lunes, 19 de enero de 2015

Continúo con la publicación de "Ángela", es la primera novela que escribí y hoy día veo muchas cosas que cambiaría, pero como cada una de las historias que he escrito es singular a su manera y no voy a reformarla, hubo un momento en que me pareció que era mejor, pero era más joven, más idealista y no tengo la experiencia que he ido adquiriendo con los años, poquito a poco, cada historia que escribo me parece que mejora con respeto a la anterior. No sé si algún día estaré lo bastante satisfecha con el resultado, pero si os invita a soñar durante al menos cinco minutos es que yo, "Tejedora de sueños", he hecho bien mi trabajo.

ÁNGELA
Al día siguiente Niam se decidió a buscar trabajo.
Su embarazo le hizo pensar que no la contratarían en ningún periódico ejemplar. Se notaba que estaba embarazada y decidió que era mejor que la vieran así para que no que la echaran por haber engañado al director de recursos humanos.
            Por primera vez añoró a Ernesto.       No porque lo quisiera, ya que no había nada más lejos de la realidad, sino porque él era el director de recursos humanos de su antigua empresa y no la iba a echar a la calle si estuviera embarazada. Sin saber porque recordó sus ojos verdes y pensó en aquello que decía ollos verdes son traidoresÑ.
            Entró en un gran periódico regional y sintió que las piernas no cesaban de temblarle. Observó a la gente que afanosamente trabajaba en la entrega del día siguiente  y sonrió.
            Tal vez la aceptarían en ese lugar, tenía muy buena pinta y de pronto se dio cuenta de que deseaba más que otra cosa en el mundo que la contrataran.
            Preguntó a una joven becaria de unos veinte años por la oficina de recursos humanos, la chica le sonrió y le indicó una puerta que había al fondo.
            A Niam le costaba moverse, la pequeña Ángela estaba dando vueltas en su interior para darle ánimos.
            Llamó a la puerta y oyó un pase fuerte y decidido.
            Se quedó parada unos minutos, finalmente  apretó su abdomen y abrió la puerta.
            Al entrar se encontró en un despacho oscuro, al final de la mesa había un hombre alto, de constitución fuerte, unos agresivos ojos grises y los labios con una desagradable.          Por un instante, Niam pensó en huir, nunca había visto un hombre con un aspecto tan fiero.
            - Discúlpeme.
            Me llamó María Ponce y quería ver si podrían contratarme en su empresa, he llegado hace poco y necesito un trabajo.
            - No tenemos falta de personal, señora.- Le respondió él con una voz agria y amargada, pero pensó que conocía a esa mujer, la había visto en algún otro lugar.- Y, no se ofenda, menos una mujer en su estado que dentro de... ¿cinco meses? Dará a luz un hijo.
            - No me importaría ser colaboradora, puedo trabajar desde casa,  tengo Internet, incluso seguiría trabajando dos días después del parto.
            - Búsquese otro sitio.
            - Tengo una extensa experiencia laboral, trabajé desde los veinte años en “El Diario” y era bastante buena, creo que de vital importancia para el periódico.
            - ¿Cómo es que está aquí entonces?
            - Dejé de trabajar hace dos años en prensa... me dediqué a otras cosas.
            - No me interesa tener a una futura mamá en la empresa, sino le importa me gustaría que se fuera.
            - Hola Sergio.- Se abrió la puerta y apareció un hombre muy atractivo.
            Tenía el cabello castaño y unos ojos de azul intenso acompañaban su mirada, estaba bien formado y a través de la chaqueta que llevaba se podían adivinar los abdominales.- Veo que estás acompañado.
            - Hola, Jorge. Esta mujer quiere que la aceptemos en nuestra empresa.
            - ¿Qué tal?
 Me llamo Jorge Díaz. ¿Usted es?
            - María Ponce.
            - ¿Es familiar de la escritora Niam Ponce?
 La verdad es que me recuerda mucho a ella.
            - Esto... creo que me voy a ir.- Niam se sintió incómoda.- Ya ha sido suficiente por hoy, no tengo que darles explicaciones ni a usted, ni a su colaborador.
            No pienso consentir que se burlen de mí.      – Leyó el letrero de encima de la mesa.- Señor Robles, desde luego no puedo afirmar que haya sido un placer conocerle y a usted, bueno… al menos parece más amable que su director de recursos humanos, muchas gracias. - Niam se alejó muy digna de los dos hombres, que se quedaron mirando durante un rato.
            Al salir al exterior empezó a llorar, sintió como Ángela, desde su abdomen le daba ánimos y acarició su barriga con mucho mimo.
            - ¡Para que me habré ido de mi seguro hogar!
            Perdóname, querida Ángela, quería que fueras feliz, pero no encontraré trabajo con esta barriga que delata nuestra situación.
            Nadie contratará a una mujer embarazada.
            Pero tranquila cariño, tengo muchísimo dinero, tendré aún más al separarme de tu padre.            Además cuando termine la próxima novela ganaré mucho dinero y.... – De pronto sintió como el Seabhac se agitaba en su cuello, sintió una caricia suave en el lugar en que estaba y se sintió llena de fuerza.
