por lo que es hoy en día. ¿Por qué no podemos alegrarnos por nuestro presente? Quizás la respuesta a esa pregunta es la clave para ser capaces de reconciliarnos con nuestra propia identidad. Las cosas están mal, desde luego, pero la mejor novela de mundo sigue siendo española: “El Quijote” y hay referencias a ella por todo el mundo, todos conocen a Cervantes y su magna obra. Sin ir más lejos el otro día estaba viendo la serie “Sobrenatural”, de ciencia ficción y americana, cuando uno de los personajes citaba una frase del Quijote y cogía un ejemplar de una estantería. Y ahí, viendo nuestra magna novela en un ambiente completamente ajeno a nuestra realidad, se me despertó el orgullo patrio. Y recordé todas las cosas que hicieron los españoles, muchos de ellos auténticos pioneros de su tiempo. Una de las primeras películas del mundo fue española, “Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza”, que fue rodada poco después de que los hermanos Lumiére descubriesen el cinematógrafo. ¡En el año 1896! A principios de siglo ya existía en Ferrol un sindicato femenino en el Astillero. Tenemos varios premios nobeles de los que enorgullecernos: Cela, Jacinto Benavente, Severo Ochoa, Ramón y Cajal, Juan Ramón Jiménez. El propio y enorme Ernest Hemingway llegó a decir que no se sentía a la altura de Pío Baroja como autor.   Y estos sólo son algunos ejemplos: fuimos uno de los primeros países europeos en aprobar el voto femenino durante la República, uno de los primeros en aprobar la adopción de pareja gays y el matrimonio entre personas del mismo género y algunos de los grandes investigadores del mundo tienen origen español. En fin, ¿por qué no somos capaces de reconocer nuestra grandeza? Somos un gran país encerrado en su propio pesimismo. Todo este discurso viene a cuento de lo que me pasó en paseando por Ferrol, la ciudad donde nací. ¿Por qué? Simple, venía yo paseando, mirando los edificios espectaculares de la ciudad, la mayoría de ellos medio derruidos y pensé con amargura que en Ferrol hemos sobrevivido a la Guerra Civil, a una dictadura y no hemos sido capaces de sobrevivir a la desidia de nuestros gobernantes, sean del color que sean: La destrucción de la Plaza de España, la destrucción de la Antigua Fábrica de Lápices, la penosa situación de la fachada del Rena cada día más lejos de tener un nuevo fin, el Avenida cerrado y medio derruyéndose, los edificios de Ferrol Vello hechos polvo, la calle Magdalena que sea cae a cachos… Y todo a causa de nuestros políticos. Pensaba, ingenua de mí, que estas cosas sólo pasaban en Ferrol y me sorprende que sea un mal endémico en nuestra sociedad. España está fragmentada, cada vez más, y si seguimos así no sé si tendrá solución. Hemos soportado carros y carretas, hemos tirado de paciencia, de buena voluntad, de esperanza y hasta nos hemos engañado a nosotros mismos diciendo que la mejora llegaría y, a pesar de ello, nuestros políticos siguen sin hacer nada. Entre el ego de Pablo Iglesias, el ansia de Pedro Sánchez de gobernar al precio que sea, la ceguera de Rajoy que se niega a ver la realidad de su propio partido, la ruptura de Izquierda Unida por la mala gestión de algunos líderes, las Mareas que se hacen añicos a pasos agigantados y Albert Rivera frotándose las manos con antelación porque, por ahora, no está siendo machacado y cuestionado por todos los demás, el país sigue detenido, sin ir hacia adelante. Lo peor es que todos ellos siguen tirándose dardos envenenados para lograr un sillón con el fin de salvarse sus propios “culos”, perdón por la palabra malsonante, pero es que me indigna esta situación.  Quiero pensar que podremos salir adelante, pero el pesimismo me asalta al ver la dura realidad. Por eso quiero hacer un llamamiento a los españoles se sientan gallegos, vascos, catalanes, madrileños, extremeños, andaluces, asturianos, valencianos o de cualquier Comunidad Autónoma. Busquemos el optimismo, el orgullo por saber que hemos sido grandes y podemos volver a serlo. El futuro está en nuestras manos, las Nuestras, no podemos esperar que nos salve Europa o nuestros políticos porque ese tren ya ha zarpado. Levantémonos cada día con ganas de hacer más y resucitemos el espíritu quijotesco. Quijote pudo luchar contra molinos de viento, luchemos nosotros también contra ellos. Alonso Quijano se hizo daño, lo sé, pero salió fortalecido. Así que, ¿por qué no probar? Ya hemos perdido mucho, quizás lo que necesitamos es más Quijotes y menos políticos corruptos.

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