sábado, 26 de octubre de 2013

Capítulo 12
     Escuché su oración y bajé a verla. El corazón se me saltó en el pecho al contemplar de nuevo sus ojos. Su belleza había adquirido otro matiz mientras había crecido. La primera vez que la vi, a pesar de sus heridas, me pareció bonita, pero ahora, trece años después comprobé que no sólo era bonita, sino hermosa. Los años había añadido arrugas, canas, seguridad, pero también le había agregado frialdad y desconfianza hacia los demás.
     - Dariel, quiero pensar lo de cambiar una decisión de mi vida. Lo he pensado, sé que sería muy egoísta por mi parte no reflexionar un poco sobre ese asunto.
     - Nunca te dije que tuvieras que renunciar a ello. – Dije, pero una pequeña parte de mí  lo temía. Sabía cuál sería su elección, lo había sabido desde el principio.
     - Pero si elijo cambiar algo… ¿eso influirá también en tu vida?
     - Probablemente. – Reconocí.
     - Entonces tal vez no mueras… - Susurró, esperanzada.
     - Y quizás nunca nos lleguemos a conocer.
     - Eso es imposible.
     - ¿Por qué imposible?
     - Tú y yo acabaremos coincidiendo tarde o temprano, está escrito.
     - Pareces segura de ello.
     - Lo estoy.
     - ¿Cuánto tiempo necesitas para pensarlo?
     - Un par de días más.
     - Está bien. – Me aproximé a ella y la envolví con mis alas. Deseaba fundirme en ella y decidí aprovechar hasta el último segundo de Daniela. Sabía que en dos días elegiría no conocer a Miguel, comprendía que eso era lo mejor para ella, pero me preocupaba que no fuera lo mejor para mí. Sin Daniela tal vez seguiría siendo el médico idiota incapaz de preocuparse por sus pacientes y, tal vez, cuando ese borracho chocara contra mí, me iría al lugar dónde van las almas humanas a descansar, sin opción de convertirme en un Ángel. Besé sus labios una última vez y regresé a mi cielo.
     Me sentí vacío al llegar a casa, mi alma lloraba la pérdida, adelantándose al momento en el cual ella renunciara a Miguel y yo me viera obligado a renunciar a ella. Las lágrimas acudieron a mis ojos sin que yo pudiera evitarlas, sentía que me habían arrancado el corazón del pecho.
     ¿Por qué había elegido darle esa oportunidad a Daniela? ¿Por qué no había podido mantenerme al margen y cumplir con mis obligaciones como un Ángel más?
     - Porque ese no serías tú. – Adriel se sentó a mi lado adivinando mis sentimientos, como siempre.
     - Una vez fuiste mi carga, un lazo nos mantiene unidos y siempre podré leer en ti, no importa que seas un Ángel como yo, una vez fuiste mío.
     - Soy un egoísta por pensar así.
     - No es verdad, lo que ocurre es que eres demasiado humano todavía. – Adriel me colocó la mano en el hombro. – Sólo han pasado trece años desde tu conversión, eres un niño comparado con nosotros y se espera que dudéis más, que os sintáis más inseguros. Algunos de mis hermanos tienen mil años y aún no han sido capaces de dejar atrás el hombre o la mujer que fueron.
     - ¿Tú cuánto tiempo tardaste? – Indagué y Adriel me dedicó una sonrisa.
     - ¿Yo? – Adriel cerró los ojos. – Nunca fui humano, nací como Ángel y tengo los mismos años que la Tierra.
     - Debo parecerte insignificante…  - Murmuré.
     - Ningún ser humano es insignificante, todos sois hermosos, incluso aquellos defectuosos. Poseéis el libre albedrío, la opción de elegir y me maravillo cada día de la cantidad de vosotros que decidís seguir el camino difícil, en lugar de buscar atajos. Tropezáis miles de veces con la misma piedra, pero no os rendís, os peleáis, lucháis y os defendéis como buenamente podéis. Evidentemente también hay quienes eligen los atajos, los que dañan al prójimo sin pensar en ello, no todas las manzanas están sanas. – Adriel sonrió. – Y eso es lo que  más me gusta de vosotros, que no sois perfectos.
     La perfección está sobrevalorada. – Concluyó.
     - No quiero perderla.
     - Y sin embargo, contra todo pronóstico, decidiste darle la oportunidad de decidir.
     - Ella se lo merece.
     - Poniendo a Daniela delante estás actuando como un Ángel.
     - ¿Qué ocurrirá conmigo?
     - Tal vez mucho, tal vez nada.
     - Ella dice que nos cruzaremos tarde o temprano.
     - Daniela siempre ha sido así, desde el momento en que entró en este mundo. Tiene esperanza, incluso cuando nadie más es capaz de tenerla.
     - ¿Por eso es tu favorita? – Indagué y él me dedicó una sonrisa brillante.
     - Por eso siempre ha sido mi favorita, sí. – Reconoció.
     - Tú la pusiste en mi mesa, ¿no es cierto?
     - Tú podías salvarla y yo no, la decisión fue muy simple.
     - ¿Cómo se lo tomaron tus superiores?
     - ¿Mis superiores? – Adriel me observó un instante. – Yo no tengo superiores, soy el más anciano de los Ángeles y mi voluntad suele prevalecer sobre la de los demás.
     - ¿Eres mi Jefe?
     - Lo soy. – Adriel se encogió de hombros. – No te preocupes, no tenía intención de arrancarte las alas por tus sentimientos hacia ella, también yo los tendría si fuera humano.
     - ¿Por qué nunca me lo dijiste?
     - Porque nunca me lo preguntaste.
     - Pero siempre hablas de tus superiores.
     - Es más fácil cuando los demás creen que yo no soy su jefe; actúan de forma más natural.
     - Imagino que debería sentirme traicionado. – Observé a Adriel fijamente. – Pero tú me has dado a Daniela y estas alas, así que te doy las gracias por estos trece años y te pido perdón por haberme saltado todas las normas.
     - Sabía que ocurriría, así que no hay nada que deba perdonarte. Yo os he colocado a los dos en el tablero, pero no ha salido como esperaba; vuestras vidas escapan de mi control.
     - En dos días la perderé. – Susurré.
     - Puede ocurrir cualquier cosa, no pierdas tan fácilmente la esperanza. Aprende de Daniela, ella la mantiene incluso cuando todo lo demás parece negársela.
     - No importa lo que ocurra, si ella es feliz. – Sentí en ese momento que uno de mis protegidos necesitaba mi ayuda, contemplé a Adriel y él asintió con la cabeza.
     Una vez más abandoné mi cielo y decidí mantener la esperanza.









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