            Cuando iba a arrancar casi atropella al señor Díaz que se puso delante para bloquear su salida.
            Niam bajó del coche malhumorada y le gritó.- ¡Inconsciente!
            Soy una mujer embarazada y casi tengo un accidente por su culpa.
            Le juro que como llegara a perder a mi pequeña Ángela me las pagaría.
            ¡Le quitaría la piel a trizas, maldito desgraciado!
            - Lo siento... no quería asustarla.
            Quiero que trabaje con nosotros. Sergio es un tipo muy desagradable con la gente nueva y generalmente le doy la razón siempre, pero... usted es diferente.
            Veo fuego en su mirada.
            - ¡Gástele bromas a otra! - Niam se agitó y de debajo de su chaqueta salió el Seabhac.
            - ¿Qué es eso? - Indagó el periodista.- Es el Seabhac, ¿verdad?
            - ¿Cómo?
            - He oído muchas historias sobre él en mi infancia, dicen que era el protector de la familia de unos druidas de la comarca.
            - Esto... no le interesa lo que sea esto.
            Ahora, si me disculpa...
            - Aguarde. – La detuvo agarrándola por uno de los brazos.- Quiero que trabaje con nosotros.
            - ¿Y qué poder tiene usted? ¿Es acaso el director de recursos humanos?
            - No, soy el director del periódico.- Le dijo él y ella sintió cómo se sonrojaba.
            - ¡Ay!... Perdón.- Niam se giró y agarró fuertemente el Seabhac.
            - Entonces. ¿Trabajará con nosotros?
            - Me encantaría, pero... ¿Qué hay de esto?- Se señalo la barriga de premamá.
- No será un problema, me las arreglaré sin usted un tiempo... quería hacerle una pregunta... ¿Es pariente de Niam Ponce?
- La verdad es que sí, soy Niam Ponce en persona, disculpe mi actitud de antes, creo que estoy a la defensiva.
 He huido de un marido cruel y tengo miedo a la gente.
Pero no me gustaría que me contratara sólo por ser Niam Ponce, considero que no sería justo darme el puesto sólo por mi nombre,  por eso no quería decir nada.
- Niam, la contrato porque considero que fue una gran periodista hasta que dejó el periodismo por la literatura y además, bueno, en un pasado para mí sólo fuiste Niam…
- ¿Nos conocemos?
            - Quizás. – El hombre observó a Niam con ternura y sonrió. -  Empieza el jueves de la semana que viene, debe estar a las diez en el despacho del señor Robles para firmar el contrato y a las once en el mío para que le asigne trabajo.
            - ¿De verdad no seré una molestia para usted? - Niam empezó a sentirse culpable por haber tratado mal a Jorge.
            - En absoluto.
            - Muchas gracias señor Díaz, he de confesarle que el señor Robles me exaspera,  pero creo que usted es un buen tipo.
            - No se meta tanto con el señor Robles, es mi mejor amigo.
            -  ¿Es usted periodista, señor Díaz?
            - Por supuesto que lo soy.
            - Pues respete la libertad de expresión.
            - Pues sí que tiene usted carácter señorita Ponce.
            - ¡Ríase cuanto quiera! - Niam miró a su interlocutor y le pareció irresistible cuando sonreía, sus ojos brillaban mucho y sus labios adquirían una mueca graciosa.- Pero no me va  a... ¡Vaya, creo que tiene usted razón!
            - Puedes llamarme Jorge.
            - De acuerdo, pues llámame Niam.
            - Niam.
            - Bueno, debes irte, no vaya a ser que tu mejor amigo, ese tan amable, se enfade contigo y te despida de tu puesto de director.
            - No tengo prisa de hecho... yo... quería...
            - Me voy, tengo que ir a casa o mis abuelos acabarán por preocuparse.
 Les prometí que iría muy pronto.
            - ¿Sus abuelos?
            - Sí, es que vivo con ellos.
            - Está bien, adiós, Niam.
            - Vendré el jueves que viene sin falta.
            Gracias por contratarme, significa mucho para mí.
            - Niam dedicó una última sonrisa Jorge y se marchó.
            Se alegró de no tener que trabajar hasta la semana siguiente, así podría desatar su imaginación en su novela “Desamor”.
            Llegó a su casa a las doce y se encontró a su abuela cocinando un delicioso pulpo a la gallega, la besó y le preguntó por Manuel.
            - En el huerto, filliña. Cogiendo peras.
            - Voy a ayudarle... - Iba a salir corriendo cuando miró a su abuela.- ¿Me necesitas en la cocina?
            - No.
            - Niam fue al huerto,  vio a su abuelo cogiendo peras del peral  y empezó a ayudarle.
El abuelo la miró complacido, estaba cada día más radiante con su barriga de embarazada y el tono grisáceo de su rostro había desaparecido siendo sustituido por un saludable color dorado.
            Después de ese maravilloso día en que la habían contratado, Niam se encerró en su cuarto y siguió escribiendo la novela que sería el colofón de su carrera, según ella pensaba. Demostraría a todos que podía cambiar el estilo de su escritura.



Ñ Ojos verdes son traidores, sería la traducción de esta frase

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La hoja en blanco y la sonrisa de un extraño

La sonrisa de un extraño y la hoja en blanco. Era una mañana tormentosa, el cielo estaba encapotado y las nubes amenazaban con descargar c...